Gargadon
Administrador
Flash Banchou Punch!!1
Desconectado
Sexo:
Registrado el: Sat, 03 Feb 2007 17:44:00 -0500
Edad: 20
Ubicación: Isla Gyojin (mmm... pescado...)
Digimon Favorito: BanchouLeomon
Temporada de Digimon Favorita: Adventure
Mensajes: 1028
|
 |
« Respuesta #15 : Diciembre 28, 2009, 23:02:54 » |
|
Capítulo 21: Spoiler 21.- El regreso de Rakugamon
Oscuridad... la misma oscuridad que había conocido hace seis meses... No me desagradaba para nada esa oscuridad, seis meses habiendo vivido dentro de ella me habían hecho acostumbrarme a algo así... Sin embargo, mi lugar no era allí... No, mi lugar era en otra parte, con mis amigos, mi hermana y mis padres... Pero... debo hacer hincapié en que por un instante me sentí invencible, capaz de hacer todo lo que en el mundo real me era imposible hacer... En el mundo real era solo un simple niño, pero en el Digital World mi sola presencia... bueno, más bien la de Rakugamon... causaba temor en cuanta aldea me paraba. Sí, eso era.
Pero a la vez me sentía incómodo, ese lugar no era para mí, sólo era manipulado por esos malditos Digimon logrando que hiciera todo el trabajo sucio que ellos no se atrevían a hacer, pero que si quisieran, eran capaces de eso y más... Sí, eso era.
“Ayano-chan”... me dije una y otra vez. “Lamento haberte metido en esto”... ¿Por qué jamás pude haberme imaginado que mi padre había sido el héroe del que tanto hablaban en esa zona? ¿Por qué había sido tan ciego cuando casi todo mundo lo sabía en el Digital World? ¿Cómo no pude imaginarme que mi hermana resultaría afectada en un asunto en el cual me involucré para evitar que algo como esto pasara? Tal vez y Torkaimon-sama tenía razón... calladito estaba mejor.
Pero no... no quería obedecerlo... Porque no soy como ellos.
-Oye... niño Yanami... -escuché que alguien me hablaba. -¿Quién... quién es? -pregunté. -¿Acaso no me reconoces? -preguntó aquella voz. -Si pudiera verte, te lo diría. -dije un poco confundido. -Tus ojos son las ventanas de mi prisión. -contestó aquel ser. -Así que si los abres, esta sala se iluminará.
Hice caso a aquella “persona” o lo que fuera que me hablaba, y en ese entonces abrí los ojos. Al voltear a mi alrededor, nuevamente vi puro blanco. -Ya veo... eres tú, Rakugamon. -contesté serio al recordar el mismo instante de hacía algo de tiempo. -Veo que todavía me reconoces, niño Yanami. -contestó aquel Digimon cuando volteé a mirarlo. -Debería hacerlo, Rakugamon. Estuve seis meses entrenando contigo. -Eso es perfecto... -dijo el Digimon algo debilitado. -Por un instante creí que te habías olvidado del gran Rakugamon-sama.
Así, pude ver al que había sido un antiguo compañero de aventuras, lamentablemente no fueron los mejores momentos de mi vida, pues sólo estaba disponible para cumplir las órdenes de mi antiguo jefe. Por fortuna no había manera de poder atacarlo, su condición no era la mejor en ese instante. Encadenado casi virtualmente ya que no había a dónde encadenarlo, no tenía manera ni de levantarse.
-¿Por qué no me liberas de aquí? -preguntó. -Hace rato que estoy en esta posición, y no soy de los que les gusta estar sin hacer nada. -¡Así que sólo para eso me necesitas! -grité furioso. -¡No solo te conformas con haber asesinado al Digimon de mi padre, sino que también quieres que todo lo olvide como si nada! -Si más no recuerdo, tú llevabas mi espada en aquel momento, así que prácticamente tú asesinaste a Gargadomon... -Si piensas que puedes intimidarme o hacerme cambiar de opinión, estás muy equivocado.
Así, Rakugamon comenzó a carcajearse. No podía entender cómo podían burlarse de algo tan serio, pero al final lo entendí, esa era su naturaleza. -¡Veo que sabes muy bien las cosas! Así es, yo le di el golpe final antes de que pudieras vencerme. Y me gustó hacerlo, quería darle su merecido a aquel Digimon, hace treinta años tu padre y él nos engañaron, y ya era hora de que cobrara mi venganza. -Así que estás enojado con mi padre... Entonces, ¿por qué yo? ¿Qué tenía que ver en sus asuntos? -grité pidiendo una explicación. -Torkaimon-sama conocía de tu existencia y de la de la otra niña desde el instante en que ambos nacieron. A él le irritó que ustedes dos pudieran ser esos niños elegidos hijos del elegido, por eso mandó a Onagimon para que los vigilaran muy de cerca... No imaginábamos que vendrían a la misma ciudad en la que vivían todos los nuevos elegidos. Al parecer Yggdrasil sabía de nuestros planes, maldita sea... -dijo refunfuñando antes de callarse. -Como sea, ¿qué es lo que pretendes intentando contarme todo eso?
Rakugamon sólo movió la cabeza y puso un gesto de desagrado al escuchar esa pregunta. -¿Podrías dejar de hacer esa pregunta? Kaito era igualito... Hartaba escuchar ese tipo de preguntas, y con esa voz que tenía... -dijo Rakugamon muy enojado. -Si quieres que te libere, olvídalo. -contesté. -No lo pienso hacer. -¿Ni por esa mocosa a la que llamas Ayano que fue secuestrada por Onagimon? -preguntó.
Al escuchar el nombre de mi hermana, no pude dejar de mirar a aquel Digimon. ¿Cómo es que conocía sobre mi hermana? -¿Cómo sabes su nombre? ¿Cómo sabes de ella? ¿Cómo sabes que la secuestraron? -pregunté gritándole. -Deja de hacer esas preguntas tan irritantes... -volvió a gruñir aquel Digimon. -¡Respóndeme de una maldita vez, Rakugamon! -volví a gritar muy enojado ante esas “evasivas”. -Tus ojos son las ventanas de mi prisión. -contestó con un tono muy desagradable. -Veo todo lo que ves, escucho todo lo que escuchas. Sé que Torkaimon-sama está muerto, y que Onagimon sólo hace de las suyas en tu mundo. -¿Y por qué piensas traicionar a Onagimon? -pregunté aún desconfiado. -Onagimon es un idiota, y tú lo sabes bien. -comenzó a relatar ese Digimon. -Además los demonios no nos regimos por las normas de camaradería. La única razón por la que juré servir a Torkaimon-sama fue para poder pelear a mi antojo. Él ha sido el único que ha sabido comandar bien a sus tropas, y eso me ha permitido poder explotar todo mi poder al máximo. Onagimon solo era mi subordinado, siempre lo consideré un inútil que no puede hacer nada sin ayuda de Torkaimon-sama. -¿De verdad odias a Onagimon? -pregunté asombrado. -No lo odio, sólo lo detesto. Es una burla para los de nuestra apariencia. Además, en tu mundo no hay ningún oponente fuerte, a excepción de él.
Sin embargo, le di la espalda y le pregunté: -¿Y cómo sé que puedo confiar en ti? La última vez que dejé que tomaras mi conciencia asesinaste al Digimon de mi padre, y por tu culpa me enjuiciaron. -Te dije anteriormente que no hay nadie fuerte en tu mundo a excepción de Onagimon, además, ¿no piensas ayudar a tu hermana? -Sí, eso es lo que quiero... -contesté bajando la mirada recordando a Ayano siendo “robada” por aquel monstruo... -¿Entonces qué esperas? -preguntó Rakugamon muy ansioso. -Libérame de aquí. -¿Y cómo lo puedo hacer? -pregunté. -Onagimon te encerró allí, yo no puedo hacer nada... -Onagimon es un idiota. -contestó Rakugamon interrumpiéndome. -Y pronto te darás cuenta, lo único que debes hacer es despertar para notarlo...
------------------------------------------------------------------------
Ahora solo escucho el bullicio de la gente... ¿Bullicio? ¿De dónde? Igual yo me sigo haciendo esa pregunta. Pero ahora solo presto atención a las palabras de mi madre pidiendo que despertara. Sí, eso fue lo que pasó entonces... -¿Mamá? ¿Papá? -pregunté despertando apenas. -¡Daisuke! ¡Qué bueno que estás bien, hijo mío! -gritó mi madre en un tono que mezclaba felicidad y llanto. -Daisuke... -dijo mi padre con el mismo tono de siempre. -¿Qué fue lo que pasó? -Nos enfrentamos a Onagimon, papá... -dije recordando lo que había ocurrido. -Pero era muy fuerte, y muestros Digimon no pudieron evolucionar. -Eso supuse al ver a los Bakemon trayéndote hasta acá. -Eso tengo entendido... -dijo un señor vestido como militar, parecía tener ya sus años, pues en su pelo ya empezaban a mostrarse algunas canas.-Supongo que tú serás Daisuke, el hijo de mis amigos Kaito y Misuzu. Mi hijo me ha hablado muchas cosas buenas de ti. -¿Y usted quién es? -pregunté algo confundido pensando en que aquel señor pudiera entender de lo que estábamos hablando. - Mi nombre es Isao Abe. -dijo el señor. -Y conozco a tus padres desde el incidente Digimon de hace treinta años. -¿Usted también viajó al Digital World? -pregunté asombrado, sin lograr llegar a creer que otro de los elegidos de aquella época estuviera junto a nosotros. -¡Papá! -era la voz de Hiroshi. -¡Akio! ¡Ven aquí! ¡Tu papá también está con Daisuke! -¿Hiroshi? -preguntó el señor Abe. -¿Cómo está la familia? -Están en otro domo, papá. -dijo Hiroshi. -¿Hiroshi? ¿Akio? -pregunté.
Me sorprendí al escuchar ese saludo con toda naturalidad. Increíble... el padre de Hiroshi había sido uno de los elegidos de años anteriores... Al recuperarme casi por completo, me levanté y logré notar algo que no me había imaginado: el bullicio provenía de toda la gente a nuestro alrededor, pude verla asustada, niños llorando, otros abrazados, y Bakemon, cientos de Bakemon intentando contener a la multitud. -¿¡E... En dónde estamos!? -grité asustado. -Esto es el domo 1 del centro de convenciones de Ciudad del Valle. -dijo otro militar que estaba junto a nosotros. -Al parecer esos monstruos hicieron suyo este lugar. -¿Y usted es...? -Ichiro Sasaki, a sus órdenes. -dijo aquel señor muy respetuoso. -Y si me preguntas, muchacho, no tengo idea de lo que pasa aquí. -Es una historia muy larga, teniente Sasaki. -contestó el señor Abe. -¡Hiroshi! ¿Dónde estabas? -Bueno, yo... -contestó Hiroshi algo asustado. -¿Cómo está Ayano?
Cuando Hisorhi mencionó el nombre de Ayano, todos posaron su mirada sobre mí, a lo cual, no pude hacer nada más que mencionar la verdad. -Nos acorralaron, y se la llevaron... -Ese maldito Digimon azul... -dijo mi padre molesto. -No debí confiar en él, no debí llevarlo a casa. -¡Papá, te equivocas! -dije. -¡V-mon es bueno! ¡Hasta evolucionó para intentar ayudarnos! Pero sus esfuerzos fueron inútiles... -¿De verdad? -preguntó Akio. -Yo que creía que ese Digimon era solo un saco de huesos color azul... -¡Ahí están! -gritó Rina quien junto con Mizuki venía por otra parte del domo.
Sus papás no querían venir, quizás porque hasta donde sé, se habían peleado años atrás. Pero aun así, no era el motivo suficiente como para volver a unirse por estar todos acorralados.
-¿Pero qué pasa? -pregunté al vernos todos reunidos. -¿Por qué nos trajeron aquí? ¿Y los Digimon? -Se los llevaron a otro lado... -dijo Mizuki triste. -Por fortuna nos dejaron nuestros Digivices, pero... -¿Pero qué? -pregunté otra vez. -Pero no podemos hacer nada. -dijo Rina. -Es como si en este lugar, los Bakemon fueran inmunes a la luz de estos aparatos. -Intentamos hacerlo hace unos minutos, pero preferimos retirarnos antes de que nos hicieran daño. -dijo Akio. -Las puertas están selladas, no podemos salir, y se necesitaría una enorme fuerza para poder abrir las estructuras de acero del domo. -¿Entonces no podemos hacer nada aquí? -pregunté mirando mi Digivice. -Maldita sea...
Revisé las opciones del mapa, y logré notar que todos los puntos estaban reunidos, excepto uno blanco, que se encontraba a las afueras de la ciudad. -Allí debe estar Ayano... -dije en voz baja. -¿Qué intentarán hacerle? -dijo mi madre preocupada. -No lo sé... -dijo mi padre muy molesto. -Tenemos qué rescatarla de cualquier manera... -dije. -Pero... ¡Maldita sea! ¡Si tan solo pudiera...!
-Onagimon es un idiota, y pronto te darás cuenta...
¿Cómo me iba a dar cuenta? ¿Cómo? Erróneamente pulsé el botón equivocado del Digivice, y pude notar el listado de Digimon. No era esa parte que revisara a menudo, así que lo que noté fue algo que me dejó boquiabierto. Dos Digimon disponibles para uso... Lamentablemente Motimon no estaba cerca del lugar, según lo que informaba el aparato, pero... -¿Rakugamon? -pregunté en voz alta. -¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó mi padre.
Rakugamon estaba en la lista de Digimon disponibles. Tenía razón... Onagimon era un tonto. Recordé lo que había pasado en la calle cuando Onagimon nos acorraló. Era la misma descarga que recibí en ese entonces, la que me había quitado a Rakugamon. ¿Onagimon podía ser tan tonto como para poder revertir ese proceso? Tal parecía ser que sí. Pero eso no importaba ahora, lo que importaba era otra cosa...
-Papá... mamá... señores... amigos... -dije en voz baja. -Lamento mucho haber causado tantos problemas en el Digital World... No solo manché mi nombre en ese lugar, sino que también manché el nombre de mi padre... -¿De qué hablas, Daisuke? -preguntó mi madre sin entender lo que pasaba. -Mamá... yo... -fue en ese instante en que algunas lágrimas escurrieron de mi mejillas. -sólo quería salvarte, no tenía en mente otra cosa... Ahora sé que hice mucho daño, que incluso traicioné la confianza de las personas que creían en mí... Amigos... lamento haberlos metido en este asunto... -No tienes que disculparte, no estamos para nada enojados contigo. -dijo Hiroshi. -Cierto. -dijo Rina. -yo también hubiera hecho lo mismo si hubiera estado en tu situación. -Se nota que Daisuke es un muchacho muy noble y lleno de sentimientos. -contestó el señor Abe. -¿A qué viene todo esto, Daisuke? -preguntó papá. -Creo que hay una forma de salvar a Ayano. -dije. -¿Y cuál es esa forma? -preguntó mi madre algo aterrorizada. -Papá... ¿recuerdas que te dije que podría transformarme a voluntad en aquel demonio que conocen como Rakugamon? -pregunté. -¿Quieres decir que...? -preguntó mi padre muy asustado. -Así es... .dije bajando la mirada. -Si queremos salir de este lugar y salvar a Ayano de las garras de Onagimon, debo hacerlo. -¡No te permitiré que lo hagas! -gritó mi madre. -¡Yo tampoco! -gritó mi padre. -¡Bastante tienes arriesgando tu vida con haberte ido al Digital World a solas, buscando rescatar a tu madre! ¡No permitiré que vuelvas a irte! -¡Tengo qué hacerlo! -grité. -¡No puedo quedarme aquí viendo cómo Onagimon se sale con la suya! -¡Pero también tengo qué ver por ti! -dijo mi padre. -¿Desde cuándo te preocupas tanto por mí? -pregunté algo incómodo.
Mi padre sólo guardó silencio unos segundos. -Siempre me he preocupado por ti, Daisuke. -Casi nunca me haces caso, y si lo haces sólo es para regañarme... -dije entonces. -¿Cómo puedes decir eso? -Todo empezó hace cuatro años, en aquel accidente de auto. -dijo mi padre. -¿Lo recuerdas?
-----------------------------------------------------------
Sí, había sido hace cuatro años en Ciudad Roja, mi ciudad natal, y esa imagen la tengo grabada todo el tiempo...
-¡Gracias por el helado, papá! -dije mientras disfrutaba de un rico helado de vainilla. -Es lo menos que puedo hacer por mi niño genio, Daisuke. -dijo mi padre felicitándome. -Mi maestra dijo que tengo la mejor caligrafía de todo el salón. -dije orgulloso mostrando mis primeros trazos.
Entonces nos detuvimos frente al semáforo en rojo. Yo estaba sentado del lado derecho del auto, justo a un costado de mi padre. Fue una pésima elección de asiento, lo sé... Al ponerse el semáforo en verde, mi papá avanzó, pero al parecer un conductor de camioneta pesada en pleno estado de ebriedad no se había percatado del cambio de luces del semáforo, y dejó que su vehículo avanzara.
Siempre me gustaba mirar del lado de la ventana, así que me percaté de aquél pesado automóvil que venía a toda velocidad desde mi lado. Lamentablemente mi padre no pudo hacer nada para esquivarlo, y cuando vi la defensa de la camioneta justo frente a mí, sólo grité...
-----------------------------------------------------------
Dolor... eso era lo único en lo que podía pensar. A pesar de la cantidad de tubos y jeringas conectadas a mí, el dolor era tan insoportable que no podía ni hablar. Al despertar, pude ver a mi padre con algunos vendajes en la cabeza y en los brazos. -¿Estás bien, Daisuke? -preguntó mi papá.
Más adelante me contaron que mi padre había salido con unos cuantos rasguños de aquel accidente, pero que yo no había corrido con la misma suerte. Es una fortuna haber salido con vida de ahí, pero en ese instante, eso era lo de menos. Y el conductor de la camioneta fue enviado a prisión por conducir en estado de ebriedad.
-Yo... yo... -eso fue lo único que pude decir. -Tranquilo, no hables. -dijo mi padre. -Todo está bien, estás aquí con tu padre. -¿Y mamá...? -pregunté. -Se quedó en casa a cuidar a Ayano. Mañana vendrá, mientras tanto yo me quedaré esta noche a vigilarte. -Tengo miedo, papá... -dije a punto de llorar. -No llores, Daisuke. -dijo mi padre acariciándome la cabeza, pues eso era lo único que podía hacer por mi condición. -Nada malo te va a pasar. Prometo que estaré allí para protegerte.
Todas las noches mi padre me contaba un cuento para que pudiera dormir, y así fue por casi un mes. Desde entonces, no recordaba a mi padre tan atento como entonces. Nunca se despegó ni por un momento de mi habitación del hospital...
---------------------------------------------------------
-Prometiste que estarías allí para protegerme. -dije. -Y trato de hacerlo en todo lo que se pueda. Lamento si en ocasiones te hice sentir relegado, pero cada vez que llaman de la escuela porque te ha pasado algo, siempre voy a ver lo que pasa. Pero a la vez quiero que salgas por tus propios medios... No sabes cuánto agradezco a diario el que estés vivo, y que toda la familia estuviera reunida... -Papá... -dije llorando. -Gracias por todo...
En ese instante, tanto Akio como Hiroshi abrazaron a sus respectivos padres. -Quisiera saber cómo están los demás. -dijo Hiroshi. -Extraño a mamá... -dijo Akio.
Rina y Mizuki se abrazaron ambas. -Quisiera que mamá y papá no se pelearan tanto. -dijo Mizuki.
Pero el tiempo era oro, y cada instante que pasaba, Onagimon estaba a un paso más de hacer algo a Ayano. Todos los presentes sabíamos a la perfección que nosotros éramos una gran amenaza a Onagimon en su plan de conquistar el Digital World, y haría todo lo posible por eliminar a uno de ellos, aunque fuera en el mundo real.
-No podemos perder más tiempo. -dije. -No quiero perder a nadie de la familia otra vez. -dijo mi padre como si con esos argumentos lograra que cambiara de opinión. -Papá... tengo qué hacerlo... Nadie más que yo puedo hacer algo aquí... Lo hago por Ayano, para rescatarla de ese Digimon. No quiero que le pase nada a Ayano-chan...
No entiendo qué pasó entonces, pero mi padre bajó la mirada y dijo. -Esta bien, ve. -¿Qué dices, Kaito? -gritó mi madre asustada. -Yo también arriesgué mi vida aliándome con esos Digimon para rescatar a la persona que más quiero. -dijo mi padre. -Si eres el único que puede salvar a Ayano de ese maldito, entonces no me queda más opción que dejarte ir. Sólo ten cuidado. -De... de acuerdo, mamá, papá... -dije. -Tendré mucho cuidado.
Volteé hacia mis amigos, y les dije: -Espero no se asusten de volver a ver a quien les hizo la vida imposible todo el fin de semana en el Digital World. -Yo solo quiero salir de aquí. -contestó Mizuki. -Todos queremos salir de aquí. -respondió Hiroshi. -Me da igual si el que nos va a ayudar es un antiguo enemigo.
Tomé mi Digivice, y haciendo un movimiento de manos (el cual había inventado), oprimí los botones correspondientes, haciendo que una especie de aura me envolviera. Y lo noté. Esta vez era diferente. No era una gran pesadez como la que sentí anteriormente, esta vez era otra cosa. Una enorme metamorfosis ocurría conmigo, pero no era incómoda como antes, esta vez era algo más agradable. Era como sentir que de verdad era aquel Digimon y no solo un disfraz.
Al desaparecer aquella aura que me envolvía, todos los presentes, tanto mis padres, sus amigos y los míos, sino también todos los habitantes que estaban en ese sector del centro de convenciones, se asombraron al ver quizás, a quien les había hecho la vida imposible en el Digital World. Un enemigo muy conocido para mi padre y para los demás señores. -Así que ese es Rakugamon. No recordaba ni su rostro. -dijo mi padre al verme. -En realidad no es Rakugamon. -contesté. -Hace días me otorgó su espada, su fuente de poder. Sólo cumplo sus ansias de pelear, y él cumple mi deseo de salvar a Ayano, pero ambos tenemos un objetivo común: vencer a Onagimon.
Sujeté con fuerza la empuñadura de la Devil Sword, y con ella volé hacia todos los Bakemon que custodiaban dentro del domo. Uno por uno los fui atravesando con aquella espada de doble filo, haciendo que sus datos se dispersaran por el aire. Al terminar con cada uno de los Bakemon,y con decenas de Digimon integrantes de las antiguas tropas armadas, pude notar cómo la gente del domo estaba muy asustada de ver a un monstruo nuevo dentro de la zona.
¿Qué hubiera hecho Rakugamon para calmarlos a todos?. Pensé. Y eso fue lo que hice.
-¡Silencio todo el mundo! -grité.
Con mi enorme vozarrón producto de la transformación, pude lanzar un enorme grito que paralizó a todos. Entonces fue que con un “Red Bñast” pude hacer un orificio en una pared del domo, lo suficientemente grande como para que pudieran salir las personas por ella.
-¡Escúchenme bien! -grité otra vez. -¡Ahora mismo quiero que salgan de aquí a través de ese orificio! ¡No dejen que los vuelvan a atrapar!
Supongo que asustados, esa fue la forma en que salieron corriendo como multitud a aquella “puerta”, a la que salieron al exterior. Al final, mis padres, sus viejos conocidos y mis amigos también salieron por allí.
Me aparté del grupo y corrí hacia los otros tres domos que conformaban el recinto. En cada uno hice lo mismo que hice en el primer domo. Aniquilar a todos los Digimon presentes y hacer que los ciudadanos salieran de los domos.
Pero al terminar con el domo 4, mis fuerzas estaban comenzando a mermar. Mizuki lo notó inmediatamente. -No te ves bien, Daisuke. -me dijo. -Debes descansar.
Me apoyé contra el suelo sostenido de mi espada, y le contesté. -No puedo detenerme, no mientras Ayano-chan y nuestros compañeros Digimon estén en peligro.
Quise tomar mi Digivice, pero recordé que esa luz me quemaba si estaba con esa apariencia Digimon. -Mizuki. -dije. -Toma tu Digivice y señálame la localización del Digivice blanco. Ese es el de Ayano-chan. -Sí... -contestó.
Mizuki revisó a toda velocidad el mapa que tenían. Era increíble pensar que ese aparato también guardara los mapas del mundo real. -¡Está a las afueras de la ciudad! ¡Detrás de las montañas del sur! -¡Bien! -gruñí. -¡Iré hacia allá! ¡Si desean seguirme, vayamos...! -¡Alto, Daisuke! -gritó mi padre. -No te vas a ir sin que te diga una cosa. -¿Qué ocurre, papá? -Cuídate, y cuida a Ayano. -contestó mi madre. -Gracias, mamá, papá... -dije.
Era extraño pensar que estaban deseándole suerte a uno de esos malvados Digimon que les habían causado tantos problemas hace años. Quizás en el fondo sabían que no era ese Digimon, sino que en realidad era el mismo Daisuke Yanami de antes. Tomé impulso y comencé a volar hacia las afueras de la ciudad detrás de las montañas del sur. Quizás esa era la guarida de Onagimon. El tiempo pasaba muy rápido, y si no me daba tiempo, quizás a Ayano le podrían hacer algo muy malo. Debía evitar eso a toda costa...
Continuará... Capítulo 22: Spoiler 22.- Maldito Onagimon
-¿Qué es lo que pretendes, maligno Digimon? –gritaba V-mon a cada instante. -Ustedes sí que son muy molestos, iguales que el ex-comandante Rakugamon. –gruñía Onagimon a cada instante. -¡Déjame en paz, maldito monstruo! –gritaba mi hermana asustada encadenada a un árbol. -¿Qué es lo que quieres de la hermana de Daisuke? –gritó Motimon dentro de una jaula. -Lo único que quiero es eliminarla de una vez. –contestó Onagimon. –La familia Yanami ha sido un obstáculo en nuestros planes, y para colmo, los hijos del elegido son ahora los que más problemas han dado. -¡Vas a ver cuando venga Daisuke! –gritó Motimon. -¡Él te las hará pagar!
Al escuchar las palabras de Motimon, el gran Digimon del martillo comenzó a reírse. -¿Me las hará pagar? –dijo. -¡Pero qué cosas dicen estos bebés Digimon! ¡Todos aquí reunidos sabemos que fue él quien asesinó al Digimon del gran Kaito Yanami! -¿Kaito? –preguntó Ayano. -¿Papá? -Veo que estás muy informada, jovencita. –dijo Onagimon acercando su horrible rostro a mi hermana. -¡No te acerques a ojou-san o si no…! –gritaba V-mon mientras pataleaba forzadamente. -¿O si no qué? –dijo Onagimon. -¿Qué piensas hacer así? Seguramente en un tiempo anterior fuiste el más rápido, pero ahora solo eres un inútil. -Mi papá… ¿mi papá viajó al Digital World? –preguntó Ayano. -Así es, y hace treinta años fue el causante del que ahora estemos intentando cobrar nuestra venganza, pero no te preocupes, que aquí tu hermano le hizo pagar a su Digimon lo que nos hizo. –dijo Onagimon enseñando una fotografía.
En esa fotografía, Ayano pudo verme con una espada en las manos, atravesando el cuerpo de Gargadomon, aquel vigilante que conocí en los calabozos. -Ese… ese es mi hermano… -dijo Ayano confundida. -Y es un asesino a sangre fría. –contestó Onagimon. -¡Deja de tergiversar las cosas! –gritó Motimon furioso. -¡Ayano! ¡No dejes que Onagimon te lave el cerebro! ¡Daisuke no es un asesino a sangre fría! ¡Sólo era manipulado por otro Digimon más fuerte que él! -¡Y si pudo asesinar sin remordimientos a aquel Digimon, imagínate qué hubiera hecho contigo si hubiera sabido desde un principio que eras uno de esos elegidos que debía eliminar! -¡Ayano! –gritó nuevamente Motimon. -¡Daisuke es tu hermano! ¿¡Cómo crees que haría algo en contra tuya!? -Yo… no sé en quién confiar. –dijo Ayano bajando la mirada.
---------------------------------------------------------------
-¿Dónde te metiste, Onagimon? –grité mientras sobrevolaba los suburbios de Ciudad del Valle.
El señor Abe decidió llevar a mi padre, al padre de Akio y a todos los demás en una camioneta militar para poder llevarme el ritmo. -¡Están detrás de esas colinas! –gritó Hiroshi señalándome el lugar donde presuntamente estaban. -Bien. –dije, y aceleré el vuelo.
Al llegar al bosque cercano a las colinas pude percibir un olor familiar… no, ocho. -Este ya no es un disfraz… -murmuré al darme cuenta de que esto era mucho más que tener solo la fuerza y los poderes de este Digimon.
Y sí era para tanto. Podía percibir olores que antes no sentía, entre ellos el olor fétido que despedía Onagimon, pero esta vez más a lo lejos. Pero a su vez se mezclaban con el olor de Motimon, y el de los demás, supuse. De la misma manera, mi visión mejoraba. Podía ver a distancia lo que anteriormente me era imposible. -Sí, este ya no es un disfraz. –volví a mencionar.
Sólo esperaba poder ser más fuerte de lo que era anteriormente… -Por favor, no me sigan más. –dije. –Ya sé dónde están los demás. -¿Qué vas a hacer, Daisuke? –preguntó mi padre. -Salvar a Ayano-chan y a los demás Digimon. –dije. –Este será un campo de batalla peligroso, así que les pido que no se acerquen. -De acuerdo, Daisuke. –contestó el señor Abe.
------------------------------------------------
-¡Eso era lo único que necesitaba! –dijo Onagimon. -¡Que alguien de los elegidos se pusiera de mi lado! -¡No, Ayano! –gritó Motimon. -¡No le hagas caso a lo que dice ese monstruo! ¡Debes confiar en Daisuke, en tu hermano mayor! -Sabía que ese maldito se traía algo entre manos… -murmuró V-mon. -¿Tú también, V-mon? –preguntó Motimon extrañado. -¿Tú también vas a desconfiar de Daisuke? -Él sabe bastante sobre nosotros. –dijo el Digimon azul. –No llegué a imaginarme que eso que decían de él era cierto… Pensar que ojou-san vivía bajo el mismo techo que ese engendro… -¿Viste, pequeño Digimon bebé? –le insinuó Onagimon a Motimon. –Por más que defiendas a tu querido Daisuke, la verdad siempre sale a…
Onagimon interrumpió su charla de un instante para otro. -Esa presencia… no… ¡no puede ser! -Esa sensación… la he tenido antes… -murmuró Motimon. -¿Daisuke? -¡Por fin te encontré, maldito Onagimon! –grité al posarme sobre los demás, provocando llamar la atención de mi objetivo. -¿Rakugamon? –gritaron los Digimon. -No… ese no es Rakugamon… -dijo Motimon. -¡Es Daisuke! ¡Lo puedo sentir! -¿Daisuke? –gritaron los demás Digimon. - -¿Ra… ¡Rakugamon!? –gritó Onagimon asustado. -¡No puede ser! ¡Si yo mismo…! -Fuiste muy tonto al lanzarme ese ataque hace varias horas. –interrumpí a aquel Digimon. –El verdadero Rakugamon me lo contó, eres muy tonto como para hacer que un viejo enemigo renazca.
Bajé al suelo, miré a mi alrededor y me acerqué hacia mi hermana. -¿Te encuentras bien, Ayano-chan? –dije en voz baja procurando no asustarla más de lo que ya estaba al ver mi horrendo aspecto. -¿Onagimon no te hizo nada? -¿E… eres tú, onii-chan? –preguntó ella asustada. -¿Cómo sé que eres tú? -Lamento estar en este aspecto, Ayano-chan. –dije tratando de calmarla. –Tomé esta forma para poder salvar a mamá, y si era posible, para cualquier miembro de mi familia, incluida tu… -¡No sabía que el niño Daisuke Yanami tuviera sentimientos! –gritó Onagimon. –Siempre fuiste el ser desalmado, el que arrasaba aldeas sin remordimiento, por eso te convertiste rápidamente en el mano derecha de Torkaimon-sama. -Deja de insinuarme que te ayude a eliminar a los elegidos. –dije. –Torkaimon nunca iba a cumplir su promesa por más su ayudante que fuera. ¿O es que acaso no recuerdas cómo se puso el instante en que se dio cuenta de que yo era uno de los elegidos?
Onagimon se largó a reír. -¡Tienes toda la razón, Yanami! –gritó Onagimon. -¡El sólo ver tu rostro nos daba asco! ¡Tu cara era la viva prueba de que eres el hijo de Kaito! ¡Por eso te tratábamos como te tratábamos! ¡Pues claro que Torkaimon no iba a cumplir su promesa! ¡Sólo te trató como su esclavo para vengarse de tu padre!
Al escuchar esas palabras, desenfundé mi espada la cual llevaba al cinto, y volando hacia él, traté de lanzarle un tajo. Onagimon fue rápido, pues con su martillo logró detener el filo de mi espada. -¡Ya era hora de que tú y yo peleáramos! –gritó el Digimon. -¡Por supuesto, Onagimon! –grité. -¡Sin embargo, sigues siendo igual de lento que el verdadero Rakugamon! –gritó cuando sentí el martillazo en mi cara, sin apenas poder ver sus movimientos.
Pero el cuerpo de Rakugamon era excelente para que esos golpes no dolieran tanto, sin embargo, el estrellarme contra el suelo me dejo un poco aturdido. Apenas pude ver un manchón verde corriendo a toda velocidad hacia mí, cuando sentí de nuevo su martillo, que me mandó hacia el bosque quebrando con esa fuerza con la que me lanzo, alrededor de cuatro árboles de pino de grueso tronco. -¡Onii-chan! –gritó Ayano muy asustada. -¡No te rindas, onii-chan! -¡Daisuke! ¡Tú puedes! –gritó Motimon, a lo que se les fueron uniendo los demás.
Al caer esta vez sobre una roca, Onagimon intentó retenerme, sin embargo… -¡Red Blast! –grité mientras lanzaba un rayo de mi boca. -¡Mier…! –gritó Onagimon mientras quedaba ciego durante algunos segundos.
Aproveché para volar hacia mi espada, tomándola de la empuñadura y haciéndole una enorme rajadura en la espalda a mi adversario. Pero Onagimon fue más rápido que yo, y con un extraño movimiento de manos, tomó mi espada y la intercambió por su martillo, haciéndome perder el equilibrio de lo pesada que estaba. -Stealthy Theft. –contestó Onagimon al acariciar el filo de esa preciada espada. –Como ves, yo también tengo mi truco bajo la manga. Creo que sin tu espada, no podrás hacer nada. -Hijo de… -dije al caer en el instante en que Rakugamon, el verdadero, me había comentado sobre su fuente de poder.
Intenté utilizar el martillo de Onagimon como arma, pero sin esa espada, parecía ser que mis fuerzas se iban desvaneciendo, incluso al grado de hacerme difícil poder soltar ese martillo. -¿Qué te pasa, Rakugamon? –se burlaba el Digimon del martillo. -¿Acaso sin tu espadita no eres nada? ¡Qué patético!
Ni siquiera me era posible volar por los cielos para esquivar los ataques de Onagimon, quien normalmente tendría en esos momentos tremenda desventaja al no poder despegarse del suelo. Y sumado a su increíble velocidad al atacar, no pude ver siquiera el instante en que utilizó mi espada para atravesar mi cuerpo desde el abdomen.
-¡Onii-chan! –gritó Ayano aterrada al ver ese instante. -Mal…dición… -eso fue lo que apenas pude decir al sentir el filo entrando en mi cuerpo y saliendo por la espalda al mismo tiempo. -Te lo dije, Rakugamon. –contestó Onagimon. –Eres patético. Ni siquiera devolviéndote tus poderes pudiste vencerme… Qué mierda de comandante teníamos. -¡Daisuke, no! –gritó Motimon. -¡No puedo ver esto! –dijo Patamon tapándose los ojos con sus enormes orejas. -¡Daisuke-kun! –gritó Gaomon preocupado. -¡No puede estar pasando esto! –dijo Piyomon muy asustada. -¿Qué vamos a hacer? –preguntó en voz baja Kamemon.
Tomé esta forma para poder salvar a mamá, y si era posible, para cualquier miembro de mi familia, incluida tu… -No… Daisuke-niichan… No puedes perder… no… -comenzó a murmurar Ayano. -Ojou-san… -dijo V-mon al ver a su compañera muy triste. -Ayano… chan… -dije muy débil producto de mis heridas. -Tranquilo, Rakugamon. –contestó burlonamente Onagimon. –Pronto sufrirás el mismo destino del Digimon de tu padre, al cual asesinaste de la misma forma. O quizás no, tu data es preciada y quisiera absorberla. -Mal… di… to… -dije con las pocas fuerzas que me quedaban. –Eso… eso nunca… -¡¡¡Onii-chan!!! –gritó Ayano.
Sus gritos de desesperación hicieron que su Digivice se iluminara, enviando su luz hacia mí. Grité aterrado pensando en que ese sería mi fin, sabía a la perfección que aquella luz en vez de salvarme, lo único que haría sería terminar conmigo más rápido. Pero no fue así. Esta vez, pude abrir los ojos y ver una gran luz blanca, sin embargo no quemaba como en anteriores ocasiones, sino que era una luz muy agradable y que incluso parecía sanar mis heridas, pues la espada desapareció de pronto y las aberturas que provocó cerraron poco a poco. -Mi… espada… -dije pensando en lo peor. -No te preocupes, Daisuke Yanami. –contestó una voz. –Tu espada está a salvo, lo único que debes hacer es esperar a que la metamorfosis se cumpla. -¿Metamorfosis? –pregunté sin entender. -¿Quién eres tú? -Más respeto al dios del Digital World. –contestó la voz. -¿Yggdrasil? –pregunté incrédulo. -¿De verdad, usted es Yggdrasil? -No puedo responderte a tantas preguntas, Daisuke Yanami. –contestó a quien identifiqué como Yggdrasil. –Lo único que debes saber es que tu misión debe cumplirse al pie de la letra. Salvar a la niña Ayano Yanami de las garras de Onagimon y regresar los seis al Digital World. -¿Y eso por qué? –pregunté. –Creí que con Onagimon, esto se habría terminado. -Aún no. –dijo Yggdrasil. –Y espero que para entonces, los siete estén preparados. Ayano Yanami quiere que la salves, y para que lo puedas lograr, ella desea que te hagas más fuerte. -¿Tan fuerte como para provocar esa “metamorfosis”? –pregunté. -No debes hablar mucho. –contestó el dios del Digital World. –Tu transformación apenas se está dando.
Pude notar cómo mi cuerpo se cubría de una armadura de color oro. Al mismo tiempo, noté cómo mi espada perdía su enorme corpulencia para volverse una espada más refinada y sin embargo con el mismo poder de corte, o quizás aun mayor. -¿Qué está…? –pregunté sin entender lo que pasaba. -Silencio. –volvió a decir Yggdrasil. –En cuanto termine, podrás volver a la pelea.
Vi cómo aquella armadura comenzó a tomar forma, partiendo de nada a volverse en una verdadera armadura de combate que sólo había visto en mis libros de historia. -Cuando tu pelea con Onagimon termine, espero puedas llevar a la niña Ayano Yanami y a V-mon a mi morada. –dijo. –Hay muchas cosas que ellos dos deben saber. -De… de acuerdo… -dije.
De pronto, la luz blanca que me envolvía desapareció, dejándome volver al campo de batalla. -¡No puede ser! –gritó Onagimon asustado. -¿¡Una evolución, la Última!?
Eso era lo que estaba pasando… Ayano-chan quería con toda su voluntad y su corazón blanco poder lograr que todo esto terminara, aún si eso implicaba una evolución. Lo que me preguntaba era… ¿cómo lo hizo? Pero creo que la respuesta a eso podría encontrarla más adelante. Ahora lo importante era terminar de una vez con todas con el segundo demonio. -KishinRakugamon. –contestó Onagimon al terminarse su asombro. –No importa qué tanto evoluciones, aún sigues siendo Rakugamon con esa armadura de juguete. -¿Una armadura samurái? –preguntó Ayano. -No… -contestó V-mon. –Ojou-san, eso no es sólo una simple armadura. –Ese amarillo que colorea su armadura… No puedo estar equivocado… Chrome Digizoid… -¿Entonces Daisuke lleva las de ganar? –preguntó Motimon alegre. -¡No me hagan reír! –dijo Onagimon burlándose.
El Digimon del martillo tomó su arma y golpeó mi pecho, pero como si fuera una piedra de arena, el sólo impacto del martillo en mi armadura hizo que la cabeza del martillo se rompiera en pedazos. -Me subestimaste, Onagimon. –dije. -¡Maldición! –gritó Onagimon desesperado al ver cómo su arma de combate se hacía añicos. -¡Mi martillo! -¿Ahora puedes decirme quién es el inútil sin su preciada arma? –pregunté burlonamente. -Me lleva… -dijo Onagimon muy confundido por lo que estaba pasando. -Hitotsu no Movement… -tomé mi espada y concentré parte de mi fuerza en el siguiente ataque. –Chou Slash.
Corrí con todas mis fuerzas, algo para lo que el antiguo Rakugamon no estaba diseñado, y de manera automática comencé a lanzar una serie de movimientos con la espada.
-Olvídalo, KishinRakugamon. –dijo Onagimon “esquivando” mis movimientos. –Soy mucho más rápido que tú, no puedes ni siquiera tocarme con el filo de tu espada.
Dejé de atacar, enfundé mi espada, y me puse de pie firme. -No necesito tocarte para poder hacerte daño. –dije. –Ese es tu problema, no puedes ver más allá de los ataques físicos. -¿Qué? –preguntó Onagimon cuando un pequeño hilo de sangre recorrió su mejilla. -Cinco. –contesté.
Onagimon comenzó a sufrir los estragos de mi movimiento, pues en un instante cayó de rodillas, mostrando fuertes señas de dolor. -Cuatro. -¿Qué es lo que estás contando? –gritó Onagimon furioso. -Los segundos de vida que te quedan. –respondí. –Tres. -Eres un… -gritó Onagimon sin poder terminar su frase. -Me subestimaste, y eso es muy peligroso en un combate. –dije nuevamente. –Dos. -Pero pronto la pagarás… tú y toda tu familia… -dijo como si pudiera infundirme miedo. –Esto no se ha acabado aún… -Uno. -¡Ya lo verás! –gritó con su último aliento, cuando su data comenzó a dispersarse. -Cero. -¡Maldito niño Yanami! –fue lo último que pudo gritar el monstruo del martillo.
Al terminar de desintegrarse su data, finalmente la pude absorber. Quizás de esa forma, me aseguraría que Onagimon jamás volviera a renacer. Además, así haría más fuerte al Digimon que me estaba ayudando en esta misión.
Pero me sentía muy cansado de todo esto, así que caí primero de rodillas, y luego todo mi cuerpo al suelo. -¡Daisuke! –gritó Motimon. -¡Onii-chan! –gritó Ayano después de que aquellas cadenas y jaulas desaparecieran. -¡Despierta, onii-chan! -Ayano… chan… -dije dejando mi “disfraz”. -¿Te encuentras bien? –preguntó mi hermana. -¿No te duele nada? -Eso… debería preguntártelo a ti… -dije un poco cansado.
Traté de levantarme pero apenas pude hacerlo, pues caí de nuevo al suelo. -¡No te levantes, Daisuke! –gritó Motimon. -¡Buscaremos ayuda! -Si buscan a Hiroshi y a los demás… -dije. –están detrás de esta colina… en la carretera que la bordea…
--------------------------------------------
-Daisuke… hijo… despierta… -¿Mamá? –pregunté despertando después de caer inconsciente. -El hermano de ojou-san parece estar en perfectas condiciones. –dijo V-mon. -¡Onii-chan! ¡Muchas gracias por ir a rescatarme! –dijo Ayano llorando. -No vuelvas a darnos esos sustos, Daisuke. –dijo mi padre. -¿Dónde estamos? –pregunté. -Estamos en tu casa, Daisuke. –contestó Motimon quien no se había apartado de mi cama ni un instante. -¿Y los demás? –pregunté poniendo un pie levantándome de mi cama. -Se fueron a sus casas. –dijo mi madre. -¡Tengo qué hablar con los demás! –grité desesperado. -¡Es algo muy importante! -Será después. –dijo mi padre. –Ahora debes descansar. ¿Puedes ponerte de pie? -No me duele nada ya. –dije. -Perfecto. –contestó mamá. –Ahora debes darte un baño, que hoy en la noche van a oficiar una premiación. -¿Premiación? -Sí. –contestó Ayano. –Les van a felicitar por haber salvado la ciudad de los Digimon. -¿En serio? –pregunté emocionado. –Es increíble… -¡Yo también iré! –gritó Ayano emocionada. -¡A V-mon le darán una linda medalla!
Mis padres y mi hermana salieron de la habitación, dejándome a solas con Motimon. V-mon había decidido quedarse en ella. -Lamento haber hablado mal de ti. –contestó el Digimon azul. –Veo que hiciste lo posible para ayudar a ojou-san. -Lo mismo digo de ti. –contesté. –V-dramon no es una evolución que se logre de un instante a otro. -Y qué hablar de la evolución de Rakugamon… -dijo Motimon. –No creía que fuera posible evolucionar, y menos con la luz de ese Digivice. -Mi padre me dijo que los aliados de Torkaimon no soportan la luz del Digivice. –dije. –Tal vez los efectos de esa luz resultaron como debieron porque Rakugamon decidió no ser aliado de Torkaimon nunca más. -¿Qué dijiste? –preguntó Motimon. -Lo que dije… -contesté. –La única razón por la que Rakugamon pudo evolucionar fue porque renunció a ser su aliado. Ambos teníamos un objetivo en común, aunque fuera por propósitos diferentes. Además, le di a Rakugamon la pelea que tanto quería. -¡Ve a bañarte, Daisuke! –gritó mi madre desde la sala. -¡La premiación comenzará en unas horas! -¡Ya voy!
-------------------------------------------------------------
-¡Daisuke! –gritó Hiroshi. -¡Como siempre llegas tarde!
Habíamos llegado últimos al centro de gobierno de la ciudad. Por suerte el evento aún no había comenzado.
-¿No te duele nada, Daisuke? –preguntó Rina muy preocupada. -Tranquilos, muchachos. –contesté sobándome la cabeza. -¡Ya estoy aquí! ¿Cuándo comenzará esto? -No lo sé, pero esto me está asustando. –contestó Mizuki. –Hay hasta cámaras por todos lados, y pantallas gigantes. -¡Ya vamos a empezar! –gritó Ayano, quien también estaba junto a nosotros. -Y pensar que esto ya se está terminando… -dijo Akio triste acariciando la cabeza de Gaomon. -¡La transmisión está lista! –gritaron muy cerca de nosotros. -¡El evento está a punto de…!
De pronto, escuchamos un alboroto entre el público, pero no era un grito de euforia y alegría, sino de desesperación y susto. Nosotros, quienes nos encontrábamos detrás de un telón, salimos de detrás de éste, y fuimos a ver lo que pasaba. -¿Qué es lo que pasa? –pregunté atemorizado. -No puede ser… -dijo mi padre quien subía al escenario. -¡Miren! –gritó Hiroshi. -¡En la pantalla más grande! -¡Es… es… ¡-gritó Akio asustado. -¡To… Torkaimon! –grité más aterrado que el resto de los demás. -¡Es… es imposible! -¡Niños elegidos… Kaito! –gritó aquel que pude reconocer en la pantalla como mi antiguo jefe. -¡Cuánto tiempo sin vernos! ¡Daisuke! ¡Mi viejo y servicial amigo!
Todos mis recuerdos más tristes sobre él comenzaron a regresar a mi mente… Las humillaciones que pasé por su culpa, los crímenes que tuve que cometer por sus ideales… No era posible, Leomon lo había vencido… No podía ser posible…
Continuará…
|
|
|
|
|
IP registrada
|
|
|
|
Gargadon
Administrador
Flash Banchou Punch!!1
Desconectado
Sexo:
Registrado el: Sat, 03 Feb 2007 17:44:00 -0500
Edad: 20
Ubicación: Isla Gyojin (mmm... pescado...)
Digimon Favorito: BanchouLeomon
Temporada de Digimon Favorita: Adventure
Mensajes: 1028
|
 |
« Respuesta #16 : Diciembre 28, 2009, 23:04:12 » |
|
Capítulo 23. Por lo largo del capítulo, este irá en su propio post. La canción que cantan las niñas en este capítulo se llama "Utsukushii Hoshi" (Hermoso planeta) y la intérprete original es Akino Arai. La subí a mi cuenta de 4Shared para que escuchen el arreglo de piano de la versión de la canción que vino en el CD recopilatorio "Sora no Uta" (el que viene en el álbum "Natsukashii Mirai" le falta esa "fuerza"). http://www.4shared.com/embed/156259932/da7ce79cLa traducción la pueden encontrar aquí: http://ichigo-no-kokoro.blogspot.com/2009/07/arai-akino-utsukushii-hoshi.htmlY el capítulo: Spoiler 23.- Todos de nuevo al Digital World
De pronto, escuchamos un alboroto entre el público, pero no era un grito de euforia y alegría, sino de desesperación y susto. Nosotros, quienes nos encontrábamos detrás de un telón, salimos de detrás de éste, y fuimos a ver lo que pasaba. -¿Qué es lo que pasa? –pregunté atemorizado. -No puede ser… -dijo mi padre quien subía al escenario. -¡Miren! –gritó Hiroshi. -¡En la pantalla más grande! -¡Es… es… ¡-gritó Akio asustado. -¡To… Torkaimon! –grité más aterrado que el resto de los demás. -¡Es… es imposible! -¡Niños elegidos… Kaito! –gritó aquel que pude reconocer en la pantalla como mi antiguo jefe. -¡Cuánto tiempo sin vernos! ¡Daisuke! ¡Mi viejo y servicial amigo!
Todos mis recuerdos más tristes sobre él comenzaron a regresar a mi mente… Las humillaciones que pasé por su culpa, los crímenes que tuve que cometer por sus ideales… No era posible, Leomon lo había vencido… No podía ser posible… -¿Pero cómo…? –grité. -¿Cómo es que estás vivo?
Torkaimon comenzó a reírse, provocando alboroto entre el público presente. -¡Leomon no es nada comparado a mi verdadero poder! Puede que hace treinta años un ataque así fuera muy duro para mí, pero ha pasado mucho tiempo desde entonces. Mi muerte fingida fue solo una tapadera para que dejaran de preocuparse. Envié a Onagimon al mundo real para que se enfocaran en pelear contra él olvidándose por completo del Digital World. -¡Corten la transmisión! –gritó uno de los ingenieros encargados de la emisión del evento a nivel nacional. -¡Es imposible! –contestó uno de los técnicos. -¡Todas las cámaras que grababan el evento están apagadas! -¿Quién es ese monstruo? –preguntó Ayano asustada. -Ese sujeto… se me hace muy familiar… -murmuró su compañero azul. -¡Niño Yanami! –gritó el Digimon de la pantalla. –Mi más grande dolor de cabeza… el solo verte me daba asco. Saber que tú eras el hijo de Kaito, por eso te utilicé a mi antojo. -Lo sabía… -dije furioso. -¿Cómo te atreves a meterte con mi familia y con mis hijos? –intentó desafiarle mi padre. –Si alguien va a pagar por tu supuesta traición, ese seré yo, ¡pero no metas a mis hijos en esto! -¡Ja, ja, ja! –gritó aquel demonio. -¡Kaito! ¡Veo que todavía no me olvidas! ¡Del mismo modo aquí en el Digital World nadie te olvida por ser su salvador! ¡Por eso Yggdrasil eligió a tus hijos! ¡Sabía que estarían mejor protegidos si los designaba como los nuevos salvadores de este mundo! Pero yo fui más rápido que él, por eso puse a Daisuke como mi esclavo. -Entonces lo sabías… -dije más molesto. -Por supuesto que lo sabía. –me contestó. –Del mismo modo que sabía que esa niña y ese Digimon azul eran conocidos tuyos. -Aún así quisiste que eliminara a los elegidos… -murmuré, y luego grité más furioso. -¡Querías que eliminara a mi hermana a toda costa! ¡Aunque sabías que yo era uno de los elegidos y que ella también lo era! -¡Por supuesto! –me contestó mi antiguo jefe. -¡Así podría encargarme del Digital World sin que ninguno de ustedes se metiera! -¡Sin embargo no ibas a cumplir tu promesa! –grité otra vez. -Para nada. –dijo calmado. –Esa era la excusa perfecta para tener a uno de los elegidos de mi lado. -¡Esta vez las pagarás! –gritó mi padre -¿Cómo te atreves a atacar a quienes no tienen qué ver con tus asuntos? –preguntó mi madre. -El humano es fácil de manipular. –dijo. –Tienen sentimientos, nosotros no los tenemos. El amor, la amistad y el compañerismo no solo más que puras patrañas. Lo que cuenta es la fuerza y la astucia. -Y por tu culpa manché el nombre de mi padre en ese lugar. –dije a punto de llorar. –Me utilizaste, me encargaste todo el trabajo sucio que no querías hacer, ¡fui tu perro fiel! -¡Pues claro! –gritó burlándose. -¡Aún recuerdo cuando llegaste como niño berrinchudo diciendo que el hada rosada de Piccolomon estaba a punto de delatarte! ¡Disfruté el instante en que les revelé la verdad de tu otra identidad a tus “amigos”! -Pero algún día… -gritó mi padre apretando con fuerza los dientes. -¿Y qué piensas hacer, Kaito? –se burló mi antiguo jefe. -¡Gargadomon está muerto! ¡Tu hijo fue el asesino! -¡Deja de cambiar el orden de las cosas! –me encaré a él. -¡Tú sabes bien que no soy un asesino a sangre fría! -¿No? –preguntó. –Aquí en el Digital World tu nombre es escuchado con asco, con desprecio. Vamos, que ahora eres el paria que nunca deseaste ser. -¡Deja de burlarte de Daisuke! –gritó Motimon. -¡Ya verás que iremos al Digital World y…! -¿Que vendrán al Digital World? –insinuó. –Eso quisiera verlo. -¡Claro que iremos! –gritó Hiroshi. -¡Nos hiciste la vida imposible en ese lugar el fin de semana! ¡Pero ahora somos más fuertes, y te lo podemos demostrar! -¡Cierto! –gritó Akio. -¡Ahora somos más! -¡Eso quisiera verlo, pero me temo que será imposible! -¿Y cómo lo sabes? –grité. -Porque justo cuando termine esta transmisión, cortaré toda clase de comunicación a distancia en toda la región del país. -¿Qué? –preguntó Rina. -¿Cómo puedes hacer eso? -Los demonios podemos hacer muchas cosas mientras tengamos poder proveniente del Dark Area. –dijo. –Sólo una cosa más… Los espero en el Digital World, espero en ese instante ya ser el gobernante de todo este mundo. Sólo que me gustaría saber cómo llegan aquí sin algún medio. Otra cosa, niño Yanami. Nadie que se meta conmigo se saldrá con la suya…
En ese instante, la transmisión se cortó. Por algún momento pensábamos que todo esto era un sueño. La gente había salido huyendo del lugar espantados por aquel ser. Era normal, ese sujeto infundía miedo en donde se le viera. -Hablaré con Isao ahora mismo sobre este asunto. –dijo mi padre. -¿En dónde se metió? -Háblale por teléfono. –recomendó mi madre. -Eso haré… ¿Eh? –mi padre puso una cara de susto. -¿Qué pasa papá? –pregunté. -La red de celulares no está disponible… -dijo mi padre asustado como si las amenazas de aquel Digimon hubieran sido ciertas.
Revisé mi Digivice, el cual todavía tenía su funcionalidad de celular dentro del mundo humano, y lo mismo que ocurría con mi padre, ocurría lo mismo conmigo. -Po… pondré el radio… -dije asustado.
Mis sospechas se hicieron realidad al no poder escuchar nada en el radio. -¡No puede ser! –grité asustado. –¿De verdad podría ser que…?
Los niños, mis padres y yo salimos al exterior. Todo parecía estar bien, pero de un instante a otro, las personas comenzaron a salir aterradas de sus casas y edificios de trabajo. -¡El mundo se va a acabar! –gritó un vagabundo que parecía estar algo demente. -¡Esta es sólo una señal!
Pero ese vagabundo tenía algo de razón. Sin redes de comunicaciones, nuestro país iba a acabar al borde del colapso. -Los llevaré a sus casas. –dijo mi padre. -¿Tú eres Hiroshi, cierto? -Sí, ese soy. –dijo respetuosamente mi amigo. -Te llevaré primero a tu casa. –dijo mi padre. –Necesito hablar con tu papá.
Así, cada uno de ellos fue bajando con sus respectivas familias, y habíamos acordado reunirnos en casa de Rina antes de que cayera la noche. Quedando solos en la camioneta familiar mis padres, Ayano, los Digimon y yo, a medida que avanzábamos por el centro de la ciudad veíamos cómo la gente se reunía en las calles, sin ningún método de distracción más que el sentarse en sus familias. -Este escenario es muy diferente al que había hace unas horas. –dije. -Este país se construye por su tecnología y su alta red de comunicación. –dijo mi padre. –Corta un eslabón y la cadena se derrumbará por completo.
Mi padre había encendido el radio, pero lo único que escuchábamos era ruido, ruido y más ruido. Ninguna de las emisoras locales estaba emitiendo en ese instante, y según las palabras de mi antiguo jefe, lo mismo estaría pasando en todo el país. -¿Qué tiene qué ver el padre de Hiroshi con todo esto? –pregunté otra vez. -Él forma parte de una división del ejército encargada de los asuntos Digimon. –dijo mi padre. –Seguramente encontrará la forma de ayudarnos.
Volteé de nuevo hacia la ventanilla y bajé la mirada mientras veía a las personas aterradas por lo que estaba pasando. -Sin comunicaciones, no podemos enlazarnos con los países vecinos. –dijo mi madre. –Mucho menos entablar comunicaciones cercanas.
Era increíble ver cómo pasó la ciudad de ser una ciudad productiva a un escenario rústico de décadas pasadas con edificios modernos. -Daisuke… -contestó Motimon al verme muy desanimado.
Pero no contesté. En vez de eso, venían a mi mente los recuerdos amargos que tuve al lado de ese sujeto. No podía creer que incluso me obligaría a eliminar a mi hermana… Todo encajaba, sólo me había utilizado para retrasar el plan de Yggdrasil varios días. Él sabía que si no estaba de su lado, podríamos vencerlo con facilidad…
Al llegar a casa, mi madre me sugirió que preparáramos alguna comida en familia, pero firmemente rechacé eso. -¿Qué te pasa, onii-chan? –preguntó Ayano. -Nada, nada. –dije. –Sólo quiero descansar un poco.
Con Motimon, nos fuimos a mi habitación, pero al empujar la puerta para cerrarla, caí sobre la cama y comencé a llorar. No quería verme débil ante mi hermana menor, pero qué podía hacer. -¡¡Maldito Torkaimon!! –grité desesperado. -¡Cálmate, Daisuke! –gritaba Motimon para tratar de animarme. -¡No me puedo calmar! –le contesté. -¡Ese sujeto está vivo! ¡Creí que lo habíamos vencido! Yo… yo…
No pude terminar mi frase, pues nuevamente comencé a llorar. Mi padre escuchó mis gritos y entró a mi habitación, se sentó en mi cama y me dijo: -No llores, Daisuke. Se podrá hacer algo, de eso estoy seguro. -¿Pero qué se puede hacer? –pregunté aún llorando. -¡Ese sujeto sigue vivo! ¡Y nosotros aquí sin poder ir al Digital World! -¿Vas a ir al Digital World? –preguntó mi madre. -Es lo que más quiero en este momento. –contesté. -¡No irás hacia allá! –me interrumpió. –Casi te mata Onagimon, ¿cómo quieres que deje que vayas allá? -Mamá… yo… -intenté decir como si desistiera, pero de nuevo me armé de valor. –No me importa… Torkaimon me hizo su esclavo, me obligó a hacer todo su trabajo sucio. Mi nombre es conocido en ese lugar como el de un asesino despiadado. No voy a permitir que el nombre de mi padre… -Eso no me importa. –contestó mi padre. –Es por tu bien, no podemos dejar que vayas. -Aún así iré con o sin su permiso. –dije. –Este país se está derrumbando por su culpa, estoy muy molesto por lo que me hizo a mí y a todos ustedes. Por más que me intenten convencer de lo contrario, no lo lograrán.
Mi padre dejó de hacerme entrar en razón. -Entonces no te obligaré a nada. Si eso es lo que quieres, no me queda más opción. Además… nadie más que ustedes pueden vencer a ese monstruo. Sospeché de eso en el instante en que vi tantos Digimon de nivel adulto en la zona… Se nota que se ha fortalecido a lo largo de los años. -Kaito… -dijo mi madre angustiada. -Y si pudiste soportar seis largos meses a ese demonio, estoy seguro que podrás vencerlo, claro, con ayuda de… Motimon. -siguió hablando mi padre. -Sólo que hay un problema… -dije. –No hay manera de ir al Digital World. No tenemos teléfono, ni televisión, radio, Internet, nada, no tenemos nada en este lugar. -Creo que hay una forma. –contestó mi madre. -Isao… ¡Cierto! ¡El padre de tu amigo Hiroshi! –gritó mi padre. -¿Qué tiene que ver él en esto? –pregunté. –Sé que él y tú se conocieron en aquel incidente, pero… -Aparte de su trabajo como militar, forma parte de una organización secreta encargada del estudio de los incidentes Digimon. -¿¡Qué!? –pregunté asombrado. -¿Pero cómo…? -Estoy seguro que sabrá dónde quedó aquel Digital Gate artificial de hace treinta años. -¿Digital Gate artificial? –pregunté. -En mis tiempos no había internet al alcance de todos. –contestó mi padre. –Y en nuestro tiempo libre, nos íbamos al parque a jugar. -Tu padre fue quien descubrió ese artefacto que nos envió por primera vez a ese mundo. –siguió relatando mi madre. -Supongo que ese aparato está construido por humanos. –dijo mi padre nuevamente. –En todo caso, debo hablar con el señor Abe, a lo mejor sabe la manera de enviarlos a ti y a ustedes. -Gracias papá… -dije abrazándolo. –Prometo que regresaré a casa sano y salvo después de terminar este pendiente.
No me había dado cuenta de que Ayano estaba escuchando la conversación. -V-mon… -le preguntó a su compañero Digimon. -¿Tendremos que ir al Digital World? -Eso parece, ojou-san. –contestó el Digimon azul. -Tengo miedo… -dijo mi hermana a punto de llorar. -Siempre estaré allí para que nada te pase.
---------------------------------------------------------
Mi padre nos llevó en automóvil a casa de Rina. Primero encendió el radio, pero pronto recordó que no había radio en la ciudad y en el país. Así que lo que hizo mi hermana Ayano fue poner su reproductor de música al menos para animar la travesía. -Bien, les dejo. –dijo mi padre. -¿Podrán regresar a casa? -Sí papá. –dije. -Cuídese señor Yanami. –contestó respetuosamente el Digimon azul. -Igualmente, V-mon.
Mi padre arrancó a toda velocidad. El tiempo es oro, y no podía desperdiciarse para nada. -En qué hemos metido a nuestros hijos, Isao… -dijo mi padre en el automóvil antes de subir la velocidad.
Al llegar allí, la madre de Rina nos recibió gratamente y nos señaló el lugar donde estaban todos los demás. Al parecer, como siempre, éramos los últimos en llegar. -¿Un piano? –pregunté al escuchar una melodía interpretada en piano. -¡Ah! –gritó Ayano emocionada. -¡Me encanta esa canción! ¿Puedo unirme? –preguntó al llegar a aquella habitación. -¡Claro! –dijo Rina emocionada.
Akio y Hiroshi, al igual que Gaomon, Kamemon, Patamon y Piyomon, estaban sentados en el sofá, y Rina parada como primera voz, y Mizuki sentada en el piano tocando una melodía que iba así:
Warui yume wo mite ita Soko ga chikyuu no hate Tatakai no tsugi no asa nani mo kikoenai dare mo inai
Suki na hito ni kakomare heiwa ni kurashiteru Dakedo ashita ni wa wakaranai haritsumeta shizukesa na no
Ah Utsukushii hoshi Ah Dare ga kowashite mo ikenai Ah Yasuraka ni nemuru kodomo-tachi ni tsutaete yuku tame ni
-¡Ahora tú, Ayano! –gritó Rina invitándola a cantar.
Nakushita mono ga amari oosugite wasureta Aozora dake wa nokoshite oite kudasai to sakebitai
Ah Utsukushii hoshi Ah Haruka na toki no hajimari ni Ah Umareta hikari wo watashi-tachi wa shiru sube sae mo nai
Al final, las dos terminaron de esta forma:
Ah Utsukushii hoshi Ah Dare ga kowashite mo ikenai Ah Yasuraka ni nemuru kodomo-tachi ni tsutaete yuku tame ni
Al terminar la canción todos aplaudieron, e increíblemente, felicitaron mucho a mi hermana menor, pues era la primera vez que la veían y escuchaban cantar, y he de reconocerlo, tiene una linda voz. -No sabíamos que tu hermana cantara tan bien. –dijo Mizuki. -Yo no sabía que Daisuke tenía una hermana. –contestó Hiroshi. -¡Eso es cierto, Daisuke! –contestó molesta Rina. -¡Es muy simpática, y nunca nos la mencionaste! -¿De dónde eres? –preguntó Mizuki. -¿Naciste también en Ciudad Roja? –preguntó Rina. -¿Qué grado de escolaridad estudias? –preguntó de nuevo Mizuki. -¿Te gusta cantar? –preguntó Rina. -Bueno… yo… -pude ver a mi hermana algo nerviosa de tantas preguntas que le hicieron. -¿Qué… qué tal si mejor empezamos con los asuntos pendientes? –pregunté. –Podrán preguntarle lo que quieran a Ayano-chan más tarde. -Bien, sólo te estábamos esperando. –contestó Akio. -Bien… -contesté mirando a Rina. -¿Puedes prestarme tu pizarra y aquel plumón? -Claro, tómalos. –contestó muy servicial.
Era extraño, pero cada vez que hablaba con ella, pareciera que su humor cambiaba, de ser la típica niña berrinchuda, parecía ya por fin entender la situación que estábamos viviendo. -Bien.... –comencé a anotar lo poco que sabía de lo que estaba pasando. –Como primer punto, tenemos el regreso de mi antiguo jefe… -Daisuke… no debes hablar de eso si no quieres. –contestó Motimon preocupado, sabía a la perfección que cada vez que mencionaba el nombre de aquel Digimon, me ponía muy enfadado. -No importa, Motimon. –dije para que no se preocupara. –Hay qué hacerlo de todos modos, no me queda de otra que seguir viviendo… Pero bueno… hasta ahora sabemos que Torkaimon está vivo… eso significa que su poder es mucho más fuerte de lo que creíamos. -¿Y qué vamos a hacer? –preguntó Hiroshi. –Creíamos que Leomon lo había vencido… pero no fue así, ¿entonces qué pasará con todo esto? -Gotsumon, Piyomon y Kamemon pudieron evolucionar más allá de su etapa adulta, así que creo que los demás deben llegar a ese nivel, ¿o no? –preguntó Akio. -¿Gotsumon también? –pregunto Mizuki. –Ahora comprendo bien por qué está con ese aspecto. -Pero ese no es el punto… -dije. –Tenemos qué ir al Digital World todos nosotros, pero sin internet, sin teléfono y si nada similar, no tenemos forma de abrir el sitio web del Digital Gate. -¿Digital Gate? –preguntó Akio. -¿Te refieres a esa ventana que salió de pronto el día en que nos encontrábamos en la sala de computadoras? -Esa misma… -dije. –Gotsumon vio una hoy en la mañana, pero tratamos de no tomarle importancia… -Seguramente querían que volviéramos al Digital World antes de tiempo. –dijo Rina. -Maldición… -dijo Motimon. –Y desconecté la computadora para que no volviera a salir esa ventana… -Lo hecho hecho está. –contesté. –Ya no podemos remediar eso, Motimon. -¿Y si volamos? –preguntó Piyomon. -¡No podemos hacer eso! –dije. –Los aviones no están saliendo de aquí, y los que intentaron llegar no tienen manera de ubicarse en el país. -Pero podríamos ir volando a algún otro país cercano. –dijo Rina. –Seguramente en algún país cercano podremos entrar a la red. -Eso es inteligente, Rina. –contestó Hiroshi. –Pero no podemos arriesgarnos a que vean a nuestros Digimon, Si ven a Birdramon o a Garudamon surcando los cielos de otra nación, podrían hasta declararnos la guerra. -Mi padre me dijo que tu padre podría ayudarnos en esto. –dije al joven. -¿Tu padre? –preguntaron todos los demás. -S… sí… -contestó Hiroshi algo tímido. –Mi padre conoce el incidente de hace treinta años, además trabaja en una investigación relacionada con los asuntos Digimon. Dijo que fuéramos a mi casa mañana al amanecer, que quizás conoce la ubicación de una puerta que nos pueda llevar hacia allá. -¿Te refieres al Digital Gate de Ciudad Roja? –preguntó el padre de Rina. -¿Papá? –preguntó Mizuki. -¿Cómo sabes eso? -Yo también fui a ese lugar en el incidente de hace treinta años. –contestó.
Al escuchar esas declaraciones, todos abríamos la boca completamente escépticos. -No… no puede ser… -dije. –Primero fuimos Ayano y yo… después fue Hiroshi, ¿ahora Rina y Mizuki? -¿De qué hablas, Daisuke? –preguntó Mizuki. -Al parecer todos somos hijos de los involucrados en el incidente de hace treinta años. –dije pensando en el descubrimiento que había hecho. -Bueno… yo… no sé si eso se cumpla conmigo. –dijo Akio un poco apenado. -En todo caso, -dije. –no sé si fue producto de la imaginación o algo por el estilo, pero escuché la voz de Yggdrasil. -¿Cómo pudo ser posible, Daisuke-kun? –preguntó Gaomon. -Es la primera vez que escucho que alguien vea al Dios del Digital World. –dijo Patamon. –Y menos de boca de un humano. -Yo tampoco lo entiendo. –contesté aún pensando seriamente lo que había dicho. –Auneuq no lo vi, sólo escuché su voz… Pero me dijo que la batalla no había terminado, y que debíamos ir los siete juntos al Digital World. Quise avisarles pero no tuve tiempo de… -Espera, espera. –contestó Rina. -¿Dijiste “siete”? -Sí… -dije. –Siete, así me lo dijo Yggdrasil. -Es que… -dijo Rina algo desconsolada. –Si contamos a Ayano-chan… somos seis, no siete. -¿Pero cómo? –pregunté. –Yggdrasil me dijo que éramos siete… ¿dónde podría estar el otro?
El padre de las dos niñas nos dio la respuesta. -Seguramente… o podría ser Yui, o Kate –dijo pensativo. -Yui… ¿Morioka Yui? –preguntó Akio muy desconcertado. -Ese... es el nombre... de mi mamá...
Se hizo un gran silencio después de esa revelación. Era de entenderse, hasta donde sabía, los padres de Akio se habían separado poco antes de que yo llegara a la ciudad. Quizás esas heridas aún seguían abiertas después de todo.
-Esa es una gran coincidencia... -pensé en voz alta. -Creo que el enigma se resuelve... en parte... -¿Kate? –preguntaron los demás. –Ese nombre no es conocido por aquí… -Es que Kate no es de aquí. –dijo el señor. –Ella es de América. -¿¡América!? -pregunté sorprendido. -¡Pero eso está cruzando el océano! ¡Es imposible que podamos reunirnos con el hijo o hija de esa mujer! -Si algo hemos aprendido en estas últimas semanas, es que no hay nada imposible. -contestó Mizuki. -Y para prueba, los Digimon que tenemos junto a nosotros. -Eso es cierto... -dije. -Sólo espero que podamos conocerlo, o conocerla... -Probablemente ha escuchado el llamado del Digital World, seguramente ya se nos debió haber adelantado. -contestó el señor Inoue. -¿Entonces... qué podemos hacer? -preguntó Rina. -Ir a mi casa mañana y esperar a que llegue mi padre. -contestó el niño. -No tenemos de otra, si queremos ir al Digital World. -De... de acuerdo... -dije a punto de retirarme. -Deberíamos volver todos a casa. Seguramente las calles se volverán más peligrosas esta noche. -Tienes razón. -dijo Hiroshi. -Si quieren, Akio y yo podemos acompañar a Mizuki a casa. -Yo iré con Ayano-chan a casa. -dije mirándola a ella y a su nuevo compañero. -Esta noche será una de las más largas de nuestra vida. -Yo... quisiera quedarme aquí. -contestó Mizuki. -Quiero hablar con papá unas horas. Si quieren pueden irse, chicos. No necesito que me esperen. -De acuerdo. -dijo Akio. -Hiroshi y yo iremos a cenar en la plaza comercial. ¿No quieren ir, Daisuke, Ayano? -No tengo ganas. -dijo Ayano por primera vez durante toda la plática. -Quiero ir a casa, onii-chan. -Yo tampoco tengo ganas de salir esta noche. -rechacé amablemente la invitación.
Al salir de la casa de Rina, cada grupo tomó su camino. Hiroshi y Akio fueron a la zona oeste de la ciudad, mientras que Ayano y yo fuimos a la zona norte de la ciudad antes de ir a casa. Al caminar en una acera, llegamos a la zona donde se encontraban las colinas. A lo lejos, en la misma calle, pudimos ver toda una movilización policíaca. Por ese motivo decidí que cruzáramos la acera para tomar alguna desviación que no fuese tan insegura. -Onii-chan... -preguntó Ayano. -¿Quién es ese Digimon que apareció en la pantalla hace varias horas? -Ayano... chan... -dije bajando la mirada. -¿Por qué quieres saber sobre él? -¿Ese Digimon... era tu jefe? -preguntó mi hermana. -Sí... -no tuve más remedio que contestar con la verdad. -Ese es... aquel al que llaman... Torkaimon... -¿Es cierto eso que dijo Onagimon? -preguntó. -¿Es cierto que papá fue a ese lugar llamado “Digital World”? -Así es... -dije. -¿Por qué preguntas eso? -Porque... Onagimon... me dijo que mataste al Digimon de papá...
Esa declaración me dejó helado. ¿Cómo le podía explicar lo que había pasado de tal manera que lo pudiese entender? -Ayano... -contestó Motimon a mi lado. -Motimon... por favor. -dije a mi amigo impidiéndole que hablara. Esto era más un asunto mío y era mejor que los demás no se entrometieran. -Las cosas no son como parecen... Nunca fue mi intención hacer eso... En ese instante, mi cuerpo reaccionaba, pero no a mi voluntad... Torkaimon me obligó a eso... -Daisuke... -dijo Motimon preocupado. -No tienes nada de qué disculparte. Ni siquiera estabas consciente de eso. -Sin embargo, no puedo dejar de culparme por lo que pasó. -contesté otra vez. -Desde que recuerdo eso, no puedo dormir pensando en lo que pasó, sobre todo, la poca vergüenza que tuvo Torkaimon de jugar conmigo, de jugar con nosotros. Quería que eliminara a los elegidos, quería que eliminara a mi hermana... ¡Ese maldito quería eliminarme! ¡Por ese debemos ir todos al Digital World! ¡Sólo así podremos vencerlo de nuevo! -¡Yo no quiero ir a ese lugar tan peligroso! -gritó Ayano en ese instante. -¡Nadie me ha preguntado nada si quiero ir o si no! ¡Nunca he estado fuera de casa más de un día! ¡No quiero ir! ¡Tengo miedo...!
Ayano comenzó a llorar en ese entonces. V-mon la abrazó, intentó consolarla. Motimon me susurró al oído entonces: -¿Qué vamos a hacer, Daisuke? -Ayano-chan... -dije entonces. -Si no quieres ir, no vayas, no te obligaré. -Onii-chan... -dijo Ayano intentando secarse las lágrimas. -Pero... ¿tú irás? -Sí, Ayano-chan. -contesté. -Quiero ir. Tengo qué ir. -¿Por qué? -Porque cada vez que veo la horrenda cara de ese Digimon, no puedo dejar de pensar en todo lo que me hizo... -dije. -Secuestró a mamá... me utilizó para sus planes... No podía soportar ver cómo papá y tú se ponían tristes... Ese era el único motivo por el que decidí obedecer los planes de ese bastardo... Quiero ir al Digital World, y hacerle pagar todo lo que nos hizo.
Ayano se quedó callada unos minutos, y después, me dijo algo que era lo que esperaba, a pesar de que seguía preocupado por lo que podría pasar. -Iré. -dijo. -Además... quiero conocer dónde vive V-mon. -Ojou-san... -contestó el Digimon azul. -Si no quiere ir, no debería ir. -Además... quiero acompañar a onii-chan. -contestó de nuevo mi hermana. -Quiero ir con él, no quiero abandonarte. -Ayano-chan... -dije tratando de convencerla de que no fuera por obligación. -Ya te dije que si no... -Iré. -dijo Ayano interrumpiéndome. -Y no hay marcha atrás... aunque no sé si podré estar lejos de mamá y de papá... -No te preocupes, ojou-san. -contestó V-mon con sus aires de importancia. -Yo estaré ahí para protegerte.
----------------------------------------------------------------------
Al regresar a casa, comimos un poco y cada uno de nosotros se fue a sus habitaciones. Mi padre me contó que había podido hablar con su amigo. Lamentablemente, me dijo que aquel Digital Gate que habían encontrado en Ciudad Roja, ya no estaba en aquella caverna, sino que la habían trasladado a la capital. El traslado sería más largo de lo que esperábamos, pero no importaba mientras pudiéramos llegar al Digital World cuanto antes.
Al entrar a mi habitación, encendí el televisor. Instantáneamente, recordé que aquel maldito había cortado toda clase de comunicaciones, por lo tanto no habría ni televisión, ni teléfono, ni nada similar. El televisor no mostraba ninguna imagen. -Si no vamos, esto seguirá así... -contesté mientras tomaba el control remoto y apagaba de nuevo el televisor. -Daisuke... -contestó Motimon bajando de mis hombros y tirándose en la cama. -¿Estará bien que tu hermana Ayano venga con nosotros? -No sé si sea lo mejor... -contesté. -Pero si el dios del Digital World la quiere en ese lugar, es lo que tenemos qué hacer. Llevarla ante él...
En ese instante, Motimon evolucionó a Gotsumon. Tuve una gran alegría al ver a mi compañero de aventuras nuevamente en su forma original, pero mi alegría desapareció al poner algo de música en mi computadora. De igual manera, se desató la lluvia, dejando a la ciudad algo triste, más de lo que estaba. No habían grandes anuncios en pantallas, ni mucho menos se escuchaba algún bullicio de los que siempre había en la ciudad. Nada. Pareciese que la ciudad había quedado vacía para siempre, como si hablara de un pueblo fantasma.
-Daisuke... -dijo Gotsumon al caminar detrás de mí. -¿Por qué no duermes? Mañana será un largo día. -No puedo dormir... -dije al salir a la ventana y ver la ciudad casi apagada. -Tan solo pensar en Torkaimon se me revuelve el estómago. -Perdona por no vencerlo. -bajó la mirada mi amigo de roca. -No tienes por qué. -contesté tratando de animarlo. -Además, te agradezco por lo que hiciste...
La ciudad estaba vacía, pretendía seguir con su vida normal, pero no era posible. No se escuchaba el alboroto de las otras casas. Más se escuchaban las patrullas rondando, esperando no tener qué detener a nadie en la noche.
-------------------------------------------------------------------
El despertador de mi celular sonó temprano, a las ocho de la mañana. Quedaban dos horas para bañarnos, vestirnos y preparar lo mínimo. Ayano había vestido con unas ropas ligeras, algo ideal para ella, pero lamentablemente había escogido a V-mon como modelo para sus vestidos de muñecas. -Eh... -dije. -¿No podrías dejarlo como está? -Bueno... peor es que V-chan se ve tan lindo con ese traje. -¿V-chan? -pregunté muy extrañado de la forma en que le hablaba a su Digimon, pero más aún de la forma en la que éste aceptaba formar parte de esas humillaciones. -¿Ya evolucionó Gotsumon? -preguntó Ayano. -¡Qué lindo!
Ayano corrió hacia Gotsumon y le dio un fuerte abrazo. Afortunadamente su cuerpo de roca le permitía soportar esa fuerza descomunal. -¿Están listos? -preguntó papá, a lo que ambos respondimos con una afirmación.
Al subir al automóvil, tuve una extraña sensación... Mi voluntad decía que quería ir, pero inconscientemente había dado pasos más cortos para llegar lo más tarde posible al vehículo. Lo mismo pasó cuando acaricié las vestiduras de los asientos... Era como si no quisiera ir, pero ya era tarde, y no había otra opción. Al ver a mi hermana Ayano sentada a un lado mío, noté que seguramente estaba pasando por lo mismo. Sólo miraba hacia la ventanilla, y no nos acompañó en la breve charla que tuvimos mis padres y yo, en la cual hasta Gotsumon se veía animado.
Llegamos a casa de Hiroshi rápidamente, no había tráfico muy a pesar de que era viernes. Seguramente todos estaban más que aterrados por lo que estaba pasando ahora. No habían aviones, el tren subterráneo seguramente tampoco estaba funcionando. Mi padre estaba acostumbrado al GPS, fue algo complicado para él decidir las calles a “la antigüita”.
Como dije antes, habíamos llegado a nuestro destino, el cual fue fácil de reconocer, pues habían dos enormes camiones con vestiduras de camuflaje, a leguas se veía que eran camionetas de propiedad del ejército. Al parecer el padre de Hiroshi había podido obtenerlas para llevarnos a todos a la capital.
-¿Quién falta? -pregunté al bajar del vehículo. -Faltan todos. -contestó Hiroshi. -Papá, ¿no irá mamá con nosotros? -Ellas se quedarán en casa a descansar. -contestó el padre de mi amigo. Luego éste volteó hacia mis padres y volvió a hablar. -¿No piensan acompañarnos? -Si podemos viajar al Digital World nosotros, entonces iremos. -contestó mi madre. -¿¡Eh!? -pregunté. -¿¡Piensan viajar también!? -Si se puede. -contestó mi padre. -Lo más seguro es que no podamos. -¿Y eso por...? -pregunté. -Verás, Daisuke. -contestó el padre de Hiroshi. -Los Digivice tienen una clave inicial. Al parecer los que no tengan una clave que concuerde con el patrón actual del Digital Gate, no podrán pasar. -Eso es increíble. -dijo Hiroshi. -Hay muchas cosas que no sabemos del Digital World, a pesar de que se han llevado años y años de estudio. -contestó el señor Abe de nuevo. -¡Isao! -gritó una mujer. -Veo que tú fuiste el único que me avisa lo que está pasando. Ni Misuzu ni Kaito lo dicen y eso que viven en esta misma ciudad. -¡Yui! -gritó el señor. -¡Qué bueno que llegas!
Hiroshi y yo la vimos con mucho asombro. Si era cierto, entonces ella era la madre de Akio, la cual él no había visto desde que sus padres se habían separado. -¿Dónde está mi hijo Akio? -preguntó aquella mujer. -Como siempre, seguramente su padre es un impuntual. -Aquí estamos, Yui. -contestó otro señor, seguramente era el padre de Akio, pues iba acompañado de éste. -¿Podrían dejar de...? -intentó interrumpir el joven.
No les dio tiempo de siquiera saludarse o algo, pues de pronto llegaron dos automóviles. En el primero bajaron Mizuki y su mamá, y en el otro bajaron Rina y sus padres. Eso no presagiaba nada bueno. Y mis predicciones fueron ciertas, se armó un enorme pleito en ese entonces al verse las caras. -¡Basta los tres de pelearse! -gritó Rina. -¡Lo más importante es que vayamos al Digital World, y ustedes sólo llegan a pelear! -¡Rina tiene razón! -le siguió Mizuki. -Podrán pelearse en cualquier otro instante, pero no ahora.
Al escuchar eso, los tres señores pensaron durante un largo tiempo. -Esas niñas tienen razón. -contestó la madre de Akio. -Lo importante es resolver el problema de Torkaimon cuanto antes. -¿Por qué no nos vamos ya, si estamos todos reunidos? -preguntó Ayano quien ya se había subido a una de las camionetas.
Y así lo hicimos. En la primera camioneta íbamos todos los niños junto con nuestros respectivos Digimon, y en la segunda iban nuestros padres. La primera la conducía el padre de Hiroshi, mientras que la segunda el padre de Akio. -¡Qué bueno! -gritó Mizuki. -Pronto llegaremos a Ciudad Roja. -No iremos a Ciudad Roja. -contestó Hiroshi. -¿Cómo? -En realidad a donde vamos es a la capital. -terminé. -¿Pero por qué? -preguntó Rina. -El Digital Gate de Ciudad Roja fue trasladado por el gobierno a una base secreta en la capital. -contestó el padre de Hiroshi. -Bueno, secreta para todo el país, porque para los que estamos involucrados en ese incidente, sabemos dónde se encuentra. Así que iremos para allá. -La capital... -dijo Ayano. -Está muy lejos. -Son como siete horas de viaje. -dijo Rina. -Tenemos siete horas para ver nuestro mundo real, antes de llegar al Digital World. -contestó Mizuki.
Al escuchar esas palabras, bajamos la mirada todos. Seguramente ninguno de nosotros quería volver a ese lugar, pero de nosotros dependía que el país volviera a la normalidad.
Después de unas dos horas, pudimos cruzar un pequeño poblado, el cual parecía seguir con sus actividades normales pese a lo que estaba pasando en ese instante. -En este pueblo las cosas siguen como siempre. -dije. -Eso es porque no dependen de cosas tan vanas como el teléfono o el internet para realizar sus labores. -dijo el padre de Hiroshi. -Deberíamos aprender de ellos algún día por si algo como esto volviera a ocurrir.
Cuatro horas después, a toda velocidad, pudimos entrar a la capital. Las construcciones y enormes edificios no se comparaban en nada a lo que era Ciudad del Valle o Ciudad Roja. Enormes torres se levantaban del suelo y en ocasiones no dejaban que el sol nos pegara. Pero, igual que en Ciudad del Valle, el ambiente en la capital era el mismo. Las calles vacías, sólo gente caminando de aquí para allá, pero no se notaba esa actividad tan ajetreada como la conocíamos. -En todo el país se vive la misma situación. -contestó Akio. -¿Cuánto falta para que lleguemos? -preguntó Ayano. -Unos cinco minutos. -contestó el señor Abe.
Y sus predicciones fueron acertadas. En cinco minutos habíamos llegado a una zona militar muy despoblada. Unos soldados nos interrumpieron el paso de las camionetas, pero el señor Abe con sus credenciales pudo hacer que nos cedieran el paso al recinto.
Al llegar a los edificios, todos bajamos de las camionetas, incluyendo a nuestros padres, y llegamos a una especie de garage muy grande. Al entrar, pudimos ver a varias personas vistiendo batas de laboratorio, y al final, un enorme aparato que parecía tener forma de puerta. -Por fin llega, comandante Abe. -dijo uno de los “científicos”. -Estos son los niños elegidos del incidente de este año. -contestó el señor. -Perfecto, creo que podemos empezar con la transportación. -dijo otro de los “científicos”. -¿Esos son los niños y esos monstruos digitales? -preguntó un tercero. -Me gustaría estudiarlos. -Me temo que no es posible. -dijo el padre de Hiroshi. -Esto es de suma urgencia y no podemos esperar más tiempo a que viajen a ese lugar.
Ayano comenzó a temblar, así que la abracé para que se calmara un poco. -Bien, niños. -dijo el primer hombre vestido de bata. -Es hora de que pasen por ese artefacto. -Pero antes... -dijo el señor Abe. -Quisiéramos probar todos nosotros el Digital Gate. -De acuerdo, comandante Abe. -dijo el otro científico.
Mis padres, y los padres de mis amigos, o al menos los que estaban involucrados con los Digimon, se presentaron ante el Digital Gate. Mi padre tomó un Digivice que traía en su bolsillo (la prueba de que en realidad había viajado a ese lugar), pero al hacerlo y ponerlo frente al Gate, sonó una fuerte alarma. -¿Qué significa eso? -preguntó mi padre. -Eso quiere decir que ninguno de nosotros puede viajar al Digital World. -contestó el padre de Hiroshi apenado.
Mis padres, y los de los demás, se apenaron al escuchar eso. Decididamente, caminé hacia la “puerta”, y tomando mi Digivice lo puse frente a éste. Al hacer eso, la puerta no sonó para nada, pero las maquinarias comenzaron a trabajar. -Eso significa que ustedes niños sí podrán viajar. -dijo el señor Abe. -Es una lástima que ustedes no. -dijo Hiroshi. -Entonces... -habló mi padre y me entregó una carta. -Espero que puedas volver a ver a mi viejo amigo, y le entregues esa carta. Sólo para que sepa que no lo he olvidado aún. -Sí, papá. -dije. -Se lo entregaré. No te preocupes. Te prometo, además, que regresaré con Ayano a salvo, y que Torkaimon habrá pagado por todos sus crímenes.
Después de eso, me dio un fuerte abrazo, al igual que mi madre, y luego a Ayano. Empecé a sacar unas lágrimas. Era extraño, había estado seis meses en el Digital World, pero esta vez era diferente el asunto. Esta vez en verdad no sabíamos lo que iba a pasar, y teníamos tiempo para despedirnos, quizás era lo más doloroso. Pero ya no había marcha atrás.
Después de que mis amigos abrazaran a sus padres por “última” vez, todos nos plantamos al Digital Gate.
-Entonces... -dije mirando a mis amigos. -¿Nos vamos? -Sí. -contestaron todos, inclusive Ayano. -Torkaimon. -dije en voz baja. -Esta vez sí me las pagarás.
Al ponernos frente al Digital Gate, una enorme luz se desprendió, envolviéndonos a los seis y a nuestros Digimon. Era la señal de que era hora de partir hacia el Digital World, otra vez. Pero esta vez por nuestra propia voluntad, y esta vez, no buscaríamos la salida, sino que nos quedaríamos allí sin importar lo que tardáramos.
Continuará...
|
|
|
|
|
IP registrada
|
|
|
|
Gargadon
Administrador
Flash Banchou Punch!!1
Desconectado
Sexo:
Registrado el: Sat, 03 Feb 2007 17:44:00 -0500
Edad: 20
Ubicación: Isla Gyojin (mmm... pescado...)
Digimon Favorito: BanchouLeomon
Temporada de Digimon Favorita: Adventure
Mensajes: 1028
|
 |
« Respuesta #17 : Enero 08, 2010, 01:28:41 » |
|
Un capítulo de transición y un poco más de sorpresas. Spoiler sobre Capítulo 24 ------FICHA DE PERSONAJES: Ayano Yanami -------
Nombre: Ayano Yanami Edad: 7 años Fecha de nacimiento: 27 de octubre Digimon camarada: V-mon Color del Digivice: Blanco
Ayano Yanami es ahora la más pequeña del grupo. Es la hermana menor de Daisuke y la adoración de toda la familia Yanami. Le gusta vestir de vestidos llamativos y muy coloridos, además en sus ratos libres toma clases de canto. Es un poco consentida pero a la vez es muy cariñosa. Estudia en la misma primaria que el resto del grupo. ¿Pero cuál es la razón por la que ninguno de los demás supiera de la existencia de esta niña? La respuesta estaba en Daisuke y su resistencia a hablar con los demás.
Desde un principio, estaba destinada a ser una de los elegidos, pero por circunstancias de la vida no viaja con el grupo al mismo tiempo, sino que se integra después, cuando su padre encuentra a un extraño Digimon herido en la calle y lo lleva a su casa para cuidarlo. Es allí, donde Ayano conoce a V-mon, un Digimon muy juguetón, pero a la vez demasiado servicial, a tal grado de ser casi como el sirviente de Ayano, y prometiendo protegerla en cualquier circunstancia.
-----------------------------------------------------------------------
24.- Hemos llegado... a una isla desierta
Así, esa luz nos absorbió, y en cuestión de segundos, nos dimos cuenta de que ya no estábamos en nuestro mundo. -¿Qué... qué pasó? -pregunté algo confundido al levantarme del suelo. -¡Ya llegamos, Daisuke! -gritaba emocionado Gotsumon. -¿Eh? ¿¡De verdad!? -grité emocionado.
Me levanté, y levanté al resto de mis amigos para que se enteraran de lo ocurrido, pero al levantarme, noté algo que me dejó muy sorprendido: estábamos en la cima de una enorme montaña, y al observar a lo lejos, no se notaba más que agua. -No... no puede ser... -dije asustado al ver lo que pasaba. -¿Qué tienes, onii-chan? -preguntó Ayano. -Esto... es... ¡una isla! -grité asustado. -¡Eco, eco, eco, eco...! -gritó Akio al notar el efecto de eco de mi voz. -¿Puedes callarte Akio? -dijo Rina dándole una reprimenda. -Perdón... -contestó el muchacho algo molesto. -¿Y cuál es el problema, Daisuke? -preguntó Mizuki. -Quizás no se han dado cuenta... pero donde caímos por primera vez no era una isla sino un continente entero.
Hiroshi, como siempre, tomó su Digivice para poder revisar el mapa de esa zona, y notó que efectivamente estábamos en una isla. Y para llegar al continente más cercano, deberíamos cruzar alrededor de 70 kilómetros de puro mar. -Mar... -dijo Hiroshi al ver su mapa. -Estamos en una isla... -¿Cuál es el problema, onii-chan? -preguntó Ayano angustiada.
Tomé un poco de aire y dije: -Estábamos tan preocupados por regresar al Digital World, que no caímos en la cuenta de que ese Digital Gate nos enviaría a cualquier parte de este mundo. -¿Eso quiere decir...? -preguntó Mizuki. -Que estamos muy lejos de la zona de influencia de Torkaimon. -dije. -¿Cómo te comunicabas con ese Digimon cuando eras su sirviente? -preguntó Akio tan fresco y sin discreción. -¡Akio-san! -le reprendió Gaomon por su indiscreción. -Déjalo, Gaomon. -dije para que vieran que el indagar en mi pasado no era algo que me molestara. -Torkaimon instaló en mi celular una aplicación para poder trasladarme a su morada cuando quisiera, siempre y cuando me encontrara dentro del Digital World. -¿Y si vamos con eso? -¿¡Estás loco!? -grité. -¡Claro que no! ¡Sería casi como ir a una muerte segura! -¿Y no por eso estamos aquí? -gritó Akio. -¡Tú querías vencerlo! ¿Estamos en el Digital World, o no? Podemos ir con él y vencerlo otra vez.
Y así, él y yo comenzamos en una discusión sin sentido. Ayano y Rina intentaron detenernos, pero a cada segundo que defendíamos nuestra posición, él queriendo terminar de pronto la pelea, y yo intentando pensar con prudencia, pues sabía a la perfección sobre el poder de ese sujeto, llegamos de pronto a los insultos y a las faltas: -¡Estoy harto de tu imprudencia, Akio! -grité furioso intentando terminar la discusión. -Ese Digimon es muy fuerte, nosotros a nuestro nivel no podríamos contra él. -¡Y yo estoy harto de que vengas como el sabelotodo de este mundo! -gritó. -¿O es que ya olvidaste gracias a quién sabes mucho sobre el Digital World? -¿Qué estás insinuando? -pregunté entendiendo a lo que quería llegar. -¡Que tú siempre vas a ser para mí como el sujeto que se infiltró con nosotros y trató de entregarnos ante su amo! -¡Akio! -gritó Rina regañándolo. -¡Akio-san! -intentó calmarlo Gaomon. -No debe decir esas cosas. -Así que eso soy para ti. -dije furioso. -Tú tampoco eres el santo del grupo. ¿O ya olvidaste que tú eras el bravucón del grupo y que te ibas de pinta con tus “amigos”? -Daisuke... -contestó preocupado Gotsumon. -¡Pero yo nunca fui un doble cara con nadie! -gritó él. -¡Nunca fui el más amable con ustedes y a la vez buscaba la forma de eliminarlos! ¡Ese mismo Digimon nos dijo que cuando Piccolomon-sama nos avisó de tu traición, fuiste corriendo hacia tu jefe para que te pudiera defender!
Al escuchar esas palabras tan hirientes, no pude contenerme y le di un puñetazo en la cara a Akio, lanzándolo al suelo, provocando la sorpresa del resto del grupo. Éste hizo lo mismo, y sus golpes igual fueron bastante dolorosos. -Basta... -dijo Ayano a punto de llorar... -Akio... onii-chan... por favor... no peleen... -¡V-mon Punch! -gritó su Digimon golpeándonos a los dos y haciendo que perdiéramos la concentración por algún tiempo. -¿Qué te pasa, maldito Digimon azul? -grité furioso, cuando volteé hacia mi hermana, y recordé la promesa que había hecho V-mon con Ayano. -Hicieron llorar a ojou-san. -contestó el Digimon muy serio. -Lo siento... -dije muy avergonzado por lo que había pasado. -También deberías disculparte por haberte aliado con aquel Digimon... -contestó Akio aún resentido, levantándose del suelo y limpiándose la tierra de la cara. -¡Akio! -gritaron todos los demás. -Akio-san... -dijo Gaomon avergonzado por la reacción de su amigo. -Akio... ¿Así te llamas, no? -contestó el Digimon de Ayano. -Sé bien que lo que Daisuke hizo no es de aplaudirse, pero nadie está aquí para poner el dedo en la herida. Creo que si todos estamos aquí es por el mismo objetivo: vencer a ese Digimon que nos dejó incomunicados y que nos ha perseguido hasta el cansancio. -De acuerdo... -dijo el joven muy molesto pero a la vez tratando de contener su rabia. -Akio... -dije intentando convencerlo. -No quiero que vuelva a pasar lo de hace una semana, donde no sabíamos qué hacer para pelear y demás. Sé bien que ese sujeto es muy fuerte, y si las tropas que envió al mundo real son tan fuertes que algunos de nuestros compañeros tuvieron que evolucionar a un nivel más alto que la etapa adulta, no quisiera imaginarme sobre su verdadero poder. -¿Y qué podemos hacer? -preguntó Hiroshi. -No sabemos dónde estamos, y seguramente estemos solos en esta isla. -¿Eh? -gritó Rina. -¿Una... isla desierta? -preguntó Ayano. -Calma, calma. -dijo Mizuki. -Antes de desesperarnos, deberíamos ir a caminar a ver si encontramos rastros de vida. -¿Será buena idea que vayamos todos? -preguntó Hiroshi. -¿Y si nos perdemos? -Entonces será mejor que un grupo se quede aquí, y los demás vayamos a investigar. -contesté. -¿Vayamos? -preguntó Akio. -¿Tú y quiénes más? -Yo iré con él. -dijo Gotsumon golpeándose el pecho en señal de orgullo. -El gran Gotsumon-sama está aquí como supporter de Daisuke, ¿verdad? -¿Desde cuándo eres mi supporter? -pregunté extrañado de la actitud de Gotsumon. -Desde la primera vez que nos conocimos. -dijo Gotsumon sin vacilar. -Aún así, no me siento muy seguro de... -intentó recriminar nuestro otro amigo vacilador y a la vez peleonero. -Entonces yo iré, Akio. -contestó Hiroshi interrumpiendo. -A lo mejor así te sientes más seguro. -De acuerdo... -dijo Akio todavía molesto. -Entonces, Hiroshi y yo iremos a ver qué más podemos encontrar por ahí. -dije. -Esperemos encontrar un poblado donde podamos pasar la noche. ¿Nos vamos? -Es hora, no podemos quedarnos, el sol ya se está ocultando. -me contestó Hiroshi.
Así, después de los buenos deseos de los demás, Hiroshi y yo, acompañados de nuestros Digimon, bajamos la montaña con mucha dificultad. -Eh... dijo Hiroshi algo asustado. -¿Cómo es que puedes caminar por el sendero como si nada? -He estado en peores lugares. -dije. -¿¡Cómo puedes contestar así tan tranquilo!? -gritó entonces. -Eso es a lo que se refiere Akio, pareces casi un sabelotodo de este mundo. Yo no podría caminar así como si nada... -Ya te lo dije, Hiroshi. -volví a mencionar sin mirarlo. -He estado en peores lugares, estoy acostumbrado... podría decirse... que la oscuridad es prácticamente parte de mí. -Daisuke... -contestó Gotsumon. -No deberías mencionar eso. -Por más que quieras decir que ya no eres aliado de Torkaimon, -dijo Hiroshi. -pareciera que aún lo sigues siendo. -Hiroshi... -tomé un poco de aire para hablar. -Conozco muchos de sus movimientos, pero es algo flojo, nos esperará en su morada.
Después de esperar unos minutos en la caminata, dije: -Lamento la pelea con Akio. -Akio es muy imprudente. -dijo Hiroshi. -¿Cómo puedes hablar así de él si son tan amigos? -pregunté. -Lo somos. -dijo Hiroshi. -Pero no puedo negar que es muy rencoroso, y que también es imprudente al hacer las cosas. -Sólo busco lo mejor para el grupo. -dije arrepentido. -Sé que no puedo remediar el daño que hice de un día para otro, pero estoy dispuesto a tomar todas las consecuencias de vencer al que fue mi jefe por mucho tiempo. -¿Por qué nos llamaste “metiches”? -preguntó mi amigo. -Sólo quería que se fueran de aquí. -contesté bajando la mirada. -Los planes de salvar a mi madre se iban a ir a la basura si intentaban meterse en los asuntos del Digital World. Por eso... cundo Piccolomon-sama habló con nosotros comunicándonos sobre la existencia de un traidor entre nosotros, inmediatamente fui a la guarida de Torkaimon para que... lo dejara incomunicado. Es increíble pensar que Piccolomon-sama me rescató del castillo a pesar de lo que he hecho... -Piccolomon-sama no es tan malo como tú crees, Daisuke. -me dijo Gotsumon. -¿Y sabes dónde vive? -preguntó Hiroshi. -Ahora que Leomon destruyó su castillo, no lo sé. -contesté. -¿Y cómo quieres que vayamos con Torkaimon si ni tú sabes dónde está? -preguntó Hiroshi. -Seguramente está en esta isla... esperándonos para capturarnos. -No menciones eso, Hiroshi. -contestó Kamemon. -No estamos solos esta vez. -Eso espero, Kamemon. -dijo Hiroshi algo asustado. -No te preocupes, Hiroshi. -contesté para tratar de animarlo. -Aquí tenemos tres Digimon que nos pueden ayudar si estamos en problemas. -¿Tres? Pero si solo veo a Kamemon y a Gotsumon... -¿Ya se te olvidó que yo también puedo cambiar a una forma como la de ellos? -pregunté. -Pero... por favor no lo hagas. -dijo Hiroshi asustado. -Rakugamon me da mucho miedo. -Lo utilizaré sólo cuando sea necesario. -dije.
Habíamos caminado alrededor de una hora, incluso entonces habíamos llegado a la orilla de la playa, pero no encontramos ni un Digimon a la vista, pero sí algunas frutas para poder cenar, así que decidimos regresar para dar la mala noticia. -Bueno, al menos ya encontramos un uso útil para Rakugamon. -contestó Hiroshi algo contento. -¡Pero no como burro de carga Hiroshi! -dije molesto mientras cargaba más de tres kilogramos de fruta fresca y varios fajos de leña, gracias a la fuerza de mi forma Digimon. -Lo malo es que no hay manera de salir de aquí. -dijo Kamemon. -Hay qué comunicar la noticia a los demás. -contesté. -No hay poblados cercanos... -Seguramente hayan del otro lado. -contestó Gotsumon. -Seguramente, pero es tarde. -dije. -No podemos revisar toda la isla en una hora.
Escuchamos una especie de ruido muy cercano a nosotros. Instintivamente volteé hacia donde percibí el ruido de la hierba y algunas hojas secas moviéndose, llamando la atención de Hiroshi y del resto de los Digimon. -¿Pasa algo, Rakugamon? -preguntó Gotsumon. -Nada, Gotsumon. -dije para no alertarlo. -No pasa nada.
“¿Habría alguien más aparte de nosotros?”, me pregunté. ¿Y si era alguien de las tropas armadas vigilándonos de cerca? Imposible... Se suponía que era una isla desierta, habíamos caminado una hora completa sin encontrar algún poblado cercano en nuestro rumbo... Debía estar soñando, así que mejor seguí el paso para llevar la leña y las frutas a nuestro “punto de reunión”. -Es extraño pensar... -dije para cortar el hielo. -que nuestros padres estuvieron aquí hace mucho tiempo. -¿Qué quieres decir? -preguntó Hiroshi. -Que esa era la razón por la que mi antiguo jefe me trataba como una basura de la peor calaña. -dije recordando aquel trago amargo. -Seguramente al verme, recordaba a mi padre y eso lo hacía enfurecer. -Entonces... -intentó no continuar Hiroshi con tan desagradable conversación. -Que él sabía que Ayano-chan era uno de los nuestros... -dije. -Del mismo modo que sabía que yo lo era... -No deberíamos hablar de eso, Rakugamon. -contestó Hiroshi. -Deberíamos pensar en cómo regresar a continente firme. -Eso es cierto... -dije. -Debemos hablar con Yggdrasil... -¿Yggdrasil? -preguntó Kamemon. -¿El dios del Digital World? ¿Cómo iremos con él? Nadie sabe dónde vive... -Si algo dijo Piccolomon-sama, es que las cosas suceden porque tienen qué suceder. -dije rotundamente confiado. -Estoy seguro de que habrá alguien que sabe dónde encontrarlo. Si él mismo me mencionó que debemos ir con él, es porque quiere que vayamos a buscarlo. -Me pregunto... -dijo Hiroshi bajando la mirada. -Me pregunto qué harán nuestros padres en el mundo real...
Al seguir caminando, y yo volando, escuchamos de pronto una especie de zumbido, como si se tratara de una abeja, o más bien por lo fuerte de éste, de un grupo de abejas cuidando su colmena. Nuevamente volteé hacia donde provenía ese sonido. -¿Pero qué pasa? -preguntó Hiroshi. -Parece ser que no estamos solos. -contesté aliviado pero consternado a la vez. -¿Es un Digimon? ¿O un humano? -preguntó de nuevo mi amigo. -Seguramente ha de ser... -contesté soltando el fajo de leña y dejando caer suavemente las frutas para que no se rompieran en el suelo.
¡Un Digimon!
Aparté las ramas de los árboles y logré visualizar a un Digimon abeja, parecía estar todavía en su etapa de niñez, un FanBeemon por si no me equivocaba en ese entonces. -¡Tú! -grité algo emocionado, sin darme cuenta de que estaba en mi apariencia Digimon. -¡Así que tú nos estabas siguiendo! -¡Mierda! -contestó el Digimon con un acento que pareciera no ser igual al que nosotros como grupo hablábamos.
FanBeemon, seguramente asustado, salió volando a toda velocidad. -¡Espera! -grité volando para perseguirlo. -¡Gotsumon, acompáñame! -¡OK! -dijo Gotsumon corriendo detrás de mí. -¿Y qué hago yo? -preguntó Hiroshi. -¡Espera mis instrucciones! -grité sin prestarle atención.
Y así nos fuimos siguiendo a aquel FanBeemon. Pero a medida que avanzábamos, FanBeemon se colaba entre las ramas de los árboles. Algo complicado o incluso imposible para mí debido a mi tamaño. -Deja tu apariencia de Rakugamon. -me aconsejó mi amigo de roca. -Cierto... -mencioné en voz baja recordando que por ese motivo podía volar, y seguramente (o no tan seguramente, tenía toda certeza) FanBeemon tenía temor de mi aspecto.
Así que dejé mi apariencia de comandante de alguna tropa armada y volví a ser el mismo de antes, comencé a correr a toda velocidad tras ese Digimon, pero FanBeemon no parecía detenerse. -¡Espera, FanBeemon! -grité. -¡No queremos hacerte daño! ¡Sólo queremos hacerte unas preguntas! -¡Ni hablar! -gritó el Digimon abeja con un acento que parecía ser de un extranjero hablando nuestro idioma.
El esfuerzo de correr tanto hizo que mis fuerzas fueran disminuyendo poco a poco. Pero FanBeemon se detuvo de pronto, y bajando a un barranco, se puso enfrente de una roca, como si intentara desafiarnos. -¡Espera FanBeemon! -dije. -Yo... ¿eh?
De pronto miré hacia detrás de donde se encontraba FanBeemon, y pude ver que alguien estaba atrapado en una enorme roca. Se trataba de un joven que vestía de manera muy diferente a la nuestra, además de que era mucho mayor que todos los demás. No parecía estar en buenas condiciones, era como si tuviera casi un día entero en esa situación, con una pierna atorada. -¿Estás bien? ¿No estás herido? -pregunté tratando de auxiliarlo tratando de correr hacia él. -¡Deja a Steve en paz! ¡No dejaré que intentes hacerle daño! -gritó FanBeemon y poniéndose en posición de ataque y mostrando un aguijón, dijo. -¡Gear Sting!
-------------------------------------------------------
Mientras tanto, en el mundo real, o al menos así me comentaron mis padres, las cosas iban de mal en peor. Ellos habían decidido quedarse en la capital hasta que pudiéramos regresar. Ese viernes, las bolsas de valores de todo Japón se desplomaron por completo. Muchas personas decidieron irse en barcos a otros países más cercanos, como Corea del Norte, China, o inclusive Rusia, para no tener que vivir en el “apagón” tecnológico. Las ciudades se veían muy vacías, los negocios, oficinas y empresas estaban cerrando pues no existía movimiento alguno. Si esto seguía así, todo el país se iría a la basura en un abrir y cerrar de ojos.
Continuará... Lo sé, mi ausencia no merece un capítulo como el que voy a poner. Si está aburrido, pueden lanzarme tomates porque los necesito para hacer cátsup. Spoiler sobre Capítulo 25 25. Problemas de comunicación -¡Gear Sting! Asustado, no tuve tiempo ni de reaccionar a gritar para pedir ayuda. -¡Angry Rock! -tuvo Gotsumon un buen tiempo para poder rechazar el ataque de Fanbeemon. -¿¡Pero qué te pasa, Fanbeemon!? -grité muy furioso. -¡Sólo queremos ayudar a tu amigo! -¡Ni creas que voy a creer en tus palabras, sucio Rakugamon! -gritó el Digimon. -¡No dejaré que le pongas un dedo a mi amigo! -¡No pienso hacerle daño a nadie! -grité tratando de calmar la situación. -¡Cierto, cierto! -intentó defenderme Gotsumon. -¡Daisuke no es malo! -¡No me mientan! -gritó Fanbeemon. -¡Yo mismo vi cómo ese Digimon arrasaba con cuanta aldea se le aparecía! De pronto, el joven que se encontraba atrapado empezó a hablarle a su Digimon, pero, no logré entender ni por un momento lo que estaban diciéndose. -¿Eh? -pregunté al escuchar lo que intentaba hablar el joven. -¿Qué es lo que dice? -Steve no habla nuestro idioma. -contestó su Digimon. -¡Y largo de aquí antes de que vuelva a atacar! -¡DJ Shooter! -de pronto una serie de discos compactos comenzaron a volar impactándose en aquella piedra, provocando que esta se rompiera liberando la pierna del joven. -Creo que es mejor que llevemos a ese muchacho a donde están los demás. -comentó Hiroshi desde lo alto. -Sólo espero que no necesite atención médica. -Sí. -rectifiqué. -No es momento para pelear ahora mismo. -------------------------------------------------------- -¿Qué les parece este dibujo? -preguntó Ayano enseñando su dibujo donde ella y su caballero V-mon salían agarrados de la mano. -¡Qué lindo! -gritó V-mon emocionado. -¡Un gran dibujo, ojou-san! -¿Puedes pasarme esa hoja, hermana de Daisuke? -preguntó Akio. -Con todo gusto. -dijo mi hermana sonriente. Pero la alegría de Ayano-chan se desvaneció cuando el reverso de la hoja fue decorada por el dibujo de Akio: Un Digimon en forma de excremento dorado, y a su lado un ratón, y junto a el, un chico de cabello pelirrojo. -¡Qué asco, Akio! -gritó Rina. -¿Cómo puedes dibujar esas cosas? -¿Qué tiene? -preguntó el muchacho. -Me pregunto si el próximo elegido tendría a un Digimon similar a este. -Se llama Scumon. -comenté llegando con los demás. -No es un Digimon muy inteligente y por eso lleva a Chuumon de su lado, y es muy desagradable. -Y afortunadamente no es su Digimon camarada. -contestó Leomon. -¿Daisuke? ¿Leomon? -preguntaron todos los demás.
Habíamos llegado a la cima de la colina con nuestros Digimon en etapa adulta. Leomon llevaba cargando al joven que nos habíamos encontrado, mientras que el Digimon de Hiroshi llevaba las provisiones y la leña necesaria para calentarnos esa noche. -¿Quién es ese? -preguntó Mizuki.
Pantalón de mezclilla casi rasgado, una camiseta con la imagen de algún cantante de reggae, tez blanca y una altura que superaba incluso a la de Akio, así era el joven que habíamos llevado con el resto del grupo.
-Es un joven que nos encontramos en el trayecto. -contestó Hiroshi. -Creemos que puede ser el elegido que estábamos buscando.
Al escuchar las declaraciones de Hiroshi, los demás callaron. -¿Cómo te llamas? -preguntó Ayano-chan.
El joven comenzó a preguntarle algo a Fanbeemon, a lo cual su Digimon le contestó en su idioma, y al final dijo. -Dice que se llama Steve. -¿Y por qué contesta ese Digimon? -preguntó Rina intrigada. -Eso es porque mi amigo no habla japonés como el resto de nosotros. -contestó de nuevo la abeja. -¿Queeeeeé? .preguntó Akio. -¿De verdad no entiende nada de lo que decimos?
Se hizo una pausa en la que el nuevo joven y su Digimon charlaron un instante, y de nuevo el Digimon contestó: -Dice que de verdad no sabe lo que dicen. -¿De dónde eres? -preguntó Mizuki. -¿Cuántos años tienes? -preguntó Ayano-chan. -¿Podrían dejar de hacer tantas preguntas? -dijo Fanbeemon. -Tengo que traducirle todo lo que le preguntaron... -De acuerdo... -contestó Rina para tratar de no presionar al nuevo del grupo.
Otra vez se hizo una pausa en la que Digimon y humano volvieron a hablarse, y luego Fanbeemon volvía a responder. -"Tengo 13 años y soy de Los Ángeles, California", dice. -contestó el Digimon. -Los Ángeles... Los Ángeles... -medité. -¿Dónde he escuchado ese lugar...? -¡Lo tengo, onii-chan! -gritó Ayano eufórica. -¿Recuerdas esa serie de televisión que veíamos mamá y yo en las tardes antes del secuestro? -¿Esa de los estudiantes universitarios en la fraternidad? -pregunté. -¡Esa misma! -respondió mi hermana. -Los personajes son de... -¡Los Ángeles! -grité al encontrar la respuesta. -¡Eso es en América! -Entonces no hay duda... -meditó Hiroshi. -Creo que el equipo está completo.
Mientras respondíamos a nuestras interrogantes, Digimon y humano nuevo se hablaban mutuamente como si fuera una plática más natural de lo normal. Quizás el gruñido del estómago de todos al final fue el idioma universal que indicaba que teníamos hambre y que por la desesperación de viajar al Digital World. El joven nuevo comenzó a hablar en su idioma, a lo que su Digimon respondió: -"Creo que todos tenemos hambre, ¿puedo preparar la cena?", dice. -Se puede hacer. -dijo Patamon. -Y quizás así nos conocemos mejor. -dijo Piyomon.
Y efectivamente, así pasó. En la cena pudimos presentarnos mejor que la primera vez que habíamos llegado a este mundo. Me asombraba mucho la facilidad como la que mi hermana menor podía hacer buenas amistades con Rina o con Mizuki, quienes a pesar de ser medias hermanas, podían incluir en su grupo de amigas a más personas. Mientras tanto, parecía ser que Steve y Hiroshi se entendían bien, o al menos Fanbeemon dejaba a entender eso. Nos contó que vivía en Los Ángeles, en alguno de los barrios más peligrosos de esa gran urbe, una de tantas de su país. También nos había mencionado que Fanbeemon había llegado a su mundo real hacía una semana. Habiendo hecho las cuentas, llegamos a la conclusión de que fue más o menos en el instante en que habíamos llegado por primera vez al Digital World. A pesar de las risas que nos echamos frente a la fogata, Fanbeemon no dejaba de observar mis movimientos ni por un instante. Pese a lo incómodo que llegaba a ser su actitud, llegué a acostumbrarme pronto, pues no quería otra pelea entre el grupo tan solo por mis errores del pasado.
--------------------------------------------------------------
Habiendo llegado la noche, nos dispusimos a dormir.Rina y Mizuki ya estaban acostumbradas a dormir lejos de casa, a pesar de estar tres días en el Digital World, ya habíamos aprendido muchas cosas de todos. Steve tampoco lucía ser un miedoso, sino que se tomaba las cosas con más calma. Pero con Ayano-chan, las cosas eran distintas. -Tengo miedo, onii-chan. -dijo acercándose a mí junto con su Digimon. -Por eso te dije que si no querías venir, no era necesario que lo hicieras. -contesté.
No era por molestar. Conocía a mi hermana y sabía que estar lejos de mamá o de papá la haría sentir mal. Pero ya no había marcha atrás, no podíamos retirarnos apenas llegar al Digital World. -Lo sé... pero quiero ayudarte, hermano. -dijo de nuevo mi hermana menor. -Gracias, Ayano-chan. -dije. -Pero es hora de dormir, mañana debemos salir de aquí. Además, recuerda que aquí estamos todos para apoyarnos entre todos.
Me acomodé en posición para dormir. Sacando de mi mochila las pocas pertenencias que traía, entre ellas unas sábanas para que Gotsumon y yo pudiéramos cobijarnos, la extendí y pasamos allí parte de la noche.
Pero era hora de hablar con un viejo "conocido", quería saber la verdad, o parte de ella. -¿Por qué vienes, niño Yanami? Yo también quiero dormir... -pude escuchar la voz de mi "otro" acompañante. -Quiero saber la verdad... Rakugamon. -le dije frente a él. -Lo sabías, ¿verdad? -¿Saber qué? -Dices que mis preguntas te irritan. -contesté molesto. -Entonces diré que a mí me molesta que no me hables con la verdad y que sólo disfraces de tal forma que lo quieras manipular. Respóndeme de una maldita vez. ¿Sabías que Torkaimon estaba vivo? ¡lo sabías, ¿verdad?!
Rakugamon no habló por más de treinta segundos, pero luego afirmó lo que sospechaba desde un principio. -Sí, lo sabía a la perfección. Todo esto era su plan desde antes de que te tomara como su subalterno. -Maldito... -refiunfuñé. -¿Por qué nunca me lo dijiste? -Para ese entonces Torkaimon-sama era mi jefe, juré servirle todo este tiempo. -dijo mi "amigo". -Por eso no pretendí revelarte nada. -De eso ya me he dado cuenta. -contesté. -Pero... ¿por qué decidiste vencer a Onagimon y ayudarme a salvar a mi hermana? -Porque amo pelear. -me contestó aquel Digimon. -No obedezco a nadie, y menos a ese maldito Onagimon. Además gracias a ti pude evolucionar. Y si Torkaimon de verdad se ha vuelto más fuerte que cuando lo conocí, entonces no dudaré en enfrentarme a él. -Veo... -contesté todavía dudando de las palabras de ese sujeto. -Entonces no te preguntaré nada más... por ahora... -Igual que tu padre... ese maldito Kaito... -dijo antes de despedirse. ---------------------------------------------------------------- -¿Estás despierto, hermano de ojou-san? -¿Qué pasa...? -dije aun medio dormitando. -¿V-mon? -Quisiera que me ayudaras con algo. -me contestó V-mon. -¿A dónde vas, Daisuke? -preguntó Gotsumon. -Tú también ven con nosotros. -dijo el Digimon azul. No sabía las intenciones de aquel Digimon, sin embargo Gotsumon y yo decidimos acompañarlo. Nos llevó detrás de un enorme monte de rocas, y antes de llegar detrás de ellas, nos dijo: -Por favor, no le comenten nada de esto a nadie, y menos a ojou-san, al menos hasta mañana al amanecer. -¿Pues qué guardas allí? -pregunté muy curioso. -Esto, pero por favor, no le digan a nadie hasta mañana. ¿Me lo prometen? Gotsumon y yo movimos la cabeza en señal de afirmación, después de habernos mirado el uno al otro un poco extrañados. -Bien. -dijo el Digimon de Ayano. -Lo que pasa es que acabo de terminar un regalo para ojou-san. Y no puedo moverlo de lo grande que está. -¿Regalo... para mi hermana? -pregunté. -Sí, es éste. -¿Pues qué tan grande puede...? Me quedé callado al ver tan enorme colección de flores adornadas en una especie de tabla de madera enorme, todas dispuestas cuidadosamente, y era de una altura más grande que Leomon y yo si nos poníamos uno sobre el otro. -¿Cómo hiciste eso? -grité sorprendido. -¡Cállate, hermano de ojou-san! -me aconsejó V-mon un tanto temeroso. -No quiero que ojou-san se entere hasta mañana. -De... de acuerdo... -dije asombrado todavía. -¿Y para qué lo hiciste? -Es que el ver a ojou-san me provoca algo... -dijo V-mon entre suspiros, abrazándose a sí mismo y moviendo los ojos hacia arriba. -No sé como explicarlo... Es como si tuviera un deber enorme de protegerla a toda costa. -Lo sé, -contesté. -y lo demostraste en el mundo humano cuando tuvimos qué huir de las tropas armadas de Onagimon. Pero la verdad tu actitud me preocupa...
Mi habladuría fue interrumpida cuando escuché unos pasos que se acercaban a nosotros. -¡Maldita sea! -dijo V-mon en voz baja. -Se van a dar cuenta...
Pero la preocupación del Digimon azul estuvo de más pues al asomarme, pude notar al chico nuevo, a su Digimon, a Kamemon y a Hiroshi dirigíendose a otro punto del monte de rocas. -Quisiera que te enteraras, del mismo modo de mi amigo, que tener a ese chico junto a nosotros no es buena idea. -escuché que Fanbeemon regañaba a Hiroshi. -¿Pero de qué hablan? -preguntaba Hiroshi intrigado. -De ese Rakugamon... -contestó de nuevo la abeja. -¿Daisuke? -preguntó Kamemon. -Ese mismo. -dijo Fanbeemon. -Si llegamos a este mundo con mi amigo fue para vencer a las tropas de Torkaimon, y sé a la perfección que él era uno de sus subordinados. -Sé que durante algún tiempo lo fue... -dijo Hiroshi sin posibilidad de defenderme. -Y tú mismo lo dijiste, fui uno de sus subordinados. -contesté saliendo de mi escondite, y junto a mi, mi amigo Gotsumon. -Por eso no confío en ti ni lo haré, a menos que demuestres que tus actos son de confianza. -contestó ese Digimon.
Un poco molesto, dije: -Por mí puedes hacer lo que quieras, incluso largarte ahora mismo. Nadie entenderá nunca lo que se siente estar entre la espada y la pared, decidiendo entre la vida de inocentes Digimon o entre la de un familiar. Por fortuna esa etapa ha pasado como un trago amargo, purgué mi condena y estoy aquí para remediar lo que alguna vez hice. -Creo que todos entendemos por lo que has pasa... -dijo Hiroshi pero esa vez volví a interrumpirlo. Podía defenderme yo solo de lo que se me acusara. -Sé que odias a ese maldito Digimon, por alguna razón que no quiero escuchar. Yo también lo odio igual que tú o incluso más. Me utilizó para sus planes tomando a un familiar como rehén, prometiéndome que la liberaría y que no tocaría al resto de mi familia a cambio de servirle todo el tiempo y ejecutando todos sus trabajos sucios. Cuando supe que estaba buscando a mi hermana para eliminarla... -dije volteando a ver a Ayano-chan, evitando romper en llanto. -me sentí como un completo idiota, me había dado cuenta de que él nunca cumpliría su promesa por más que fuera su perro faldero. -Destruiste pueblos enteros. -contestó la abeja. -Destruiste el lugar donde vivía... Pude escapar al mundo humano para pedir ayuda... -Lo sé. -dije mirándolo a los ojos. -Y no estoy muy contento de lo que hice. No te digo que me perdones, pero dile a tu amigo que no haré nada que ponga en riesgo la vida de nadie, y menos si mi hermana está involucrada...
Hiroshi y Kamemon ya se habían retirado minutos antes, pues esta discusión no era de su incumbencia. Gotsumon y yo nos retiramos al terminar la discusión, no pretendía que llegaran a perdonarme de un instante a otro, pero era muy molesto que me recordaran más por mis crímenes pasados que por lo que había hecho para defender al mundo real de las garras de esos malditos Digimon.
Gotsumon y yo no dormimos aquella noche. Me senté sobre una piedra, contemplando a V-mon terminar su enorme arreglo floral. Él había pedido que ninguno de los dos le ayudáramos en su "regalo", pues quería que el presente fuera hecho únicamente por él para mi hermana. Por ese motivo sólo podíamos quedarnos a mirar lo que pasaba. -Gotsumon... -dije sin mirar a mi amigo. -¿Crees que algún día podré limpiar mi nombre? -¡Por... por supuesto, Daisuke! -contestó eufórico Gotsumon. -¡Lo vas a lograr! De por sí me asombra lo que has logrado solo, y yo te puedo ayudar en lo que quieras. -No necesitaba que dijeras tanto, Gotsumon. -dije. -Pero también me das seguridad...
De pronto, un sonido de fuerte respiro y el movimiento de los arbustos nos alertó a los dos, pero al observar hacia donde provenía el ruido, no logramos ver nada. Cobijado por el abrigo del manto oscuro de la noche, aquel ser logró desaparecer sin que nosotros pudiéramos darnos cuenta de quién era.
-------------------------------------------------------------
-¡Bien! -dije a todo el grupo después de haber desayunado. -Es hora de irnos de esta isla.
Como mencioné antes, esa noche no pudimos dormir. Fanbeemon como siempre traducía a su compañero lo que decíamos todos, mientras V-mon me hablaba para entregar el presente a mi hermana. -Cierto, cierto. -dije yendo hacia donde se encontraba el "presente", al cual me acompañó Gotsumon.
El Digimon de Ayano había pedido expresamente que ninguno de los demás fuera con nosotros, así que con mucha fuerza logramos arrastrar el enorme arreglo floral que V-mon había hecho durante toda la noche. -Para usted, ojou-san. -dijo el Digimon poniéndose de rodillas frente a mi hermana, imitando la pose de los caballeros que juraban lealtad a sus reyes o reinas. -Y V-mon lo hizo solo. -añadió Gotsumon, a lo que el silencio de los demás, interrumpido por la traducción de FanBeemon, siguió durante los restantes tres minutos.
Ayano-chan, como era su costumbre, estrujó a su Digimon a tal grado de dejarlo sin aliento. Si no fuera de ese color, diría que se puso azul de la falta de aire. -¡Muchas gracias, V-chan! gritó mi hermana emocionada. ¡No... no puedo... respirar! -dijo con dificultad V-mon poniendo una mueca muy chistosa. -Sólo que hay un problema con tu regalo, V-chan. -dijo Ayano preocupada. -¿Qué ocurre, ojou-san? -preguntó el Digimon azul. -Si vamos a salir de la isla, no podré llevarme este regalo.
V-mon cayó derrumbado ante tal declaración, y era cierto, el soporte del regalo era tan enorme que, a menos que consiguiéramos un barco enorme, no podría ser transportado en una humilde balsa. Lo increíble del caso es que hasta el chico nuevo parecía divertirse con las ocurrencias de ese Digimon, a pesar de las barreras del idioma. -¿Y cómo saldremos de aquí? -preguntó Rina. -Es cierto. -afirmó Patamon. -¿Alguien aquí sabe construir un barco?
Nadie respondió. Era obvio que ninguno de nosotros había tenido la necesidad de armar al menos una balsa, y tenerla lista cuanto antes y esperar a que no se derrumbara en el trayecto era una misión cuasi-imposible. Quizás podríamos utilizar el soporte que V-mon utilizó para el regalo de Ayano-chan, pero era incómodo tirar tanto esfuerzo del Digimon a la basura.
-¿Quién está ahí? -gruñó Gaomon al escuchar una especie de ruido de arbustos. -Así que aquí estaban, niños elegidos, y el muy maldito Rakugamon. -gritó una voz cuya silueta del propietario se fue dibujando poco a poco hasta mostrarse por completo, de detrás de los arbustos al frente de nosotros.
Ese personaje se me hacía muy familiar, su aspecto como de enorme dragón, y su vestimenta de gorra, chaleco y pantalón azul me hacía recordar algo. Sí... no había duda, era él. -¿Gargadomon? ¿Eres tú? -grité emocionado. -¿Pero qué haces aquí? Yo creí que...
Pero mi emoción se fue desvaneciendo, cuando noté que a cada instante se acercaba con más rapidez hacia mí, sacando su enorme rifle y gruñendo desesperadamente: -¡Nunca olvidaré lo que me hiciste, maldito Rakugamon! -gritó el Vigilante. -¡Me da igual si eres hijo de Kaito! ¡Cobraré mi venganza ahora mismo!
Continuará... Ahora bien, espero que para este 2010, este tema no se llene de imágenes yaoi (ni de cualquier hentai) sobre Digimon. Es mi único deseo... bueno, y que el relato les siga gustando a mis tres o cuatro lectores...
|
|
|
|
|
IP registrada
|
|
|
|
Gargadon
Administrador
Flash Banchou Punch!!1
Desconectado
Sexo:
Registrado el: Sat, 03 Feb 2007 17:44:00 -0500
Edad: 20
Ubicación: Isla Gyojin (mmm... pescado...)
Digimon Favorito: BanchouLeomon
Temporada de Digimon Favorita: Adventure
Mensajes: 1028
|
 |
« Respuesta #18 : Enero 29, 2010, 00:34:12 » |
|
Spoiler sobre Capítulo 26 26. Reencuentro con viejos amigos
-¡Por fin te encontré! ¡Rakugamon! -gritó aquel Digimon. -¿De... de verdad me recuerdas? -pregunté asustado al escuchar su vozarrón. -¡Pues claro que te recuerdo! -gritó el Vigilante. -¡Sólo fingías en los calabozos! ¡Pero en realidad estabas sirviendo a Torkaimon-sama hasta el final! -¿Dijiste "sama"? -pregunté murmurando.
Pero no tuve tiempo de pensar en algo más, pues inmediatamente tomó su rifle e hizo un fuerte disparo en dirección hacia mí. Afortunadamente pude hacerme a un lado para esquivar su ataque, pero éste siguió de largo e impactó contra el "presente" de arreglos florales que le había hecho V-mon a mi hermana menor. -¡Mi... mi regalo...! -pude escuchar como el Digimon azul empezaba a ponerse cada momento más furioso por ver su creación arruinada. -¡Deja eso, V-mon! -grité asustado. -¡Hay que salir de aquí cuanto antes! V-mon no hizo caso de mis recomendaciones, y tratando de evolucionar, perdió su tiempo recibiendo un puñetazo de parte del Vigilante y lanzándolo inconsciente al suelo. -¡V-mon! -gritamos todos, incluyendo Ayano quien, tímida, intentó acercarse a su Digimon. -¡Y ahora te toca a ti! -me apuntó con su rifle. -¡E... Espera! -grité desesperado. -¡Por favor! ¡Tienes qué creerme! ¡No sabía lo que estaba haciendo...! -¡Deja de mentir, desgraciado! -me gritó de nuevo el que fuera el Digimon de mi padre. -¡Claro que lo sabías! ¡Sólo buscabas el poder para llevar a Torkaimon-sama a gobernar todo el Digital World! -¿"Sama"? -pregunté algo confundido. -¿Por qué le dices "sama"? -¡Cállate, maldito sirviente de Torkaimon-sama! -¡Deja en paz a Daisuke! -gritó Gotsumon tratando de lanzarse hacia él sobre su espalda.
Pero Gotsumon fue lanzado a los aires, cayendo inmediatamente al suelo.
-¡Gotsumon! -grité al verlo caer al suelo, y levantándose aún adolorido. -¡Esto es algo entre tú y yo! -contestó el Digimon que se suponía era amigo de mi padre. -¡No metas a tus "amigos" en esto!
Comenzó a acorralarme y pegándome justamente en donde quedaban las cenizas del regalo que había hecho V-mon, me sentí fatal. -¡Onii-chan! -gritó Ayano-chan al verme en esa situación. -¡No, por favor! ¡No me hagas nada, Gargadomon! -grité a punto de llorar.
En eso, el Digivice se iluminó, pegando sus rayos directamente en el rostro de mi agresor. -¡No! -gritó el Digimon. -¡Esa luz quema!
Los aliados de Torkaimon no soportan la luz que emana el Digivice.
-Entonces... -dije al ver la reacción de mi agresor. -¡Es un aliado de Torkaimon! ¡Todos! ¡Apunten sus Digivice hacia él!
Mis compañeros hicieron lo que les dije, y apuntando su Digivice hacia el Digimon de mi padre, pude ver cómo éste se rendía, agarrándose la cara con sus manos, y cayendo al suelo desplomado de cansancio. Su uniforme desapareció, y pudimos ver cómo una sombra negra salía de su cuerpo. -¡Gargadomon! -grité corriendo hacia su cuerpo tirado en el suelo.
-----------------------------------------------------------
-Ya llevas horas atendiendo sus heridas, onii-chan. -me dijo Ayano, pero no le respondí. -Por fin la fiebre bajó... -dije colocándole un paño húmedo en su cabeza. -Su respiración se está normalizando.
Al voltear hacia mis amigos, me di cuenta de que el sol estaba comenzando a caer. No había llevado la cuenta de cuántas horas llevaba atendiendo las heridas de un viejo amigo.
Steve y Fanbeemon llegaron junto conmigo, haciéndome una pregunta un tanto indiscreta. -¿De verdad ese Digimon es aliado de Torkaimon? -preguntó el Digimon. -Dice mi amigo. -No lo era... -dije. -No cuando lo conocí... -Daisuke... -me hablaba Gotsumon con un tazón de arroz hervido. -¿No quieres comer? No has probado nada de bocado. -No tengo hambre. -contesté. -Pero gracias por preocuparte, Gotsumon. -¿Eh...? -dijo una voz que provenía del Digimon en agonía. -¿Qué... qué pasó?
Gotsumon, Fanbeemon y V-mon se pusieron en posición de ataque por si Gargadomon intentaba hacer algún ataque. -¡No! -dije poniéndome de frente a ellos abriendo mis brazos para simbolizar que lo iba a defender. -¡No dejaré que le hagan daño al Digimon de papá! -¿¡Qué!? -gritaron los demás, a excepción de Ayano, al escuchar dicha revelación. -¿Kaito...? -preguntó el ex-Vigilante. -¿Eres tú...? -No, Gargadomon. -contesté sin siquiera voltear a verlo. -Soy Daisuke, su hijo. -Creí que nunca nos volveríamos a ver, Daisuke. -dijo sonriente aunque un poco cansado por sus heridas. -¿Entonces...? ¿Entonces aún me recuerdas...? -pregunté a punto de llorar. -Tienes la misma determinación de tu padre, Daisuke -contestó el enorme Digimon. -Tu presencia me recuerda a él en cada instante. -Yo... -dije con los ojos llorosos... -¿No estás enojado conmigo...? -Eres de buenos sentimientos y eso es lo que importa. -contestó.
No pude contenerme más y comencé a llorar abrazándolo, cuidando de no lastimarlo más de lo que estaba. No recuerdo cuánto tiempo estuve llorando frente a él, pero era algo que me reconfortaba. No podía quitarme de la cabeza aquel instante en el que inconscientemente había "asesinado" a ese Digimon con la espada de Rakugamon. Cargar con el peso de una muerte era algo a lo que estaba acostumbrado desde hacía un buen tiempo, pero por alguna extraña razón, que luego me llegaron a aclarar, sentía en él una conformidad agradable, que podía apagarse al haber escuchado sus últimas palabras antes de desaparecer. -¿Pero cómo es posible? -preguntó Ayano-chan. -¿Acaso los Digimon pueden renacer? -Si se les permite, sí. -contestó V-mon. -Aún así, -dijo Gaomon. -apenas pasaron seis días desde entonces. ¿Cómo es posible que su evolución se hubiese acelerado? -Eso lo puedo explicar, aunque sea un conocimiento algo nublado. -contestó el ex-Vigilante. -Torkaimon fue el causante de esto. -¿Qué? -pregunté asombrado. -Por mis teorías, supongo que se adueñó de mi Digitama, y me crió a pasos agigantados para llevarme a este lugar. -¿No recuerdas cómo llegaste aquí? -pregunté entonces. -No... no recuerdo nada más que su rostro... -contestó.
Curiosamente, mostré mi Digivice hacia el Digimon, pero el aparato mostró una tenue luz, que a Gargadomon no le molestó en lo absoluto. -La prueba de que ya no estás bajo su influjo. -comenté. -Pero por este asunto nos hemos retrasado un día en salir de este lugar. -dijo enfadado Akio. -¡Mi regalo...! -dijo V-mon a punto de llorar. -Tranquilo, V-chan. -le dijo Ayano. -Además... no nos podíamos llevarlo con nosotros. Lo importante es el detalle. -¿De verdad, ojou-san? -preguntó V-mon contento. Pareciera ser que a cada palabra que mi hermana soltara, ese Digimon se alegrara. -¡Antes que nada, nos vas a tener qué explicar más cosas! -me dijo Hiroshi. -¿Cómo es eso de que este Digimon que tenemos en frente de nosotros, el que te rescató de los calabozos, sea el Digimon de tu padre? -¿Ya lo saben todos ustedes? -preguntó. -Mi padre me lo dijo, señor Digimon. -le contesté. -Ayano también lo sabe.
Gargadomon se levantó con dificultad de su cama improvisada, y se acercó a Ayano. -Supongo que tú serás Ayano... -dijo. -Me recuerdas mucho a Misuzu. ¿Saben? Kaito y Misuzu parecían estar muy juntos cuando los conocí. -Eso explica que al final terminaran casados... -dije. -El mundo humano ha cambiado mucho en treinta años... -comentó el Digimon. -¡Cierto! -dije recordando algo muy importante.
Tomé la carta que mi padre me había entregado, y se la entregué. -Supongo que esto es para usted. -le dije entregándole la carta. -Mi padre la escribió.
El ex-Vigilante tomó la carta, la abrió y comenzó a leerla. -Escrita en Digicode... -dijo. -No tiene buena caligrafía pero se entiende. -¿Mi padre conoce ese idioma también? -pregunté. -Él era un experto en ese idioma. -contestó. -Yo le enseñé.
"Querido viejo amigo Digimon: Espero que cuando leas esta carta, todavía te acuerdes de mí. Seré sincero, hace años que no me imaginaba que algún día volvería a saber de ti a tal grado que me olvidé por completo de nuestras hazañas.
Lamento mucho el haber suspendido mis viajes al Digital World. Pero debes comprenderme: Tengo ahora una familia, dos hijos y una esposa a los que no puedo dejar de lado. Tengo un puesto importante en el trabajo... En resumidas cuentas: he tenido qué crecer, ya no es como antes donde lo único que nos preocupaba era mantener la paz en tu mundo. Debo sobrevivir en este mundo...
Lo único que espero es que llegues a perdonarme por haberte abandonado. Sé que la manera en que me he desaparecido ha sido de las más cobardes que puedo conocer. Ahora entiendo que lo que hicimos en el pasado está afectando a las generaciones futuras. Daisuke me contó lo que ha pasado, y cómo nuestro "jefe" lo ha utilizado. Sólo te pido que cuides bien de Ayano y de Daisuke, sobre todo, si te los llegas a encontrar. Son lo que más quiero, y estaría agradecido de que los llegues a conocer como son. Ryouta, Yui, Misuzu e Isao les mandan saludos a todos sus Digimon. Todos queríamos venir a este mundo, pero creo que Yggdrasil quiere que no nos metamos en los asuntos de nuestros hijos. Por esa razón no hemos tenido la gracia de venir a visitarles.
Te quiere tu viejo amigo Kaito, el que nunca le tuvo miedo al señor Digimon ese..."
Gargadomon cerró la carta, y nos vio a todos nosotros. No podíamos creer lo que había escrito. -Entonces... mi padre está arrepentido de haber atacado a Torkaimon... -reflexioné. -Dile a tu padre... -me habló el Digimon. -que no tiene nada de qué disculparse. Dile que lo extraño como todos los días, y que estoy muy feliz de haber conocido a alguien tan maravilloso, como su hijo Daisuke. Estoy seguro que Ayano es igual a ti. -No tanto... -dijo Ayano avergonzada.
Al escuchar eso, todos, incluyendo a V-mon, nos comenzamos a reir. Pero interrumpí las risas, ya habría otra oportunidad para eso. -Lo importante ahora es salir de aquí. -dije. -Supongo que quieren ir a tierra firme. -contestó. -Sí... -dijo Rina. -Pero no sabemos cómo construir un barco, o algo que pueda durar hasta llegar al continente más cercano. -¿Y saben a dónde ir? -preguntó de nuevo el Vigilante. -Yggdrasil nos espera en su morada. -contesté. -¿¡Yggdrasil!? -gritó el Digimon de mi padre. -¿¡De verdad quieren hablar con el dios del Digital World!? ¡Eso es una locura! ¡Nadie ha entrado a su morada! ¡Y quienes lo hacen, son aniquilados a mano de los Royal Knights! -¿Royal Knights? -preguntó Ayano. -Los Royal Knights son los vigilantes supremos del Digital World, y obedecen ciegamente a la justicia de Yggdrasil-sama. -contestó V-mon. -No dejarán que se acerquen ni por un instante a su dios. -¿Y cómo sabes tanto de eso? -pregunté asombrado por una respuesta que ni el mismo Digimon de mi padre pudo dar. -Yo... -comenzó a titubear el Digimon azul. - No tengo idea... -Cada vez eres más raro. -le dije. -Pero no hay tiempo para eso. Sin embargo, Yggdrasil se me apareció... dijo que debíamos ir todos hacia él. -Lo mismo nos dijo una vez a Kaito y a mí, -comentó Gargadomon. -y estuvimos a punto de ser asesinados por Dukemon. -No sabía... -dije asustado. -Pero... ¿y si les decimos a los Royal Knights que vamos por órdenes del dios Yggdrasil? -preguntó Hiroshi. -Lo dudo, pero no pierden nada intentándolo. -contestó Gargadomon. -El caso es que tenemos qué salir de esta isla. -dijo Akio. -No tenemos manera de construir un barco y... -En los Vigilantes nos enseñan a construir barcos. -comentó el Digimon de mi padre. -Puedo hacerles uno, pero requeriré que todos sus Digimon cooperen.
----------------------------------------------------------------
A excepción de Fanbeemon, todos los Digimon evolucionaron a su forma Adulta, incluyéndome a mí. Leomon y yo, en forma de Rakugamon, cortábamos los árboles con nuestras espadas, mientras que V-dramon a golpes lo hacía, y Fanbeemon lo hacía con su aguijón. Gawappamon les daba forma a los troncos con sus discos compactos giratorios. Gaogamon cargaba los troncos, Gargadomon amarraba fuertemente los troncos con hilos, mientras que Unimon y Birdramon tomaban resinas de los árboles, y cuidadosamente con sus ataques de fuego, unían las piezas para dar forma a un pequeño bote pero en el cual podíamos entrar todos si nuestros Digimon se mantenían en sus Digivice.
-¡Está firme! -gritó Hiroshi. -Esto resistirá hasta llegar a tierra firme. -dijo Fanbeemon. -Eso es lo que dice mi amigo. -Entonces vayamos subiendo al bote. -recomendó Rina. -¡Sí! -dijimos todos subiendo al bote, y llevando en nuestros Digivice datos de alimentos para resistir durante el viaje.
Antes de que cayera el sol por completo, decidí presentar a mis amigos al Digimon de mi padre. Quería que lo conocieran tal y como lo conocí en los calabozos de mi antiguo jefe. A pesar de lo mal que lo recibieron en un principio, por haber estado influido por las fuerzas malignas, poco a poco se iban limando asperezas. Después de todo, era como una especie de conexión entre nosotros y nuestros respectivos padres, quienes alguna vez habrían viajado a ese mundo digital, y habrían enfrentado alguna aventura como la que nosotros teníamos ahora.
---------------------------------------------------------------
"Y en la oscuridad de la noche, el Grand Line se tiñe de rojo. Los mares son peligrosos, hay piratas por todos lados, y nosotros no estamos precisamente del lado de la justicia. No vivimos respetando las reglas, pero tampoco vivimos causando destrozos en cada isla en la que llegamos. Los tesoros vienen y van, lo importante es vivir cada día como si fuera el último. Vivir la aventura actual y no pensar en la que vendrá. ¡Esos son los principios del capitán pirata Akio Sasaki, líder de la tripulación de los 'Piratas Digimon'! ¡Y todos sus...!" -¿Puedes dejar de hablar idioteces, Akio? -recomendé. -Sé que no te pierdes ni un episodio de esa serie de piratas, pero deja dormir a los demás. Todos están cansados.
Habían pasado más de seis horas desde que habíamos zarpado desde la isla desierta. Según el mapa del Digivice, faltaba poco para llegar a tierra firme. Si todo salía de acuerdo al plan que Gargadomon había trazado, al amanecer llegaríamos al continente.
-Daisuke tiene razón, Akio-kun. -dijo el Vigilante. -Falta mucho para llegar al continente. Será mejor que no desperdicies fuerzas. Y tú también deberías hacer lo mismo, Daisuke. -No... -le dije. -Estoy bien... aunque no he dormido en estos días, estoy bien. -¿Algo te preocupa? -preguntó el Digimon de mi padre. -Tenías razón. -dije tragando saliva. -Torkaimon nunca iba a cumplir su promesa... Sólo me utilizaba para burlarse de mi padre, y yo de ingenuo caí en su trampa... Él quería a todos los Niños Elegidos aniquilados, incluyéndonos a mí y a mi hermana... Sólo quería que los eliminara para que no pudiera obtener ayuda cuando decidiera cansarse de jugar conmigo... -Lo importante es que te diste cuenta a tiempo, y que pudiste salvarme de su influjo. -dijo. -Pero aún tengo ganas de ver a ese maldito destruido. -dije. -No quiero que mi historia se vuelva a repetir... -Como te dije en los calabozos, los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano. Estoy seguro que lo que has hecho por los Digimon tendrá su recompensa, muy a pesar del mal que hiciste en algún tiempo pasado. -Hablas de la misma forma en la que hablabas de mi padre en los calabozos. -dije. -Estoy seguro de que me estás ocultando algo... Por cierto, ¿por qué no me comentaste antes que eras amigo de mi padre? -Yggdrasil y Piccolomon-sama recomendaron que no lo hiciera. -dijo. -En esta aventura, por más que Kaito hubiera desencadenado la ira de Torkaimon, no podíamos entrometernos. Sólo los niños que habían sido elegidos desde antes y que predecían que vendrían pronto podían formar parte de esta misión de cuidar la paz en el Digital World. -Yggdrasil... -dije. -Debe ser alguien muy importante para ustedes. -Sí, aunque como una deidad, se le cumple todo lo que desea. -El oleaje... -dijo Akio. -se está poniendo más bravo. -¡Deja de hablar de esa serie de piratas! -grité un poco molesto. -Akio-kun tiene razón. -dijo Gargadomon. -El bote se ha estado meciendo muy fuerte. -¿Qué pasa, onii-chan? -preguntó Ayano despertando. -¡Creo que voy a...! -dijo Hiroshi con una cara muy desmejorada.
De pronto, una enorme ola vino hacia nosotros, empapándonos a todos. -¿Qué está pasando? -dijo Fanbeemon. -Dice mi amigo.
La respuesta vino acompañada de una fuerte lluvia. -¡Está lloviendo! -gritó Rina empapada. -¡Maldita sea! -gritó Gargadomon. -¡No había previsto una tormenta! -¿To... tormenta? -preguntó Mizuki asustada. -¡Todos! -aconsejó el Vigilante. -¡Agárrense fuerte de la borda!
Pero el consejo del Digimon de mi padre fue en vano, puesto que fueron esas partes del bote lo primero que se desprendieron del fuerte oleaje del océano, el viento y la lluvia. Ayano cayó al mar, lo mismo que Hiroshi y Steve. -¡Ayano-chan! -grité intentando mantenerme en el bote y estirando mi mano para poder proteger a mi hermana. -¡Onii-chan! -gritó Ayano asustada, pues no sabía nadar.
Otra ola terminó por romper el bote, dejándonos a todos, incluyendo a un Digimon tan grande como el de mi padre, a merced del fuerte oleaje. -¡A... ayúdenme! -dije al no encontrar algún pedazo de madera para mantenerme a flote.
Esos fueron los minutos más largos de mi vida en aquella noche. No sabía qué hacer, y menos cómo poder ayudar a los demás. Mi preocupación se desvaneció cuando una fuerte ola me mandó casi al fondo del mar, no recuerdo qué más pasó, sólo que trataba de luchar contra el mar, intentando salir a la superficie para poder respirar, pero no lo logré...
--------------------------------------------------------------------------------
El resumen del sábado en Japón había resultado lo siguiente: No habían avances en la restauración de las comunicaciones. Cualquier intento por intentar transmitir ondas que permitieran comunicarse, resultaban en una frustración. Si algún grupo de científicos lograba algo, de pronto éste se echaba a perder y no había forma de repetir la hazaña.
Mis padres, al igual que los de los amigos, decidieron quedarse en Tokio. El caos reinaba en la metrópolis, y seguramente en las ciudades importantes. No era posible la sincronización de las llegadas y salidas de los trenes. Incluso se supo de un choque de trenes en las afueras de la mancha urbana. Las personas salían cada vez más a las calles, pero los empleos se iban perdiendo a falta de la infraestructura necesaria para desempeñar sus labores.
Las televisoras nacionales cerraban pues no había manera de ver sus emisiones, y los reporteros extranjeros que cubrían la nota del extraño fenómeno que ocurría en Japón lo hacían desde botes que anclaban cerca del borde entre las aguas nacionales y las internacionales, pues más allá de esta existía la incomunicación.
De lo único que estábamos seguros era que al menos, ese fin de semana, las cosas seguirían igual...
Continuará...
|
|
|
|
|
IP registrada
|
|
|
|
Gargadon
Administrador
Flash Banchou Punch!!1
Desconectado
Sexo:
Registrado el: Sat, 03 Feb 2007 17:44:00 -0500
Edad: 20
Ubicación: Isla Gyojin (mmm... pescado...)
Digimon Favorito: BanchouLeomon
Temporada de Digimon Favorita: Adventure
Mensajes: 1028
|
 |
« Respuesta #19 : Febrero 09, 2010, 00:44:44 » |
|
Capítulo 27. Pronto seguirán saliendo más. Spoiler 27. No perdamos tiempo: Rumbo a Light City
“¿Qué pasó?”, pensé. Lo único que recordaba fue que el bote que habíamos construido para intentar cruzar el mar se había destruido por completo... ¿Podría ser que estuviéramos muertos...?
Desperté y comencé a expulsar la mayor parte del agua de mar que pudiera haberme tragado. Desperté, noté que había amanecido. -¿Dónde estamos? -pregunté.
Pasaron unos segundos para recordar que todos habíamos caído al mar. Al voltear a mi alrededor, noté que habíamos llegado a tierra firme, pero no había nadie cerca de mí. -¡Ayano-chan! -grité asustado. -¿¡Estás bien!? -¿Qué pasa, Daisuke? -dijo Gotsumon desde el Digivice. Al parecer se había quedado dormido en ese aparato. -Sal... -dije tomando mi Digivice. -No encuentro a mi hermana, Gotsumon... -¡Ya sé! -contestó mi amigo de roca como si se hubiera acordado de algo. -Puedes usar tu Digivice para buscar a los demás. -¡Tienes razón! -dije, olvidándome de algo tan primordial...
Tomé mi Digivice, pero al parecer o se había descompuesto o había pasado algo extraño, pues a pesar de marcar el mapa de la zona, no marcaba la ubicación del resto de mis amigos. -Esto está raro, Gotsumon. -comenté. -¿A dónde se habrán metido los demás?
Al alejar el mapa del Digivice, noté que había una enorme distancia a escala entre un punto y otro. -¿Quién será ese punto? -pregunté al notar un punto flotando cerca del mar a 500 metros de nosotros. -Vayamos a ver. -aconsejó Gotsumon.
Al llegar a donde se encontraba aquel punto, pudimos notar la figura muy peculiar del Digimon de mi padre, enterrado de cabeza en la arena. -¡Gargadomon! -grité corriendo para auxiliarlo.
Gotsumon y yo tiramos con fuerza de él, hasta que finalmente pudimos desenterrarlo. -¡Ah! -gritó el Vigilante. -¡Gracias por desenterrarme! ¡Por un instante pensé que me habían dado sepultura sin estar muerto! ¿Qué pasó, Daisuke, Gotsumon? -El bote que construimos fue destrozado por las olas. -contestó Gotsumon. -Y de pronto despertamos en estas tierras. -le dije. -¿Y los demás? -Aún los estamos buscando. -dije. -El Digivice es muy útil en estos casos. -Gracias a él comencé a sospechar de que tú eras uno de los malos. -dijo Gotsumon. -¿¡Cómo!? -pregunté asombrado. -Cuando estuvimos en el Valle del Hielo, y tú desapareciste en la nieve, -comenzó a relatar Gotsumon. -fui a pedir ayuda a los demás chicos dejando a Mizuki y a Akio solos. Gracias al Digivice de Hiroshi pudimos localizarlos a los dos, pero... la señal de tu Digivice aparecía muy cerca de la de ellos. Comencé a sospechar cuando noté que a pesar de que tu Digivice seguía emitiendo esa señal, tú no estabas en donde se supone que deberías estar, sino que en su lugar estaba... -Ragkuamon... -dije en voz baja interrumpiendo a mi amigo de roca. -Gotsumon es un Digimon muy perspicaz. -contestó el Vigilante. -Daisuke también lo es. -me defendió Gotsumon. -Venció a Onagimon con un plan que él mismo sacó de la manga. -¡No me halagues frente a Gargadomon! -dije avergonzado rascándome la cabeza. –Además tampoco fue planeado… -Interesante. Eso suena como las hazañas de Kaito. Pero no debemos perder tiempo. -me aconsejó el Digimon de mi padre. -Hay que buscar a los demás. -¡Tienes razón! -dije regresando a la situación actual.
Al caminar durante quince minutos más, pudimos ver a un grupo que llegaba frente a nosotros. -¡Hiroshi! ¡Rina! ¡Akio! -grité al reconocer a los presentes. -¡Daisuke! -gritó Rina. -¿Estás bien? -¡Creíamos que estábamos solos! -dijo Akio aliviado de ver que seguíamos “completos”. -¿Y los demás? -preguntó Gotsumon. -¡Por aquí! -gritó Mizuki quien venía con el chico nuevo en otra dirección. -Debí haber ido con mis amigos surfistas cuando me dijeron. -dijo Fanbeemon acompañando al grupo. -Eso dice mi amigo. -¡Creo que ya estamos todos! -gritó Hiroshi bien cómodo. -¡Espera! -dije al ver que faltaba alguien. -¡Ayano-chan! ¡No está por aquí!
Al revisar todos nuestros Digivices, notamos que el punto blanco que indicaba la ubicación del Digivice de Ayano se encontraba lejos de nosotros. Exactamente, a 700 metros de nosotros. Tratamos de caminar con toda rapidez, pero la arena no nos permitía desplazarnos a nuestro antojo. -¡Ojou-san! -logramos escuchar una voz que venía de detrás de un árbol. -¡Es V-mon! -dijo Hiroshi. -¡Ojou-san! -dijo de nuevo la voz del Digimon azul. -¡Resista por favor, ojou-san!
Corrimos a toda velocidad hasta donde se encontraba V-mon, pero lo que vi no podía describirlo. El Digimon de Ayano-chan había dispuesto una camilla improvisada con hojas, Ayano tendida sobre ésta, y V-mon cambiándole paños de agua fría. -¡Ayano-chan! -grité asustado al ver la condición de salud de mi hermana. -¿¡Qué tienes!? ¿¡Estás bien!? -Onii... chan... -dijo Ayano muy debilitada. -Perdona... perdona por arruinar el viaje... -¡Nada de eso! -dije. -¡Te llevaremos con un médico! ¡Pronto estarás bien! ¿Qué pasó, V-mon? -Después de naufragar... -contestó el Digimon azul muy asustado. -Desperté, traté de animar a ojou-san, pero no reaccionaba... salí del Digivice y comencé a revisarla... tiene fiebre... así que traté de bajarle la fiebre como pude... -Se ve muy mal. -dijo Gargadomon. -Hay que ir cuanto antes a un hospital, o mínimo con un médico. Seguramente el agua fría de la tormenta le hizo daño.
“Maldita sea...”, pensé. Sabía perfectamente que mi madre siempre le calentaba el agua, incluso en verano, para prevenirle cualquier infección respiratoria. “Todo era mi culpa”, pensé nuevamente. -Pero... -dijo Rina. -Según el Digivice, la ciudad más cercana de la zona es una que se llama Light City, y está a 180 kilómetros de aquí. -No... -dije desanimado al escuchar tal declaración. -¡Espera! -dijo Mizuki. -¡Justo al norte, cerca de aquí, hay una estación de trenes! -¿Estación de trenes? -preguntó Akio. -Seguramente debe haber un médico allí. -contesté. -Vamos. -dijo Gotsumon.
Gargadomon se ofreció a llevar a Ayano a sus espaldas, ahorrándonos la fatiga a todos nosotros. -Onii... chan... -dijo Ayano con dificultad. -Tengo sed... Quiero agua...
De mi Digivice saqué una botella con agua. -¿Puedes beberla sin ayuda? -pregunté. -Sí... -me contestó.
Al salir de la espesa selva, pudimos llegar a un valle sin vegetación. Frente a nosotros se encontraba la dichosa estación de trenes, pero... lamentablemente parecía estar abandonada. -No hay nadie aquí... -dijo Rina. -No creo que la hayan abandonado tan pronto. -dijo Gargadomon. -Entremos para ver si encontramos un médico. -dijo Fanbeemon. -Es lo que mi amigo dice.
Hicimos caso a la recomendación de Steve, pero lo que habíamos visto desde el exterior se reflejaba en el interior. No había nadie... exceptuando a un Digimon con vestimenta de brujo, incluyendo su peculiar sombrero puntiagudo con un cráneo al frente, y una capa muy desgastada, durmiendo en uno de los asientos. Un Wizarmon. -¡Oye! ¡Digimon! -gritó Akio. -¿Puedes decirme dónde podemos encontrar a un médico? -En este sitio casi desierto, no encontrarán a nadie. -dijo Wizarmon sin moverse de su asiento siquiera para observarnos. -¡Maldición! -grité molesto. -¿¡Ahora qué vamos a hacer!? -Sólo nos queda llegar a Light City. -dijo Gotsumon. -¿¡Pero cómo!? -le pregunté. -¡Esta estación de trenes se ve muy abandonada! ¡Seguramente hace tiempo que los Trailmon no pasan por aquí! -En eso estás equivocado, humano. -dijo el mago. -En cinco minutos debería venir uno. Pero deben estar atentos y salir para esperarlo. Si no ve a nadie esperándolo, no se detendrá. -Ojou-san, resista. -decía V-mon cada vez más y más afligido. -Tranquilo, V-mon. –dije tratando de animarlo, pero en mi interior me sentía igual o más preocupado que él. –Pronto llegaremos. Los Trailmon son muy puntuales.
Corrimos rápidamente a la salida justo donde pasaban los trenes, para poder esperar a nuestro medio de transporte. Sin embargo, unas palabras del Wizarmon me hicieron pensar que esto sería una trampa. -Así que Rakugamon va a Light City. Seguramente irá a apoyar a las tropas armadas de Torkaimon. -¿Dijo algo, Wizarmon-san? –pregunté al creer que estaba escuchando algo. -Que tengan cuidado en Light City. Al parecer han utilizado esa gran ciudad como punto de reunión de esas sucias tropas armadas. -¿To… Torkaimon? –gritó Rina. -Así es. –contestó nuevamente el mago. –Predigo con toda certeza que mucha data se dispersará en esa ciudad. -Gracias por el aviso, Wizarmon-san. –dijo el Digimon de mi padre. -De nada, señor. –contestó el mago. –Espero que tengan un buen viaje. Si quieren puedo acompañarlos en su viaje. Yo también debo ir a Light City. -De acuerdo. –dijo Hiroshi.
Yo, en cambio, presenté un gesto de desagrado. -¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó Gotsumon al ver mi rostro un tanto incómodo. -No, nada. –dije volteando hacia otro lado. -Entonces andando. –contestó Wizarmon con el tono de voz de siempre, un poco silencioso y breve. –El Trailmon ya debe estar cerca de aquí.
Las predicciones de Wizarmon se hicieron realidad, pues al salir de la terminal, empezaron a dibujarse las líneas de los rieles, las piezas de metal que los conformaban comenzaron a salir del suelo y a empalmarse unas con otras. Y en menos de un minuto, un modesto Trailmon de color verde se puso en frente de nosotros. No era espacioso, así que esperábamos que no estuviese ocupado. Al subir a él, una voz masculina que salía de los altavoces, nos dijo: -“Bienvenidos al tren de pasajeros de Digital Express. Tengo dos vagones disponibles completamente vacíos. ¿En qué clase desean viajar?” -En la económica. –dijo Hiroshi. –Eso es lo de menos. -Ayano-chan… -dije al ver a mi hermana cada vez más y más débil. -“Perfecto.” –dijo el altavoz. –“Serán 30,000 bits por todos los pasajeros”. -¿Bits? –preguntó Rina. -¿Y cuánto es eso en yenes? -“El dinero humano no sirve en este tren.” –contestó el altavoz. -¿Y cómo se consigue esa moneda? –preguntó Akio. -Ese dinero se gana en batallas. –dijo el Digimon de mi padre. –Seguramente tendrán algo ahorrado en sus Digivices. -A ver… -dijo Rina. –Sólo tengo 4,500 bits según mi Digivice. -Yo solo 2,500. –dijo Mizuki. -5,000. –dijo Hiroshi. -¿Por qué solo 3,500? –preguntó Akio. -Tengo 7,000 –dijo la abeja Digimon. –Es lo que dice mi amigo, pero estoy seguro que tiene más. -Creo que bastará para un vagón económico. –dije antes de ver lo que tenía ahorrado. -¿Y tú cuánto tienes, Daisuke? –preguntó Hiroshi intrigado. -Déjame ver… -dije.
Pero al llegar al saldo ahorrado, me quedé helado al ver tan enorme cantidad. -¡Esto no puede ser! –grité espantado al ver tantas cifras en mi Digivice. -¿¡Tengo 377,452,987 bits!? -¿¡377 millones!? –gritó V-mon. -¡Eso ni un magnate lo ganaría tan pronto! -¿Puede darnos el vagón de primera clase? –pregunté un poco avergonzado. -Yo iré en el económico. –dijo Wizarmon. -¿No piensa venir con nosotros, Wizarmon-san? –preguntó Piyomon. -Les seré una molestia si viajo en su mismo vagón. –contestó el Digimon mago.
Al ingresar a nuestro vagón, pudimos ver que Trailmon la había amueblado a lo que habíamos pagado por él. -“Se me olvidó preguntarles.” –dijo desde el altavoz. –“¿Cuál es su destino?” -Light City, por favor. –dije amablemente. -“A sus órdenes.”. –dijo. –“En unos minutos se les servirá el almuerzo en el comedor que está en su vagón. Corto transmisión.” -377 millones… -dije lanzándome contra el sofá -Si esto fuera el anime de piratas que tanto ve Akio, seguramente ese sería mi precio…
Gargadomon dejó a Ayano sobre otro sofá, y V-mon, amablemente, comenzó a traer paños con agua para intentar bajarle la fiebre. Gotsumon se acercó a mí tras escuchar lo que había dicho.
-¿A qué te refieres? –preguntó Gotsumon. -A que esto es dinero sucio. –dije. –Todos estos bits son en realidad el producto de tantos meses de servir a ese maldito Digimon. Es como si me convirtiera en un verdadero asesino a sueldo.
Al mencionar esas palabras, podía sentir en mi interior una especie de escalofrío. Quería olvidar todo ese pasado, pero sabía que con cada actividad mía relacionada con los Digimon volvía a hacer surgir esa espina clavada. La única manera de devolver la paz en el mundo real, en el Digital World, limpiar el buen nombre de mi padre y mi reputación… todo… una única manera, era venciendo al que durante todo ese tiempo fue mi “gran jefe”. -Ojou-san… -dijo V-mon. –Por favor, tome un poco de agua. -V-mon. –dije. -¿Puedes cuidar de mi hermana? Tengo que salir del vagón.
Tomé a Gotsumon de la mano y salimos juntos del vagón. Ahí, sentado también, estaba el Digimon de mi padre. -¿Qué miras? –pregunté. -Estaba… -dijo lanzando un suspiro y mirando hacia el cielo. –estaba pensando… todo lo que ha cambiado el Digital World desde que un Yanami vino a salvarnos. -Hablas como si tú no hubieras hecho nada. -Aunque yo fui el de los poderes, de no haber sido por Kaito nunca habríamos logrado la paz temporal en el mundo. -Cuando todos los Digimon hablaban sobre mi padre, me era imposible reconocerlo… -dije. –Es decir, nada de lo que decían de él se parecía al que yo conocía… -Creció, y no le culpo. En ese entonces no nos importaban las consecuencias… -Sin embargo ahora está enojado… -dije. –Vio a nuestro antiguo jefe en televisión y no pudo contener su ira. -Seguramente cree que lo que te pasó es por su culpa… -contestó el Digimon. –Pero también debe entender que esto sucedería tarde o temprano, que nuestros actos harían eco en todo el mundo. -¿Por qué nos acompañas? –preguntó Gotsumon. -En primera porque es un poco raro hablar con los hijos de mi amigo. –me dijo. –En segundo lugar, tengo que hablar con Piccolomon-sama quien vive en las afueras de Light City. Él es el único que puede restituir mi puesto como policía. En la organización, nadie sabe que estoy vivo. -Creí que Piccolomon-sama era de Folder. –dije. -Es de Folder. –contestó. –Pero le gusta WWW. Tanto que decidió hacer un hogar por esta zona. -Piccolomon-sama es un ser extraño. –dije un poco inquieto. -Pero es un gran sujeto. Lo único que me inquieta es ese Digimon azul amigo de tu hermana. –siguió hablando el Vigilante. -¿V-mon? –pregunté. –Sé que es un poco raro, no se despega de mi hermana por nada, prácticamente desde que lo conocí… -No es tanto por eso. –me dijo. –Es que… siento que he peleado contra él antes… -¿Contra él? –pregunté confundido. -¿Pero… cómo? ¿Cuándo? -No lo sé… -me dijo. –Sólo sé que esa sensación viene de tiempo atrás… Quizás desde el tiempo en que Kaito vino a este mundo. Lo único que sé es… que sí ocurrió, pero no sé ni dónde ni cómo ni por qué…
Las palabras del Digimon de mi padre me dejaban más intrigado. No entendía ese afán de V-mon de cuidar a mi hermana a toda costa. Ni mis padres se preocupaban tanto de ella como lo hacía él, y eso que era la menor y por ende la más consentida de la casa. Si de por sí los Digimon eran un poco difíciles de comprender para mi edad, mucho menos podía entenderlo específicamente a él.
-No debí insistir que Ayano-chan viniera a este mundo. –dije bajando la mirada. -¡No debí decirle todo lo que hice para salvar a mamá! ¡Ella no quería venir, pero le insistí inconscientemente para que viniera! ¡Yo la presioné! -Yggdrasil solo llama a quienes tienen el valor de enfrentar un reto como éste. –dijo el Digimon de mi padre. –Seguramente él la necesita. -¿La… necesita? –pregunté.
Logré recordar mi última visión de Yggdrasil, en el instante en que pensé sería vencido por Onagimon. Yggdrasil hacía hincapié en que la llevara con él.
-¿Pero para qué la necesitaría? –pregunté nuevamente. -Es lo mismo que dijiste cuando nos conocimos en los calabozos, ¿recuerdas? –dijo el Vigilante. –Tú mismo decías que no eras uno de los Niños Elegidos, que eras el malo y que no eras digno de pisar el Digital World después de lo que habías hecho. -Pero… pero… -dije titubeando. -Todos tienen una razón para estar aquí, sea buena o mala. –dijo. –Ahora mismo tu deber es repetir la hazaña de Kaito, vencer a ese Digimon y restaurar la paz al Digital World, pero no estás solo, tu hermana y el resto de tus amigos están aquí para apoyarte. -La hazaña de Kaito… -dije en voz baja.
Era como si mi padre fuera un héroe del Digital World…. Bueno, en realidad lo fue, pero me sentía presionado por llegar a ser aunque sea una parte de lo grande que fue. ¿Podría lograrlo? ¿Quizás así borrarían de mi pasado todos los malos actos que alguna vez realicé?
-El almuerzo ya está listo. –dijo V-mon saliendo del vagón. -¿Cómo está Ayano? –pregunté. -Ojou-san está bien. –contestó. –Ya despertó, pero no tiene fuerzas para caminar. -Iré a verla. –dije. –Gotsumon, puedes adelantarte al comedor.
Corrí hacia el sofá donde estaba acostada Ayano-chan, y la saludé. -¿Cómo te sientes? –le dije dulcemente. -¿Ya llegamos al médico? –preguntó. -Todavía no. –dije. –Pero resiste, pronto iremos para allá. -¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¡Esta comida es tan deliciosa que si no te apuras, me comeré tu ración! -¿¡No te han dicho que eres un glotón!? –pregunté al escuchar la típica reacción de mi amigo de roca frente a la comida. -¿Quiere un poco de sopa, ojou-san? –dijo V-mon llevándole un poco de sopa a Ayano. –Debe comer algo. -A mí dame un poco de esa pierna que se ve tan bien. –dije. -Pollo frito. –dijo el Vigilante. –A Kaito y a mí nos gustaba esa comida. -“El paquete de primera clase ya incluye toda la comida que quieran.” –dijo Trailmon desde el altavoz. –“Tan sólo pídanla y se les servirá.” -Me pregunto cómo es que la comida humana es conocida en el Digital World. –dije al ver tantos platillos muy conocidos para mí. -Sólo somos el reflejo de lo que ustedes son. –dijo Fnabeemon. -Aprovechen porque nadie sabe cuándo podremos comer de esta manera. –dijo Akio. -Tienes razón. –dijo Mizuki. –Espero que hayan duchas. Llevamos dos días sin ropa limpia. -Es primera clase. –dijo Rina. –Seguramente tiene todo eso y más. -Desde que mi padre se volvió gerente de una agencia de autos en Japón, siempre comemos modestamente. –dije. -Le va muy bien a Kaito, ¿cierto? -Mucho. –le contesté. -Pero no gana 377 millones de bits, ¿o sí? –dijo Fanbeemon. –Es lo que dice mi amigo.
Esbocé un gesto de desagrado al escuchar eso. Pero me limité únicamente a servirme un pedazo de pierna envinada y un tazón de arroz. -¿Y si invitamos a Wizarmon-san? –preguntó Akio. -¿Quién va a invitarlo? –pregunté Mizuki.
Todos, a excepción de Ayano y yo, nos desligamos de la responsabilidad a tiempo. -¡Está decidido! –dijo Rina. -¡Daisuke irá con Wizarmon! ¿Eh? –grité. -¿¡Y por qué yo!? -¡Ve, Daisuke! –gritó Gotsumon dándome palmadas en la espalda. -¡Y así me dejas tu ración! -¡De eso nada! –grité tomándolo del brazo. -¡Tú vienes conmigo!
Así, Gotsumon y yo salimos del vagón de primera clase. Pero lo que encontramos en la salida fue un pasillo desordenado, lleno de máquinas y cables. -Eh… ¿a dónde nos hemos metido? –pregunté. -“Están en mi pasillo de cableado y electricidad.” –dijo Trailmon. -Eh… lo siento… -dije avergonzado llevando a Gotsumon al otro pasillo. -¿Qué es “electricidad”? –preguntó Gotsumon. -Eh… yo… no tengo idea. –dije con mi poca comprensión de ese tema. -“Por favor, tomen el otro pasillo.” –dijo Trailmon aconsejándonos. -Sí, claro. –dije.
Mi amigo de roca y yo salimos del pasillo de cableados y nos dirigimos al verdadero, donde habíamos subido. -¿Crees que Wizarmon esté cerca? –pregunté. –No ha hecho tanto ruido como nosotros. -Este Trailmon es muy pequeño. –contestó Gotsumon. –Estoy seguro que sólo tendrá tres vagones. -¡Mira! –dije encontrando el nuevo vagón. -¡Seguramente aquí está!
Estuve a punto de llamar a la puerta, esperando que Wizarmon-san estuviera allí, pero otra voz nos detuvo de hacerlo. -Aquí el comandante Wizarmon reportándose señor. –dijo Wizarmon. -¿Comandante? –pregunté en voz baja. -¿Qué estás pensando? –preguntó Gotsumon. -Espero que no sea… -dije, pero alguien detrás de esa puerta me interrumpió. -¿Alguna novedad, Wizarmon? –preguntó una voz muy familiar para mí. -No puede ser… -dije tapándome la boca. Conocía a la perfección esa voz, ¿podía ser que…? -Estoy a punto de rodear a los Niños Elegidos, Torkaimon-sama. –logré escuchar esas palabras de parte del Digimon mago. -Increíble… -dijo Gotsumon murmurando. -Lo sospeché… -dije creyendo tener la razón todavía, apretando los puños. -Seguramente está Rakugamon con los demás, ¿cierto? –dijo una de las voces de mi antiguo jefe. -Sí. –logramos escuchar la voz de Wizarmon. –Y también está viajando con ellos el Vigilante que logró manipular. Pero no se preocupe, estamos viajando en un Trailmon rumbo a Light City, no dejaré que esos niños lleguen a esa ciudad.
Gotsumon y yo corrimos sigilosamente hacia nuestro vagón, tratando de evitar cualquier clase de sonido que alertara el enemigo. -¡Rápido! –grité asustado. -¡Guarden todas sus cosas! -¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó Gaomon. -¿Una dama no puede darse un baño con calma? –preguntó Mizuki desde las duchas. -Wi… Wi… -dije un tanto aterrado. -¡Cálmate, Daisuke! –gritó Akio. -¡Wizarmon es aliado de Torkaimon! –grité por fin. -¡Ha estado vigilando nuestros pasos y no dejará que lleguemos tan fácil a Light City! -¿¡Qué!? –gritaron todos. -“A Torkaimon-sama nunca le han gustado los metiches que se interponen entre él y su plan de crear un nuevo Digital World, ex-comandante Rakugamon.” –dijo una voz diferente a la de Trailmon desde el altavoz. -¡Es Wizarmon! –gritó V-mon. -“Así es.”- contestó esa voz. –“En estos instantes, Trailmon no es consciente de sus actos, pues lo estoy manipulando para que no puedan llegar a Light City.”
Entonces, el movimiento de Trailmon se detuvo bruscamente, haciendo que Mizuki saliera de las duchas, tratara de cubrirse rápidamente con una toalla y ponerse de pie. Ayano-chan cayó del sofá, pero un ágil V-mon logró evitar que cayera al suelo, y los platillos del comedor se desparramaran en el piso. Acto seguido, sentimos cómo Trailmon volvía a moverse, pero esta vez su movimiento era un poco extraño, lo cual pudimos confirmar cuando salimos del vagón mirando hacia el exterior y vimos cómo Trailmon avanzaba en reversa.
Continuará…
|
|
|
|
|
IP registrada
|
|
|
|
|