Autor Tema: [Fanfic] The Digital World Chronicles  (Leído 1056 veces)

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Desconectado Gargadon

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[Fanfic] The Digital World Chronicles
« en: Abril 19, 2009, 00:06:40 »
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Pues bueno, antes de empezar a poner el capítulo, los argumentos y todo, quisiera dar una pequeña explicación a cómo vino este fanfic.

Este relato es una derivación de otro relato que venía intentando hacer hace alrededor de 6 años, pero que por buenos motivos (no tenía internet para entonces, y mi estilo de narración no se compara ni un tanto al que medio manejo ahora) decidí dejar a un lado y mantenerlo vivo solo en mi imaginación.

Las únicas diferencias que puedo mostrarles con este y el intento de relato, es que he modificado los nombres del personaje principal y sus aliados, el estilo de narración (pasando del guión teatral mal realizado, a un experimental primera persona que no logro dominar todavía), y la visión de la vida que tenía el personaje cuando yo tenía 13 años, a la forma en que lo veo ahora.

También, como en todos mis relatos, diré que nunca utilizaré personajes ya creados por el verdadero autor. Eso, en lo personal, le resta creatividad a un relato, además que restringe más lo que uno intenta desarrollar (como si de por sí un fanfic de Digimon fuese demasiado restrictivo). Y tampoco pienso realizar un fic de amor. De esos existen miles y miles en muchos foros, ese tema no me agrada, y menos si es con personajes ya creados. Eso no me gusta. Además, como me dijera anteriormente una persona a la que admiro en su manera de narrar lo que escribe, "como si el amor fuese tan fácil de relatar".

Pero bueno, mejor me dejo de cuentos y voy directo al grano.

Argumento principal:
Daisuke Yanami era un estudiante de primaria común y corriente, hasta que por equivocación se involucra con un Digimon demonio muy poderoso, quien lo secuestra para llevar a cabo sus planes de dominación del Digital World, y eliminar a un grupo de niños que está destinado a acabar con sus planes. ¿Qué sucederá cuando descubran que Daisuke es uno de esos niños destinados? ¿Podrá llevar una vida de estudiante, héroe y villano a la vez?

Índice de capítulos (en progreso):
01.- Cómo comenzó todo (Mirror en FanFiction)
02.- Introducción de Gotsumon y Rakugamon (Mirror en FanFiction)
03.- Un día más lejos del hogar (Mirror en FanFiction)
04.- Revelación. La determinación de Hiroshi (Mirror en FanFiction)
05.- Rakugamon y Onagimon contra el ataque tándem de Akio y Mizuki (próximamente)

Y el primer capítulo.
Spoiler de el capítulo 01:
01.- Cómo comenzó todo

Primer día de clases. Ciudad tranquila, son las seis de la mañana. Preferí levantarme temprano, no quería perder con ilusión este día de clases. Aunque vivo cerca de mi nueva escuela y faltaba una hora para que comenzaran las clases, aproximadamente a dos cuadras de ella, es mejor estar preparado si no quiero que algo salga mal. Aún no escucho movimiento alguno en las afueras de mi habitación, de seguro mis padres se han dormido otra vez. Esto era el colmo. ¿Y no se supone que mi padre debe llegar temprano el primer día a su nuevo empleo en la agencia de autos?

Me puse el uniforme de camisa blanca y pantalón oscuro, además de mis nuevas calcetas y zapatos bien boleados. Mientras tanto encendí la tele para ver las noticias de la mañana, esto de ser nuevo en la ciudad es bastante pesado. Y lo veo, sólo tres canales... Sé que es una ciudad pequeña, pero... ¿tres canales? Eso es una burla. Con razón mi padre quiere contratar televisión por cable. Ya está que me perdí las caricaturas de la mañana... En la otra ciudad no necesitábamos malabares para eso... Ni modo, vamos a ver las noticias.

Escucho al reportero mencionar sobre un nuevo secuestro de un niño de 9 años, algo difícil de creer en esa ciudad tranquila, o al menos eso mencionaba el de la tele. De seguro son niños ricachones que presumen sus celulares o sus laptops en plena calle, con eso de que ahora todos tienen una... Por Dios, ¿a quién se le ocurre mostrar sus pertenencias en la calle? Es totalmente inseguro, uno no sabe la cantidad de ladrones que se encuentra en la calle. Aun así lamenté el que esos niños se perdieran. Deben haber pedido sumas millonarias por su liberación.

Apagué la tele no sin antes ver la fotografía de ese niño, tomé mi mochila y salí de mi cuarto, no sin antes asegurarme de apagar la luz. Mi padre acababa de levantarse, mi madre, como siempre, se durmió. Por eso mi padre preparó el desayuno a pesar de que podía llegar tarde a su trabajo.
-Para que desayunes. -me dijo mi padre mientras me servía el desayuno en un plato.

Eran los típicos huevos con jamón. Pero cualquier cosa para el desayuno siempre cae bien. Mi padre se despidió con un abrazo y tomó el bus. Mientras tanto desayuné y esperé unos minutos hasta decidir ir a la escuela.

Y heme aquí. La escuela primaria de Ciudad del Valle. Primero veía a los padres y madres de familia despidiéndose de sus hijos. Las papelerías cercanas abiertas por si necesitábamos comprar algo de último momento, y los paleteros y vendedores ambulantes pregonando sus productos, entre paletas dulces, heladas y frituras. Entré a las instalaciones, y me sorprendí de lo que era el lugar. Nunca había visto un lugar donde se cuidara tanto la limpieza y el orden. Seguramente los profesores serán muy estrictos, pensé. Ingresé a mi aula. El quinto grado grupo A. Había un grupo de niños al fondo, pero por primera vez me sentí como un pez en un estanque de tiburones. No pensé que ser el nuevo de la clase sería difícil. Y allí están, mirándome como si fuese un bicho raro, un desconocido.

Tan pronto como intenté acomodarme en mi pupitre, sonó el timbre de entrada. Unos minutos más tarde entro nuestra profesora. Al verla sentí miedo. Era una mezcla entre ballena y morsa, o algo parecido. Por un instante pensé que no cabría por la puerta, y al sentarse, que quebraría la silla, y por ende, el suelo, cayendo hacia los salones de las plantas bajas.

Me dijo que me presentara, así que me paré de mi asiento, pasé frente al grupo con un nudo en la garganta y dije...
-Mi nombre... mi nombre es Daisuke Yanami. Vengo de Ciudad Roja, mi padre nos trajo a mí y a mi familia a esta ciudad porque cambiaron su trabajo hasta aquí.
-Siéntate. -me dijo la profesora con una dulce voz.

Lamentablemente eso era lo único de dulce que había en su voz, pues apenas comenzó la clase nos daba de lo lindo con una especie de sarcasmo que al parecer nadie soportaba, sólo el botijón de la clase que al parecer era sobrino de la señora. "Tenía qué deducir que era de familia", me dije. Por fortuna la primera parte de la clase terminó pronto, dando paso al recreo. Más sin embargo no fue tan agradable de lo que pensé. Intenté socializar con mis nuevos compañeros de clase, pero pronto me di cuenta que hacer nuevas migas no sería tan fácil como lo pensé.

-¿Qué? ¿Así que eres el chico nuevo? -me dijo uno de estatura más pequeña que yo, pero más fuerte, mientras me tomaba de las muñecas y las llevaba a mi espalda para inmovilizarme.
-S... Sí, sí... -dije apresuradamente mientras trataba de liberarme de mi "captor".

No había sentido tanto miedo como ahora, sabría que me iría mal, pero era lo malo del círculo de amigos, para poder seguir en uno debías demostrarlo, y esta parecía ser la forma de ellos de hacerlo.
-¡Miren, miren! -contestó el sobrino de nuestra profesora. -¡El nuevo está asustado! ¡Pues mira! ¡Así se hacen las cosas en esta escuela! ¡Así que acostúmbrate a ser nuestro saco de boxeo!
-Le... diré a la profesora... -contesté intentando parecer rudo.
¿Y qué crees que va a hacer? -contestó mientras se reía. -¡Mientras ella esté aquí, sacaré dieces y haré lo que quiera!

Eso fue lo último que me dijo antes de comenzar a darme de puñetazos en el estómago. No pude soportar mucho, debía ser fuerte pero cada golpe me sacaba el aire y me aporreaba contra la pared del salón. Algunos niños curiosos se acercaron a mí, pero en vez de hacer algo, sólo escuchaba burlas, risas y demás. Un muchacho delgado y bastante amiguero, en vez de ser un valiente, decidió unirse a la fiesta de golpes, pero esta vez en la cabeza.
-¡Basta, basta! -gritó una niña antes de que el director y un profesor de la escuela se acercaran a mí y me llevaran a la dirección.

-¿¡Que qué hiciste, Daisuke!? -gritó mi papá frente al director.
-Yo... yo... -intenté balbucear ante el temor y los golpes que recibí.
-¡Tú nada! -gritó de nuevo mi papá. -¡Pero vaya que no puedes ni pasar un día en una nueva ciudad porque te pones a pelear con tus nuevos amigos!
-Pero, pero... -intenté contestar de nuevo, esta vez con lágrimas en mis mejillas, o al menos eso es lo que recuerdo ahora.
-¡Pero nada! -gritó de nuevo mi padre. -¡Nos vamos ahora mismo a la casa! ¡Y ya verás la que te espera!

Por un instante, al salir de la dirección, pude ver a mis agresores, y cómo se reían de la humillación que recibí. Ellos eran los malos y no yo. ¿Por qué entonces tenía qué pagar por lo que hayan hecho ellos?

Pero lo peor quizás no fue eso ni lo que siguió. No sólo bastaron los regaños de mi padre, sino también los regaños de mi madre quien le seguía el juego a mi papá, muy a pesar de que quisiera decirle que no empecé la discusión.
-¡Vete a tu cuarto! – me dijo. -¡Y nada de ver televisión ni estar pegado en la computadora!
-Sí, mamá… -le contesté completa y totalmente triste.

Y me dirigí a mi cuarto. Eso era lo que más me molestaba de mi familia. Siempre querían aparentar frente a todos una familia feliz, pero la realidad era diferente. Nunca me escuchaban, ni me hablaban nada más que para regañarme o para despedirse cuando se van a trabajar. Muchas veces pasé mis cumpleaños en solitario, cuando llegaban, nunca me dieron un gesto de felicidad o algo por el estilo. En realidad, todo el mérito se lo llevaba mi hermana menor...

Todo eso pensé mientras contaba uno a uno los escalones que iba subiendo hacia mi habitación. Esa era una de mis manías que poco a poco fui perdiendo, quizás porque más adelante tuve que ocultar una segunda vida fuera del mundo real. Pero eso no viene al caso.
Abrí la puerta de mi cuarto, encendí los focos y cerré con llave. Prendí la computadora, pero dejé apagadas las bocinas para que no me sorprendieran.

Empecé abriendo las páginas que me gusta visitar a diario. Unos clicks por aquí y otros por allá. De un momento a otro, y sin darme cuenta, llegué a una página que nunca había visitado antes. En el título decía con letras claras: “Bienvenido al sitio web del Digital World”. En un apartado de la derecha, había un vínculo que ponía en letras negras: “Acceso a usuarios”.

Yo, curioso, accedí a ese apartado. Había una caja de texto donde tenía que introducir algo que la página llamaba Digi-ID. Por supuesto, yo no tenía uno. Pero las imágenes a los lados del cuadro de texto eran demasiado curiosas. Parecía tratarse de un juego o algo así. Pero no había forma de registrarse en el “juego”.

Nuevamente curioso, oprimí el botón que decía “Acceder”, debajo del cuadro de la clave. Al hacer eso, el monitor de mi computadora se apagó. Por un instante comencé a alarmarme, pero no podía hacer ruido o me llevaría una tremenda reprimenda que nadie podría salvarme. Intenté encenderla oprimiendo el botón de encendido, pero nada pasaba. De un momento a otro, sentí una especie de ambiente pesado dentro de mi habitación. Todo parecía dar vueltas en mi cabeza, y de un instante a otro, perdí la conciencia.

Cuando recuperé la conciencia, sentí que mi cuerpo estaba mojado. Eso me extrañó mucho, así que abrí los ojos rápidamente, y me encontré que estaba flotando en una especie de líquido verde, con cables pegados en mi cabeza, y amarrado de pies y manos. También noté que estaba dentro de una cápsula.

Aturdido, confundido, y asustado, comencé a forcejear y a gritar con total desesperación a mi mamá y a mi papá. Frente a mí apareció una especie de monstruo gris con cuernos, alas negras y una altura muy similar a  la del tubo donde me encontraba.

-Vaya, vaya. Este muchachillo que hemos invitado es demasiado ruidoso. -contestó aquel sujeto. -Si sigue haciendo ruido, lo mandaremos a una animación suspendida como los otros que están aquí.

Al escuchar las palabras de esa cosa, traté de serenarme sin lograrlo, y volteé hacia los lados para ver cientos de tubos en filas. Noté que esos tubos tenían el mismo líquido donde me encontraba,  y que además cada tubo contenía un niño. Logré reconocer a uno de ellos. Era el mismo que vi en la fotografía que mostraron por televisión. No podía ser, ¿de verdad estos niños estaban aquí en un lugar que no conocía?

-Aquí está el niño que hemos traído, Torkaimon-sama. -contestó un monstruo de color verde, colmillos enormes y un enorme martillo sujeto a su espalda. -Daisuke Yanami, de 10 años.
-Bien hecho Onagimon. -contestó Torkaimon gritando. -Ya estoy harto que me traigas a puros niños “basura”. ¡Conecta el analizador de Digisoul!
-Sí, señor. -contestó Onagimon mientras se dirigía a una enorme palanca en el suelo frente a mí.
-¿Analizador de Digisoul? -pregunté en voz baja.

Onagimon movió la palanca hacia el lado contrario a donde se encontraba, y la máquina donde me encontré comenzó a funcionar. Las bobinas del techo del tubo comenzaron a formar surcos de electricidad, las cuales descendían hasta llegar a los cables. Al suceder esto, comencé a sentir un ligero dolor que pronto comenzó a hacerse fuerte. Comencé a gritar del intenso dolor que recorría mi cuerpo, a la vez que sentía cómo mis fuerzas desaparecían del todo.

Una especie de humo o aura negra comenzó a emanar de mí. Algo que note, durante esa horrible sesión de dolor, que, al parecer, a Torkaimon le satisfacía por completo.
-El niño del Digisoul negro... -dijo Torkaimon en voz baja. -¡Onagimon, excelente trabajo! ¡Has encontrado al niño correcto! ¡Apaga esa máquina y lleva a esos niños a sus respectivos lugares de origen!
-Me alegra serle de ayuda, Torkaimon-sama. -contestó Onagimon mientras cambiaba a apagado la palanca que controlaba aquel tubo de suspensión.

El “aura” negra comenzó a solidificarse y, al hacer contacto con el líquido, éste se puso de color negro. Cuando ocurrió esto, sólo sentía cómo el dolor se desvanecía de mí, y después, no sentí nada...

Desperté de nuevo, y esta vez me encontré dentro de una celda. Me aferré a la celda y comencé a gritar:
-¡Sácame de aquí, maldito engendro del demonio! -grité.
-¡No soy un engendro, pero sí un demonio, así que tomaré eso como un cumplido! -gritó Torkaimon. -¡Mi nombre es Torkaimon! ¡Y soy el rey demonio de la zona del sur del continente Folder!
-¡No me importa quién seas! ¡Sólo sácame de aquí! -grité de nuevo.
-Antes de sacarte de aquí, tendrás que jurarme que me obedecerás en todo lo que te ordene, ¿entendido?
-¿¡Y por qué debería obedecerte!? -grité intentando desafiarle.

Pero no tenía ninguna oportunidad, ya que el monstruo ese que se hacía llamar Onagimon traía en un tubo a una persona inconsciente que identifiqué claramente como mi madre.
-¡Mamá! ¡Mamá! -grité, al momento que Torkaimon comenzó a reírse.
-¡Los humanos son fáciles de manipular! ¡Nosotros, los Digimon demonio, hemos aprendido a vivir en soledad, sin cursilerías como la amistad o la familia! -bufó Torkaimon. -Espero que de esta forma no te niegues a colaborar con nosotros.
-¿Qué es lo que quieren? -pregunté resignado.
-Los niños elegidos vendrán pronto. -me contestó.
-¿Niños... elegidos...? -pregunté sin siquiera entender a lo que se refería.
-Son niños que por alguna razón pueden manipular a los seres de este mundo, más conocidos como Digimon. -siguió respondiéndome ese sujeto. -Ellos vendrán con el fin de evitar que yo domine el mundo. Tu deber, junto con Onagimon, será detenerlos, eliminarlos y aniquilarlos para que no interfieran con mis planes, ¿me oíste?
-No entiendo qué estás hablando. -contesté todavía desafiante. -¿Qué harás si no acepto?
-Si no aceptas, esta persona morirá. -contestó Onagimon señalando a mi madre.
-¡Pero sólo soy un niño! -les contesté. -¿Cómo puedo hacer eso que me pides?
-¡No te preocupes! -me contestó orgulloso Torkaimon. -¡Yo mismo te daré las armas necesarias para que logres tu cometido!

Al decir esto, dejó una bola de papel en mi celda, la cual desenvolví y encontré en su interior una píldora negra.
-¡Esa píldora contiene en su interior el espíritu de un Digimon que fue vencido hace cientos de años y confinado a esa prisión para evitar que siguiera causando destrozos en este mundo! -contestó Torkaimon. -¡Yo mismo lo robé y te lo entrego a ti! Espero que lo uses para obedecerme en lo que te ordene. ¡Tómalo y podrás transformarte en ese ruin y despiadado demonio! Con el poder con el que cuentas, no te será difícil controlarlo.

Al ver cómo Onagimon trataba de mala forma el tubo de suspensión en el que llevaban a mi madre, no dudé ni por un instante en tomar esa píldora y tragarla. Al tomarle, empecé a sentir un enorme cambio en mi interior, el cual se evidencio con una especie de metamorfosis en mi cuerpo. Mi cuerpo se tornó de un color rojo intenso, pude sentir un par de alas rasgadas en mi espalda y pequeños cuernos en mi frente, y mis brazos enclenques se tornaron en un par de musculosos brazos con tatuajes en forma de calavera. De igual modo mi cuerpo en general creció al doble o al triple de su tamaño original.

-Entonces, ¿puedo contar contigo para llevar a cabo mis planes, muchachito?
-No me llame muchachito. -le contesté mientras resoplaba un poco de aire caliente desde mi interior. -Y sí, puede contar conmigo para lo que desee, Torkaimon-sama.

-------------------------------------------------------

Han pasado seis meses desde entonces. Torkaimon me ha dado miles de herramientas para monitorear el continente Folder tanto fuera como dentro del Digital World. Por suerte me dio la posibilidad de ir y salir del Digital World sin problemas, siempre y cuando no intentara abandonarlo. Mi padre fue manipulado por Onagimon para que creyera que mi madre fue secuestrada por delincuentes y no por seres virtuales. Lo que me preocupa es escuchar en ocasiones a mi hermana menor llorando preguntando por mamá. Quisiera responderle, pero no puedo hacerlo.

Lo único que me queda es seguir firme como esbirro de Torkaimon. Espero que pronto pueda conocer en persona a esos “niños elegidos” para poder eliminarlos, llevar a Torkaimon a la cima del Digital World y liberar a mi madre de sus garras. Para eso debo llevar una doble vida, ser un estudiante en la vida real, y un demonio despiadado y ruin en un mundo que nadie conoce, o al menos eso quiero creer...

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #1 en: Abril 22, 2009, 23:34:04 »
El capítulo 2. Probablemente el siguiente se retrase debido a que la historia original se ha transformado a la que publicaré a continuación.

Spoiler de el capítulo 02:
02.- Introducción de Gotsumon y Rakugamon

Han pasado seis meses desde entonces. Había terminado mi último rondín por la zona sur del continente Folder. En ocasiones me arrepiento de dejar heridos a varios Digimon inocentes, pero es mi trabajo. Debo mantener el orden en los dominios de Torkaimon-sama, a cambio de... ya saben qué. Debido a mi organización con los planes que debíamos aplicar para mantener el orden en la zona, me gané el favoritismo de Torkaimon-sama, dejando a Onagimon bajo mis órdenes.

Eso no fue algo que le agradó a Onagimon, de hecho, comenzó a odiarme por eso, pero si Torkaimon-sama había dado esa orden, no tenía más opción que obedecer...

-----------------------------------------------

-Has hecho un excelente trabajo, Rakugamon. -dijo Torkaimon mientras saludaba a sus dos esbirros en su castillo.
-Por favor, -contesté apenado a la vez que servicial. -llámeme Daisuke mientras esté en mi forma humana.
-Y tú, Onagimon, ¿no pudiste controlar ni a una aldea de Tanemon? -gritó furioso nuestro jefe.
-¡Yo...! ¡Fue culpa de Rakugamon! -espetó Onagimon mientras me señalaba y descargaba en mí toda su ira.
-¿Qué? -contesté gritándole. -¡Yo ni estaba allí cuando te pasó eso! ¡Además no entiendo cómo pudieron vencerte con su ataque de Bubble Blow!
-¡Ya te dije que odio bañarme! -gritó como si con su excusa pudiera disculparse de su incompetencia. -Además, ¿cómo pudiste saber que fue un ataque de Bubble Blow?
-Los Tanemon publican un periódico semanal. -contesté mientras le enseñaba la edición del “Tanemon News” donde mostraban una divertida imagen de Onagimon gritando y pataleando mientras un grupo de Tanemon lanzaban sus burbujas contra él.
-¡Silencio los dos! -gritó con furia Torkaimon. -¡Parecen un par de escuincles discutiendo sin parar!
-Torkaimon-sama... -intenté disculparme. -Si no se ha dado cuenta, soy un niño, a pesar de que pueda “evolucionar” a una forma Digimon.

Torkaimon comenzó a reírse sin parar.
-Creo que hice una excelente elección al tomarte como mi servicial esbirro. -dijo mientras se enjugaba las lágrimas producto de su efusiva carcajada. -Has sido muy eficiente, mucho más que a este sujeto que tengo como esbirro. -dijo nuevamente mientras señalaba a Onagimon. -Eres de gran ayuda, le haces honor a tu nombre, Daisuke.
-Todo sea por llevarlo a la cima del Digital World, Torkaimon-sama. -contesté de nuevo mientras me inclinaba hacia él, lo cual odiaba hacer.
-Perfecto, perfecto. -dijo Torkaimon. -Viendo las cosas como están, tendré qué declarar a Rakugamon, alias Daisuke, como mi primer oficial, dejando a Onagimon como tu sub-oficial.
-¡Pero no puede, Torkaimon-sama...! -gritó Onagimon furioso por la decisión.
-¡Claro que puedo! -le gritó Torkaimon. -¡A partir de ahora, Rakugamon será quien lidere la operación de aniquilación de los niños elegidos, mientras usted, señor Onagimon, tendrá qué obedecer todas sus órdenes!
-Pero... pero... -gritaba Onagimon a modo de berrinche.
-Torkaimon-sama ha tomado una decisión. -contesté burlonamente mientras palmeaba la espalda de Onagimon. -Lo siento Onagimon, a partir de ahora tendrás que llamarme Rakugamon-sama, o Daisuke-san, aunque te duela.
-De... de acuerdo, Rakugamon-sama... -contestó Onagimon apretando los dientes.
-Bien, ahora que soy el jefe de Onagimon, -dije como punto final. -debo retirarme al mundo real. Allí existe algo llamado “escuela”, y no puedo dejar eso. Hasta mañana, señores, estaré vigilando desde fuera.
-De acuerdo, Rakugamon. -contestó Torkaimon. -Recuerda tener cuidado con los Vigilantes de la Frontera.
-Lo tendré, Torkaimon-sama. –le contesté mientras me inclinaba hacia él.


----------------------------------------------------------------------------------

Eso sucedió hace unos cinco días. A veces me da asco ser lo que soy, pero si de esa forma, mi madre estará a salvo, es lo único que puedo hacer. Apagué la computadora, mi única puerta de acceso al Digital World, y abrí la puerta de mi habitación para salir hacia el pasillo. Bajé hacia la sala y luego me dirigí al comedor. Allí estaban mi padre y mi hermana menor Ayano. Como era costumbre, después del secuestro de mi madre, ambos estaban tristes. Para no desentonar con el momento y el ambiente de tristeza, igualmente intenté esbozar una cara triste. Eso era fácil, solo tenía que recordar como sodomizaba a las aldeas inocentes del Digital World. Era un mundo virtual, o al menos eso creía, pero me daba lástima pedirles tributo para evitar que sus vidas se esfumaran.
-Daisuke... -contestó mi padre. -Han pasado seis meses desde que secuestraron a su madre. Sería buena idea si apagaras un instante la computadora y decidieras venir con nosotros este domingo a la iglesia para rezar por el bienestar de su madre.
-Eso... eso sería una buena idea...-contesté en voz baja y sin despegar la mirada del plato de comida.
-Papá... -dijo Ayano. -¿Cuándo volverá mamá?
-No lo sé, hija mía. -contestó mi padre. -No lo sé.
-¿Y no ha dicho nada la policía? -le pregunté a mi padre.
-Nada, si en dos semanas no encuentran pistas de su madre, seguramente dejarán de buscarla.
-Mamá... mamá... -comenzó a llorar mi hermana menor.
-Tranquila Ayano, tranquila. Si la policía no la busca, moveré mar y tierra hasta encontrarla, te lo juro. -contestó mi padre para tranquilizarla.

Yo también quise llorar. Era una carga muy pesada el saber dónde estaba, y no poder decirlo por temor a Torkaimon. Además, era un mundo virtual, un mundo que se hospedaba en la red. ¿Cómo iban a creerme que mi madre estaba en un mundo que nadie sabe que existe? Terminé mi cena, y me dirigí a mi cuarto.

Al llegar a mi habitación, cerré de nuevo la puerta con llave, me tumbé sobre mi cama y comencé a llorar. Lo hice, porque no quería ver a mi hermana sufrir por mi culpa. Era su hermano mayor y debía verme fuerte para ella. En segunda, porque me odiaba a mí mismo y a lo que era o hacía en ese algo llamado Digital World. Y en tercera, porque odiaba con todas mis fuerzas a Torkaimon, pero esperaba que cumpliera su promesa. Si era de ese modo, sólo tenía que obedecerle, pero me sentía sucio.

------------------------------------------------------------------------------------

Al día siguiente, fui a la escuela primaria como de costumbre. Las clases se desarrollaron de forma normal, todo resultó como siempre. Durante la hora del recreo, iba en ocasiones al baño y revisaba desde mi celular la región del continente Folder, tal y como me lo ordenaba Torkaimon. Nada, nada fuera de lo normal. De ser así, sólo regresaba al recreo e intentaba jugar con los demás.

Al terminar las clases, decidí quedarme un momento para terminar algunas tareas. Prefería pasar el tiempo allá y no en mi casa. El estar frente a mi computadora personal me recordaba mucho a Rakugamon, a mi jefe Torkaimon, y a mi servicial “soldado” Onagimon.

En la sala de computadoras de la escuela se encontraban: Rina y Mizuki, dos amigas inseparables de mi misma aula. No sé si esto sirva de mucho, pero Rina era la niña que intentó por todos los medios terminar la pelea entre el botijón de la clase y yo. Mizuki fue la que llamó al director. Ambas se encontraban realizando una pequeña investigación. Si tan solo mi compañero de investigación no se hubiera enfermado de varicela... Pero no puedo quejarme, ese chico era bastante enfermizo. La semana pasada le dio influenza, y hace un mes contrajo dengue. ¿Cómo le hace para ser tan enfermizo?

Por fortuna ya estábamos a punto de ir de vacaciones de semana santa. Dos semanas para no hacer nada. Pero era mejor ponerse las pilas y no dejar las tareas para el último instante.

En las computadoras que se encontraban a una fila al frente de mí estaba otro grupo conformado por Akio y Hiroshi. Akio era el sujeto que me tomó de las muñecas y me dio mis golpes de “bienvenida” al colegio. En cambio Hiroshi era más relajado, generoso y prudente. De hecho era el más destacado de la clase, claro, después del botijón de la clase, quien sólo era el más destacado por ser el consentido de la profesora.

Decidí no distraerme, tenía que terminar pronto la investigación sobre la piratería en las costas del golfo de México. Mientras navegaba con las páginas, de pronto me topé con una página que había visto tiempo atrás: el sitio web del Digital World. Me pregunté de nuevo por qué aparecía esa página frente a mí.

Intenté cerrar la ventana, pero no se dejaba. Miré hacia mis compañeros del frente y noté que ambos tenían la misma página frente a nosotros. Volteé hacia donde se encontraban Rina y Mizuki, y menuda sorpresa la que me llevé al verlas en la misma página. ¿Qué diantres pasaba aquí?

De pronto, mi celular comenzó a sonar.  Al mismo tiempo, escuché cómo los celulares de mis compañeros se activaban también. Esto ya empezaba a dar miedo, aunque quizás no tanto si tenía que tratar con Torkaimon todos los días. Tomé mi celular, y vi que me había llegado un mensaje de texto. Lo abrí y me espanté de lo que decía allí: “Has sido elegido para visitar el Digital World. Tu Digi-ID es el siguiente: 112XXXXXXXX. Introdúcelo en la pantalla que está frente a ti y disfruta tu destino.”

“¿Qué carajos estaba pasando?”, me dije. Curioso, introduje el código en la pantalla de mi computadora, y al oprimir el botón de Acceder, un fuerte destello me cegó por unos instantes. Sentí que caía a un profundo vacío, y de ahí, no supe qué mas pasó...

-Daisuke... Daisuke... despierta Daisuke... -me gritó una voz que, mientras abría los ojos, localicé frente a mí.
-¿Eh? ¿Quién me habla? -contesté desorientado.

Al abrir los ojos, vi a un Digimon (o al menos así Torkaimon me dijo que se denominaban) con una cabeza fragmentada a tal grado que parecía estar hecha de rocas. Al ver al susodicho frente a mí, me levanté sobresaltado pidiendo una explicación.
-¿Quién? ¿Quién eres tú? -grité mientras me recuperaba del susto.
-¡Daisuke! -gritó el Digimon mientras corría directo a abrazarme. -¡Qué bueno que estás bien! ¡Yo creí que estabas muerto o algo!
-No me has respondido a la pregunta que te hice. -dije algo molesto mientras me estrujaba. -¿Quién eres y por qué sabes mi nombre?
-Ah... esto... –me soltó y se quedó pensativo el Digimon. -Mi nombre es Gotsumon, y soy un Digimon de tipo roca.
-¿Go... Gotsumon? -pregunté.
-Sí, y te estaba esperando.
-¿Cómo que me estabas esperando? -le dije mientras pensaba lo peor, que a lo mejor él sabía mi otra identidad.
-Esto... no sé cómo explicarlo... -me dijo Gotsumon. -Sólo te vi caer desde el cielo y me di cuenta que eras tú, mi amigo Daisuke.
-¿Y cómo sabes mi nombre? -pregunté nuevamente.
-Cuando te vi caer del cielo, me di cuenta que tenías aspecto de Daisuke, así que me imaginé que debías ser él. -contestó rotundamente Gotsumon.
-Esto... -le dije un poco mosqueado. -como si “Daisuke” fuera un objeto o algo así...

Gotsumon y yo comenzamos a caminar para ver si encontrábamos algo de ayuda.
-Pero bueno... ¿dónde se supone que estamos? -pregunté, a pesar de que sabía dónde estábamos.
-Este lugar se llama Digital World. -me contestó Gotsumon mientras volteaba a su alrededor. -Estamos en la zona sur del continente Folder. Es una zona muy insegura.
-¿Digital World? -pregunté a pesar de que sabía muy bien esa respuesta. -¿Por qué es insegura? ¿No estamos en Ciudad del Valle?
-¿Ciudad del Valle? -preguntó Gotsumon como si no supiera de qué le hablaba. -¿Qué es una “Ciudad del Valle”?
-Nada, nada, olvídalo. -le dije para que no se sintiera mal. -¿Qué tan inseguro es este bosque? -pregunté mientras volteaba a mi alrededor y lo único que veía eran puros árboles.
-Demasiado inseguro. -contestó Gotsumon asustado al momento que comenzó a relatar. -Hace alrededor de seis meses, esta zona ha estado dominada por tres demonios. Torkaimon, Onagimon y Rakugamon.
-Rakugamon... -repetí en voz baja. Al parecer el nombre de mi otra identidad estaba haciendo eco en el continente.
-Sí, ese es el más peligroso de todos. -me dijo Gotsumon con un poco de miedo. -El sólo escuchar su resoplido me da mucho miedo.
-Si lo cuentas de esa forma, entonces sí debe ser un sujeto malo. -contesté mientras fingía tener miedo para no levantar sospechas. -¿Y qué es el Digital World?
-El Digital World es este mundo que ves. Es donde vivimos nosotros, los Digimon.
-¿Digimon? -pregunté de nuevo para que Gotsumon no pensara que conocía una buena parte de su mundo. -Cada vez que hablas me dejas con más dudas...

Mi réplica fue interrumpida por el grito de una niña.
-¡Auxilio! ¡Quítenme esta cosa de encima! -gritó la niña, quien al yo voltear hacia donde provenía la voz, me di cuenta que era Rina.
-¿Qué pasa Rina? -pregunté un tanto alarmado por sus gritos.

Rina intentó calmarse un poco, pero, supongo que al ver a Gotsumon junto a mí, volvió a gritar con desesperación.
-¿¡Qué es esa cosa tan espantosa!? -gritó Rina señalando a Gotsumon.
-¿¡A quién le llamas “cosa espantosa”!? -gritó Gotsumon enfadado por aquel comentario.
-¡Basta, tranquilos! -intenté tranquilizar a Rina. -Rina, él es Gotsumon. Gotsumon, ella es Rina. -le dije esta vez a Gotsumon mientras le daba una pequeña palmada en la espalda intentando empujar buenas migas entre los dos.
-¡Mu...  mucho gusto! -contestó Gotsumon con total naturalidad.
-Igualmente... -dijo Rina mientras le tendía la mano con algo de miedo.
-Ahora que estás más tranquila, -seguí diciendo. - ¿podrías decirme por qué gritabas tanto?
-Bueno... -me contestó Rina. -Un pájaro feo y rosa me seguía por todos lados.
-¿A quién le llamas pájaro feo y rosa? -contestó un Digimon que venía detrás de ella.

Por el aspecto que noté, supe claramente que se trataba de un Piyomon. Por lo que sabía, los Piyomon son demasiado amigables y no se separan jamás de sus amigos. Y eso lo dejaba notar muy en claro ya que, incluso cuando Rina se ocultaba detrás de mí, Piyomon la seguía.

-Rina, ¿dónde te metiste? -escuché que una niña gritaba. Por la voz, supe claramente que se trataba de Mizuki.
-¡Mizuki, qué bueno que estás aquí! -contestó Rina aún ocultándose detrás de mi espalda. -¡Tengo mucho miedo de todo esto!
-¡Por eso, yo Piyomon, siempre estaré a tu lado para protegerte, Rina! -contestó Piyomon.
-¡De eso tengo miedo! -contestó Rina.

-Tranquila Rina. -le dijo Mizuki en un tono calmo. -No pasa nada, ya verás que pronto regresaremos a casa. Además, estas criaturas son muy amigables. -dijo mientras señalaba a un Patamon volando detrás de ella.
-¡No tienes por qué decir eso, Mizuki! -contestó Patamon mientras se sonrojaba.
-Lo que me extraña y mucho, es que estos personajes se sepan nuestros nombres. ¿No crees, Daisuke? -me preguntó.
-Eso mismo estaba pensando... -contesté mientras adoptaba una pose fingida, que poco a poco se iba desvaneciendo.
-¿A poco están aquí el trío de niñitas? -gritó alguien, al parecer se trataba de Akio.
-¡Tenía qué estar aquí el más odioso de todos! -gritamos los tres al unísono.
-¡Por favor Akio! -contestó un Gaomon quien le seguía. -¡No sea tan malo con ellos!
-¡No soy tan odioso como creen! -nos contestó. -¡Si fuese el más odioso de todos, estaría hecho una bola y sería el sobrino de la profesora!

Al decir eso, nos pusimos a reír todos, excepto los Digimon. Al parecer todos estábamos de acuerdo en que ese tipo era un odioso.
-Esto... contestó otro más que había llegado. Al parecer se trataba de Hiroshi. -¿Alguien podría decirme en dónde estamos?
-Estamos en el Digital World, Hiroshi. -contestó un Digimon con forma de tortuga, el cual según mis pocas informaciones, se llamaba Kamemon.
-Oh, es una tortuga. -contestó Mizuki mientras se acercaba a Kamemon. Éste se ocultó dentro de su caparazón, y al hacer esto, todos nos reíamos.

Pero las risas desaparecieron cuando un fuerte estruendo se produjo en las cercanías de nuestro punto de reunión. “Ojalá no sean...”, me dije a mí mismo con un poco de preocupación.
-¿Qué está pasando? -pregunté alarmado.
-¡Corran! -gritó Patamon. -¡Es Onagimon!
-¿O… Onagimon? –pregunté esta vez con miedo. -¿Qué es un Onagimon?

“Maldición”, me dije a mí mismo. No le había la orden a Onagimon de atacar por ahora. Pero si lo pensaba fríamente, todo encajaba a la perfección. No era normal que un grupo de niños humanos irrumpiera en el Digital World. ¿Podrían ser ellos los “niños elegidos” de los que tanto hablaba Torkaimon? Entonces, ¿qué rayos hacía yo con ellos?

Onagimon comenzó a destruir los árboles y a romper el suelo con sus puños. Eso nos llenó de miedo a todos, incluso a mí. Algo estaba tramando y no entendía nada de lo que sucedía. Decidimos correr, lo más obvio que podíamos hacer.

-¡Onagimon es un esbirro de Torkaimon! –gritó Piyomon.
-¿Y quién es Torkaimon? –preguntó Mizuki mientras todo el grupo seguía corriendo.
-¡Torkaimon es el gobernante de esta zona! –contestó Gaomon.
-¡Y junto con Rakugamon, nos hacen la vida imposible! –gritó Gotsumon.

Nuestra huida fue interrumpida cuando Onagimon se plantó de cara frente a nosotros. Al hacer esto, ese monstruo comenzó a rugir. Kamemon, como era su costumbre, se ocultó dentro de su concha.
-¡Jujujujuju! –comenzó a reír maléficamente Onagimon. -¡Así que estos son los “niños elegidos”! ¡Torkaimon-sama se pondrá tan contento!
-¿”Niños elegidos”? –pregunté en voz alta.

Mis pequeñas sospechas se convertían en realidades, al escuchar la tan enorme afirmación de Onagimon. Pero no lograba entender qué tenía que ver yo en todo esto.

-¿Qué es lo que quieres, Onagimon? –se le plantó Patamon con un aire muy valiente.
-Nada malo. –contestó Onagimon en tono muy calmo. –Sólo charlar con ustedes, llevarlos a la guarida de Torkaimon y matarlos.
-¡Eres un…! –gruñó Gaomon.
-¡Silencio! –gritó Onagimon. Después de eso, se plantó frente a mí, y con una mirada insinuativa, me dijo. -¡Me preguntó qué pensará el jefe Rakugamon cuando se entere de esto!

Al decir esto, lanzó un zarpazo hacia mí, el cual me aventó hacia un árbol golpeándome fuertemente y dejándome aturdido por unos instantes, el tiempo suficiente para que Onagimon me tomara como su prisionero.
-¡Auxilio! ¡Me está apretando fuerte! –intenté gritar del susto mientras Onagimon me estrujaba con su enorme mano.
-¿Qué pensabas hacer, Rakugamon? –me dijo sonriente y en voz muy baja para que nadie escuchara.

Pero por más que intentaba contestarle, la fuerza con la que me apretaba no me dejaba ni pensar mis respuestas con coherencia.
-¡Daisuke! –gritaba Gotsumon asustado a la vez que enojado mientras veía la escena.

Los Digimon lanzaban piedras contra Onagimon, a la vez que los niños intentaban pedir ayuda a los alrededores.
-¡Déjalo en paz, Onagimon! –gritaba Patamon.
-¡Eres un…! –gruñía Gaomon.

Pero a Onagimon, ni las pedradas que recibía Durante el zarandeo que Onagimon me daba, una especie de reloj pequeño, que nunca había visto antes, cayó de uno de mis bolsillos al suelo. Éste artefacto comenzó a despedir una especie de luz blanca brillante a la vez que cálida. La luz cegó a Onagimon por un buen rato mientras lo confundía, algo que logró que me soltara. Gotsumon me atrapó para evitar que me golpeara contra el suelo.
-¿Qué… qué pasó? –pregunté algo confundido.
-¡Angry Rock! –gritó Gotsumon a la vez que de su cabeza salían varias piedras que golpearon a Onagimon. -¡Aléjate de aquí! –me gritó inmediatamente.

Tomé aquella clase de reloj que estaba en el suelo e inmediatamente guardé mi distancia de la zona de pelea. El reloj era pequeño y de color negro. El sólo tomarlo entre mis manos me hizo sentir en mi interior una especie de calidez que no había experimentado desde hacía mucho.

Al mismo tiempo, el resto de mis acompañantes notaron un fuerte brillo de sus bolsillos y de allí tomaron ellos la misma clase de relojes que tenía en mis manos, pero de colores diferentes. El de Hiroshi era azul, el de Akio era verde, el de Rina era violeta y el de Mizuki era amarillo. Instintivamente los cuatro apuntaron la luz que emanaba de esos artefactos hacia Onagimon, al ver eso de igual manera hice lo mismo.

Onagimon apenas comenzaba a recuperar la vista, cuando los rayos de esos artefactos volvían a cegarle.
-¡Air Shot! –gritaba Patamon mientras lanzaba una especie de burbuja de aire hacia el enemigo.
-¡Rolling Upper! –el grito esta vez era de Gaomon mientras daba una especie de giro y se estrellaba contra Onagimon.
-¡Magical Fire! –gritó Piyomon mientras alzaba el vuelo y lanzaba una especie de flama desde sus alas.
-¿Qué  están haciendo esas cosas? –preguntó Akio al ver la danza mágica de poderes entre esas extrañas criaturas.
-¡Nos están defendiendo! –dijo Rina.

Kamemon comenzó a rodar sobre su estómago y se estrelló con la cabeza contra Onagimon. Era tímido, pero a la vez que tímido era fuerte, o al menos eso me comentaba Torkaimon durante las pocas clases acerca del Digital World que me daba a modo de información. Onagimon, al no ver quién le atacaba y no poder atacar de manera coherente hacia los demás, decidió retirarse inmediatamente, no sin antes gritar:
-¡Esto lo sabrá Torkaimon-sama!

Todos corrieron hacia mí preguntándome si me había lastimado alguna parte de mi cuerpo, a lo que yo respondía “Estoy bien” para tratar de no preocuparles. Aunque en el fondo sí estaba preocupado. ¿A qué se refería Onagimon con eso de que Torkaimon-sama se enteraría? ¿Era una amenaza para todos? ¿O se estaba refiriendo específicamente a mí? Tenía que hablar con Torkaimon pronto, pero no podía irme.
-¿Cómo podemos irnos de aquí? –preguntó Hiroshi.
-La única manera de cruzar este mundo es yendo hacia la Digital Border. –explicó Gotsumon. –Allí se alojan los Vigilantes de la Frontera. Son muy amigables, pero tienen prohibido el paso de cualquier Digimon al mundo humano y viceversa.
-¿E… está muy lejos de aquí? –preguntó Mizuki.
-Un poco, son como cuatro días de caminar.
-¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé!? –gritamos todos al escuchar las palabras de Gotsumon.
-¡Quiero irme a casa ahora! –gritó Rina.
-¡Mis papás no estarán hoy en casa! ¡Tengo que estar allí a fuerzas! –protestó Akio.
-Tranquilos, chicos. –les dije para intentar calmarles. –mientras estemos juntos nada pasará. Además… -dije al señalar a nuestros amigos no-humanos. –tenemos a estas criaturas para que nos defiendan.
-Tienes razón, Daisuke. –dijo Gotsumon mientras orgulloso se mostraba ante los demás.
-Pero esos tres demonios son persistentes. –contestó Kamemon, quien no había pronunciado casi palabra alguna durante nuestra travesía. –En cualquier instante podrían venir y atacarnos nuevamente.
-Entonces tenemos que apresurarnos y llegar hacia ese lugar. –contestó Hiroshi.

Todo el grupo asintió con la cabeza. Y así comenzamos nuestra marcha, siendo nuestros amigos los guías hacia la zona. Esto me estaba fastidiando. ¿Cómo podría escapar para ir hacia el castillo de Torkaimon y presentar mi informe del día?

Mientras tanto, todos apreciábamos la extrañeza de la zona. Durante la travesía encontramos un tramo completo lleno de televisores, pero ninguno tenía botón de encendido alguno. En otro trozo del camino encontramos consolas de videojuegos de color blanco con un sector verde. Akio en ocasiones hacía bromas sobre lo que veíamos.

Ya estaba anocheciendo, así que decidimos acampar cerca de un río. A pesar de la extrañeza del caudal, el cual parecía llevar bloques de agua pequeños, pudimos meternos en el río y darnos un baño que en verdad necesitábamos. De noche, todos acampábamos cerca de una fogata, e intentábamos dormir como se pudiera. La soledad de estar en un mundo que no conocíamos (o al menos ellos no conocían), nos hacía sentir pequeños y asustadizos.

Pero yo no estaba preocupado por regresar a casa. Más bien, estaba preocupado por hablar con Torkaimon-sama lo antes posible. No pude dormir esa noche, así que mientras ellos dormían, me escabullí sigilosamente tratando de no hacer ruido, y caminar algunos metros hasta que no pudieran verme. Me escondí detrás de un árbol. Torkaimon-sama me había dado una aplicación útil que podía instalarse en un celular y con unos cuantos botones, ir directo a su guarida.

Pero no encontraba mi celular, no lo veía por ningún lado, a pesar de que recordaba llevarlo conmigo antes de caer a este mundo. Lo que encontré en su lugar fue ese extraño reloj. Intenté revisarlo para ver qué traía, y encontré varios menús. El primero decía “Digimon camarada”. En él encontré la información de Gotsumon, y más abajo aparecía la información de Rakugamon. No entendía nada de lo que tenía en mis manos.

Indagando más a fondo pero de una manera rápida, encontré lo que buscaba. La forma de ir hacia el castillo de Torkaimon. Y con sólo oprimir un botón, caí inmediatamente frente a Torkaimon. Intenté presentar mi informe del día de hoy, pero un tremendo golpe que me envió hacia el fondo del castillo me dejó aturdido y asustado.
-¿¡Cómo que eres uno de los niños elegidos!? –gritó Torkaimon mientras me veía rodar por el piso.
-No entiendo de qué me habla, Torkaimon-sama. –intenté contestar del miedo.
-Onagimon ya me informó lo que hiciste. Lo atacaste y lo dejaste imposibilitado para atacar. ¿Crees que puedes traicionarme así?
-No le he traicionado, Torka… -intenté contestar, pero al ver que mi jefe lanzaba un rayo hacía mí, el cual quebró el muro, corrí con todas mis fuerzas para apartarme del sitio.

Torkaimon corrió hacia mí, y viéndome frente a frente, me dijo:
-Mira, Rakugamon. Sabes bien lo que le puede pasar a tu querida madrecita si llegas a traicionarme. Así que ve pensando bien de qué lado te conviene estar.
-Torkaimon-sama… -intenté contestar lo más apresuradamente posible. –Yo no sabía que esos sujetos eran esos niños de los que usted hablaba tanto. Y tampoco sabía que yo lo fuese…

Torkaimon se dio media vuelta asqueado y caminó hacia su sillón.
-¡Torkaimon-sama! –grité.
-¿Qué quieres idiota? –me gritó Torkaimon.
-Tengo un plan para aprovechar lo que ha pasado.
-Y dígame, señor Rakugamon, ¿cuál es su plan?
-Si de verdad soy uno de esos niños elegidos, entonces puedo aprovechar mi situación para espiarles internamente. Podré estar demasiado cerca del enemigo, podré enviarle a usted todo lo que ellos vayan a planear y a dónde irán. En cualquier instante que estén debilitados, puedo apartarme de su grupo, mostrar mi otra cara y aniquilarlos. Nadie podrá desconfiar de mí.
-¿Estás seguro de poder hacerlo? –preguntó Torkaimon.
-Por supuesto, Torkaimon-sama. De eso no se preocupe. Y dígale a Onagimon que no intente atacarme, que por más que parezca estarles traicionando, en realidad sólo seré un agente encubierto.

Así me despedí de Torkaimon, y regresé hacia donde se encontraban los demás. Noté que ninguno se había despertado, y eso era de lo mejor. Esperaba poder cumplir a cabo mi objetivo de eliminarlos. Pero no sabía si podría hacerlo. Sólo esperaba que el estar varios días más junto a ellos no desencadenara una amistad con ellos ni con Gotsumon. Pero por ahora sólo restaba dormir.

Continuará…


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #2 en: Abril 30, 2009, 22:32:06 »
Tercer capítulo...
Spoiler de el capítulo 03:
03.- Un día más lejos del hogar.

-¡Torkaimon-sama! -grité entre sollozos. -¡Por favor no lo haga! ¡He cumplido mi parte del trato!
-¡Esto te enseñará a jamás traicionar a un demonio! -gritó Torkaimon a la vez que rompía el tubo donde se encontraba encerrada mi madre, la tomaba por completo y la lanzaba desde un precipicio perdiéndola de vista.


--------------------------------------------------------------------

Desperté sobresaltado después de haber visto una escena que parecía demasiado real entre mis más grandes pesadillas. Estaba consciente de que eso sucedería si no me apresuraba a cumplir mi propósito. Tomé aquel extraño reloj para ver los datos de aquellos seres que podía manejar ahora y me detuve al ver la imagen de Rakugamon frente a mí. Me sentía extraño estar en un grupo donde sabía que debía traicionarles tarde o temprano. Debía ganarme la confianza de todos, eso no era difícil. Quizás lo más difícil era tratar de no hacer amistades con nadie para que la traición no me doliera tanto.

Miré a mi alrededor y vi a todos todavía durmiendo. Akio y Hiroshi dormían separados. Hiroshi como siexmpre, parecía tener miedo, aunque no me esperaba lo mismo de Akio. Siempre pensé que era un tipo que no le tenía miedo a nada y que con su fuerza podía conquistar lo que quisiera. Rina y Mizuki dormían abrazadas. Rina había estado llorando toda la noche, y eso podía notar en las lágrimas secas que parecían estar escurriendo de sus mejillas. La verdad, entendía a la perfección cómo se sentían todos. Estábamos en un mundo diferente, sin posibilidad de regresar a casa por ahora, separados de nuestros padres y de nuestras madres...

“Madre”, pensé. En ocasiones me escabullía hacia los calabozos del castillo de Torkaimon e iba a visitar a mi madre secuestrada. No me contestaba ni me escuchaba, pero su rostro lucía tan angelical como siempre lo conocía. En ocasiones lloraba, y en otras maldecía a Torkaimon. Hasta ahora no me había puesto a valorar lo poco que tenía. Era cierto que mis padres nunca me prestaban atención, pero aún así los quería. Por eso haría todo lo posible para no ver a mi padre o a mi hermanita sufrir.

Dejé mis tristes pensamientos a un lado y regresé a la “realidad” donde me encontraba. Miré hacia el cielo y vi quizás el más bello de los amaneceres que me hubiese tocado ver. Era un extraño amanecer de color verde. Mientras ellos dormían, me dirigí hacia el río. No podía ver bien mi rostro en el agua, se veía como cuadriculado. Bebí un poco de esa agua, y luego me lavé la cara. No era momento de pensar en mi doble ocupación, debía actuar lo más natural posible.

Pero no pude contener las lágrimas y comencé a llorar, mientras con mis puños golpeaba el agua del río y en silenció repetía una y otra vez en mi mente “Maldito Torkaimon”.
-¿Qué estás haciendo, Daisuke? -me preguntó Gotsumon, quien había llegado al lado mío.
-Yo... yo... -le inventé para no decirle que nada me pasaba y no desconfiara. -quiero volver a casa, me pregunto cómo estarán mi hermana y mi papá.
-Tranquilo Daisuke, que para eso estoy aquí. -me contestó Gotsumon mientras orgulloso se daba golpes en el pecho. -Pronto llegaremos al Digital Border y podrán regresar.
-Eres extraño cuando hablas así. -le dije mientras me secaba las lágrimas.
-¿Cómo que soy extraño? -se enfadó Gotsumon.
-¡Era broma! ¡Era broma! -contesté apresuradamente mientras le salpicaba algunas gotas de agua provenientes del río.

Eso se transformó de pronto en una guerrilla de agua, en la que ambos al final terminamos empapados en el río. Nuestras risas habían despertado a los demás.
-¡Heh! ¡Queremos irnos desde temprano y lo único que hacen es jugar en el río! -protestó Gaomon al vernos, llevándose las manos hacia la cintura.
-¡La comida ya está lista! -gritó Hiroshi desde lo lejos.
-¡Ya vamos! -grité. Cómo se nota que el tiempo se fue rápido mientras me sumía en mis pensamientos.

Llegamos a nuestra mesa improvisada que nuestros amigos digitales habían puesto y nos dispusimos a desayunar. Akio nos contó que había salido con Mizuki a buscar provisiones cuando de pronto se toparon con un refrigerador lleno de queso y tortillas de harina, así que mientras algunos se dedicaban a preparar quesadillas, otro grupo hacía fondue con un trasto improvisado.

La charla durante el desayuno fue amena y todo. Pero teníamos que comer rápido pues “nuestra” prioridad era regresar al mundo real. Como siempre, las protestas por parte de Rina no se hicieron esperar.
-¿Cuánto falta para llegar?
-Trata de no quejarte tanto, Rina. -le decía Mizuki.
-En esta dirección está una aldea de Tanemon. -contestó Patamon.
-¿Aldea de... Tanemon? -pregunté de una forma más que fingida.
-Sí. Son unos tipos muy amigables. -contestó Gaomon. -Aunque no sé cómo contesten cuando lleguemos. Esos demonios atacaron su aldea hace unos días.
-No creo que nos acepten de buena gana. -contestó Akio.
-Creo que si nos presentamos como amigos... -contesté, pero una fuerte explosión interrumpió mi charla.
-¡Ocurrió en la aldea de los Tanemon! -gritó Gotsumon.
-¡Vamos! -gritó Hiroshi.

La aldea de los Tanemon estaba justo después de cruzar un río. Para fortuna de nosotros, había un puente que nos llevaba al otro lado del río. Al cruzar el puente, vimos una tremenda humareda que se elevaba por los cielos. Todo el grupo corrió inmediatamente hacia un grupo de Tanemon que llevaban en sus cabezas baldes de agua para contener el incendio.
-¿Qué está pasando aquí? -pregunté a uno de los habitantes de la aldea.

Aquel Tanemon me miró fijamente, a tal grado de sentirme intimidado. En ese momento, varios Tanemon más se acercaron hacia el que estaba frente a mí, en plan de no muy buenos amigos.
-¡Enciérrenlos! -gritó el que estaba frente a mí.
-¿¡Qué!? -grité asustado.
-¡No somos los que..! -intentaron explicar mis “amigos”, pero nada de eso les bastó a la aldea para llevarnos en pequeñas celdas, adaptadas a la perfección para los Tanemon, pero totalmente pequeñas y apretadas para nosotros. No resistimos a nuestro arresto para no regarla más.
-¿Pero qué está pasando aquí? -pregunté con un nudo en la garganta pensando en que sabían algo más de mí.
-¡Sáquennos de aquí! -gritaba mi “compañero” de roca.
-¡Quiero irme a casa! -gritaba Rina.
-¡Debe haber una explicación para tenernos encerrados! -decía Hiroshi.
-¡Quiero un abogado, pero que sea humano! -gritaba Akio.
-¡Silencio! -gritaba de manera chistosa pero seria un Tanemon.
-¿¡No serán estos los sirvientes de Torkaimon!? -preguntó otro Tanemon.
-Seguramente. -dijo otro. -Pero fueron más fáciles de capturar que cualquier otro.

“Mierda, lo saben...”, me dije para mí mismo.

-¿To... Torkaimon? -preguntó Gotsumon.
-¿Acaso ese maldito tipo hizo esto? -gritó Gaomon.
-Fue un sujeto verde con un martillo en la espalda. -gritó otro Tanemon.
-Onagimon... -dije en voz baja. Cómo se notaba que a Onagimon no le gustaba que se burlaran de él, y mucho menos de la forma tan estúpida como había sido vencido por esta aldea.
-¿Acaso lo conocen? -preguntó el Tanemon de la “prisión”.
-Nos atacó el día de ayer. -contesté. -¡Pero no somos aliados de Torkaimon!

En ese instante, un Palmon, quien al parecer era la líder de la aldea, dio la orden de liberarnos.
-¡Bienvenidos! -nos dijo Palmon. -Disculpen la descortesía de los Tanemon. Es la segunda vez que la “Tropa de Torkaimon” nos ataca. Para disculparnos del error cometido, les podemos dar una corta estancia en nuestro estadio.
-¿En el estadio? -preguntó Mizuki.
-Sí, -nos contestó Palmon. -El estadio es el único lugar de su tamaño donde pueden tener una estancia.
-¿De verdad? -preguntó Piyomon.
-¡Es usted tan buena, señorita Palmon! -contesté agradecido.
-Muchas gracias. -contestó Palmon sonrojada y llevándose una mano hacia atrás de su cabeza.

En unos minutos habíamos llegado a lo que llamaban “estadio”. La verdad no era tan grande. De hecho no era grande.
-¿Esto es el estadio? -preguntó Patamon.
-Está del tamaño de mi habitación. -les comenté.

Lo único que recibí como contestación fue un silencio breve y después:
-Quiero ir a casa. -contestó Hiroshi.
-Yo también. -contesté con toda honestidad y con la cabeza baja.
-Qué les parece si descansamos un poco. -contestó Mizuki siempre con su intento de calmarnos a todos.

Obviamente todos contestamos que sería una buena idea. En un principio acordamos en quedarnos sólo unas horas en lo que descansábamos algo, y luego retomaríamos nuestro camino hacia el Digital Border. No tardamos ni media hora en descansar cuando decidimos entre todos salir al exterior y recoger algo de provisiones. Acordaríamos ir cada uno con nuestro nuevo compañero y regresar al mediodía.

-¿Gotsumon? -pregunté a mi amigo de roca mientras me fijaba en unas matas.
-Dime Daisuke. -me contestó.
-¿Qué te parecen estas bayas? -le pregunté.
-Se ven apetitosas. -me dijo al mismo tiempo que noté cómo se le hacía agua la boca.
-Entonces las guardaré. -contesté mientras metía las bayas en una bolsa.
-Espérame un momento. -me contestó Gotsumon mientras me señalaba hacia un árbol que extrañamente albergaba un montón de frutas diferentes. -Acabo de encontrar unas frutas que están en ese árbol.
-De acuerdo. -le contesté. La oportunidad perfecta.

Mientras Gotsumon corría hacia aquel árbol, yo me escondí tras otro árbol cercano a mí. Tomé ese extraño reloj y busqué alguna forma de comunicarme con mi “subordinado”. Por fortuna lo encontré a tiempo, era hora de idear un plan rápidamente, y en eso era un experto.
-Onagimon... -dije en voz baja.
-Qué quieres, Rakugamon- me contestó de muy mala gana.
-Rakugamon-sama para ti, -le dije un poco enojado. -que no se te olvide.
-De acuerdo, Rakugamon... sama... -me contestó Onagimon apretando los dientes.
-Bien. -contesté rotundamente. -Tenemos una oportunidad para deshacernos de esos niños elegidos. Esto es lo que debes hacer...
-¡Angry Rock! -escuché gritar a Gotsumon para bajar los frutos.

-------------------------------------------------------------------

Rina y Piyomon habían ido a otro sector del bosque. En comparación a mi “equipo”, ellas dos no se separaban ni por un instante. Adjudicaba eso al enorme sentimiento de amistad que albergaba Piyomon, pero también le echaba la culpa al miedo de Rina de no quedarse sola.
-¿Por qué te pegas mucho a mí? -preguntó Piyomon. Era extraño en esa clase de Digimon, puesto que ellos aman mucho la compañía.
-Porque no quiero estar sola. -contestó Rina muy alegre.
-Al menos no me has llamado “cosa espantosa” el día de hoy. -dijo Piyomon a la vez que recogía algunos frutos secos.
-No quería ofenderte, Piyomon. -contestó Rina muy apenada por su actitud de ayer. -Es que... quiero irme a casa... mi mamá y mi papá... Piyomon...
-¿Dime Rina?
-¿Tú tienes mamá y papá?

Piyomon se mantuvo callada unos instantes. Quizás esa pregunta fue algo hiriente para ella.
-Yo... no sé qué es eso... -dijo Piyomon con la cabeza baja.
-¿No tienes padres, Piyomon?
-No recuerdo nada de tener “padres”. -contestó Piyomon apenada. -Desde que tengo la habilidad de recordar cosas, mi único deber ha sido buscarte a ti, Rina.
-¿Te gustaría vivir en mi casa, Piyomon? -preguntó Rina al venírsele esa idea a la cabeza.
-¿De verdad? -preguntó Piyomon completamente emocionada.
-Aunque no sé cómo lo tomen mis papás...

--------------------------------------------------------------------

Cada grupo se reunió como habíamos acordado, al mediodía, en el estadio de los Tanemon, para traer lo que habíamos encontrado. Nuestro grupo, aunque todo el trabajo fue de Gotsumon, trajo un montón de frutas de lo que me comentaron se llamaba “árbol multifruta”. Akio y su Gaomon trajeron rebanadas de pizza de todo tipo de un árbol de pizza. Rina y Piyomon trajeron frutos secos, mientras que Mizuki y Patamon llevaban frituras que habían encontrado en otro refrigerador. Los más raros fueron Hiroshi y Kamemon, quienes traían en enormes envases, litros de té helado sabor a limón.

Nos repartimos cada una de las cosas para llevarlas en partes iguales y que la carga no fuese tan pesada.  Íbamos a despedirnos de los Tanemon y de la jefa Palmon, cuando de pronto un fuerte estruendo desvió nuestra atención. Volteamos hacia el estadio, y además de ver a los Tanemon huyendo de la zona, vimos a un sujeto con un enorme martillo en la espalda. Onagimon, tenía qué ser.

-Vaya, vaya. -gritó Onagimon al vernos. -Así que son los tontos elegidos.
-¿Qué es lo que quieres, Onagimon? -gritó Gotsumon en un tono desafiante.
-Matarlos, y hacer de Torkaimon-sama el más grande rey del Digital World.
-Vete de aquí, Onagimon. -grité intentando hacerme el valiente.
-Tú... muchachito... -murmuró Onagimon, al momento que con una mano me tomaba por completo.

Corriendo, me llevó por el bosque. Mientras tanto, yo gritaba. Mis “amigos” gritaban cosas como “Maldito Onagimon”, o “Suelta a Daisuke, engendro”.
-Bien, Onagimon. -dije en voz baja mientras me llevaba como “rehén”. -Ahora a la tercera fase del plan.
-¿Podrá hacerlo solo, Rakugamon-sama? -preguntó Onagimon de la misma manera.
-Por supuesto... -le dije mientras esbozaba una enorme sonrisa maléfica.

Debía concentrarme y no perder la calma.
-Ahora... le dije en voz baja a Onagimon.

Onagimon me lanzó muy lejos de donde nos encontrábamos. “Mantén la calma”, me repetía una y otra vez. Tomé ese extraño reloj de mi bolsillo, rápidamente busqué la información de Rakugamon, y con un solo movimiento de botones, y a punto de caer detrás de una montañita de rocas, me vi transformado en ese horripilante ser.
-Suerte, jefe. -me dijo Onagimon a la vez que desaparecía y me dejaba todo el trabajo sucio a mí.

Decidí esconderme y correr rápidamente hacia otra zona cubierta por las rocas, para así sorprenderlos y atacarles. Mis “amigos” habían llegado hacia los montículos enormes de roca, buscando algún indicio mío.
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon.
-¿Estás bien? -preguntó preocupada Mizuki.
-¿Dónde estás? -volvió a preguntar Gotsumon.
-¡Así que ustedes son los “niños elegidos”! -grité con una estruendosa voz producto de la metamorfosis y volaba para mostrar mi rostro ante los demás. -¡Pensé que eran tan poderosos como Torkaimon-sama me decía! ¡Pero sólo son un grupo de niñitos asustados!
-¡Es...! ¡Es Rakugamon! -gritó Patamon.
-¡Oh no! -gritaba Gotsumon terriblemente asustado mientras se llevaba las manos a la cabeza.
-¿Dónde tienes a Daisuke? -gritó Hiroshi.
-¿Daisuke? -pregunté. -¿Quién ese tal Daisuke? Ah, se refieren a ese niño secuestrado por mi oficial. Seguramente debió dejarlo tirado por ahí.
-¡No te hagas el tonto! -gritó Gotsumon. -¡Devuélvenos a Daisuke! ¡Angry Rock!

Con un movimiento de mano desvié el ataque de Gotsumon.
-¡No puede ser! -gritó Gotsumon asustado.
Y con otro movimiento de mano aventé a Gotsumon unos metros atrás.
-¡Red Blast! -grité mientras abría mi boca y de ella salía una impresionante ráfaga de luz roja que, al impactar sobre el suelo, hizo abrir un enorme hueco.

Los niños y sus compañeros digitales inmediatamente corrieron despavoridos para tratar de huir de mí.
-¿Por qué nos atacan? -preguntaba Rina despavorida.
-¿Que por qué les ataco? -pregunté disfrutando el momento. -Te diré por qué. Porque a Torkaimon-sama no le gustan los metiches, aquellos que interfieren en sus planes. Él desea dominar el Digital World, y ustedes son aquellos que lo detendrán.
-¿Niños elegidos? -preguntó Hiroshi.

No dije nada. Preferí mantenerme callado y tomar como rehén a Rina, quien no paraba de gritar y de morder mi mano. De un momento a otro, una turba de Tanemon liderada por su jefa Palmon comenzaron a atacarme. Los Tanemon con sus burbujas, y Palmon con su “Poison Ivy”. Pero nada de eso me hacía daño. No tenía que hacer más esfuerzo que dar un manotazo para dejarlos fuera de combate.
-Daisuke... Rina... -comenzaba Gotsumon a alarmarse.
-¡Suéltame monstruo! -gritaba Rina a la vez que forcejeaba y lloraba para que la soltara.
-Rina... -gritaba Piyomon desesperadamente.

Fue en uno de sus desesperados gritos, que extrañamente algo sucedió en Piyomon. De un instante a otro se transformó en un enorme pájaro de fuego, como si se tratara de los famosos fénix de los cuentos fantásticos, mientras escuchaba un grito que más o menos recitaba así. “Piyomon shinka... Birdramon”. Un enorme destello provino de uno de los bolsillos de la blusa de Rina, el cual me cegó por un instante.

Anteriormente había visto ese destello, la primera vez me daba un sentimiento de seguridad, como si me abrazara y me acurrucara, pero esta vez sentía cómo mis ojos se quemaban y me dejaba indefenso. Del fuerte ardor que sentí, solté a Rina y me llevé las manos hacia mis ojos. Birdramon actuó con rapidez y atrapó a Rina antes de que cayera al suelo.
-¿Piyomon? -preguntó Rina recuperándose del susto. -¿Eres tú?
-Tranquila Rina. -dijo Birdramon. -Yo te protegeré de Torkaimon y sus secuaces.

Birdramon dejó a Rina junto a los demás. Todos estaban sorprendidos de lo que acababan de ver, ¿cómo algo podía cambiar tan rápidamente de aspecto y forma?
-¿Pero cómo hizo eso? -preguntó Akio.
-Se llama “evolución”. -contestó Gotsumon mientras daba ánimos a Birdramon. -¡Vamos Birdramon! ¡Vence a ese monstruo!

Yo apenas empezaba a recuperarme del ardor de aquella luz, cuando me vi frente a Birdramon.
-¡Meteor Wing! -gritó mientras de sus alas salían unas enormes bolas de fuego y se impactaban en mi pecho.
Retrocedí al sentir los ataques de aquel pájaro. Intenté golpearlo de nuevo pero mis movimientos eran bastante lentos, lo que Birdramon aprovechó para lanzar de nuevo su ataque de Meteor Wing, pero esta vez a mis espaldas, lo que me hizo caer al suelo.
-Ríndete, Rakugamon. -me dijo desafiante Birdramon al ponerse frente a mí.
-Maldito... -refunfuñé.
-¡Qué bien! -se emocionó Hiroshi.
-¡Lo tenemos! -gritaba Gotsumon a la vez que saltaba.

Con algunas de mis fuerzas, y declarándome por vencido, decidí volar, no sin antes despedirme con un:
-Me han vencido esta vez, ¡pero para la próxima no será así! ¡Ya lo verán!

Me alejé con rapidez hacia una dirección distinta a donde había caído anteriormente. Hasta perderlos de vista entre la espesura del bosque, me deshice de este disfraz y salí corriendo hacia la zona donde, supuse, debí haber caído. No fue difícil fingir el dolor, puesto que los golpes recibidos me dolían levemente. Mis amigos, en vez de seguir a Rakugamon, prefirieron ir hacia donde Onagimon me había “arrojado”. Y allí me vieron, tendido, fingiendo dolor para evitar levantar sospechas.
-¿Cómo te encuentras, Daisuke? -preguntaban todos preocupados por mí.
-No... no recuerdo... qué pasó... -dije con un fingido aturdimiento.
-¡Qué bueno que estás bien, Daisuke! -lloraba Gotsumon mientras me abrazaba con cuidado.
-Tranquilo, Gotsumon. Sólo son unos rasguños. -le contesté para consolarlo.
-¡Deberías haber visto lo que pasó! -exclamaba Akio mientras hacía ademanes con sus brazos. -¡Piyomon se transformó en un enorme pájaro de fuego!
-¿De verdad? -pregunté. -Eso... me gustaría verlo...
-Bueno, mejor vámonos hacia la aldea de los Tanemon para que curen las heridas de Rina y de Daisuke. -comentó Hiroshi.

Llegamos allí, y los Tanemon amablemente atendieron nuestras heridas. El resto de mis “amigos” tomó las provisiones y se dispusieron a ir, no sin antes consultar a la jefa Palmon para tomar la siguiente ruta más corta hacia el Digital Border. Ella nos saludó, nos felicitó por haber detenido a Rakugamon y por defender la aldea. Nos dieron una mención honorífica y nos dijeron que en cualquier instante podíamos ir y visitarles.

De tanto ajetreo durante y después del ataque de las “Tropas de Torkaimon”, pasaron las horas hasta que empezó a atardecer. No había más tiempo qué perder, tendríamos que caminar hasta que cayera la tarde y acampar durante la noche. En el camino hablábamos sobre lo que había pasado y me “ponían al corriente” con la evolución de Piyomon. Pero como siempre, yo me encontraba sumiso en mis pensamientos. Esto no estaba yendo bien. Si los Digimon compañeros de los “niños elegidos” podrían evolucionar, tendríamos que atacar en grupo. No quedaba de otra.

-“Hey... niños...” -pudimos escuchar como si se tratara de una voz lejana.
-¿De dónde viene esa voz? -pregunté.

Todos volteábamos para ubicar la localización de esa voz, cuando nos dimos cuenta que a la derecha del sendero que recorríamos, había un televisor que estaba funcionando y que, a pesar de la estática y la “nieve” de la señal, pudimos identificar un rostro allí, probablemente de un Digimon.
-¡Es de la televisión! -gritó Gaomon.
-Sí, niños. Aquí en la televisión. -dijo de nuevo la voz.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #3 en: Mayo 16, 2009, 17:23:45 »
Spoiler de el capítulo 04:
04.- Revelación. La determinación de Hiroshi

-¡Es de la televisión! -gritó Gaomon.
-Sí, niños. Aquí en la televisión. -dijo de nuevo la voz.

Todos corrimos hacia frente la televisión y, a pesar de la estática y la “nieve” de la señal, pudimos reconocer a un extraño Digimon de color rosa en forma de esfera, enormes ojos, unas pequeñas alas y un enorme bastón sujetado a una de sus manos.
-¿Quién eres tú? -le pregunté esperando a que me escuchara y me contestara.
-¿¡Cómo te atreves a hablarme así *pi*!? -gritó aquel Digimon. -Mi nombre es Piccolomon-sama para ti *pi*.
-¡Hum! -dije mientras volteaba a otro lado para mostrar mi descontento. Como si no tuviera suficiente con el maldito Torkaimon...
-¿Pi... Piccolomon? -preguntó Gotsumon. -¿Piccolomon, el de los castillos del norte del continente Folder?
-El mismo que viste y calza *pi*. -contestó Piccolomon orgulloso de sí mismo.
-¿Y por qué nos habla usted, Piccolomon-sama? -preguntó Gotsumon arrodillándose ante él.
-¿Piccolomon-sama? -pregunté. -¿Acaso es tan importante por aquí?
-¡Háblame con más respeto, niñito *pi*! -gruñó Piccolomon.
-¿Qué dijiste, bola rosada? -grité enfadado hacia el televisor.

Al escuchar eso, todos los Digimon que nos acompañaban intentaron inmovilizarme para tratar de no meter más la pata.
-¡Daisuke! ¡Tranquilo! -gritaba Gotsumon.
-¡No haga a enfadar a Piccolomon-sama! -gritaba Gaomon.
-¡Más respeto a Piccolomon-sama! -intentaba Patamon tratando de apaciguarme.
-¡Piccolomon-sama era el antiguo rey del continente Folder! - intentaba Piyomon explicarme.
-¡Disculpe a nuestro acompañante, Piccolomon-sama! -se disculpaba Kamemon frente a Piccolomon. - ¡No sabe lo que hace!
-¡Ya me di cuenta *pi*! -contestaba Piccolomon mientras aclaraba su voz. -Pero no estamos aquí para pelearnos con un niño elegido *pi*.
-Esa es una duda que tenemos, señor Piccolomon. -contestó Mizuki al escuchar ese título descriptivo. -¿Por qué nos llaman “niños elegidos”?
-¡Es cierto! -contestó Rina. -¡Onagimon y Rakugamon siempre nos dicen “niños elegidos”!
-¿Han peleado con Onagimon y con Rakugamon *pi*? -preguntó Piccolomon algo asombrado.
-¡U... un poco, señor! -contestaba Hiroshi con algo de respeto.
-Eso indica que ustedes son los niños elegidos *pi*. -contestó Piccolomon en un tono rotundo. -Un Digimon común y corriente no podría vencer a semejantes demonios *pi*.
-¿Pero qué es eso de los niños elegidos, señor Piccolomon? -preguntó Rina intentando rescatar la pregunta de su amiga.
-Esa es una pregunta que puedo explicar *pi*... -comenzó Piccolomon a relatar. -Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que un grupo de humanos vino a estas tierras *pi*. Torkaimon era el dueño de todo el mundo en ese entonces, nos sumió en un aura gris de desesperación*pi*. -al decir eso, parecía ser que a Piccolomon se le trababan las palabras. -Esos tres demonios sembraron el pánico en todo el Digital World *pi*. Día y noche rezábamos a Yggdrasil para que viniera alguien a salvarnos *pi*.
-¿Y qué pasó después? -preguntó Mizuki.
-Cuentan las más antiguas leyendas que un grupo de niños humanos vino hace cientos de años. -contestó Patamon. -Gracias a ellos, se pudo vencer a esos tres demonios.
-Torkaimon y Onagimon fueron asesinados. -contestó Piyomon. -Y Rakugamon fue confinado a una prisión capsular de la que pensábamos jamás podría salir.
-Así que es por eso... -medité en voz alta.
-¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó Gotsumon.
-No, nada, nada... jejeje... -contesté inmediatamente para no levantar sospechas.
-Pero si fueron asesinados, ¿cómo es que están aquí? -preguntó Akio al escuchar eso.
-Los Digimon vuelven en forma de Digitama cuando mueren. -contestó Kamemon, tan callado como siempre era. -Y por lo general sus recuerdos de vidas pasadas se borran para siempre.
-Pero a veces hay excepciones. -dijo Gaomon. -Y creo que esta es una de ellas.
-Torkaimon sabe que los humanos de aquella época fueron los que interrumpieron sus planes *pi*, y por eso buscará por todos los medios eliminarles *pi*. -contestó Piccolomon desde la televisión.
-¿Pero por qué nosotros? -preguntó Rina intrigada. -¿Por qué estamos aquí y por qué tenemos que enfrentarnos a esos monstruos?
-¿Alguno de ustedes se ha rendido en el tiempo que llevan en el Digital World *pi*? -preguntó Piccolomon.

Ante eso, se formaron algunas murmuraciones, nadie sabía responder a la pregunta. Pero la respuesta estaba más que clara, por más que esos sujetos intentaban “atacarnos”, siempre salíamos librados por alguna razón. Y seguíamos viajando.
-Antes que nada, ¿todos tienen sus Digivices *pi*? -preguntó nuestro “amigo” de rosa.
-¿Digivice? ¿Qué es eso? -pregunté mientras de mi bolsillo tomaba ese extraño aparato.
-¡Eso *pi*! ¡Eso es un Digivice *pi*! -gritaba emocionado Piccolomon al ver el reloj que tenía entre mis manos.

Al escuchar eso, el resto de mis acompañantes sacó sus “Digivices”.
-Sí, creo que todos tenemos uno. -contestó Hiroshi por nosotros.
-Perfecto *pi*. -contestó Piccolomon con mucha seguridad. -Entonces no hay duda de que ustedes son aquellos que detendrán a Torkaimon *pi*.
-¿Y por qué lo debemos hacer? -pregunté gritando en una manera desafiante. -¿Por qué nosotros? ¿No podían ser otras personas?
-Daisuke, cálmate. -decía Gotsumon mientras intentaba calmarme.
-Eso ha sido un designio de Yggdrasil, la palabra ya se ha dado *pi*. -contestó Piccolomon sin responder a mi pregunta.
-¿Y por qué no te designó a ti en vez de traernos a nosotros a este extraño mundo? -grité nuevamente molesto.

¿Por qué gritaba así? Porque estaba harto de este extraño mundo. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo el que llevara una doble vida ante los demás? Quizás si no me viese metido en este tremendo lío, no me molestaría ni un tanto lo que me estaban diciendo. No estaba molesto porque quisiera regresar a casa, aunque en el fondo eso fuese lo que más quería, sino porque estaba involucrado en ambos bandos.

Al parecer, ese comentario pareció muy hiriente para mis compañeros Digimon, puesto que al voltear hacia ellos, sólo vi sus rostros sorprendidos, y una invitación a la calma por parte de Hiroshi.
-Eso es lo que más quisiera hacer *pi*. -contestó Piccolomon con la cabeza (y la totalidad de su cuerpo) baja y con una voz que parecía que en cualquier momento empezaría a llorar. -Torkaimon me tiene encerrado en un calabozo en su castillo *pi*... Incluso es riesgoso hablarles por este medio *pi*.

Al escuchar eso instintivamente apreté los puños y fruncí el ceño. ¿De verdad Torakimon era tan malo como me lo imaginaba? Y lo peor de todo era que le estaba ayudando...
-¿Dónde se encuentra el castillo, Piccolomon-sama? -pregunté cambiando mi semblante.

Esta vez las miradas de mis compañeros fueron de sorpresa ante tal pregunta.
-¿Qué dijiste? -preguntó Mizuki alarmada.
-Torkaimon o sus secuaces están detrás de nosotros. -contesté rotundamente. -Tarde o temprano querrán eliminarnos, vayamos a donde vayamos. Quisiéramos o no, estamos destinados a eso. ¿No es así, Piccolomon-sama?
-Así es Daisuke *pi*. -afirmó Piccolomon. -El castillo está a 90 km del Digital Border *pi*. En sus Digivices está el mapa de todo el continente Folder *pi*. Por favor, cuídense y no dejen que Torkaimon les haga daño *pi*.
-Mejor preocúpese por usted, Piccolomon-sama. -contestó Kamemon.
-Muchas gracias, Kamemon *pi*. -dijo Piccolomon. -Pero debo decirles algo antes de irme *pi*.
-¿Qué ocurre, Piccolomon-sama? -preguntó Piyomon.
-Uno de ustedes está trabajando a escondidas para Torkaimon *pi*. -dijo Piccolomon.
-¿Cómo dice Piccolomon-sama? –preguntaron todos los Digimon.

Al escuchar eso, se me formó un nudo en mi garganta. A decir verdad, nunca había estado en los calabozos del castillo, no se me permitía entrar. En ese caso, ni Piccolomon sabía de mi existencia en ese castillo.
-¿Y quién es ese sujeto? –pregunté algo temeroso.
-No tengo idea, pero eso es lo que se escucha por los calabozos *pi*. –contestó Piccolomon. –No quiero alarmarles ni tampoco causar una ruptura en su grupo *pi*, pero deben tener cuidado porque si eso llegara a ser cierto, entonces Torkaimon ya los tiene vigilados *pi*. Interrumpiré la conexión, Torkaimon está cerca de aquí *pi*. -siguió hablando Piccolomon, y al final su imagen desapareció de la pantalla dejándonos con algunas preguntas.

Por mi parte, obedecí inmediatamente a Piccolomon, y en mi Digivice busqué el mapa del continente Folder. De haberlo sabido antes...
-Un traidor… -murmuró Rina. -¿Alguien podría ser tan malo como para hacer eso?
-No creo que sea cierto. –contestó Mizuki. –Es decir, los cinco nos conocemos del salón de clases.
-Hablaste muy extraño hace rato, Daisuke. -me dijo Gotsumon mientras me daba unas palmadas en la espalda.
-¿Por qué lo dices? -pregunté.
-No lo sé... -me dijo. -Es sólo... que parecía que conocieras al cien por ciento lo que ocurre.
-Es que... -contesté mientras me rascaba la cabeza para tratar de decir algo. -sólo recordé lo que dijo Piccolomon.
-¿Qué les parece si seguimos caminando? -nos comentó Hiroshi.
-¿Tenemos que ir a ese castillo? -preguntó Rina angustiada.
-Si vamos al Digital Border, seguramente llegaremos a su castillo. -dijo Gaomon.
-Entonces es inevitable... -comenté.
-Después de este bosque, existe un desierto. -comentaba Gotsumon a la vez que miraba el mapa a través de mi Digivice.

No me había dado cuenta de cuándo fue el momento en que Gotsumon tuvo entre sus manos ese artefacto. Yo, un tanto alarmado, le arrebaté a Gotsumon mi Digivice, esperando que no viera entre la lista de Digimon a Rakugamon.  Gotsumon, algo confundido por mi reacción, puso una cara de pregunta, a la cual no hice caso.
-Como dice Gotsumon, -comenté para dejar atrás este pequeño incidente. -después de este bosque existe un inmenso desierto, claro está si seguimos este camino.
-¿Entonces? -preguntó Mizuki.
-No hay tiempo qué perder. -dijo Gotsumon.

Sin objetar, todos decidimos caminar entre el desierto. La delimitación entre el bosque y el desierto en el que ahora nos encontrábamos era muy notable. Lo único que nos indicaba que la ruta era la correcta fue una marcación de televisores a los bordes del camino. Por fortuna estaba anocheciendo cuando habíamos avanzado algunos kilómetros, de lo contrario no soportaríamos el fuerte calor. Pero el frío no sería tan diferente.

Armamos una fogata y tomamos parte de la bebida y la comida que habíamos recolectado. Acordamos tomar la mitad de todo lo obtenido para que en la mañana tuviéramos algo para el desayuno. Akio nos deleitaba con extrañas historias de espantos en las escuelas. Cómo se notaba que no le gustaba estudiar.  Pero Hiroshi no se integraba a nuestras risas y anécdotas. De hecho, se había ocultado detrás de un cactus y no nos había dirigido la palabra.
-Oye, Hiroshi... -me le acerqué intentando abrir plática.
-¿Qué quieres? -me preguntó en un plan de no muy buenos amigos.
-¿Por qué no te unes a nosotros? -le pregunté sin hacer caso a su última intervención. -Hay un poco del té helado que trajiste y... -me interrumpí al ver que llevaba un vaso con té.
-No quiero hablar con nadie. -me dijo al tiempo que me daba la espalda.
-De... de acuerdo. -le dije mientras me alejaba de él.

Pero Kamemon, siendo su compañero inseparable, se acercó a Hiroshi.
-No quiero hablar con nadie. -le contestó Hiroshi de la misma forma que lo hizo conmigo.
-Si no quieres decir lo que pasa, no te obligaré a nada. -le dijo Kamemon algo tímido.

Hiroshi no dijo nada durante algunos segundos.
-Bueno, como todos, quiero regresar a casa... -le contestó a Kamemon.
-Pronto iremos al Digital Border y podrás ir a casa, Hiroshi. -le contestó la tortuga.
-¡Pero! -gritó Hiroshi desesperado. -¿Cómo vamos a ir si esos Digimon malvados nos están siguiendo a cada rato? Y con eso de que Daisuke se ofreció a ir tras Torkaimon, y ya viste qué poderosos son esos sujetos...

Kamemon no supo qué decir por un instante.
-Parece ser que Daisuke anda muy animado por eso. -intrigó Kamemon.- Si no quieres pelear, no objetaré. Pero debes saber una cosa: Torkaimon anda tras nosotros, y no descansará por ningún motivo. Y si llegara a ser cierto lo que Piccolomon dijo del traidor, entonces no debemos bajar la guardia.
-¡Pero no quiero! –gritó Hiroshi. -¡Tengo miedo de Rakugamon y de los demás!
-Tranquilo Hiroshi. –le contestó Kamemon mientras posaba su pata sobre el hombro de su compañero. –Si algo llegara a pasarte, ten por seguro que allí estaré, hasta que logres regresar sano y salvo a casa. Además Daisuke y los demás están con nosotros, no nos abandonarán.
-Gracias, Kamemon. –dijo Hiroshi a punto de llorar abrazando a Kamemon.

Y así pasó la noche, pero debíamos dormir y todos nos dispusimos a reunirnos alrededor de la fogata puesto que la temperatura estaba bajando rápidamente.

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Mas sin embargo, no me entraba el sueño para nada. Estaba inquieto, seguramente alguno de ustedes ya sabrá por qué. Ya sabían que hay un traidor entre nosotros. Debía cuidar mis pasos antes de seguir...
-¿Ya te reportaste conmigo? –escuché una voz que reconocí inmediatamente.

Volteé hacia todos lados y no vi a nadie. Al principio comencé a tener algo de miedo, así que tomé mis pocas pertenencias y me di la media vuelta. Casi me da un infarto al ver a Torkaimon-sama frente a mí.
-Así que reuniéndote con los demás niños elegidos, ¿eh?
-I… Iba a reportarme, Torkaimon-sama. –respondí atemorizado.
-¡Mientes! –me gritó antes de sentir toda su ira contra mí.

En ese instante lo único que pensé era “Maldición, todo acabó…”.


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Al despertar asustado y agitado, volteé hacia mi alrededor y vi al resto de mis “amigos” durmiendo. Me levanté y me acerqué al mismo cactus donde se encontraba Hiroshi, y al igual que él, no apoyarme sobre sus espinas. Era la única planta que existía en los alrededores. Era digital, pero al fin y al cabo, un desierto. No podía irme y esconderme para reportarme con mi jefe. Por fortuna tenía el Digivice. Si nada había cambiado internamente, entonces todavía podía comunicarme con ellos. No me digan cómo lo hice, pero pude escribir a través de él un mensaje que más o menos decía así:

Torkaimon-sama, lamento el no presentarme a su castillo esta noche. Un “soplón” ya ha dado la noticia de que alguien los vigila desde adentro y no puedo arriesgarme a que me vean desaparecer a cada rato. Dígale a Onagimon que haga un ataque sorpresa para mañana, de esa forma nadie sospechará de mí. Y dígale también que se dé un baño…
Rakugamon.


Lancé un suspiro, y envié el mensaje. Todos dormían tan tranquilos, puesto que seguramente nunca se habían enfrentado a semejante monstruo como lo era Torkaimon. Pero yo no podía. Seguramente era por culpa de Gotsumon. A pesar de su cuerpo de roca, tenía un corazón demasiado blando y un espíritu amiguero. Y para ser sincero, empezaba a encariñarme con él. No, no puedo hacer eso, me decía constantemente. ¿No se suponía que eliminar a esos niños debía ser fácil? De mí dependía que mi madre regresara a casa, y ese era mi único objetivo.
-¿No puedes dormir, Daisuke? –me preguntó Gotsumon bostezando.
-Así es Gotsumon. –le contesté con franqueza. –Además quería ver la ¿Luna? –hice la pregunta al ver tres lunas sobre nosotros y enormes pirámides verdes flotando muy a lo lejos.
-¿Hay lunas en tu hogar? –me preguntó Gotsumon.
-Sí, -le dije. –pero no hay tres, solo una. Y las luces de la ciudad tapan el esplendor de las estrellas.
-Te he visto muy preocupado. –me dijo cambiando la conversación. -¿Qué te pasa? ¿Quieres ir a casa?
-Eso, y lo que dijo Piccolomon. –le dije tumbándome al suelo. –Dime Gotsumon… ¿Tú crees que de verdad exista un “soplón” entre nosotros? ¿Alguien que esté ayudando a Torkaimon a escondidas?

Debo señalar que decir “Torkaimon” a secas era bastante difícil para mí. Han sido seis meses de repetir incansablemente “Torkaimon-sama” para referirme a él como mi jefe, y si estaba con “ellos”, debía cuidar mis palabras.
-La verdad no lo creo. –dijo Gotsumon haciendo el mismo gesto de aventarse al suelo. –Si alguien así existiera, creo que ya nos habríamos dado cuenta.
-Pero si fuera así… -seguí. -¿cómo reaccionarías?
-Bueno… -Gotsumon comenzó a divagar. –Si viera a ese traidor frente a mí, no me contendría y le atacaría con todas mis fuerzas. Por haber ayudado al enemigo y traicionando nuestra confianza.
-¿Y piensas que ese “traidor” podría tener sus motivos para ser ayudante del bando enemigo?
-Uno no puede servir a dos reyes. –contestó incesantemente Gotsumon. –Pero no te preocupes, Daisuke. Si llego a ver a ese sujeto, no sabes la que le espera.
-Gracias, Gotsumon. –le dije a pesar de lo que había dicho. –Ya me está entrando sueño.
-Ten cuidado de no apoyarte sobre el cactus. –dijo Gotsumon mientras se reía.

Yo comencé a carcajearme. Esa era una de mis cualidades, poder reírme de todo, aunque fuese una simpleza para los demás. Pero el sueño ya me vencía, y también a mi acompañante, así que nos dispusimos a dormir, después de haber alimentado la fogata para que no se apagara pronto.

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Habiendo amanecido y desayunado antes de que comenzara a brillar el sol por completo, seguimos nuestro camino hacia el Digital Border.
-Un día más… -contestó Akio.
-Espero que mamá no esté preocupada… -comentó Rina.
-¿Vas a ir a ver a tu mamá, Daisuke? –preguntó Gotsumon, abriendo más una herida que no ha cerrado aún.

Al escuchar esa pregunta, no pude evitar el derramar una lágrima y dejar de caminar. Era una mezcla de sentimientos, el salvar a mi madre y traicionar al grupo al que acompañaba, las palabras de Gotsumon que me dirigiera anoche, y ahora esto…
-¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó de nuevo Gotsumon sin saber lo que pasaba.
-La madre de Daisuke fue secuestrada hace algún tiempo. –contestó Mizuki en un tono calmo.
-¿Secuestrada? –preguntó Patamon. -¿Qué es eso?
-Es cuando alguien te lleva sin que quieras a algún lugar, y que no te permitan regresar a casa. –contestó Hiroshi.
-¿Entonces es como lo que le pasó a Piccolomon? –preguntó Gotsumon.
-Si lo quieres ver así, sí.
-Lo… ¡lo siento Daisuke! –empezó a alarmarse Gotsumon. -¡No… no sabía eso!
-No tienes que disculparte Gotsumon. –le dije mientras secaba mis lágrimas.
-¡Pronto verás a tu madre! ¡Ya lo verás! –dijo Gotsumon a modo de consuelo.
-Ya… -le dije. –Traten de no hacerme mucho caso y mejor sigamos caminando. No hay tiempo qué perder.

Decidimos avanzar más adelante, pero el sol ya empezaba a asomarse en el cielo y la temperatura aumentaba.
-¡Ya está haciendo mucho calor! –se quejaba Hiroshi.
-¿Falta mucho para llegar al Valle del Hielo? –pregunté.
-¿Valle del Hielo? –me miraron todos como si no supieran de lo que hablaba.
-Esto… -pregunté. -¿alguno de ustedes ha revisado su mapa?

Por la forma en que me miraban, y por la forma en que revisaban su Digivice, seguramente no lo habían hecho.
-¡Miren! ¡De verdad hay un lugar helado más allá del desierto! –contestó Akio al ver su mapa.
-¿Y falta mucho? –preguntó Rina.
-Parece ser que sí. –dijo Gotsumon.
-¿Y cómo llegaremos con tanto calor y nada de agua? –pregunté.

De la nada, sentimos un fuerte temblor, y a lo lejos, hacia el frente, una especie de mancha verde corriendo a toda marcha.
-¿Qué es eso? –preguntó Kamemon.

Entrecerré los ojos para poder ver con mejor claridad, y reconocí a mi “soldado”, Onagimon. Seguramente había golpeado el suelo con su martillo para probar la solidez del suelo.
-¡¡¡Es Onagimon!!! –grité para alarmarlos. El ataque sorpresa había comenzado.
-¿Onagimon? –gritó Rina.
-¡Niños elegidos! –gritaba Onagimon a medida que se acercaba a nosotros.
-¡Corran! –grito Patamon al tiempo que intentábamos correr en dirección contraria a donde estaba “nuestro” enemigo.

Pero Onagimon era más rápido que nosotros, y en unos segundos nos acorraló.
-¡Ahora no tienen a dónde escapar! –gritó.
-¿Qué vamos a hacer? –pregunté alarmado.
-¿Esto es un desierto, o no? –preguntó. -¡Pues vayan considerando esto sus tumbas!
-Evoluciona, Piyomon. –gritó Rina.
-¡No sé cómo hacerlo! –dijo Piyomon algo temerosa.
-¿¡Qué!? ¿¡Cómo que no puedes!? –grité sin entender lo que pasaba.

Onagimon tomó su enorme martillo y golpeó el suelo arenoso del desierto. Al parecer rompió alguna roca que estuviera sobre un vacío, ya que la arena comenzó a deslizarse hacia abajo como si se tratase de arenas movedizas. Hiroshi, siendo el que más cercano estaba de donde había sucedido el impacto, no pudo reaccionar a tiempo, siendo atrapado por la trampa de arenas movedizas.
-¡Nadie me dice cuándo bañarme! –gritó Onagimon.
-¡Hiroshi! –gritó Kamemon al ver a su amigo atrapado.

Éste tomó de una mano a Hiroshi, pero su fuerza y peso no fueron suficientes para poder sacar a Hiroshi de la trampa, cayendo ambos al vórtice de arena.
-¡Amigos! –grité al ver lo sucedido.

Tomé de las patas a Kamemon, pero como sucediera anteriormente, no pude sacar a los demás, y del mismo modo, fui atrapado. Gotsumon al ver lo que pasaba también intentó ayudarme, pero sus esfuerzos no fueron suficientes y también cayó en la trampa de arena.

Sólo sentíamos cómo la arena nos cubría por completo, en ocasiones impidiéndonos respirar.
-¡Amigos! –gritaron los demás.
-¡De mí nadie se escapa! –gritó Onagimon saltando hacia el vórtice de arenas movedizas.

Los niños intentaron saltar hacia el vórtice, pero los Digimon se los impidieron alegando que era demasiado peligroso.

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Los cuatro caímos hacia una especie de pasadizo secreto. Cuando desperté, por un instante llegué a creer que Onagimon me había llevado al castillo de Torkaimon, pero la arena que caía sobre nosotros nos hacía indicar que el vórtice de arenas movedizas estaba sobre nosotros.
-¿Dónde estoy? –pregunté aturdido.
-Parece una clase de pasadizo secreto. –contestó Hiroshi.
-¿Podría ser una clase de drenaje subterráneo? –preguntó Gotsumon.
-No quisiera que eso fuera… -contesté algo asqueado.

Un enorme temblor nos sacó a todos de nuestras cavilaciones, era Onagimon quien venía desde arriba a terminar con nosotros.
-¡Qué ideal! ¡Un pasadizo subterráneo! ¡Ideal para sus tumbas! –nos gritó.

Gotsumon, tan valiente como siempre, a la vez que pequeño, le desafió.
-¡No dejaré que le pongas un dedo encima a Daisuke! –gritó Gotsumon al tiempo que se ponía de espaldas frente a mí y miraba desafiante a Onagimon.

Onagimon comenzó a carcajearse.
-¿Así que este es su protector, Ra… niño? –me gritó Onagimon.
-¡Gotsumon! ¡No lo hagas, por favor! –le dije a Gotsumon para evitar algo mayor.

Caí en la cuenta de que Onagimon estuvo a punto de llamarme Rakugamon, por fortuna no lo hizo. ¿Qué estaba tramando entonces? No tuve tiempo de pensar en ello, puesto que de un martillazo, Onagimon dejó fuera de combate a Gotsumon.
-¡Gotsumon! –grité.
-Ahora sí, es mi deber eliminarlos. –bufó Onagimon.

Kamemon se escondió dentro de su concha, y rodando sobre su estómago con rapidez, se estampó contra su adversario. Pero Onagimon era mucho más grande y más fuerte que Kamemon, y de un golpe de martillo lo mandó hacia el suelo. Onagimon comenzó a intimidarnos a Hiroshi y a mí. Kamemon observó a su alrededor. Su “compañero” en problemas, Gotsumon inconsciente y sin poder hacer algo para ayudar. Apretó sus puños con fuerza, esperaba que ocurriera algo, pero estaban acorralados.

Recordó la promesa que le había hecho a Hiroshi de defenderlo ante cualquier clase de monstruo. Pero no podía hacerlo ahora, debía ser más fuerte. ¿Cómo podría hacerlo ahora que estaban en peligro? Él no era un Digimon que se caracterizara por ser valiente. Tanto Hiroshi como yo estábamos asustados sin que nadie pudiese defendernos. De pronto, de un Kamemon resignado a perder, algo sucedió, quizás nuevamente el proceso de evolución más bello que pudiera haber presenciado.
-Kamemon shinka… ¡Gawappamon! ¡Yeah!

Una figura algo extraña, deforme, verde, unos enormes audífonos colgando del cuello y con una especie de tornamesa en la cabeza, apareció frente a nosotros. Su pose algo “fresca” desentonaba bastante con el proceso de evolución.
-¡No le pongas ni un dedo encima a Hiroshi ni a sus amigos! –gritó Gawappamon.
-¿Evolución? –preguntó Onagimon. –Así que eso era de lo que hablaba Rakugamon…
-¡Gawappunch! –gritó Gawappamon al momento de un puñetazo enviaba a Onagimon hacia el lugar de donde veníamos.

Nuestros amigos se sorprendieron al ver una enorme mancha verde saliendo desde el suelo.
-Sujétense. –nos dijo Gawappamon, a lo que obedecimos.

Por mi parte, sujeté a Gotsumon con todas mis fuerzas para salir de allí, y luego me sujeté a Gawappamon para no quedarme atrás. Gawappamon hizo un increíble salto y pudimos escapar de esa trampa subterránea, provocando el asombro de todos.
-¡DJ Shooter! –gritó Gawappamon al momento que tomaba de su cabeza varios discos y los lanzaba hacia su adversario. Extraño ataque por donde se le viera.

Éste se retiró un poco aturdido, dejándonos en paz.  Quizás del ardor de sus heridas y eso. No quisiera pensar en el instante en que me tocaría pelear. Dejé de pensar en eso y traté de reanimar a Gotsumon, quien con un débil “Lamento no poder hacer nada, Daisuke” y unas lágrimas escurriendo sus rocosas mejillas, intentó disculparse.
-No te culpes, Gotsumon. –le dije para tratar de calmarlo. -Hiciste lo que pudiste, y eso es lo que importa.
-¿Se encuentran bien? –preguntó Akio.
-¿Todo fue gracias a Kamemon! ¿Verdad? –dijo Hiroshi orgulloso de su compañero.
-¡No fue de nada! –dijo avergonzado Kamemon, quien había vuelto a su aspecto de etapa de niñez y se escondía en su concha como siempre lo hacía.
-¿Y qué vamos a hacer? –pregunté. -¡Debemos buscar refugio antes de que nos deshidratemos!

Como si de una corazonada se tratara, revisé el mapa de mi Digivice y noté que el pasadizo subterráneo al que habíamos caído en realidad era un camino secreto que nos llevaba con mayor protección contra el fuerte sol hacia el Valle del Hielo. Por ese motivo saltamos hacia aquel hueco (el vórtice se había detenido) y caímos hacia el pasadizo.

Cuando caímos hacia el “túnel”, reparábamos en la sensación de que no hacía calor allí adentro, pero la oscuridad era algo de lo que no nos gustaba para nada. Por fortuna unas antorchas colocadas a los lados del túnel nos daban algo de claridad. No mucha pero lo suficiente para ver nuestro camino.
-¿Cuánto tiempo faltará hasta llegar? –pregunté.
-Según tu Digivice, -dijo Gotsumon mientras revisaba mi Digivice. –si seguimos este camino, llegaremos en dos horas de caminata.

No me había dado cuenta de cuándo Gotsumon había tomado mi Digivice, el cual le arrebaté con rapidez para evitar que viera mi “secreto”. Y hablando de mi secreto, debía hablar con mi jefe y con mi subordinado cuanto antes. Gotsumon, como la vez pasada, no entendió mi actitud. Pero no le tomó importancia. Era mejor seguir caminando para llegar al Valle del Hielo. Nuestro camino hacia el Digital Border se iba acortando más y más y debíamos apresurarnos. Debía llevar a estos sujetos hacia su trampa... Pero... recordar las lágrimas de Gotsumon me hacían sentir mal cuando pensaba en ello...

Continuará…
Spoiler de el capítulo 05:
05.- Rakugamon y Onagimon contra el ataque tándem de Akio y Mizuki

-¿Cuándo llegaremos? -preguntó Rina.
-Según el mapa, -contesté. -sólo faltan unos 10 kilómetros.
-¿Tanto? -protestó de nuevo. -¡Ya me duelen mis pies!
-¡A mí también! -dijo Mizuki.
-Creo que si las mujeres están cansadas, podemos darnos un descanso. -dijo Hiroshi. -Además, yo también estoy cansado, y Kamemon también.
-De acuerdo. -dije. -El Valle del Hielo no se irá de su lugar.

Y así, nos dispusimos a sentarnos en un rincón del pasadizo. Hiroshi, como buen chico, revisaba el mapa para ver hacia dónde debíamos dirigirnos si queríamos llegar al Digital Border y dirigirnos a casa.
-A ver... -dijo Hiroshi mientras con su dedo señalaba los puntos en el mapa. -En unos instantes ya deberíamos estar debajo del Valle del Hielo. Pero la salida está más adelante. Después de eso, deberemos caminar un poco más y llegaremos a una planicie donde se encuentra el Digital Border.
-¿Y no iremos a rescatar a Piccolomon? -pregunté.
-Bueno, eso... no lo había tomado en cuenta.
-¿Quieres ir a rescatar a Piccolomon? -preguntó Mizuki. -¿Y por qué ese afán?
-Recordemos que él mismo nos lo pidió. -rectifiqué. -Así que no tratemos de portarnos duros con él.
-Pe... ¡pero ya viste qué fuertes son Onagimon y Rakugamon! -dijo Gotsumon. -¡Si son así de fuertes, no quisiera imaginar cómo será estar ante la presencia de Torkaimon!
-Gotsumon, debemos mantenernos firmes. -le dije.  -Estoy seguro que si demostramos todo nuestro potencial, podemos vencer a tres o cuatro demonios más.

Me levanté del suelo e inventé una excusa algo vergonzosa para alejarme del grupo.
-Con su permiso, pero debo resolver algunos asuntos... creo que ya me entienden. -bromeé mientras me rascaba la cabeza.
-¿Quieres que te acompañe, Daisuke? -preguntó Gotsumon.

Al momento de decir eso, todos comenzaron a reírse.
-¡Claro que no! -le dije. -¡Puedo ir al baño yo solo!

Y me alejé del grupo. Miraba a cada rato hacia atrás para ver hasta cuándo el débil brillo de las antorchas en las paredes impidieran ver al resto del grupo y, por ende, que ellos no pudieran verme. “Maldición”, me dije, “no hay puertas en este lugar”.  Intentaba buscar un lugar en el que no pudieran verme, por si Gotsumon o alguno de los otros intentaba buscarme. Y lo encontré, no era un camino que me permitiera alejarme de los demás. De hecho sólo era una depresión en la pared lo suficientemente amplia para esconderme si me apretujaba. Tomé mi Digivice, e hice lo que debía hacer...

-Al fin has llegado, Rakugamon. -me dijo Torkaimon en el instante en que me vi frente a él.
-Lamento la tardanza, Torkaimon-sama. -le dije mientras me inclinaba frente a él. -Han sucedido muchas cosas desde la última vez que me presenté y...
-Déjate de excusas. -contestó Onagimon. -Es más que obvio que ya te aliaste a esos niños elegidos.
-¡Eso no es cierto! -le grité. -Además, ¿dónde están tus respetos? ¿Eh? ¡Ya te he dicho mil veces que me llames Rakugamon-sama!
-Pensé que no le gustaba ese sobrenombre. -contestó Onagimon.
-Ya me he acostumbrado, Onagimon. -le dije. -Pero bueno, no vine a discutir con mi subordinado, señor.
-¿Entonces a qué has venido, Rakugamon? -me preguntó Torkaimon con un tono que pareciese que comenzara a desconfiar de mí.
-Vine a avisarle que su prisionero, Piccolomon, ha contactado con los niños elegidos a través de la televisión.
-¿Qué has dicho, Rakugamon? -gritó Torkaimon furioso.
-Así es. -afirmé. -Y eso no es todo. Piccolomon le ha dicho a esos niños que estoy infiltrado en su grupo. No precisamente señaló a alguien en específico pero lo dejó entrever.
-¡Ese maldito Digimon rosa! -refunfuñaba Torkaimon. -¡Pero ya se las verá conmigo!
-Pero no se preocupe, Torkaimon-sama. -le dije. -Ahora mismo los estoy llevando al Valle del Hielo.
-¿Pretendes traerlos a mi castillo?
-Así es, Torkaimon-sama. De esa manera podrá encargarse de ellos como sólo usted sabe hacerlo. Si siguen evolucionando, sólo usted podrá vencerlos.
-Eres muy inteligente, Rakugamon. -me dijo. -Sabes aprovechar las oportunidades y luego lanzar tu ataque. Podría decirse que te pareces mucho al verdadero Rakugamon.
-No me halague tanto, Torkaimon-sama. -le dije.
-¡Torkaimon-sama! -protestó Onagimon. -¡Este niño ha estado aliándose con el enemigo! ¿Y todavía lo alaba?

Al escuchar las palabras de Onagimon, Torkaimon comenzó a carcajearse.
-¡Onagimon! ¡Eres tan divertido! ¡Por supuesto que Rakugamon no podría abandonarme! Sabe bien lo que pasará si lo hace.
-Sé que no me quieres como tu jefe inmediato, ¿pero qué se le puede hacer? Torkaimon-sama ya ha dado la última palabra. -le dije a Onagimon. -Por cierto, ya te dije que debes darte un baño.

Onagimon gruñó mostrando su desconfianza.
-Torkaimon-sama, -le dije a mi jefe. -Debo retirarme. No pueden darse cuenta de que estoy hablando con usted.

Y me retiré del castillo, regresando al pasadizo donde estaban los demás. Aquél pasadizo volvía a ser lúgubre como lo era en un principio. Regresé a donde estaban mis amigos, pero pareciera que me estaban esperando.
-¿Dónde estabas? -preguntó Gotsumon.
-Yo... estaba... -contesté temeroso.
-¡Seguramente fue a lanzar el topo! -contestó Akio.
-¡Qué asqueroso! -gritaron Rina y Mizuki.
-Bueno ya... Akio dijo lo que hice. -dije avergonzado. -¿Seguimos?

Al avanzar un poco más, nos dimos cuenta que la temperatura descendía conforme avanzábamos. Y al final, después de un largo caminar, llegamos al final del túnel. Una escalera que llevaba hacia arriba y una escotilla que abrimos. Y vimos el paisaje más blanco y tupido de todos, el ruido del viento y su heladez nos hizo desistir de seguir.
-Hace... ¡mucho frío! -grité.

Como si mis gritos hubiesen sido escuchados por la naturaleza digital, la tempestad se detuvo de pronto, dejándonos ver los más bellos árboles de pino cubiertos de nieve.
-¡Seguramente los árboles de refresco estarán excelentes para beber! -bromeó Akio.
-¡Akio! -le recriminó Mizuki. -¡No estamos para bromas!
-Mizuki tiene razón, -dije. -Debemos buscar una cueva para refugiarnos esta noche.

Por fortuna encontramos una cueva en las cercanías. Era amplia y al revisarla, nos dimos cuenta que nadie la habitaba. Mejor para nosotros, estábamos cansados y lo que menos queríamos era pelear contra otra bestia. Sacamos las pocas provisiones que quedaban, dejando que los más hambrientos comieran primero. Lamentablemente no era mucho lo que teníamos, así que, como excusa, me tomé la libertad de ir a buscar a solas las provisiones.
-¡Yo...! ¡Yo iré contigo! -se ofreció Gotsumon de inmediato.
-No es necesario, Gotsumon. -le dije. -No hay mucho peligro ya.
-¡No importa! ¡Es mi deber acompañarte!

De un momento a otro, esa pequeña discusión se tornó en un enorme pleito, en el cual Mizuki tuvo que irrumpir para no llegar a mayores.
-¡Basta los dos! -gritó Mizuki. -Gotsumon tiene razón, en cualquier momento podrían venir esos sujetos de Onagimon y Rakugamon y atacarles.
-Bueno, en eso tienes razón... -pensé...
-Además si vamos cuatro, podremos recolectar más cosas. -dijo Mizuki.
-Seis. -recriminó Akio. -Gaomon y yo también iremos.
-De acuerdo, de acuerdo. -dije resignado. -Si quieren, vamos todos y ya, ¿no?

Y allí fuimos Akio, Mizuki y yo como escuadrón de búsqueda de alimentos. Las predicciones de Akio sobre el refresco frío se cumplieron.
-Aquí hay más frutas silvestres, Akio-san. -dijo Gaomon mientras recolectaba frutas.
-¡Y aquí hay hamburguesas! -dije mientras veía otro extraño árbol cuyos frutos iban en contra de las leyes de la naturaleza.
-Oye... Gotsumon, -pregunté para cambiar la conversación. -¿Por qué no hay más Digimon por la zona?
-Todos tienen miedo de Torkaimon y su banda. -me dijo Gotsumon.
-¿De verdad son tan malos? -preguntó Mizuki.
-Había una aldea a unos 5 kilómetros de aquí. -contestó Gaomon. -Onagimon la destrozó en un abrir y cerrar de ojos.
-Y qué decir de Rakugamon. -dijo Patamon. -Él mismo ha dado muerte a cinco Vigilantes de la Frontera.

Al escuchar eso, sentí un nudo en la garganta, al ver pasar por mi mente las revueltas y los cadáveres de mis adversarios. Una escena altamente repugnante, lo sé, pero mientras más pronto pudiera obtener mi recompensa, no importaba nada de eso.
-Entonces son muy malos... -dije.
-Y mucho. -terminó Gotsumon.

Mizuki había recolectado más frutas que nadie. Con ayuda de Patamon, pudieron recoger los frutos de las copas de los árboles. Habíamos llenado nuestras mochilas con los alimentos y las bebidas, y nos dispusimos a caminar, cuando crucé por una zona de nieve blanda, ésta se hundió, y yo con ella. Comencé a forcejear para que la nieve no me absorbiera, pero mis intentos eran inútiles y terminé cediendo ante la nieve movediza.

Gotsumon se dio cuenta de lo ocurrido, e inmediatamente me tomó de la mano.
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon asustado mientras me jalaba lo más fuerte que podía.
-¡Rápido Gotsumon! ¡Me estoy hundiendo! -grité desesperado.

Akio y Mizuki se unieron a Gotsumon para sacarme de aquella trampa. Después de tanto esfuerzo, pude salir de la trampa, aunque con un frío que de un momento a otro podría pillar un resfriado.
-¡Tengo frío! -dije mientras tiritaba de frío.
-Será mejor que regreses a la cueva para que te calientes un poco. -me recomendó Mizuki.
-Tienes razón. -dije mientras seguía tiritando de frío.

Así que con Gotsumon tomé el camino de regreso hacia nuestro refugio.
-Debemos regresar pronto, o pillarás un resfrío. -me dijo Gotsumon.
-S... sí... -dije aún con frío. -O... oye... Gotsumon...
-Dime, Daisuke... -dijo mi “amigo” de roca.
-¿Por... por qué me salvaste? -dije mientras me abrazaba para no sentir tanto frío.
-Porque eres mi amigo, ¿o no? -dijo Gotsumon.
-¿A... amigo? -pregunté.

Tenía mucho tiempo de no haber escuchado esa palabra. “Amigo”, sonaba tan hueca cuando la pronunciaba. Quizás porque no me tomaba en serio eso de la amistad. En ocasiones me preguntaba si eso existía... Con los únicos Digimon con los que había tenido un fuerte compañerismo habían sido con Torkaimon y Onagimon, pero estaba más que claro que sólo me utilizaban como esclavo y yo obedecía todas sus órdenes.
-¿ Y tú me consideras un “amigo”? -pregunté.
-Por supuesto... -dijo Gotsumon. -Siempre me defiendes cuando me meto en problemas contra Onagimon y Rakugamon...
-Rakugamon... -pensé en voz alta. -¿Y yo podría ser un buen “amigo”?

Esa pregunta, lo reconozco, fue bastante estúpida, pero desde que he tenido uso de razón, nunca he sido alguien que sea de socializar. Quizás el hecho de estar con Gotsumon y los demás  a la fuerza, había logrado que abriéramos unos fuertes lazos que permitieran hacernos salir adelante.
-¡Por supuesto! -contestó Gotsumon. -Le salvaste la vida a Hiroshi y a Kamemon, ¿por qué no podrías ser un buen amigo?
-Por... por nada. -le dije a Gotsumon antes de soltar un fuerte grupo de estornudos.
-Si tan solo fuera de fuego... -me dijo para que no me molestara.
-No te molestes, Gotsumon. -le dije mientras tomaba un pañuelo de tela para eliminar el flujo nasal.

Caminamos un poco más y el frío comenzaba a sentirse con más intensidad. Gotsumon se acercó un poco más a mí para no sentir tanto frío.
-¿Sabes, Gotsumon? -dije como si intentara comunicarle algo a mi amigo. -Quisiera vencer a Torkaimon...
-¿Por qué dices eso? -preguntó Gotsumon.
-Quizás si lo vencemos, podremos vivir en paz y regresar a casa sin problemas. -le dije.

Seguíamos caminando y ya a punto de llegar a la cueva, sentí que algo me tomó de una pierna y jalaba hacia abajo, cosa que me asustó bastante, por eso...
-Go... ¡Gotsumon! ¡Algo me está jalando! -le grité asustado.
-¡Toma mi mano, Daisuke! -gritó Gotsumon mientras estrechaba su mano.

La tomé, pero su pequeño cuerpo rocoso no fue suficiente, y terminé vencido por la fuerza de abajo. Caí, y sólo lancé un pequeño grito cuando caí sentado en el suelo subterráneo.
-Qué bien que lo encuentro, jefe Rakugamon. -escuché que alguien me hablaba.
-Onagimon, qué oportuno eres. -le dije.
-¿Está enojado, jefe? -me preguntó de nuevo Onagimon.
-No, para nada. -contesté antes de volver a estornudar como seis veces.
-¡No se haga, Rakugamon! -me gritó al momento en que me jalaba de un brazo. -¡Sé perfectamente que estás trabajando para esos niños!
-¡No es cierto, Onagimon!
-¿Ah no? -me gritó. -¡Yo mismo escuché que quieres vencer a Torkaimon-sama!
-¡Lo dije para no desentonar con el instante! ¡Y para que lo veas, esta vez ya que me has arrastrado hasta aquí, hagamos un ataque combinado! ¿Hora de demostrar la fuerza de mi subordinado?

-----------------------------------------------------------

-¿Cree que esté bien que Daisuke y Gotsumon vayan solos, Akio-san? -preguntó Gaomon.
-Por supuesto, saben cuidarse solos.
-Creo que también deberíamos ir con los demás. -recomendó Mizuki.

La plática de mis “amigos” fue interrumpida por Gotsumon, quien asustado y temeroso buscaba ayuda para rescatar a Daisuke.
-¡Daisuke...! ¡Daisuke fue...! -balbuceaba Gotsumon quien no podía ni pronunciar una frase completa.
-Cálmate, Gotsumon. -le dijo Patamon.
-¡No puedo! ¡Daisuke cayó en una trampa de nieve!

Aquella sentencia los alarmó y corrieron hacia el lugar donde había desaparecido. Pero al llegar a una especie de puente de nieve, justo cuando Akio y Mizuki cruzaron ese tramo, la nieve se deshizo provocando una ligera avalancha que los arrastró a los dos a lo más bajo de una depresión. Gotsumon, lamentando lo ocurrido, corrió hacia la cueva rápidamente. Tres de nosotros nos “encontrábamos” en problemas.

-¿Te encuentras bien, Akio? -preguntó Mizuki al no ver a Akio por los alrededores.
-¡Akio-san! -gritaba Gaomon.

Akio sacó su cabeza haciendo notar que estaba sepultado en un montículo de nieve.
-Si tan sólo tuviera sabor, el helado estaría perfecto. -dijo Akio.
-¡No es tiempo para bromas, Akio! -le recriminó Mizuki. -¡Debemos buscar cómo regresar a la cueva!
-Una broma de vez en cuando no es nada. -dijo Akio.
-Deberíamos buscar en cómo regresar en vez de bromear. -dijo Patamon.
-Patamon tiene razón, Akio-san. -dijo Gaomon.

Caminaron un tramo más, pero el frío comenzaba a sentirse, y se notaba que pronto empezaría una fuerte tormenta.
-¿Por qué bromeas tanto, Akio? -preguntó Mizuki.

Akio tomó un poco de aire, y casi quebrantándose su voz, dijo:
-Porque cuando bromeo, siento que mis problemas se van.
-¿Qué clase de problemas?
-Padres divorciados, eso es lo que pasa...
-Cuánto lo siento... -dijo Mizuki disculpándose.
-Pensándolo bien... -reflexionó Akio. -No sé qué es peor... si lo mío o lo de Daisuke.
-No sé... -dijo Mizuki. -Pareciera que a Daisuke no le afectara mucho...

Un fuerte estruendo, como sólo Onagimon lo podía hacer, los sacó a Akio y a Mizuki de sus cavilaciones.
-¡Por fin! ¡Un par de niñitos indefensos! -dije mientras me metía más y más en mi papel de Digimon malo y me acercaba hacia ellos.
-¡Y unos Digimon, los olvidó jefe! -me reprendió Onagimon.
-¡Perdón Onagimon! -le dije riéndome. -¡Unos Digimon en etapa de niñez! ¡No serán problema para nosotros!
-¡No puede ser! -gritó Mizuki.

Al vernos, los cuatro corrieron hacia la salida del valle. Al salir, se encontraron con una enorme planicie, en la que se encontraban unos pocos árboles en los cuales refugiarse. Los Digimon nos atacaron: Gaomon repartiendo golpes a diestra y siniestra, y Patamon lanzando su Air Shot, pero nada de eso nos hacía siquiera un rasguño.
-¡Hagan lo que quieran! -grité. -¡Nada de eso nos lastima ni un poco! ¡Onagimon!
-Dígame, jefe.
-¡Haz lo tuyo!

Onagimon parecía disfrutar del evento, puesto que en su rostro se dibujó una enorme sonrisa, y ondeaba su martillo sin cesar. Yo, en cambio, me quedé volando mientras entrecruzaba mis brazos disfrutando del momento y me carcajeaba.
-¿Por qué nos atacan? -gritaba Mizuki mientras el grupo de niños huía del martillo de Onagimon.
-¿Aún no lo entienden? -contesté con pereza y en un tono más que burlón. -No permitiremos que interfieran en los planes de Torkaimon.
-¡Y una mierda con Torkaimon! -gritó Gaomon.
-¿Qué dijiste, perro? -grité furioso mientras me plantaba frente a él.
-¡Gao Rush! -gritó mientras intentaba golpearme con rapidez con sus puños.

Podía ser lento con mis movimientos, pero también podía ser ágil, y a cada golpe de puño que Gaomon lanzaba, podía detenerlo con la misma rapidez que mi oponente.
-¡Maldición! -soltó Gaomon al verse vencido.
-¿Qué? -me burlé. -¿No tienes nada más qué hacer, perro?

Y en ese instante le lancé un fuerte puñetazo que lo mandó a volar varios metros hacia atrás, al tiempo que Onagimon se encargaba de Patamon. Los Digimon, algo débiles, se levantaron aún adoloridos de los golpes recibidos.
-¿Qué vamos a hacer, Gaomon? -preguntó Patamon.
-¡Akio-san! -gritó Gaomon sin escuchar a Patamon, al ver que ambos estuvimos a un instante de atrapar a Mizuki y a Akio.

Los dos niños estaban acorralados y asustados, sus compañeros gritando y lamentándose de lo sucedido. Nada podía salvarlos, ¿o sí?

Como si se tratara de un milagro, los Digivices de ambos niños brillaron con fuerza. Yo, al ser el que los custodiaba, recibí el impacto de esa fuerte luz, dejándome ciego por unos instantes.
-¡Mis ojos! -grité al mismo tiempo que me llevaba las manos a la cara y los niños escapaban de mi prisión. -¡No puedo ver nada!
-¡Rakugamon-sama! -gritó mi servicial esbirro tratando de auxiliarme dejando a Gaomon y a Patamon libres para hacer lo que fuese necesario.
-¿Estás listo, Patamon? -preguntó Gaomon.

Éste último asintió con la cabeza, llegando a entender lo que iban a hacer. Ambos fueron envueltos en la luz que emanaba de los Digivices de sus respectivos compañeros, y en unos instantes, ambos fueron transformados a través de la evolución a su forma adulta. Gaomon en una especie de lobo enorme de color azul llamado Gaogamon, y Patamon, en un bello unicornio, el justiciero alado, como le decían muchos, Unimon.

Ambos Digimon, aprovechándose de que estaba indefenso, planearon un ataque sin igual: Unimon lanzaba un ataque llamado Holy Shot a Gaogamon, el cual consistía en lanzar bolas de energía a su enemigo, mientras que Gaogamon potenciaba el ataque de su compañero con un Spiral Blow, un tornado que salía de su boca. Aquel ataque fue muy poderoso, impactándome de lleno y haciéndome perder una considerable cantidad de sangre por un brazo.

Onagimon intentó ayudarme, pero unos certeros meteoros de fuego y unos discos giratorios le impidieron hacer eso. Al parecer los cuatro Digimon habían podido llegar a su forma adulta, cuatro contra dos ya era una completa desventaja.
-¡Seguramente fueron ustedes! –gritó Gotsumon quien se encontraba con Rina y Hiroshi. -¿Dónde está Daisuke?
-¿Daisuke? –gritó Onagimon. -¿Ese niñito malcriado? Seguramente debe estar tres metros bajo la nieve.

Gotsumon se llenó de ira, pero no podía hacer nada. Mientras me recuperaba, observé a Gotsumon y su cara de preocupación y rabia. No sabía que en realidad con quien estaba peleando era contra mí. Recordé sus palabras en el desierto…

---------------------------------------------------------------------

-Bueno… -Gotsumon comenzó a divagar. –Si viera a ese traidor frente a mí, no me contendría y le atacaría con todas mis fuerzas. Por haber ayudado al enemigo y traicionando nuestra confianza.
-¿Y piensas que ese “traidor” podría tener sus motivos para ser ayudante del bando enemigo? –pregunté nuevamente.
-Uno no puede servir a dos reyes. –contestó incesantemente Gotsumon. –Pero no te preocupes, Daisuke. Si llego a ver a ese sujeto, no sabes la que le espera.


--------------------------------------------------------------------------

Yo sabía que Gotsumon no se merecía tener como amigo a alguien como yo… ¿De verdad se estaba preocupando por mí? ¿Por mí, cuándo no tenía ni idea de mi segunda identidad?

-Onagimon… es hora de retirarnos… -le dije algo débil y agarrando mi brazo adolorido.
-De acuerdo… -me dijo resignado.

Ambos desaparecimos de la nada como sabíamos hacerlo. Onagimon se dirigió al castillo de Torkaimon. Yo, sin pensarlo, aparecí unos metros más lejos de donde estaban los demás, un grave error... Dejando atrás mi disfraz de Digimon malo, me tomé el brazo herido. Era más doloroso cuando no estaba en esa forma demoníaca. Era insoportable, el simple roce del viento me hacía gritar…

-¿Cómo nos encontraron? –preguntó Akio.
-Hiroshi se dio cuenta que el mapa del Digivice indicaba la ubicación de ustedes tres. –dijo Rina.
-¿Tres? –preguntaron Akio y Mizuki al unísono.
-Pero si sólo estábamos nosotros dos. –dijo Mizuki.
-¿Entonces…? ¿Entonces Daisuke no estaba con ustedes? –preguntó Gotsumon algo triste con eso.
-No, no lo hemos visto para nada. –contestó Akio.
-¡Pero…! ¡Pero si vimos la ubicación de ustedes tres! –siguió Hiroshi de necio, tomó su Digivice y siguió hablando. -¡Miren! ¡Aquí están los tres…! ¿Dos? ¡Pero si juro que estaban los tres aquí y…!

Hiroshi se sorprendió al ver que en el Digivice sólo se mostraba la ubicación de los cuatro presentes, pero ninguna señal de Daisuke. Gotsumon miró a su alrededor. ¿En dónde diablos pudo haberse metido Daisuke? ¿De verdad seguiría enterrado en la nieve? No podía ser… Seguramente ya estaría…

Pero una mancha de sangre le hizo cambiar sus pensamientos. “Esa sangre debe ser de Rakugamon”, pensó, recordando qué tan malherido quedó ese Digimon. Notó que la sangre formaba una especie de rastro hacia Rakugamon. No lo pensó dos veces y, a pesar de que sabía que Rakugamon no era alguien con quien se pudiera dialogar (era el enemigo), se armó de valor y siguió el rastro. Ni las palabras de los demás le hacían desistir.
-¿A dónde vas, Gotsumon? –preguntó Piyomon.
-Quédense donde están. –dijo Gotsumon sin voltear hacia Piyomon. –En un instante regreso.

Había caminado algunos 200 metros desde donde estaban los demás, cuando vio a alguien reposando malherido sobre una roca. Vio que era yo el que estaba ahí tendido.
-¡Daisuke! –gritó al verme. -¿Eres tú?
-¡Aléjate, Gotsumon! –grité apretando los dientes entre mis sollozos de arrepentimiento y dolor y me agarraba el brazo herido con fuerza.
-Pero… Daisuke… -dijo Gotsumon.
-¡Vete de aquí! –grité de nuevo para que no me viera herido.

Gotsumon no hizo caso a mis gritos, y se acercó hacia mí. Me miró y se alarmó al verme malherido.
-¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¿Quién te hizo…?

De un instante a otro, se quedó sorprendido a tal grado que no pudo ni terminar su frase. Quizás porque notó que me encontraba malherido en la misma zona del cuerpo en donde Rakugamon había sido atacado hacía unos minutos…

Continuará…


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #4 en: Mayo 18, 2009, 14:19:39 »
Uno más para la colección.
Spoiler de el capítulo 06:
06.- Fuera máscaras. ¡Torkaimon ataca!

-¿A dónde vas, Gotsumon? –preguntó Piyomon.
-Quédense donde están. –dijo Gotsumon sin voltear hacia Piyomon. –En un instante regreso.

Había caminado algunos 200 metros desde donde estaban los demás, cuando vio a alguien reposando malherido sobre una roca. Vio que era yo el que estaba ahí tendido.
-¡Daisuke! –gritó al verme. -¿Eres tú?
-¡Aléjate, Gotsumon! –grité apretando los dientes entre mis sollozos de arrepentimiento y dolor y me agarraba el brazo herido con fuerza.
-Pero… Daisuke… -dijo Gotsumon.
-¡Vete de aquí! –grité de nuevo para que no me viera herido.

Gotsumon no hizo caso a mis gritos, y se acercó hacia mí. Me miró y se alarmó al verme malherido.
-¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¿Quién te hizo…?

De un instante a otro, se quedó sorprendido a tal grado que no pudo ni terminar su frase. Quizás porque notó que me encontraba malherido en la misma zona del cuerpo en donde Rakugamon había sido atacado hacía unos minutos… Gotsumon intentó reparar en ese detalle más adelante, antes tomó unas hierbas de la zona y varias hojas y con ellas envolvió mi herida.
-¿Por qué lo haces, Gotsumon? –pregunté todavía llorando.
-Porque eres mi amigo, ¿o no? –dijo Gotsumon sin haber entendido lo que intentaba decirle.

Al escuchar eso, no pude contenerme y le di un fuerte puñetazo en la cara. Seguramente me dolió más a mí que a él por ser de roca.
-No lo entiendes, ¿verdad?  –le dije entre lágrimas. -¿Aún no lo captas?
-Estaba siguiendo a Rakugamon y… -Gotsumon dejó de hablar al por fin haber captado lo que le quería decir entre líneas. –Un momento… tú… no puede ser… tú… Rakugamon…
-Así es Gotsumon, así es… -grité llorando y dándome la vuelta para no ver la reacción de Gotsumon. –Yo… ¡Yo soy Rakugamon!
-¿Por qué? ¿Por qué lo haces? –preguntó Gotsumon cuestionando lo que había escuchado.
-Mi madre… Torkaimon la tiene secuestrada… -dije a cada instante.
-¿Desde cuándo…? –siguió preguntando Gotsumon.
-Hace seis meses… -le dije… -Debo obedecer sus órdenes, o si no… o si no…

Me aparté como pude del lugar, intenté huir y alejarme de Gotsumon, pero éste me tomó de las ropas y no dejó que me fuera.
-¡Déjame en paz! –le grité. -¡Ya descubriste quién es el traidor! ¡Vamos! ¿No dijiste que te encargarías de mí?
-No lo haré. –dijo Gotsumon. –Tú eres mi amigo y no…
-¿Puedes dejar de decir estupideces de “amistad” y esas cosas? –grité. -¡Está claro que esas babosadas no existen en este mundo! ¡El mundo está lleno de fuertes y débiles! ¡Torkaimon es fuerte y yo soy débil…!

No pude terminar de hablar, un fuerte golpe de roca de parte de Gotsumon me interrumpió.
-Tú no eres débil. –me dijo Gotsumon. –Eres fuerte, quisiste salvarnos a todos, te has plantado de cara a Onagimon…
-¡Sólo fingía para no levantar sospechas! –le dije para intentar hacerme el duro, pero no pude contener mi rabia. – Yo… yo… ¡odio a Torkaimon!
-¿Y por qué no lo vences? –preguntó de nuevo Gotsumon intentando acercarse a mí.
-¿Qué crees que es lo que quiero? –le dije. -¿Por qué crees que quiero que vayamos a ese castillo? Si pudiera hacerlo por mi propia cuenta, ya lo habría hecho… Gotsumon… ya no quiero ser esclavo de Torkaimon… dime qué puedo hacer… Quiero salvar a mi madre… pero no quiero seguir siendo el malo…

Gotsumon me abrazó con delicadeza debido a las heridas que tenía, y me dijo:
-No te preocupes, sé que no eres malo después de todo. Vayamos a vencer a Torkaimon.
-Pero… ¿y mi mamá? –pregunté. -¿Y los otros niños? No puedo decirles que soy el enemigo en persona…
-No le pasará nada, te lo prometo. –me dijo. –Y de lo demás, tampoco pienses en ello. No le diré a nadie de tu otra identidad.

No pude contener las lágrimas, y a punto de desmoronarme, le dije:
-Gracias, Gotsumon…  Yo… nunca había tenido a alguien que se preocupara por mí… Ta lo agradezco, Si… quiero decir, Gotsumon…

Quise abrazar a Gotsumon, pero los gritos del resto de mis acompañantes nos alarmaron a ambos. Corrí todo lo que pude para llegar hacia el lugar, pero estaba algo cansado como para correr con todas mis fuerzas, así que nos tardamos bastante en llegar hacia ellos. Lo que vi me dejó boquiabierto. Los niños y los Digimon en una enorme celda de fuego, y allí, frente a ellos…
-¡To…Torkaimon! –dije al verlo allí.

No pude prestar atención a los gritos de “Huye Daisuke” o “Ve a buscar ayuda”, mis piernas no se movían. Quizás porque después de la confesión que le hice a Gotsumon, tenía más miedo que antes.
-Qué bueno que te veo. –me dijo mi “jefe”. –Es hora de llevar a estos niños a mi castillo.

Después de haber escuchado las palabras de Gotsumon, esta vez no me mostré sumiso, y me planté frente a él.
-Déjalos ir…
-¿Qué dijiste? –me preguntó Torkaimon insinuando algo.
-¡Que los dejes ir! –grité nuevamente.

Torkaimon me sujetó con fuerza y luego me arrojó contra el suelo.
-¿Estás pensando en traicionarme? –me preguntó. –Pero si hiciste un buen trabajo en traerlos hacia mí, Rakugamon.

Al escuchar la palabra “Rakugamon”, todos los niños y los Digimon callaron y, sorprendidos, no dejaron de mirarme.
-No entiendo de qué hablas, maldito monstruo. –le dije como si no supiera lo que estaba diciendo.
-¿¡Cómo que no entiendes, Rakugamon!? –me dijo. -¡Tú mismo me contaste el plan para llevarlos a mi castillo y allí eliminarlos!
-Daisuke… -dijo Gotsumon preocupado.

Apreté los puños con fuerza, mientras escuchaba a mis amigos decir cosas como:
-¿Qué pasa Daisuke? –preguntó Rina.
-¡Huye de aquí, Daisuke! ¡Ve a buscar ayuda! –gritaba Hiroshi.
-Dinos lo que pasa, Daisuke. –dijo Mizuki sin gritar.

Torkaimon, al oír esas palabras, no hizo más que reírse.
-¡Pero qué ingenuos son los humanos! –gritó y se acercó a la jaula donde estaban los niños. –No lo haré más largo, así que presten atención: Daisuke Yanami, o Rakugamon como me gusta decirle, es mi esbirro. Hace seis meses que obedece mis órdenes, y una de sus misiones es eliminar a los niños elegidos. Tenía la orden de llevarlos a ustedes a mi castillo, pero no soy de esperar, así que me adelanté para conseguir a mis presas…
-No… -dije en voz baja a la vez que bajé la mirada.

Tenía mi Digivice en la mano, cuando al oír eso lo solté sin más que decir. Los niños y sus Digmon no hacían más que mirarme fijamente.
-¿Es verdad eso, Daisuke? –preguntó Hiroshi.
-¿Cómo pudiste? –dijo Akio.
-¿Tú eras ese traidor? –preguntó Rina.
-Eres un… un… -refunfuñaba Mizuki.
-¡Cállate de una vez, Torkaimon-sama…! ¡Ah! –dije cuando me di cuenta que llamé a Torkaimon con el mismo “respeto” con el que tuve que llamarle durante el tiempo que lo conocí.

Torkaimon sólo se carcajeó más y más.
-¡Caíste, Rakugamon! –gritó. -¡Sabía que me llamarías de esa forma! ¡Ahora, vámonos! ¡Has conseguido un buen botín y debo recompensártelo!
-Daisuke… -sólo decía eso Gotsumon algo preocupado por lo que pasaba.

No pude soportar lo que pasaba, por ese motivo caí de rodillas, sosteniéndome con mis manos, bajando la mirada y diciendo en voz baja.
-Así es… Todo lo que dijo Torkaimon es cierto… Yo soy ese traidor del que tanto hablaba Piccolomon… Puedo transformarme en aquel ser al que llaman Rakugamon…
-Maldito… -dijo Hiroshi. -¿Así que sólo por eso querías ir a su castillo?
-¡No era para salvar a Piccolomon! –gritó Gaomon. -¡Sólo querías entregarnos a tu amo!
-Torkaimon-sama… Déjeme esto a mí… -dije. -¡Esto es algo de lo que debo encargarme solo!

Tomé mi Digivice y me convertí en ese ser de la discordia…
-¿Qué piensas hacer Daisuke? –preguntó Gotsumon asustado y llevándose las manos a la cabeza.
-Lo que debí hacer desde hace mucho tiempo. –le contesté.

Con una agilidad que no recuerdo de dónde pude sacar, le lancé un puñetazo a Torkaimon, mandándolo a volar varios metros. Claro que fue con el brazo herido, sintiendo horrible la sensación de entonces.
-¿Qué carajos estás haciendo, Rakugamon? -gritó Torkaimon al levantarse.
-Hacer lo que debía hacer... -contesté. -¡Rebelarme en contra tuya, Torkaimon!
-¿Estás seguro de lo que estás haciendo? -me preguntó. -Recuerda que tengo a alguien muy importante para ti en los calabozos.
-Sé bien lo que hago... -contesté. -Por Gotsumon, por Akio, Hiroshi, Rina y Mizuki... Si es cierto que los cinco somos niños elegidos, entonces no tengo por qué temer... Si es cierto lo que me has contado durante mucho tiempo, entonces tú eres el que debe temer. ¡Red Blast! -grité mientras de mi boca salía un disparo rojo.

Torkaimon esquivó a la perfección mi ataque, devolviéndome el golpe que le hubiera dado hace unos instantes, arrojándome ante un montículo de enormes rocas, mucho más grandes que un elefante.
-¿Y crees que tú solo podrás vencerme? -bufó mientras carcajeaba.

Fui ágil, no reparé en el dolor, y tomé mi espada para detenerlo.
-Devil Sword... -dije mientras enterraba mi espada en el cuerpo de Torkaimon.
-Eres ingenuo, Rakugamon. -me dijo mi “jefe” sin reparar en el dolor de sus heridas. -¡Hard Explosion!

Asustado, intenté sacar mi espada, pero Torkaimon había sido muy inteligente a tal grado de sostener con sus propias manos el filo de la espada para evitar mi huida. Sólo vi un enorme destello que me cegó por completo, una horrible sensación de dolor, y más tarde, cuando recuperé la vista, me vi en el suelo arrodillado intentando ponerme de pie, jadeando de cansancio. Qué sorpresa me llevé al ver a Torkaimon en la misma posición que yo.
-Me has vencido esta vez... Rakugamon... -dijo jadeando. -Pero recuerda... un demonio no muere tan fácilmente...

Y de la nada, desapareció, desapareciendo con él aquella prisión de fuego dejando libres a mis amigos. Estaba tan débil y cansado, así que caí desplomado cerrando los ojos y perdiendo la conciencia...

----------------------------------------------------------------

¿Eh...? -dije débilmente mientras abría los ojos.
-¿Te sientes bien, Daisuke? -me preguntó Gotsumon al verme.
-Yo... me duele todo... -le dije.

Me di cuenta que había caído la noche ya. Noté que estaba lleno de vendajes, seguramente Gotsumon se había encargado por completo de mí. Me levanté bruscamente al recordar lo que había pasado, sin haberme recuperado de mis heridas, lo cual me hizo gritar.
-No debes levantarte, Daisuke. -me dijo Gotsumon mientras me acomodaba de nuevo en el piso.
-¿Y Torkaimon? ¿Qué pasó con Torkaimon? -pregunté alterado.
-Escapó después de que lo heriste. -me dijo.
-Vaya, vaya... -contestó Hiroshi a lo lejos. -El traidor despierta y lo primero que hace es preguntar por su jefe.
-Daisuke... ¿cómo pudiste? -preguntó Rina.
-Yo... yo... -dije mientras bajaba la cabeza.
-¿Y por qué lo defiendes tanto, Gotsumon? -preguntó Piyomon.
-Porque es mi amigo, porque los defendió y... -dijo Gotsumon intentando buscar excusas a mi actitud.
-Déjalos, Gotsumon. -le dije. -Así es, amigos... todo lo que han visto es cierto. Soy ese traidor del que tanto hablaba Piccolomon...
-Eres un hijo de... -gritó Akio mientras me tomaba de las ropas.
-¡Déjalo en paz, Akio! -gritó Gotsumon.
-¿Por qué debería dejarlo en paz? -gritó. -¡Él nos ha atacado! ¡Nos ha lastimado! ¡Quiso matarnos! ¿Y todavía quieres que suelte a este malnacido?

Akio me soltó dejándome caer al suelo.
-Sin embargo, somos lo que Piccolomon llama “Niños elegidos”. Si es cierto lo que ha dicho, entonces debemos unirnos y vencer a ese monstruo. Hice bastante con rebelarme contra él, y...
-Olvídalo. -dijo Hiroshi. -¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti?
-¿Por qué no regresas con Torkaimon e intentas matarnos como has querido? -gritó Rina furiosa.

No dije nada, me levanté con cuidado, me di la media vuelta y caminé con dificultad alejándome del grupo.
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon. -¿A dónde vas?
-A un lugar que no te importa, Gotsumon. -dije molesto, y me fui.
-¿No vas a seguir a tu “amigo”, Gotsumon? -gritó Hiroshi.
-Seguramente tú también estabas en este asunto. -dijo Patamon.
-Gotsumon no tiene nada qué ver. -dije sin mirar hacia atrás. -Su único fallo fue haberse enterado de la verdad antes que ustedes.

Caminé hasta encontrarme un río. Me miré en su reflejo, y con la misma rabia que contenía desde hace tiempo, comencé a golpear el agua.
-¿Cómo estás, Daisuke? -me preguntó Gotsumon quien se sentó a un lado mío.
-¡Mal! -le grité. -¡Estoy muy mal por todo esto! ¡Quiero hacerle frente a ese maldito! ¡Pero no sé qué puedo hacer yo solo...!
-Hablé con los demás. -me dijo Gotsumon para tratar de consolarme. -Dijeron que venían detrás de mí, pero no los veo...
-Es tarde. -dije. -Ya decidí qué debo hacer. Iré con Torkaimon, le pediré disculpas y volveré a ser su esclavo.
¿Que qué vas a hacer? -preguntó Gotsumon. -¿No dices que lo odias tanto como una patada en los bajos?
-¿Y qué quieres que haga? -le contesté. -¡No puedo hacerle frente yo solo! ¡Tengo miedo de que le haga algo a mi madre! ¡Sólo por eso no me había rebelado antes contra él! ¡Desde que supe de los “niños elegidos”, no he tenido en mente otra cosa más que esperanzarme a que ellos vencieran a ese ser! ¡No tengo más opción!
-No, Daisuke. -contestó Hiroshi, quien llegaba con algo de retraso. -Aquí estamos nosotros para apoyarte.
-Gotsumon nos contó lo que has pasado. -dijo Rina.
-Sé lo que se siente que tus padres estén lejos de ti. -contestó Akio. -Pero debe ser peor saber dónde están y no poder hacer nada.

Tomé mi Digivice, realicé unos movimientos en los botones, los cuales me aprendí de memoria, y dije:
-Es tarde. No hay marcha atrás.
-¡No vayas con él! -gritó Mizuki. -¡Se puede hacer algo que no requiera eso!
-¡Iré contigo, Daisuke! -dijo Gotsumon. -¡No me importa morir, no dejaré que ese sujeto se aproveche de ti!
-Imposible. -contesté mientras mantenía mi dedo sobre el botón de “Aceptar”. -Lo único que puedo advertirles es que Torkaimon y su grupo son seres muy poderosos. No quiero que algo le pase a las personas a las que amo. Esta es mi única opción. Quédate con ellos, Gotsumon. Seguramente Yggdrasil se ha equivocado y me mandó con ustedes. No puedo ser uno de ustedes...

Tomé mi Digivice con la otra mano y dije:
-Cúidense. Como único favor les pido que venzan a Torkaimon. Yo mientras tanto seguiré siéndole fiel, no tengo otro camino.

Oprimí el botón de Aceptar, y desaparecí del bosque despoblado.
-¡Daisuke! No... Daisuke... -comenzó a llorar Gotsumon.
-¿Qué vamos a hacer? -dijo Mizuki.

Gotsumon se secó las lágrimas.
-Vamos al castillo de Torkaimon. Daisuke nos necesita.
-Pero ya escuchaste lo que dijo. -contestó Gaomon.
-Sé lo que le pasa. -dijo nuevamente el Digimon de roca. -No quiere demostrarlo, pero en el fondo está llorando. No quiere obedecer a ese sujeto, pero no le queda más opción.
-De acuerdo, Gotsumon. -dijo Hiroshi. -Él nos pidió ayuda, no explícitamente, pero la pidió. No podemos dejarlo tirado. Vayamos.

Los niños tomaron sus cosas y provisiones, y con el mapa del Digital World, se encaminaron hacia ese castillo. No podían perder más tiempo.

---------------------------------------------------------------------------

-He llegado, Torkaimon-sama. -dije al verme cara a cara ante mi jefe.
-¿Por qué has vuelto, Rakugamon? -me interrogó.
-Me equivoqué. -dije arrepentido. -Sé que la única opción que tengo es obedecerlo a usted en todo lo que me pida.

Torkaimon tomó aire y siguió hablando.
-Esa estocada duele peor que una patada en los huevos. -dijo. -Por ese motivo, si quieres seguir conmigo, tendré que rebajarte a un nivel más bajo.
-No importa. -dije. -Todo sea por el bien del Digital World.
-Onagimon...
-Dígame jefe.
-Ponle las esposas a Rakugamon, y luego llévatelo a los calabozos.
-¿Qué? -pregunté asustado. -¡No puede hacerlo! Yo...
-Cállate. -me dijo mi jefe. -No puedo arriesgarme a que un traidor siga obedeciéndome.

Onagimon me puso una especie de esposas. Por su diseño, supuse que eran de aquellas que no permitían una evolución “voluntaria”. Me tomó y me llevó cargando hacia los calabozos, claro que yo grité y pataleé suplicando perdón por parte de Torkaimon. En la zona de calabozos, me lanzó contra la pared.
-¡Ahora los papeles se han invertido, Rakugamon! -me dijo riéndose. -¡Disfruta tu estancia, puesto que será lo último que verás en tu vida!

Onagimon se retiró, dejándome a solas en mi celda fría, oscura, sucia y húmeda. Mientras tanto, lloré en silencio, lanzando uno que otro desahogo al aire, suplicando que por piedad no le hiciera daño a mi madre.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #5 en: Julio 09, 2009, 16:24:17 »
Otros dos más...
Spoiler de el capítulo 07:
“En el mundo existen sujetos que se aprovecharán de ti, porque te ven débil, porque te creen débil. Siempre han tenido el mundo a sus pies y creen que con su propia prepotencia podrán someter al que se deje, que con un solo movimiento de manos pueden mandar sobre cualquiera... Creen que pueden usar a los demás para lograr sus objetivos, y botarlos y tratarlos como basura cuando lo logran... Tú mismo debes demostrar que no eres uno de esos sujetos débiles, porque tú vales mucho... Quizás ahora pienses que el mundo se te viene encima, que lo que te ha pasado te lo mereces y que eres peor que desperdicio de Numemon, pero recuerda que los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano...”

Sí, esas son las palabras que aún resuenan en mi mente, desde el día en que conocí a un Digimon que confió en mí, a pesar de no haberme conocido siquiera un tanto. Y no, no hablo de Gotsumon... A pesar de su apariencia draconiana y demoníaca, vi en él una sensación de tranquilidad al escucharlo hablar.

07.- En el calabozo hay un Vigilante de la Frontera...

-¿Dejaste a Rakugamon en los calabozos? -preguntó Torkaimon al ver a Onagimon acercándose a él.
-Así es, Torkaimon-sama. -le contestó el sujeto del martillo. -Debería haberlo visto llorar, pero qué ingenuo es...
-Déjalo, Onagimon. -dijo su jefe. -Esto estaba en nuestros planes, sólo hacía falta que ese niñito supiera de qué lado debía estar. Y tomó el rumbo equivocado...

Mientras tanto, disfrutaba el maravilloso “hotel 5 estrellas” del castillo de Torkaimon. La única iluminación que tenía allí era la ventana que estaba pegada cerca del techo. A pesar de ser de noche, había mucho calor, las paredes húmedas. “Al menos sabía de dónde obtener agua”, pensé. Y pasos, eso era lo que me desesperaba, escuchar pasos de arriba a cada rato, como si no tuvieran nada mejor qué hacer que caminar sobre nosotros.
-Quiero ir a casa... -dije mientras trataba de subirme a la ventana y ver un poco del exterior. -Papá... Ayano... Gotsumon... lo siento... No debí haber huido...

No vi nada más que la iluminación de las tres lunas del Digital World, la cual iba desapareciendo conforme nubarrones pasaban debajo de ellas, y la planicie llana, sin vegetación ni Digimon, como si la propia mención del nombre del dueño del castillo causara temor en todo el mundo. Me dejé caer al suelo, pensando en las palabras que mi antiguo jefe Torkaimon me decía: “En este mundo sobreviven los más fuertes. Es una ley natural que nadie puede contravenir. Puedes ser fuerte de poder, de inteligencia y sabiduría, o de ingenio y astucia. Debes ser fuerte en algo para sobrevivir, y los tres somos fuertes porque somos demonios...”.

Pero esta vez, él había sido el fuerte y yo el débil. Había ganado, pero no me dolía eso. Lo que más me molestaba era pensar en el futuro de mi madre. No me importaba matar a quienes sean necesarios con tal de verla libre de su prisión, pero no sabía qué pasaría de ahora en adelante... Quizás era la primera vez que me encariñaba en las personas que serían afectadas por mi misión...

-Tengo miedo... -dije derrumbándome en un rincón de la celda.

¿Qué podía hacer?, pensé. Me sentía solo, sin nadie en quién poder tener apoyo... No sabría si mis “amigos” vendrían a buscarme, o lo que haría Torkaimon conmigo... Quise llorar, pero no quería mostrarme débil. Quizás, esto era lo que me había ganado.

-Tengo miedo... -dije nuevamente creyendo que nadie me iba a escuchar.

Me acomodé enrollándome en una esquina, miré al suelo y dije...
-Gotsumon... si tan solo pudieras oírme...

------------------------------------------------------------------

No tengo idea si mi súplica llegó a Gotsumon, pero esa noche mi amigo de roca no pudo dormir. Desde donde estaban, se podía ver un punto lejano que todos los Digimon conocían como el castillo de mi jefe.
-Daisuke... -repetía una y otra vez Gotsumon. -No te desesperes, pronto iremos por ti...

------------------------------------------------------------------

Y así intenté dormir, pero el escozor de mis heridas, y la alerta permanente que tenía por si ocurría algo, me mantenían despierto... y también una especie de gruñido al lado mío...
-Dejen dormir... -logré percibir una voz débil a la vez que cansada.

Lo que me dejó perturbado fue una especie de exhalación que se veía incluso a oscuras, una voz algo terrorífica, menos que la de Torkaimon pero algo es algo... y la sombra que proyectaba su cuerpo...
-¿Eh? -escuché que preguntaba. -¿Tengo visitas?
-¿Quién...? ¿Quién es usted? -pregunté asustado.
-Alguien que tiene hambre... -dijo como si disfrutara el momento.

Lo primero que pensé fue “me va a comer”, pero lo que me dejó fuera de onda fue lo siguiente:
-¿Cuándo van a traer un plato decente de sopa? Tengo hambre... -gritó aquel sujeto.

Me quedé boquiabierto. Si ese sujeto también estaba encerrado, ¿se preocupaba más por pedir un plato de sopa?
-¿Quién eres tú? -volteó hacia mí y preguntó al verme...

Cuando lo vi, no vi a la figura macabra de Torkaimon, ni a la sonrisa maléfica de Rakugamon. Era un Digimon del tipo demonio, pero por su forma de actuar no parecía que lo fuera. Quizás, hasta sentí un poco de tranquilidad al saber que tendría un poco de charla.
-Yo... sólo un antiguo aliado de Torkaimon...
-Así que eres un esbirro de Torkaimon... -me dijo ese sujeto.
-No... más bien lo fui...
-¿Y cómo un niño humano puede ser aliado de un Digimon tan maligno y poderoso como Torkaimon?
-Él tiene a una persona muy importante para mí... Me convertí en su sirviente para que la liberara...
-El fin no justifica los medios. -me dijo. -¿Y por qué estás aquí?
-Por no tener apoyo de nadie, porque cuando supieron la verdad, prefirieron hacerme a un lado... -dije apenado. -Traicioné a Torkaimon y me encerró aquí...
-Entonces fue tu culpa...
-Así es, por eso quise disculparme con él, pero todo resultó peor... y no sé qué hacer... Oye... -pregunté para no seguir con ese tan doloroso tema. -¿Cómo te llamas?

Aquel enorme Digimon se movió un tanto, quizás por estar los calambres de estar sentado día y noche en ese calabozo.
-¿Mi nombre? Mi nombre no es tan importante, pero si lo quieres saber, me llamo Gargadomon (ガーガドモン).
-¿Gargomon (ガーゴモン)? -pregunté.
-No, Gargadomon, con “gado” en vez de “go”.
-¿Sabes, Gargadomon? -pregunté al escuchar muchas cosas extrañas en este mundo bizarro. -Es extraño que hablemos español y tengamos nombres japoneses...
-Seguramente el escritor es un perdedor que no se despega de ver caricaturas...

Como siempre me puse a reír, olvidando de mi situación y de dónde estaba.
-¿Y qué haces aquí, Gargadomon? -pregunté.

Gargadomon tomó aire y dijo:
-Piccolomon-sama fue encerrado en este castillo. Al enterarnos de esto, los altos mandos de los Vigilantes me mandaron a mí y a muchos más a este castillo a rescatarlo. Fracasamos... mis compañeros fueron asesinados, y a mí me tomaron como prisionero...
-Lo... recuerdo bien eso... -dije.

¿Y cómo no iba a recordarlo? Si yo había sido quien asesinó a todos ellos. Torkaimon se había encargado por completo de otro grupo, y el caos en el cuartel se había armado.
-¿Cómo no ibas a recordarlo? -me dijo. -Si tú mismo me encerraste aquí... si es cierto que tú eres Rakugamon.
-Ahora entiendo que todo lo que hice no valió la pena para nada... Creo que me merezco estar aquí... No quiero pensar en lo que sucederá con mi mamá... Quisiera que todo esto fuera un mal sueño para pronto poder despertar... -le contesté apenado, triste y cabizbajo, incluso soltando algunas lágrimas. -¡Odio a Torkaimon! ¡Lo odio!
-Nunca debes confiar en un demonio. -me dijo.
-¿A qué te refieres?
-Él nunca iba a cumplir su promesa de liberar a tu madre. -me dijo. -Sólo buscaba sus propios intereses, y utilizarte para llegar hasta donde está ahora.
-¿Pero... por qué? ¿Por qué hay sujetos así? -pregunté intentando buscar una explicación.
-En el mundo existen sujetos que se aprovecharán de ti, porque te ven débil, porque te creen débil. Siempre han tenido el mundo a sus pies y creen que con su propia prepotencia podrán someter al que se deje, que con un solo movimiento de manos pueden mandar sobre cualquiera... Creen que pueden usar a los demás para lograr sus objetivos, y botarlos y tratarlos como basura cuando lo logran o cuando ya no los necesitan.

-Entonces fui un debilucho al creerle... -dije bajando la cabeza.

-Torkaimon está equivocado, puesto que en este mundo no hay sujetos débiles. El débil es el que no quiere vivir, que prefiere morir para no sufrir. Tú mismo debes demostrar que no eres uno de esos sujetos débiles, porque tú vales mucho... Quizás ahora pienses que el mundo se te viene encima, que lo que te ha pasado te lo mereces y que eres peor que desperdicio de Numemon, pero recuerda que los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano... Estoy seguro que encontrarás a alguien que no se aproveche de ti.

Al escuchar esas palabras, pensé inmediatamente en...
-Gotsumon... -dije recordándolo. -Nunca dudó de mí, ni cuando le dije la verdad... Hasta me defendió de Torkaimon... Pero... al menos el excremento de Numemon sirve para atacar... -contesté. -En cambio yo... no sirvo para nada... No soy aliado de Torkaimon, no soy un “Niño elegido”...
-¿Niño elegido? -preguntó Gargadomon como si al escuchar esas palabras supiera de lo que le hablaba. -¿Quieres decir que los niños elegidos ya están aquí?
-Sólo cuatro de ellos... -contesté sin subir la cabeza. -Yo sólo caí con ellos por error... Seguramente Yggdrasil se equivocó y me llevó con ellos, pero yo no debería estar en el Digital World...
-Yggdrasil haría todo lo posible por salvar a los Digimon de su extinción. -dijo Gargadomon. -Podría decirse que hasta puso su confianza en unos pocos niños humanos, los cuales no tienen una fuerza física, pero sí un enorme deseo de vivir y seguir adelante, sin contar en la pureza de sus corazones.
-Tú mismo lo dijiste. -contesté intentando rebatir sus argumentos. -Serví a un demonio durante seis meses, hice cosas muy malas... ¿cómo podría ser uno de ellos?
-¿Puedo preguntarte tu verdadero nombre? -dijo Gargadomon. -El que me has dado es el nombre del Digimon, pero sé que tu otro nombre es diferente.
-Yanami... -contesté antes de que mi compañero de celda me interrumpiera.
-¿Yanami...? -preguntó Gargadomon sorprendido. -¿Kaito Yanami? ¿Eres el gran Kaito Yanami?
-¿Yo? -pregunté como si no supiera lo que me decía. -Debe estar equivocado, soy Daisuke, no Kaito...
-No has cambiado nada en estos casi treinta años, Kaito. -dijo Gargadomon contento sin escucharme un tanto. -Hasta tu voz es igual a la que recordaba.
-Le digo que no me llamo Kaito, ni nombre es Daisuke...

Caí en la idea de Gargadomon... Kaito era el nombre de mi padre, ¿podría ser? No... no podían ser tantas coincidencias en este instante...
-Kaito es el nombre de mi padre... -le contesté a Gargadomon. -¿Cómo es que supo su nombre?
-Si eres su hijo, entonces no hay duda que su legado ha regresado a salvarnos. -me contestó mi nuevo amigo. -Daisuke, ¿puedo llamarte Daisuke? Rakugamon es un nombre muy feo...
-De acuerdo, Gargadomon. -le contesté.
-Daisuke, todo esto significa que Yggdrasil no se ha equivocado en sus designios. ¿Y quién mejor que uno de esos elegidos fuera el hijo del gran Kaito Yanami? Aquel niño que nos salvó a todos...
-¡Un momento! -grité intentando rebatir de nuevo sus argumentos. -¿No se supone que la última vez que llegaron niños humanos al Digital World fue hace cientos de años? Piccolomon nos lo dijo...

Al escuchar eso, Gargadomon comenzó a reírse.
-¡A Piccolomon le gusta exagerar las cosas! Es un excelente gobernante, pero si algo le molesta aunque sea un poco, se pone furioso. Además le gusta exagerar las cosas, dice que eso le da un aire de poderío. -me contestó. -Eso fue hace relativamente unos treinta años si recuerdo bien. Yo era apenas un Digimon en etapa de niñez, y no conocí a tu padre, pero todos los tabloides hablaban de él como si fuera un ser comparable a Yggdrasil.
-Entonces mi padre es famoso en el Digital World... -pensé.
-Si conozco bien el pensamiento de Torkaimon, seguramente supo quién eras tú, y por ese motivo te utilizó para llevar a cabo sus planes. Lo que no contaba es que Yggdrasil también te contara en sus planes para salvar al Digital World.
-¡Pero yo no quiero salvar al Digital World! -grité. -¡Yo sólo quiero salvar a mi madre...!
-¿Y para salvar a tu madre qué puedes hacer? -me interrogó. -No puedes ir con Torkaimon y obedecerle. Te tiene encerrado aquí, y la única forma de rescatar a tu madre es venciéndolo.
-Bueno... yo... -balbuceé.
-No te pido que salves al Digital World. -me dijo Gargadomon. -Si no lo quieres hacer, no lo hagas. Tan sólo hazlo por tu madre. De seguro tu familia debe estar preocupada por ella.
-Es cierto... -pensé. -Ayano está derrumbada, y mi papá no piensa más que en mi mamá...
-Torkaimon te ha hecho sufrir mucho, únicamente para satisfacer sus planes. -me siguió diciendo Gargadomon. -Él debe pagar por todos sus crímenes, lamentablemente...
-¿Sí? -pregunté algo interesado.
-Ahora que me has mencionado que tu segunda identidad era la de un antiguo aliado de ese demonio, me temo que también serás juzgado por los altos Vigilantes.
-¿Por qué? -pregunté cuestionando su autoridad.
-Porque la ley es la ley. Aún siendo manipulado por Torkaimon, tú mismo has hecho cosas malas en el Digital World. -me dijo. -Si atrapan a ese demonio, tú también serás enjuiciado por complicidad.
-Ya veo. -dije con la cabeza baja. -No será tan fácil como lo pensé...
-Pero tranquilo. -me dijo. -Por ahora te defenderé.
-¿Cómo?
-Ahora mismo somos prisioneros de Torkaimon. Mientras Torkaimon esté vivo, seremos aliados.
-¿Y cómo quieres que salgamos de aquí? -le pregunté. -Yo no puedo evolucionar, no puedo liberarme de estas esposas que llevo en las manos, y seguramente las que llevas tú sean del tipo de las que eliminan toda clase de poder. Yo no tengo las...

Al recordar la siguiente palabra que debía mencionar, se me iluminó la cabeza.

--------------------------------------------------------------

-¿Y bien, Onagimon? -preguntó Torkaimon a su aliado mientras se curaba por sí mismo sus heridas. -¿Dónde metiste a Rakugamon?
-Lo metí en una de las celdas de la zona norte del castillo. -respondió Onagimon.
-Zona norte... zona norte... Allí sólo hay una celda.
-Así es, Torkaimon-sama.
-¡Si serás...! -gritó furioso Torkaimon. -¡Debías mantenerlo aislado! ¿Cómo se te ocurre meterlo con ese vigilante de Gargadomon?
-Lo... lo siento, Torkaimon-sama. -dijo Onagimon apenado.
-No importa. -dijo Torkaimon resignado. -Mientras le hayas quitado el manojo de llaves que lleva Rakugamon para controlar los poderes de los prisioneros, será suficiente.

Onagimon movió la cabeza negativamente...
-¡Eres un hijo de...! -gritó Torkaimon más furioso. -¡Ve a ver a Rakugamon! ¡Corre! ¡Antes de que se escapen!

-----------------------------------------------------------------

Lamentablemente el manojo de llaves que llevaba conmigo no contenía la llave que me podía liberar de mis esposas, seguramente previsto por Torkaimon anteriormente pensando en una situación parecida a esta. Lo que significaba que no podría evolucionar para detener a los pocos Digimon que nos tenían custodiados. Pero para mi fortuna, Gargadomon tenía una fuerza brutal, eso y un enorme rifle que llevaba consigo, con eso nos bastaba.

-Ahora... -dijo Gargadomon jadeando y observando hacia todos lados. -Ahora debemos ir con Piccolomon... Seguramente podrá liberarte de esas esposas...
-De... de acuerdo... -le dije un poco cansado. -Sólo te pido un favor...
-Dime, Daisuke... -me preguntó ni nuevo compañero de fugas.
-Mi madre está en la zona sur... -dije. -Por favor, te pido que vayamos a liberarla...

Que yo recuerde, esa noche fue muy agitada... Era la primera vez que le pedía ayuda a un desconocido...

Continuará...

Spoiler de el capítulo 08:
08.- Huida, rescate de Piccolomon y reencuentro

Y así, gracias a la ineptitud de Onagimon, pudimos salir de nuestra celda compartida. Algunos de nuestros soldados Bakemon, intentaban hacer vallas para evitar que siguiéramos adelante. Pero la agilidad de Gargadomon, muy a pesar de su enorme corpulencia, y su destreza con las armas, nos permitían deshacernos de esas “sábanas flotantes”.

No fue nada difícil llegar a la zona este de los calabozos. Con mi astucia y la destreza de Gargadomon, pudimos llegar con rapidez a la celda donde estaba nuestro amigo Piccolomon.

------------------------------------------------------------------------------

-Debes dormir, Gotsumon. -le aconsejaba Patamon algo preocupado. -No es bueno que te quedes despierto toda la noche.
-Pero no puedo... -le contestó mi amigo de roca preocupado. -No puedo cerrar los ojos sin dejar de pensar en Daisuke, en cómo lo deben de estar tratando... El sólo pensar en Daisuke y en Torkaimon se me ponen las rocas de punta, Patamon.
-¿No te molesta si te acompaño un poco? -le preguntó Patamon.
-Para nada, quizás me hará mejor...

Entre plática y plática, se hizo de mañana. Los primeros rayos del sol brotaban desde el horizonte dando un hermoso paisaje digno de un cuadro de algún pintor famoso.  Así, poco a poco fueron despertando el resto de mis amigos, uniéndose poco a poco al dolor de Gotsumon. Una lavada de cara en el río, un desayuno abundante y a caminar dijeron todos.

En un sendero, como todos igual de extraño, entre aparatos electrónicos, Akio hizo una pequeña broma de que si estarían caminando en un basurero, y Rina, milagrosamente, cada día se quejaba menos.

-¡Amigos *pi*! -gritó una voz a lo lejos.

Gotsumon volteó a todos lados hasta reconocer un televisor.
-¡Es Piccolomon-sama! -gritó.
-¿Piccolomon-sama? -preguntó Piyomon.
-¡Vamos a ver! -dijo Hiroshi.

Hiroshi lideró a todos para dirigirse hacia el televisor que mostraba una imagen borrosa de aquel Digimon en forma de globo rosado.

-¡Espero que se estén dirigiendo ahora mismo al castillo de Torkaimon *pi*! -les gritó el hada rosada.
-¿Qué es lo que sucede, Piccolomon-sama? -preguntó Gotsumon haciéndole reverencias.
-No puedo hablar por mucho tiempo *pi*. -contestó Piccolomon. -Hay muchos guardias de Torkaimon por aquí *pi*. ¿Ya están de camino al castillo de...?

Piccolomon hizo una pequeña pausa al ver que al equipo humano y Digimon le faltaba un integrante.

-¿Dónde está el otro humano *pi*? -preguntó.
-De... decidió irse... -dijo Gotsumon bastante triste.
-¿¡Pero cómo *pi*!? -gritó Piccolomon asombrado. -¿Por qué lo hizo *pi*?
-Bueno... verá... -intentaba excusar Gotsumon a su camarada. -Daisuke era... Daisuke era... era el traidor.

Los demás Digimon se asombraron al escuchar tal palabra de la boca de Gotsumon. Probablemente ya había entendido que, por más que intentara excusarme, y por más que él intentara comprender mi situación, ante los ojos más fríos seguía siendo un maldito oportunista, que se habría aprovechado de la situación para dar un golpe por la espalda.

-Torkaimon ha logrado su cometido... por ahora *pi*. -contestó Piccolomon.
-¿A qué se refiere, Piccolomon-sama? -preguntó Rina.
-La unión hace la fuerza *pi*. -contestó el hada rosa. -No se puede vencer al maligno si los cinco niños no están juntos. Torkaimon sabe eso a la perfección, y seguramente buscó la forma de separarlos *pi*.
-¿Y qué podemos hacer? -interrogó Hiroshi.
-Lo único que pueden hacer *pi*, es venir cuanto antes al castillo de...
-Piccolomon-sama... -gritó una voz al fondo del televisor.
-Hemos venido por usted. -se escuchó la voz mía también desde el fondo del televisor.
-¿¡Daisuke!? -gritaron todos mis compañeros al verme junto a otro Digimon...

--------------------------------------------------------

Antes de dirigirnos a la celda de Piccolomon, le pedí a Gargadomon una petición un tanto fuera de contexto y la cual jamás pensé que se me pasaría por la cabeza.
-¿Qué hacen los Vigilantes de la Frontera?
-¿Qué hacemos nosotros? -preguntó Gargadomon. -Somos como la policía del Digital World, una de tantas unidades... vigilamos que ningún Digimon pueda viajar al mundo humano, y del mismo modo que ningún humano entre al Digital World.
-Yo... quisiera... -tartamudeé antes de dar el paso definitivo. -Quisiera detener a Torkaimon... y a cualquier Digimon que haga lo mismo que me hizo a mí... ¡No quiero ser el paria del Digital World! ¡Quiero que esos malditos paguen por sus crímenes!
-Tienes el mismo espíritu y determinación de tu padre. -me contestó Gargadomon. -Si lográramos borrar de tu pasado tu complicidad con Torkaimon, serías excelente para nuestra patrulla.

Al escuchar esas palabras, no pude evitar esbozar un rostro de felicidad. Quizás porque él era de los pocos que pensaba que debajo de mi apariencia como ex-comandante de las tropas armadas de Torkaimon, se encontraba de verdad la leyenda de los Niños Elegidos.  Pero a la vez me molestó mucho la comparación con mi padre, quizás la figura con la que tenía menos afecto de toda mi familia...

-¡Rápido Daisuke! -gritó Gargadomon sacándome de mis pensamientos.
-No me gusta mucho que me comparen con mi padre. -dije un poco molesto pensando bien lo que me había dicho.
-¿Y eso, Daisuke? Kaito Yanami fue un gran héroe para el Digital World...
-Héroe o no... nunca lo he visto como un padre para mí. -contesté rotundamente.
-¿Pero cuál es el problema con tu padre, Daisuke? -insistió Gargadomon cuestionando mi tibieza con el asunto de mi familia.
-Tal vez ha sido como un dios para ustedes, pero para mí... para mí es como si sólo lo conociera cuando se enoja... Nunca le he escuchado decir un “hola” para mí... Seguramente ni estará preocupado ahora que sepa que no he regresado a casa en días...
-Los padres siempre demostrarán su cariño de muchas formas, seguramente Kaito no sepa cómo expresarse. Él siempre ha sido muy reservado... -me contestó mi acompañante. -Pero en el fondo se preocupa por las personas que quiere y ama. Eso te lo puedo asegurar, Daisuke.
-Si dijiste que no lo conociste, ¿cómo puedes decir tantas cosas buenas sobre él? -pregunté al escuchar tantas palabras bellas sobre mi padre.
-Bueno... yo... -comenzó a titubear Gargadomon, como si hubiese dado en el clavo. -sólo me pongo en los pies de tu padre y trataría de pensar como él.

Por fin habíamos llegado a la celda de Piccolomon. Era fácil de descubrir, atado de pies a unas cadenas,  y sosteniendo un enorme báculo, de espaldas a nosotros.
-Piccolomon-sama... gritó mi acompañante.
-Hemos venido por usted. -dije.
-¿¡Daisuke!? -gritaron el resto de mis compañeros que nos veían a través del televisor.
-Ho... hola... -dije un poco nervioso. Pero al ver a Gotsumon allí, no pude contener la alegría. -¡Gotsumon!
-¡Daisuke! -preguntó asustado Gotsumon. -¿Qué estás haciendo allí?
-¡Vamos a rescatar a mi madre y a Piccolomon! -contesté alegremente.

La transmisión de televisión se interrumpió bruscamente.
-¡Rápido *pi*! -gritaba Piccolomon al tiempo que abríamos el candado de sus cadenas y su celda. -¡Hay que salir de aquí *pi*!
-¡Pero primero! -grité. -¡Por favor, Piccolomon-sama! ¡Libéreme de estas esposas!
-¡No sucederá nada si te libero *pi*! ¡Hay que huir de aquí *pi*!
-¡Sé de lo que le hablo, Piccolomon-sama! -grité enojado.

Piccolomon, algo molesto pero con un poco de cuidado, con su báculo rompió milagrosamente las esposas que cargaba en mis muñecas.
-Debió haber hecho eso antes, Piccolomon-sama. -bromeé.
-Si lo hubiera podido hacer, lo habría hecho antes *pi*. -gritó enojado.
-Bueno, bueno. -había llegado Gargadomon a parar la discusión y seguir con los planes. -Mejor dejemos de discutir y sigamos. ¿Dónde dijiste que estaba tu madre, Daisuke?
-En la zona sur... -dije con premura.
-Bien, entonces vayamos hacia allá... -dijo mi amigo antes de ser interrumpido por Onagimon.
-¿A dónde creen que van? -gritó Onagimon. -Rakugamon, todavía hay tiempo de que vuelvas con Torkaimon-sama y sus planes de dominar el Digital World, antes de que te mate en serio.
-Pues dile a Torkaimon que prefiero traicionarlo y ser su enemigo que seguir viviendo humillándome frente a él. -le contesté furioso.
-Bien dicho, Daisuke. -me animaba Gargadomon.
-Maldito... ¡te las verás conmigo! -gritó Onagimon ondeando su enorme martillo.
-¡Eso nunca! -gritó Gargadomon al detener el potente martillo de nuestro oponente. -¡Daisuke! ¡Ve a rescatar a tu madre! ¡Yo me encargaré de este sujeto!
-S... sí... -le contesté, llevando de la mano a Piccolomon corriendo hacia la zona sur de los calabozos.

Corrimos hacia la zona sur de la prisión. Por fortuna no encontramos a ningún carcelero cerca de nosotros. Y ahí estaba mi madre, inmóvil como los últimos seis meses, pero a la vez seguía con el mismo rostro de siempre, se veía tan bella cuando duerme (aunque para qué negarlo, nuestras madres son hermosas para cada uno), pero ese líquido en el que estaba suspendida no le hacía mucha justicia.

Me acerqué rápidamente a su “prisión”, y no pude retener en mi interior toda clase de sentimientos encontrados, entre ellos tristeza al ver a mi familia casi desintegrada con la desaparición de mi madre, miedo al ver la cara de muchos Digimon siendo sometidos bajo el mando de Torkaimon, y rabia al recordar todo lo que había hecho para que al menos ese malnacido pudiera cumplir su “promesa”.

-¿Ella es tu madre *pi*? -preguntó Piccolomon.
-Sí... ella es... -contesté con la cabeza baja.
-¡Hay qué sacarla cuanto antes *pi*! -dijo Piccolomon.
-¡Altoo ahií, comandanteee! -gritó un Bakemon dando la señal de alerta al resto de sus camaradas.
-Maldición... los Bakemon... -refunfuñé.
-¡Agárrate de mí *pi*! -gritó Piccolomon.
-¿Qué va a hacer, Piccolomon-sama? -pregunté asustado.
-Ya lo verás *pi*. -me dijo tranquilamente.

Una luz destellante me cegó, y de igual forma a los Bakemon que intentaban rodearnos. De un momento a otro me vi junto con Piccolomon y el tubo donde estaba encerrada mi madre, y frente a nosotros la estructura del castillo de Torkaimon.
-Pero... ¿qué pasó? -pregunté pidiendo una explicación.

Piccolomon sólo sonrió sin mediar explicación alguna.
-¿Y Gargadomon? -pregunté preocupado.
-¡Aquí estoy Daisuke! -gritaba Gargadomon corriendo desde lo lejos hacia nosotros.
-¿Qué pasó con Onagimon *pi*? -preguntó Piccolomon.
-Pues verá... -explicó Gargadomon. -Estábamos enfrascados en una pelea, cuando de pronto Onagimon recibió un llamado de Torkaimon para que abandonara la pelea.
-Eso suena raro. -pensé. -Pero es mejor para nosotros. Ahora a reunirnos con los demás.
-No si yo lo puedo impedir. -escuché decir a lo lejos, logré reconocer su voz, Torkaimon nos había seguido.
-¡Esto no puede ser! -grité asustado.
-Rakugamon... -me contestó. -Has llegado muy lejos, te has burlado de mi como nunca antes lo ha hecho alguien. Pero hasta aquí se acabaron tus fechorías.
-Vámonos de aquí, Daisuke... -me aconsejó Gargadomon.
-No. -le contesté. -Tú vete con Piccolomon-sama y con mi madre y busquen a los niños elegidos.
-¿Pero qué vas a hacer, Daisuke? -me preguntaron mis acompañantes.
-Detener a Torkaimon. -le dije. -Es lo que debí hacer desde hace mucho.

Gargadomon y Piccolomon hicieron caso de mis recomendaciones. Y yo hice lo mío, convertirme en aquel Digimon al que se refería Torkaimon para empezar una lucha de igual a igual, o eso creía. La verdad se determinó en el campo de batalla.

-Te has metido con mi familia, con mis amigos, con todo lo que quería... -le contesté furioso mientras desenfundaba mi espada. -No permitiré que causes daño a los demás ni que te aproveches de nadie más.
-¿De verdad crees que podrás detenerme con tu pequeña espadita? -me contestó Torkaimon con un ataque que nunca había visto durante el tiempo en que lo conocí. Lo único que alcancé a ver fue su mano cruzando mi pecho y atravesando mi espalda... -Rakugamon, es hora de que despiertes...

-----------------------------------------------------------------

“Ve al mundo humano, Onagimon”... Onagimon seguía recordando la orden que su jefe le dio. Y ahí se plantó, frente a una central de los Vigilantes, sin tener miedo. Confiaba en su fuerza bruta...

-----------------------------------------------------------------

-¿Ese fue el grito de Rakugamon? -preguntó sorprendido Gargadomon sin dejar de correr.
-Espero que no le hayan hecho nada a Daisuke *pi*. -decía preocupado Piccolomon. -Si uno de los Niños elegidos llega a ser eliminado *pi*... no sé lo que pasará *pi*...
-Confío en que Daisuke sobrevivirá... no por nada es el hijo de Kaito... -contestó el Vigilante.
-Piccolomon-sama... -gritó Gotsumon a lo lejos al ver al grupo de Digimon huyendo de la zona de batalla.
-¡Gotsumon *pi*! ¡Niños *pi*!
-¿Y Daisuke? -preguntó Rina preocupada.
-Está peleando contra Torkaimon... -contestó Gargadomon.

Los niños se asombraron al escuchar esa respuesta. La batalla había comenzado y no existía marcha atrás... Al parecer habían llegado un poco tarde...

--------------------------------------------------------------

-¿Dónde estoy...? -pregunté aturdido mientras me levantaba del suelo.

Miré a mi alrededor y lo único que vi fue puro blanco. Intenté levantarme y caminar, pero un grillete estaba atado a uno de mis tobillos y a una estaca fuertemente clavada en el piso.
-Ya despertaste, niño. -me dijo un ser que se encontraba frente a mí de espaldas.
-¿Quién eres tú? -pregunté.
-¿No me reconoces? -me dijo. -No puedo creer que lleves utilizándome más de seis meses y no me reconozcas. Durante mucho tiempo serví a Torkaimon-sama, me confinaron a esa prisión y me enviaron a formar parte de tu cuerpo...
-¿Eres... eres Rakugamon? -pregunté. -¿El verdadero Rakugamon?
-Así es, niñito. -me contestó mientras se daba la espalda. -¡Y gracias a Torkaimon-sama pude recuperar mi voluntad! ¡Torkaimon-sama será de nuevo el rey del Digital World y nadie podrá detenerlo!

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #6 en: Julio 16, 2009, 12:35:53 »
Spoiler de el capítulo 09:
09.- El verdadero Rakugamon

-¿Dónde estoy...? -pregunté aturdido mientras me levantaba del suelo.

Miré a mi alrededor y lo único que vi fue puro blanco. Intenté levantarme y caminar, pero un grillete estaba atado a uno de mis tobillos y a una estaca fuertemente clavada en el piso.
-Ya despertaste, niño. -me dijo un ser que se encontraba frente a mí de espaldas.
-¿Quién eres tú? -pregunté.
-¿No me reconoces? -me dijo. -No puedo creer que lleves utilizándome más de seis meses y no me reconozcas. Durante mucho tiempo serví a Torkaimon-sama, me confinaron a esa prisión y me enviaron a formar parte de tu cuerpo...
-¿Eres... eres Rakugamon? -pregunté. -¿El verdadero Rakugamon?
-Así es, niñito. -me contestó mientras se daba la espalda. -¡Y gracias a Torkaimon-sama pude recuperar mi voluntad! ¡Torkaimon-sama será de nuevo el rey del Digital World y nadie podrá detenerlo!
-¿De qué estás hablando Rakugamon? -grité.
-¿Sentimientos? En este mundo los sentimientos no valen para nada. Si no has logrado salir adelante es porque los sentimientos te arrastran.

------------------------------------------------------------------------

-¿Cómo te sientes, Rakugamon? -preguntó Torkaimon.
-Muchas gracias, Torkaimon-sama. -dijo Rakugamon inclinándose ante él. -Gracias por devolverme mi cuerpo. Ese niño ha estado dando mucha lata.
-Era de esperarse, es el hijo de Kaito. -le contestó su jefe.
-Así que Kaito sigue dando problemas a pesar de tantos años. -contestó el demonio. -Se nota que este niño es su hijo, pensé que podría encerrarlo para siempre en esa prisión donde estuve, pero todavía sigue molestando.
-Pues trata de controlarlo, porque hay que seguir adelante con nuestro retorno.
-¡Eso me gusta, jefe! -gritó mientras estampaba un puño cerrado sobre su otra mano.

------------------------------------------------------------------------

Aquel lugar era una especie de planicie llana y vacía, sin vegetación ni mucho menos Digimon. Había amanecido, pero la zona aún seguía oscura. Ni las tres lunas de la noche en el Digital World alumbraban allí. Y esa era mi casa durante algún tiempo, lo único que conocía del Digital World muy a pesar de los esfuerzos de Torkaimon de enseñarme todo acerca de su mundo.

-Espero que no le haya pasado nada a Rakugamon. -seguía maldiciendo Gargadomon.
-¿De qué habla, señor Digimon? -preguntó Piyomon.
-Rakugamon está peleando contra Torkaimon *pi*. -contestó Piccolomon.
-¿¡Qué!? -gritaron todos.
-Pero... pero Rakugamon no puede contra ese ser... -decía Gotsumon. -Mierda, llegamos tarde.
-Espero que no le pase nada a Daisuke... -murmuraba Rina. -¿Y quién es ella?
-Ella es la madre de Daisuke. Me pidió que la rescatáramos. -contestó el Vigilante.
-Entonces lo de Daisuke era cierto... -dijo Hiroshi todavía desconfiado.
-¡Gargadomon! -gritó alguien desde el castillo de los demonios. -¡Tú y yo tenemos una pelea pendiente!
-¡Esa voz es de...! -gritó Gargadomon, quien al voltearse vio a un viejo enemigo. -¡Rakugamon!

Rakugamon llegó hacia el grupo de niños y Digimon, volando de volada, tratando de retar al que suponía era un viejo enemigo.
-¿Daisuke? -preguntaron todos al ver al demonio.
-No... -dijo Gotsumon. -Ese no es Daisuke.
-¿Pero qué dices Gotsumon? -preguntó Kamemon.
-Que ese demonio no es Daisuke... lo presiento... -dijo Gotsumon rotundamente.
-Así es, niño Digimon. -dijo alguien más.
-Torkaimon... -contestaron los Digimon.
-Aquel que tienen frente a ustedes, -dijo haciendo aparición. -es el verdadero Rakugamon, mi fiel aliado, el que asoló enormes tierras con su sola presencia... un verdadero demonio. Ese niño Yanami debe estar encerrado para siempre en la misma prisión donde estuvo Rakugamon.
-¡Aún no olvido lo que me hiciste, maldito vigilante! -gritó aquel demonio. -¡Tú me encerraste en esa incómoda prisión! ¡No sabes cuánto he esperado a que me liberaran para cobrar venganza!

Rakugamon desenvainó su espada y se enfrascó en sus deseos de venganza contra Gargadomon.
-¡Ustedes detengan a Torkaimon! -gritó Gargadomon a los demás mientras bloqueaba los ataques de su oponente. -¡De éste me encargo yo! ¡Piccolomon-sama!
-Dígame Gargadomon *pi* -contestó éste.
-¡Por favor cuide de la madre de Daisuke! ¡No deje que le hagan daño!

--------------------------------------------------------------------------

-¿Pero de qué hablas? -gritaba mientras forcejeaba para escapar de esos grilletes.
-Torkaimon-sama me hizo lo que soy. -me contestó como si no me escuchara. -Y a ti también te hizo lo que eres. Eres una leyenda, gracias a mí te mantuviste como un rey en las zonas por donde pasabas.
-Eso es algo de lo que no quiero acordarme. -le contesté reciamente y sin ganas de discutir.
-¿Qué? -gritó Rakugamon. -¿No te gustó por un instante ser el rey del continente Folder? ¿No te gustó ver las caras de los Digimon cuando nos tenían miedo?

Al escuchar eso último, recordé las palabras que me dirigió Gotsumon la primera vez que nos vimos...
Sí, ese es el más peligroso de todos. El sólo escuchar su resoplido me da mucho miedo.

-No... -dije. -No me gusta ver sufrir a la gente.
-¿Eh? ¿Y así te haces denominar hijo de Kaito Yanami? -me reprendió. -Torkaimon-sama ha perdido la cordura...
-¿De qué estás hablando? -grité nuevamente.
-“¿De qué estás hablando?” “¿De qué estás hablando?” ¡Maldita sea, pareces un archivo corrupto! -me gritó Rakugamon de nuevo. -A tu padre le gustaba la sangre, las matanzas, era como si eso lo llevara en la sangre. Pero claro, se le ocurrió irse al bando del “bien” y logró lo que quería...

Esas palabras me hicieron enojar, estaba claro que muy a pesar de la indiferencia que mi padre había tenido conmigo durante mi corta vida, no iba a permitir que alguien dijera esas cosas sobre él.
-¡No vuelvas a mencionar eso de mi padre!
-¡El único ciego es el que no quiere ver! -gritó Rakugamon. -¡Está claro que a ti también te gusta ser un demonio como yo!
-¡Basta Rakugamon! ¡Yo no te acepté con gusto! -grité. -¡Maldigo a Torkaimon y quisiera matarlo yo mismo!
-¡Eres un...! -gritó Rakugamon, y como si con su propia voluntad pudiese controlar todo, un par de cadenas más me rodearon y me redujeron al suelo.
-¡A...  ayúdame Gotsumon! -fue lo único que pude gritar antes de caer al suelo.

--------------------------------------------------------------

“¡A...  ayúdame Gotsumon!”...
-¿Daisuke? -preguntó Gotsumon distrayéndose del combate.
-Trata de no distraerte, Gotsumon. -le aconsejó Birdramon.

Una enorme ola de gritos, bolas de fuego, proyectiles y golpes se suscitaba contra Torkaimon. De todos ellos, quizás el más golpeado había sido Gotsumon. Era de entenderse, un Digimon en etapa de niñez peleando contra un adulto llegando a perfecto, no tenía muchas oportunidades de seguir.

Pero a Gargadomon, siendo aún un nivel adulto, no le iba tan bien como uno esperaba. Rakugamon le había resultado un hueso duro de roer y un dolor de cabeza incluso para un Vigilante.
-¿Qué te pasa Gargadomon? -le gritaba Rakugamon a modo de burla. -¿Se te ha olvidado cómo pelear?
-No tanto como a ti, Rakugamon. -le contestó burlonamente. -¡Te mueves peor que una niñita!

-¿Qué vamos a hacer? -preguntaba Rina a cada instante.
-Tenemos que seguir adelante... -decía Mizuki.
-Pero... pero... los Digimon no han podido vencer a Torkaimon. -decía Hiroshi preocupado.

Y Hiroshi no estaba equivocado. Por más que sus Digimon seguían peleando, sólo habían logrado provocarle pequeños rasguños a su oponente, pero ya estaban cansados, cosa que Torkaimon aprovechó para lanzarlos a todos de un golpe.
-Heh... malditos niños Elegidos... -decía Torkaimon. -Pero ya les dije que mientras están incompletos, nunca podrán vencerme... ¿O no se han dado cuenta que Gotsumon no ha podido evolucionar?

El silencio perduró dentro del grupo de los niños. Precisamente, Daisuke, quien faltaba, era el compañero de Gotsumon. Pero Gotsumon todavía no había evolucionado, y eso hacía heridas en su cuerpo y en su alma. Era como si precisamente fuese un indicador de que mientras Daisuke no pudiera volver al bando al que perteneciera, no podrían vencer a Torkaimon aún si un Vigilante les ayudaba.

-Maldita sea... -gritaba Gotsumon en el suelo cansado. -Si tan sólo pudiera evolucionar...

Torkaimon se dirigió hacia Gotsumon, lo acorraló y lo detuvo para inmovilizarlo...
-A... auxilio... Daisuke... -gritaba Gotsumon.
-Grita todo lo que quieras, a este paso, ese niño Yanami debe estar encerrado para siempre en la prisión capsular de Rakugamon.

Los Digimon de los niños intentaron seguir en su lucha, pero su cansancio les obligó a volver a su etapa de niñez. Una enorme desventaja para todos, pues a Gargadomon tampoco le estaba yendo tan bien en su pelea. Un Rakugamon furioso, sediento de sangre y como si disfrutara su pelea, contrastaba con el Gargadomon herido, cansado y agotado...

---------------------------------------------------------------

“A... auxilio... Daisuke...”...
-¿Go... Gotsumon? -pregunté.
-¿Eh? -preguntó Rakugamon.
-Gotsumon... está en problemas... -refunfuñé.
-No puede ser... -murmuró Rakugamon. -¡Deberías estar inmóvil en estos instantes!

Como si se tratara de magia, las cadenas que sujetaban mis manos al suelo se esfumaron, dejando que me levantara sin problemas.
-¡Gotsumon está en problemas! ¡No pienso dejarlo a un lado!
-¿Y no te gustaría volverte a sentir el rey del Digital World? Deja atrás a Gotsumon, y vuelve con Torkaimon-sama.
-Si eso implica abandonar a mis amigos y hacerle daño a inocentes, ¡olvídalo! -grité.

En ese momento mis bolsillo izquierdo se iluminó. “El Digivice”, pensé. Tomé el dispositivo, y la luz que iluminaba mi bolsillo se potenció iluminando más el lugar. Rakugamon no pudo soportar la luz, incluso tomó su espada y la empuñó para bloquear el “ataque”, pero nada parecía haberle funcionado.
-¡To... Torkaimon-samaaaa...! -gritó Rakugamon.
-¡Está funcionando! -dije emocionado.

La luz del Digivice tomó la Devil Sword de Rakugamon haciéndola levitar y llevándola hacia mis manos.
-¡Maldito Yanami! -gritó Rakugamon nuevamente quedando indefenso.

Tomé la empuñadura de la espada con mis dos manos, y haciendo unos surcos en el aire, pareciera que esos movimientos causaron grave daño a Rakugamon, haciéndolo desparecer... Al desaparecer éste, sus restos de datos fueron absorbidos por la espada, haciendo un trozo de hilo atado a la empuñadura, y colgando de ésta, una nota. La cual tomé y comencé a leer en voz alta.

“La oscuridad no puede existir sin la luz, puesto que ambas se complementan y dan origen al mundo, tanto al Digital World como al Universo en sí. Pero incluso la oscuridad puede ser aliada de la luz... Niño Yanami, por circunstancias de Torkaimon, has sido elegido para portar la oscuridad de Rakugamon, pero del mismo modo, para colaborar con los seres de luz, como una prueba más de que la oscuridad puede vencer a la misma oscuridad y convivir en paz con la luz.”

No entendía nada de lo que aquella nota quería decir, pero sus palabras me dejaron sorprendido, a tal grado que no pude moverme de mi posición con la punta de la espada apuntando hacia adelante. De pronto, pude escuchar las carcajadas de mi antiguo jefe, llevándome al susto en un instante.

-¡Sabía que serías mi aliado, niño Yanami! -gritó Torkaimon emocionado, o al menos así lo dejaba saber su tono de voz. -¡Sí que eres inteligente!

No capté nada de lo que me estaba diciendo en ese instante, pero pronto lo comprendería. El blanco que me rodeaba desapareció, haciéndome voltear a mi alrededor, viendo la cara de satisfacción de Torkaimon fuera de su castillo, y los niños y sus Digimon, con Gotsumon incluido, boquiabiertos y sin aliento.

Al intentar soltar la Devil Sword, volteé hacia ella y... no pude creer lo que había visto...
-Daisuke... ¿por qué...? -me decía Gargadomon con sus pocas fuerzas, estampado contra una roca y mirándome fijamente, -¿por qué lo hiciste...?

No podía creer lo que estaba viendo... la Devil Sword hundida en el abdomen del Vigilante, y mis manos sosteniendo la empuñadura de ésta.

-No... ¡no...! ¡Esto no puede estar pasando! -grité desesperado. -¡Gargadomon, estás equivocado! ¡Yo no...!
-¡Eres... eres un...! -trataba de decir el Vigilante, pero apenas y podía abrir la boca.
-¡Perdóname, Gargadomon! -grité asustado y llorando. -¡No quise hacer esto! ¡Tienes qué creerme!

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #7 en: Julio 18, 2009, 22:56:02 »
El 10, lamento que sea tan corto pero fue lo que salió...
Spoiler de el capítulo 10:
10.- La evolución de Gotsumon

-No... ¡no...! ¡Esto no puede estar pasando! -grité desesperado. -¡Gargadomon, estás equivocado! ¡Yo no...!
-¡Eres... eres un...! -trataba de decir el Vigilante, pero apenas y podía abrir la boca.
-¡Perdóname, Gargadomon! -grité asustado y llorando. -¡No quise hacer esto! ¡Tienes qué creerme!

Pero la Devil Sword de Rakugamon, mis manos sosteniendo la empuñadura y la punta de la espada clavada en el abdomen de Gargadomon decían para los demás totalmente lo contrario... ¿Pero cómo...? ¿Cómo pudo haber sucedido...? No lo entendía... Seguramente Rakugamon ya había dado su golpe final antes de ser vencido por mí, demasiado tarde me dije.

-Daisuke... la muerte nunca se perdona... -me dijo como sus últimas palabras antes de desintegrarse en data y dispersarse por los cielos tomando camino hacia alguna dirección.
-¡Gargadomon! ¡No! -grité nuevamente desconsolado aún sabiendo que no me escucharía.

Me arrodillé contra el suelo, y derramando algunas lágrimas, dije resignado...

-Me rindo, Torkaimon-sama...
-¿Qué... qué estás diciendo, Daisuke? -preguntó Gotsumon algo débil.
-Lo siento, Gotsumon. Pero Torkaimon-sama ha ganado... Ahora sé que no se puede vencer a un demonio... Torkaimon-sama, usted ha ganado...

Torkaimon comenzó a carcajearse como era su costumbre, burlándose de mi condición.

-¿Lo ves, niño Yanami? -me contestó. -Si nunca se te hubiera pasado por la cabeza la idea de traicionarme, nada de esto habría pasado.
-Lo siento, Torkaimon-sama. De verdad lo siento mucho...
-Daisuke... -decía nuevamente Gotsumon.
-Esto es muy horrible... -dijo Rina abrazando a su “amiga” Mizuki.

Torkaimon, con un movimiento de manos, lanzó a Piccolomon hacia los árboles lejanos, dejando a mi madre indefensa. Lo aprovechó y tomó el tubo donde ella estaba contenida.

-¡No lo hagas! -gritaron mis amigos.
-¿Qué piensas hacer? -grité asustado y confundido.
-¿Así que ella es el ser más preciado para ti, eh? -me preguntó burlonamente. -Pues entonces creo que si la mato, no tendrás ningún motivo para volver a traicionarme.
-¡No lo haga, por favor, Torkaimon-sama! -grité con desesperación y llanto. -¡He hecho todo lo que me ha pedido! ¡He sometido a miles de pueblos! ¡He asesinado a todos los Digimon que le han sido una molestia! ¡Me infiltré con los Niños Elegidos para intentar destruirlos desde adentro! ¡Siempre le he obedecido hasta el final! ¡Todo lo he hecho en favor de usted, he sido como su perro fiel! ¡Porque me prometió que la liberaría!
-Para que nunca se te vuelva a ocurrir traicionar a un demonio. -me dijo mientras lanzaba a mi madre al acantilado más cercano.

Al ver ese momento, sentí como mi mundo se derrumbaba, como si las palabras de aliento de mis amigos se desaparecieran en un mar de oscuridad, llevando conmigo un enorme peso del cual nunca me podría liberar... Ya todo estaba perdido...

-Y ahora te toca a ti sufrir el mismo destino de tu madre... -me dijo burlonamente.
-Evoluciona, Piyomon... -dijo Rina. -Haz lo que tienes que hacer.

Piyomon no tenía fuerzas para pelear, pero sí para evolucionar unos minutos, volar hacia el acantilado rescatando a mi madre de una muerte segura, llevándola a algún lugar a salvo y regresar a su etapa de niñez. Torkaimon iba cada vez más frente a mí, ya todo estaba perdido...

--------------------------------------------------------

–Yo… yo… ¡odio a Torkaimon!
-¿Y por qué no lo vences? –preguntó de nuevo Gotsumon intentando acercarse a mí.
-¿Qué crees que es lo que quiero? –le dije. -¿Por qué crees que quiero que vayamos a ese castillo? Si pudiera hacerlo por mi propia cuenta, ya lo habría hecho… Gotsumon… ya no quiero ser esclavo de Torkaimon… dime qué puedo hacer… Quiero salvar a mi madre… pero no quiero seguir siendo el malo…


--------------------------------------------------------

-¡Basta, Torkaimon! -gritó Gotsumon.
-¿Eh? ¿Un niño Digimon viene a retarme?
-¡Eres un maldito! -gritó Gotsumon de nuevo. -¡Hiciste llorar a Daisuke! ¡Traicionaste toda la confianza que puso en ti, maldito! ¡Hizo todo lo que le pediste, tan sólo para que cumplieras tu promesa! ¡Incluso nos dio la espalda para que siguieras confiando en él! ¡Pero ya basta! ¡No dejaré que te sigas aprovechando de él!
-¡Go...! ¡Gotsumon! -grité al ver a mi amigo de roca con los brazos extendidos de espaldas hacia mí, como si tratara de protegerme, haciéndole frente a mi “jefe”. -¿¡Qué estás haciendo, Gotsumon!?
-Hacer lo que debí haber hecho hace mucho... -me contestó Gotsumon sin voltear a verme. -Defenderte de Torkaimon y sus secuaces.
-¿Y qué piensas hacer, niño de roca? -preguntó Torkaimon contento. -¿Vencerme con tus ataques de juguete?
-¿¡Estás loco, Gotsumon!? -grité. -¡Torkaimon está casi a la altura de un Perfecto, y tú apenas estás en etapa de niñez! ¿¡Qué piensas hacer!?
-Pelear. -me contestó de nuevo. -No pienso quedarme de brazos cruzados mientras los demás han peleado arduamente.
-¡No lo hagas! -grité tratando de defenderlo. -¡No podrás hacerle nada!

Pero Gotsumon no me escuchó, quizás motivado por la rabia. Sólo podía escuchar sus “Angry Rock”, sus pequeños ataques, y los poderosos golpes de Torkaimon lanzándolo hacia el suelo.

-¡Auch...! -decía Gotsumon a cada rato que se levantaba.
-¡Gotsumon, déjalo! -le dije corriendo hacia él mientras se levantaba. -¡Te lo dije, Torkaimon es muy fuerte...!

Gotsumon se levantó aún tambaleándose, no podía entender su afán de seguir peleando contra semejante monstruo, hasta que en un momento me contestó...

-Daisuke... -me dijo... -Todo esto lo hago por ti... porque quiero verte nuevamente feliz, quiero ver de nuevo al Daisuke que se reía de todo, que convivía con sus amigos, al que no le importaba estar lejos de casa, al que le hacía frente a sus enemigos sin importar las consecuencias, al que arriesgaba su vida tratando de salvar a Hiroshi o a cualquiera de los demás... No quiero ver que llores de nuevo, no quiero que nadie se vuelva a aprovechar de ti... No dejaré que Torkaimon siga burlándose de ti...

Y al terminar de decir eso, volteó hacia mí, y me siguió hablando.
-Daisuke... sé que tú no asesinaste a Gargadomon... Si eso te hace sentir bien, yo confío en ti, sé que podrás ser un buen amigo para todos aquellos a los que aprecias y defiendes...

No podía creer que Gotsumon todavía recordara la plática que tuvimos aquella noche en el desierto, en la cual le había preguntado qué significaba ser un amigo. Nunca antes había tenido a alguien que confiara en mí a pesar de todas las circunstancias que me hacían ver como el más grande criminal de todo el Digital World...

Traté de decirle algo a Gotsumon, pero él, tan imprudente como siempre lo había sido, volvió a atacar a Torkaimon, pero éste no tuvo más opción que un pequeño golpe para mandarlo de nuevo al suelo. Gotsumon me estaba defendiendo, pero qué podía hacer él ante alguien tan poderoso...

-¡¡¡Gotsumon!!! -grité con todas mis fuerzas al ver a Gotsumon cayendo al suelo, y con él, todas mis esperanzas de ver vencido a Torkaimon...

Pero como si grito fuese un llamado, mi Digivice se iluminó dirigiendo su haz de luz hacia Gotsumon. No entiendo cómo las leyes de la Física podían explicar lo que veía, pero el haz de luz sostuvo a Gotsumon en los aires, evitándole algún golpe más.

-¿Pero qué está pasando? -pregunté.
-Gotsumon fue salvado... -dijo Mizuki.

En un instante, los Digivice de los demás también reaccionaron, lanzando sus rayos de luz hacia mi amigo de roca. Incluso Torkaimon se sorprendió al ver lo que pasaba, trataba de tomar esos rayos de luz para evitar que sucediera lo que se imaginaba que podría suceder, pero por más que intentaba, le quemaban con sólo tocarlos un poco.

-¿Qué... qué pasa? -gritaba Gotsumon también asustado con el fenómeno que estábamos viendo.
-¡No, no lo sé, Gotsumon! -traté de tranquilizarlo.

Revisé mi Digivice, y encontré algo que nunca había visto. El icono de Gotsumon parecía estar activo. Rápidamente lo seleccioné y noté un aviso que decía “Una evolución está disponible”. “Podría ser que...” , pensé. Nunca antes había visto algo como eso, pero si esta era la única esperanza de detener a semejante demonio, tendría que confiar en Gotsumon y la esperanza que todos depositaban en él.

-¡Gotsumon! -grité contento. -¡Aun tenemos una oportunidad! ¿Estás listo?
-¡Sí! -gritó Gotsumon.

Y fue así como oprimiendo ese botón, los rayos de luz que envolvían a Gotsumon se volvieron más fuertes, desapareciendo de sus lugares de origen y envolviendo a Gotsumon en una esfera enorme, la cual descendía poco a poco hasta llegar al suelo.

Esa esfera de luz se fue desapareciendo de poco en poco, dejando visualizar al Digimon que contenía adentro, el cual no me imaginaba que fuese anteriormente Gotsumon. No se parecía en nada, no quedaba ningún rastro de él, pues su evolución no se parecía en nada a él.

El enorme cuerpo que poseía, una larga melena, unas orejas raras, vistiendo sólamente unos pantalones, y sosteniendo una espada en el cinto, no podía imaginarme que Gostumon podía llegar a una evolución como esa.

-¿Le... Leomon? -pregunté asombrado. -¿De verdad, Leomon es la forma evolucionada de Gotsumon?
-¿Ese es Gotsumon? -preguntó Hiroshi asombrado.
-No lo puedo creer. -dijo Gaomon.
-¿A qué te refieres, Gaomon? -preguntó Akio.
-¡Akio-san! -contestó nuevamente Gaomon. -Los Digimon tenemos diferentes evoluciones, pero no me imaginaba que Gotsumon pudiera llegar a convertirse en Leomon.

De igual modo Torkaimon me había enseñado mucho sobre todas muchas de las evoluciones más comunes de los Digimon, y Leomon no estaba dentro de la categoría de Gotsumon. ¿Podría haberse tratado de una circunstancia especial? Leomon siempre se había caracterizado por ser un Digimon bueno, amante de la justicia en la que cree, ¿pudo haber pasado que mis lamentos hubiesen calado en lo más profundo del corazón de Gotsumon, a tal grado que su evolución fuera diferente a las comunes?

Leomon se acercó a mí, me levanté y me preguntó.
-¿Te encuentras bien, Daisuke?
-Leomon... -contesté aún confuso y embobado (tenía que aclararlo) al ver a mi camarada frente a mí.
-Maldición, la tenía tan cerca... -refunfuñó Torkaimon.
-Aún queda esperanza, ¿o no, Daisuke? -me preguntó de nuevo aquel león.
-Sí, Leomon. -contesté. -Porque confío en ti, de la misma forma que tú confiaste en mí.

Leomon se dio la media vuelta para hacerle frente a Torkaimon.

-Torkaimon. -le dijo. -Mientras Daisuke tenga a alguien que confíe en él y no se sienta solo, nunca se rendirá. Él ha aprendido a vivir solo, a nunca expresar lo que siente o piensa, pero nadie puede vivir en soledad esclavizado, siendo indiferente ante todo.
-¿Y qué piensas hacer?
-Cumplir la voluntad de Daisuke. Vencerte y enviarte de una vez por todas a donde perteneces.

Torkaimon y Leomon se enfrascaron en una pelea que nunca antes había visto, mientras Torkaimon, de lo débil que estaba por sus heridas, luchaba por tratar de esquivar los golpes de Leomon, éste se movía con una agilidad que nunca había visto, llegando a asestarle unos cuantos golpes a su oponente.

-Black Cannon. -gritó Torkaimon mientras lanzaba un rayo potente de sus manos, el cual destrozó una parte de su castillo gracias a que Leomon esquivó el ataque.
-Juu Ou Ken. -Leomon lanzó un fuerte puñetazo a Torkaimon lanzándolo por los aires y haciéndolo estrellar en su castillo.

El castillo de Torkaimon se derrumbó por completo, tuvimos suerte de rescatar a mi madre cuanto antes, o de lo contrario, algo terrible hubiese pasado. Torkaimon se levantó un poco furioso cuando vio de repente la espada de Leomon.

-¡No! ¡Por favor! ¡Dejaré al niño Yanami si me perdonas la vida!
-Un justiciero jamás perdona al que ha hecho tanto daño a sus amigos y a una porción del Digital World. -le contestó Leomon.

“Shi-Shi-Ou-Maru”... dijo éste. Lanzó un espadazo contra mi “jefe”, haciéndole una especie de herida mortal que lo hizo desintegrarse.

-¡Maldito Yanami! -gritó Torkaimon antes de esfumarse por completo. -¡Pero ni creas que esto ha acabado aquí!

Leomon regresó a su etapa de niñez. Gotsumon estaba bastante agotado y lleno de múltiples raspaduras (las cuales no entiendo como pueden dolerle a un montón de rocas), pero sin embargo se acercó corriendo hacia mí.
-¿Te encuentras bien, Daisuke? -me preguntó Gotsumon preocupado.
-Yo... yo... -sólo pude contestar... -Sí, Gotsumon... No podría estar mejor que nunca... Gracias... muchas gracias... ¿Estás muy herido, sabes?

Gotsumon sonrió.
-Pero el saber que eres libre hace que no me duelan tanto mis heridas.

Me tumbé por un momento al suelo mirando hacia el cielo del Digital World. No me imaginaba que estuviese tan bello el día. Los nubarrones y la oscuridad que predominaban en la zona habían desaparecido, dejando ver el más bello verdiazul de los cielos.
-Nunca me había percatado de los pequeños detalles de tu mundo, Gotsumon. El cielo de aquí es bastante precioso.

Los Digimon y el resto de niños trataban de reanimar a Piccolomon, mientras yo me acerqué a mi madre para abrazarla y constatar que todavía respiraba. Piccolomon la encerró en una especie de burbuja y me dijo:
-He encerrado a tu madre para que descanse mejor *pi*. En cuanto llegue algún escuadrón de los Vigilantes de la Frontera, les pediré que la envíen al mundo humano *pi*.
-Muchas gracias, Piccolomon-sama. -le contesté. -Por cierto, señor...
-¿Qué pasa Daisuke *pi*? -me preguntó la bola rosada.
-Tengo muchas preguntas qué hacerle sobre el Digital World, Torkaimon y Gotsumon, y quisiera que usted me las respondiera con toda sinceridad.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #8 en: Julio 23, 2009, 08:38:11 »
Lo siento amigos, pero este no es el último capítulo...

Spoiler de el capítulo 11:
11.- El juicio de Daisuke

-Por cierto, señor...
-¿Qué pasa Daisuke *pi*? -me preguntó la bola rosada.
-Tengo muchas preguntas qué hacerle sobre el Digital World, Torkaimon y Gotsumon, y quisiera que usted me las respondiera con toda sinceridad.
-¿Daisuke? -preguntó Rina preocupada. -¿Estás bien?
-Sí, Rina, mucho mejor que nunca. -contesté alegre.
-¿De verdad no estás herido ni nada? -preguntó Hiroshi.
-Tranquilízate Hiroshi. -le dije. -Ya todo se terminó.
-De acuerdo Daisuke *pi*. -contestó la bola rosada. -Dime qué deseas saber *pi*.
-¿Qué sucedió hace treinta años en el Digital World? -pregunté.

Piccolomon tomó aire y comenzó a narrar quizás una de las más bellas historias de grandeza.

-Daisuke... no sé si lo sepas *pi*, pero hace treinta años, un grupo de niños, muy parecido a ustedes, llegó en un momento en que el Digital World era un mundo de caos *pi*.
-Sí, eso lo sé, Gargadomon me lo contó. -contesté...

Pero al mencionar el nombre de aquel Vigilante, me quedé como de piedra, recordando lo que había pasado. Gotsumon, al verme, comenzó a entristecerse.

-¡Un momento! -protestó Hiroshi. -¿No se supone que eso pasó hace cien años?
-No *pi*. -rectificó Piccolomon. -No fue hace cien años *pi*. Sólo mencioné esa fecha para no interferir con los planes de Yggdrasil *pi*, pero ahora que Daisuke sacó a flote ese tema, y con Torkaimon vencido, no hay motivo para ocultarlo *pi*.
-¿Y entonces, qué pasó en esa época? -preguntó Mizuki intrigada.
-Torkamon era el rey tirano del Digital World *pi*. A ellos les seguían Onagimon y Rakugamon como sus fieles aliados...
-Pero eso ya lo sabemos, Piccolomon-sama. -le contesté como insinuándole a lo que quería llegar.
-Entiendo *pi*. -me contestó la bola rosada. -Sé lo que quieres que hable *pi*. Pues bien, te lo diré *pi*. Pero primero siéntense en aquellas rocas *pi*, deben estar muy cansados *pi*.

Nos sentamos bajo un árbol y sobre unas rocas, alejado de los escombros del castillo.

-Daisuke *pi*... ¿te suena el nombre de Kaito Yanami? -me preguntó.
-Por supuesto... es el nombre de mi padre. -contesté de una pequeña mala gana.
-Bien Daisuke *pi*, pues ese Kaito Yanami que tú y yo conocemos, vino a salvar el Digital World hace exactamente treinta años *pi*

Al escuchar eso mis amigos, incluido Gotsumon, abrieron la boca como si les hubiesen soltado información que no se esperaban.

-U... un momento... -pedía Hiroshi una explicación. -¿Quiere decir Piccolomon-sama, que el padre de Daisuke vino aquí? ¿Al Digital World?
-Es extraño que el hijo de un héroe sea el villano del Digital World. -insinuó Piyomon.
-¡Es que no lo entiendo, Piccolomon-sama! -interrogué. -¡Gargadomon me dijo una cosa sobre mi padre, y usted también! ¡Pero Rakugamon me dijo algo diferente!
-¿Y cómo hablaste con Rakugamon, Daisuke-kun? -preguntó Gaomon.
-Eso es algo que no entiendo y no sé ni cómo explicar, pero pude sostener un diálogo con el verdadero Rakugamon, al cual vencí... -dije pensativo.
-¿Y qué te dijo Rakugamon? -preguntó Gotsumon.
-Rakugamon me dijo... que mi padre era casi un demonio, un sujeto sediento de sangre, y un fiel aliado de Torkaimon... hasta que decidió traicionarlo...
-Eso te lo puedo explicar, Daisuke *pi*. A Kaito le gustaban los retos, pero también la justicia. Torkaimon les estaba haciendo mucho daño desde el primer día que llegaron aquí *pi*, y a Kaito se le ocurrió una brillante pero arriesgada idea *pi*.
-¿Y esa idea fue...? -preguntó Rina.
-Convertirse en aliado de Torkaimon y vigilar sus movimientos desde adentro *pi*.
-¿¡Que hizo qué!? -grité sorprendido.

Hasta ahora no me imaginaba que alguien pudiese hacerle frente a Torkaimon y hacerle una mala jugada, pero tal parecía ser que ya había alguien así, y que ese alguien fuera precisamente...

-Mi padre entonces fue alguien importante para el Digital World... -murmuré.
-Así fue, Daisuke *pi*. -contestó Piccolomon. -Pero cuando Torkaimon se enteró de los verdaderos planes de Kaito, se enfureció completamente con él.
-Entonces... esos malditos sabían que yo era hijo de él... -dije nuevamente.
-Yggdrasil los tenía a ustedes en sus planes de mantenimiento del Digital World *pi*. -me contestó Piccolomon. -Es probable que en esta ocasión Torkaimon fuese más inteligente y decidiera atacar por el lado más débil, teniendo a uno de los salvadores del Digital World de su lado.
-Pero las personas y los Digimon saben a qué bando deben pertenecer, ¿o no? -preguntó Gotsumon.
-Nadie puede contravenir la voluntad de Yggdrasil, tarde o temprano iba a suceder lo que tenía que suceder *pi*.

-Piccolomon-sama... -dijo Gaomon. -Yo tengo una duda con la evolución de Gotsumon.
-¿Lo de Gotsumon y Leomon, Gaomon? -pregunté.
-Así es, Daisuke-kun. -me dijo Gaomon. -Conozco muchas de las pre-evoluciones de los Digimon, entre ellas las de Leomon, y entre ellas no recuerdo que estuviera Gotsumon.
-Eso es cierto... -contesté. -Nunca pensé que de entre todas las evoluciones posibles de Gotsumon, pudiera salir Leomon.
-Daisuke, Gaomon *pi*. -nos contestó aquel globo rosa. -Deben entender que no todas las evoluciones son iguales. De ello dependen muchos factores, tales como el ambiente en que se desenvuelven, su método de crianza, y en el caso de ustedes, la relación de amistad que hayan tenido *pi*.
-¿La relación... de amistad...? -me dije.

---------------------------------------------------------------

“Daisuke... Todo esto lo hago por ti... porque quiero verte nuevamente feliz, quiero ver de nuevo al Daisuke que se reía de todo, que convivía con sus amigos, al que no le importaba estar lejos de casa, al que le hacía frente a sus enemigos sin importar las consecuencias, al que arriesgaba su vida tratando de salvar a Hiroshi o a cualquiera de los demás... No quiero ver que llores de nuevo, no quiero que nadie se vuelva a aprovechar de ti... No dejaré que Torkaimon siga burlándose de ti...”

---------------------------------------------------------------

-Pero Leomon es un justiciero por cuenta propia. -contestó Patamon.
-¿Qué pasó, Gotsumon? -pregunté.
-Yo... no lo sé... -me contestó mi amigo de roca. -Sólo sentía que era mi deber hacer que ese demonio pagara por lo que le hizo a Daisuke y...
-No te preocupes, Gotsumon *pi*. -dijo Piccolomon. -La evolución es algo que no entendemos aún, y apenas lo que dije es sólo una teoría *pi*.
-¿Pero qué pasó con Gargadomon? -preguntó Akio. -Pensé que sólo morían y ya, pero vimos cómo se desintegraba y sus restos iban volando...
-Eso lo puedo responder yo... -contesté apenado. -Cuando los Digimon mueren, sus restos van al Pueblo del Comienzo. Allí los restos se regeneran y se convierten en un Digitama.
-¿Digitama? -preguntó Rina.
-Sí, un huevo de Digimon. -volví a contestar. -Pero... cuando vuelven a nacer, no recuerdan nada de sus vidas pasadas...
-Daisuke... -dijo Gotsumon al verme decaído por mencionar lo último.
-¿Pero? ¿Y Torkaimon? -preguntó Hiroshi. -¿Podría volver en cualquier instante?
-No lo creo *pi*. -contestó el hada. -Sus restos se dispersaron por el Digital World. Ese es el sistema de auto-mantenimiento del Digital World, trata de evitar que los errores del pasado se repitan.
-¿Cuándo regresaremos a casa? -preguntó Mizuki.
-En cuanto venga el Trailmon de los Vigilantes *pi*, él nos llevará hacia el Digital Border *pi*, allí podrán regresar a su mundo real *pi*.

Pero el Trailmon llegó más rápido de lo que Piccolomon-sama habría podido pronunciar esa frase sin tantos *pi*. Un Trailmon robusto, el cual acomodaba los rieles por donde pasaba a la vez que se movía, llegó justo frente a donde nos encontrábamos.

Después de que el humo que producía se desvaneciera, producto de que este Trailmon era un modelo viejo, bajaron dos Digimon, los cuales no pude determinar su nombre, vestidos con el uniforme azul de los Vigilantes y se plantaron frente a nosotros.

-¿Quién de ustedes es Daisuke Yanami? -preguntó uno de ellos.
-Yo... yo lo soy... -dije un poco confundido.
-Daisuke Yanami, -dijo el otro. -más conocido en el Digital World como Rakugamon, queda arrestado por los delitos de asesinato, extorsión, ataque a las vías de comunicación y ser el principal colaborador de Torkaimon.
-¿Que? -pregunté asustado. -¿Qué piensan hacer?

Antes de que pudiera recibir una explicación, me colocaron unos grilletes que impedían la evolución y me llevaron empujando hacia un vagón.
-¡No! -gritaba Gotsumon llorando. -¡Esto debe ser un error! ¡Él no es culpable de nada!

Al escuchar eso, uno de los guardias salió del vagón. Por un instante pensé que le harían algo a Gotsumon, pero en vez de eso, le dijo:
-Si quieren testificar ya sea a favor o en contra del acusado, pueden acompañarnos. Pero vayan en el vagón de adelante, el recluso no puede estar en contacto con nadie.

-Por supuesto que vamos *pi*. -dijo Piccolomon.

-----------------------------------------------------------------------

Pero en el vagón donde me encontraba, el trato era diferente. Inmediatamente después de que Trailmon comenzara a avanzar, escuché unos avisos exclusivamente para reclusos, como por ejemplo, que “los reclusos no podían tener contacto con nadie, ni siquiera levantarse de su asiento, y que los Vigilantes tenían toda orden de actuar si veían algo sospechoso”...

Miré hacia el pasillo del vagón, y los guardias volteaban hacia mí. Miraba hacia la ventana intentando olvidar lo que pasaba, y los guardias volteaban hacia mí. Incluso suspiré, y los guardias se acercaban a mí. Era tal y como me lo mencionó Gargadomon... no la iba a librar... pero ahora, ni él podía testificar a favor mío... 

-Señores... -dije. -¿Puedo saber cómo está mi ma...?

Traté de terminar la frase, pero un fuerte puñetazo en la cara me hizo volar de mi asiento, lanzándome varios metros detrás de éste. De no ser porque caí en el pasillo, de lo contrario hubiese salido más lastimado...

-Pero... ¿pero qué hacen? -pregunté intentando pedir una explicación.
-¡Cállate maldito malnacido! -gritó uno de los guardias. -¡Regresa a tu asiento antes de que te vaya peor!
-Pero... pero... -dije asustado.
-Veo que los malditos demonios no entienden, ¿verdad? -me dijo al momento que me tomaba del cuello y me alzaba. -A ver, ¿dónde están tus poderes?

Aquel Vigilante me lanzó de nuevo a mi asiento. Quise soltar alguna expresión de dolor, pero viendo la actitud de los guardias, preferí no decir nada. Quería llorar, pero era mejor no hacerlo, quizás el ver el mar sobre el que ahora cruzábamos me despejaría unos instantes hasta llegar al destino final.

----------------------------------------------------------------

-¿Vamos a ir al Digital Border? -preguntó Rina.
-No Rina. -contestó Piyomon. -Vamos a ir a una prisión cercana.
-¿!Qué!? -preguntó Hiroshi. -¿¡Vamos directo a una prisión!? ¿¡Nos arrestarán!?
-No te preocupes Hiroshi *pi*. -trató de calmarlo Piccolomon. -En todo caso, el único que iría a prisión sería Daisuke, por desgracia *pi*...
-Trataremos de salvar a Daisuke... -dijo Gotsumon decidido. -Sí, eso es lo que haremos.
-¿Pero cómo? -preguntó Gaomon.
-Es simple *pi*. -dijo Piccolomon. -En la corte podremos con nuestros testimonios evitar que suceda algo grave con Daisuke *pi*.

----------------------------------------------------------------

Por fin vi un pedacito de tierra, “creo que he llegado”, me dije...
-Andando. -me contestó reciamente el guardia.

Habíamos llegado a una especie de palacio antiguo, el “Seigi no Palace” según me contaban los viejos del Digital World. Hubiese querido admirar aquella edificación, pero en mi situación, no iba a ser posible.

Después de entrar a aquel recinto, salieron mis amigos de su vagón, y se dirigieron a otra habitación. Gotsumon no dejaba de mirarme, incluso cuando los metieron a la habitación, salió de ésta para intantar seguirme, lo que provocó que los Vigilantes se amotinaran alrededor de mi amigo y lo escoltaran hacia ese lugar. Al ingresar yo a mi destino, no pude ver nada, la sala estaba totalmente oscura, a excepción de un rayo de luz que caía desde el techo hasta el centro. En el estrado estaba un Digimon encapuchado, por ese motivo no pude reconocer su rostro.

-¡Aquí entregamos al recluso Rakugamon! -contestó un guardia.
-Puede retirarse soldado. -dijo aquel Digimon. -Bien, aquí tenemos a un fugitivo de la ley, ¿verdad?

No contesté nada de lo que me preguntaban. Tenía miedo de que cualquier sonido que emitiera me condenara a algo...

-¿Cuál es su nombre verdadero?
-Ya... Yanami... Daisuke Yanami... señor...
-¡Yanami! -dijo el juez sorprendido. -Es increíble que esté sentenciando a un pariente del gran Yanami... Veamos, veamos... ¿asesinato, secuestro, extorsión, miembro de las tropas armadas de Torkaimon? Pues sí que tenemos a todo un criminal al frente. ¿Cómo se declara ante todos esos cargos?
-Cu... culpable... -dije bajando la cabeza.
-¡Espera Daisuke! -gritó Gotsumon. -¡No digas esas cosas!
-¡Arresten al agitador! -gritó el juez. -¡En vista de que el acusado se ha declarado culpable de todos los cargos, no me queda de otra que sentenciarlo eternamente a prisión!
-¡Pe... pero...! -grité intentando convencer al juez de que cambiara su decisión.
-Sin embargo, veo que aquí Piccolomon-sama quiere testificar a favor que usted...

Piccolomon-sama voló hacia la zona y comenzó a hablar.

-Daisuke-san sólo era un esclavo de Torkaimon *pi*. Cuando se rebeló en contra de su jefe, me liberó de la prisión donde me encontraba, incluso venció al mismo Torkaimon con ayuda de su amigo Gotsumon *pi*.
-¿Cómo? -preguntó el juez. -¿Acaso este niño venció a Torkaimon?
-Así es señor juez *pi*. Este joven es uno de los niños que vino del mundo humano, y junto a todos los demás -dijo señalando al resto de mis amigos. -vencieron a ese sujeto *pi*.
-Entonces... creo que podré cambiar mi sentencia. Daisuke Yanami... usted no será enviado a prisión por el resto de su vida, pero... para garantizar que nunca volverá a hacer daño al Digital World, será sentenciado al olvido permanente.
-¿Olvido permanente? -pregunté.
-Así es. -me contestó el juez. -Todos los recuerdos relacionados con los Digimon serán borrados de su memoria, así garantizaremos que nunca podrá hacer daño a nuestro mundo.
-¿Entonces? -pregunté asustado. -¿Quiere decir que olvidaré a Gotsumon?
-Así es. Pueden pasar los testigos.

Gotsumon corrió directo a abrazarme, lo pude ver llorar.

-¡No, daisuke! ¡Esto no puede estar pasando!
-¡No quiero esto, Gotsumon! -grité a punto de llorar. -¡No quiero olvidarte! ¡No después de todo lo que te preocupaste por mí!
-¡Tranquilo Daisuke! -me trataba de consolar. -¡A pesar de que no logres recordarme, yo no te olvidaré!

Saqué un pañuelo rojo de mis bolsillos, con mi nombre impreso, y se lo anudé a su brazo.

-Si algún día puedo venir nuevamente al Digital World, ese será la señal de que algún día nos conocimos...

A un lado el resto de los niños discutía sobre la horrenda decisión del juez.
-¿De verdad Daisuke jamás recordará esto? -preguntó Hiroshi.
-Esto no me parece justo... -dijo Mizuki. -Después de todo lo que pasamos, y cómo nos salvó la vida, no pueden hacerle esto.
-Pero es la decisión del juez, Mizuki-chan. -dijo Gaomon.

Rina no dejaba de mirarme a mí ni a Gotsumon, pero quizás su decisión final fue la más contundente para todos.
-Yo... yo también quiero ser sentenciada al olvido permanente.
-¿Qué dices Rina? -preguntó Piyomon.
-Daisuke y Gotsumon han sido grandes amigos. Y ahora quieren que Daisuke olvide a Gotsumon... Piyomon, tú también fuiste buena conmigo, y no quisiera que nos hicieran esto. Por eso quiero unirme a la sentencia de Daisuke.
-Entonces... entonces yo también quiero olvidarlo todo. -contestó Hiroshi. -Todavía recuerdo cuando Daisuke intentó salvarme de ese Digimon del martillo. Creo... que lo que están haciendo es injusto para él.
-Hiroshi... -contestó Kamemon.
-Perdóname, Kamemon. -dijo Hiroshi inclinándose para hablarle frente a frente. -Pero hay veces que para ayudar a un amigo, debemos arriesgar otra amistad... Espero que lo entiendas.
-Entonces creo que me uniré a su amnesia. -dijo Akio.
-¿Akio-san! -protestó Gaomon. -¿De verdad quiere eso?
-Ya oíste a Hiroshi.
-Creo que no me queda de otra... -dijo Mizuki.
-Mizuki-chan... -dijo Patamon.
-¡Señor juez! -gritó Hiroshi. -¡Nosotros cuatro queremos hacer compañía al acusado en su sentencia!
-¿Qué? -pregunté asombrado. -¡No tienen que hacer esto!
-Sí podemos hacerlo. -dijo Rina.
-Además... -dijo Akio. -Si hemos vencido a Torkaimon, ya no somos necesarios en el Digital World, ¿o sí?
-Amigos... -dije en voz baja. -De verdad no es necesario que se metan en este problema...
-Si eso es lo que quieren, entonces los cinco humanos serán enviados a su mundo, pero en cuanto lleguen allí, no recordarán nada sobre los Digimon.

Los siguientes tres minutos fueron quizás los más emotivos que había vivido. Todos habían arriesgado sus vidas para poder sobrevivir en este mundo, y ahora que regresaríamos a nuestro hogar, no volveríamos a saber que este lugar existía. Todos despidiéndonos de nuestros amigos,  pidiéndoles que no nos olvidaran a pesar de lo que nos pasara a nosotros.

Pero el juez quería ser rápido. Nos llamó a todos al frente, y con su pequeño mazo, solicitó la sentencia. Escuché el golpeteo del mazo en su mesa y...

----------------------------------------------------------------------

-¿Eh? ¿Dónde estoy? -me desperté algo cansado.

Al voltear a mi alrededor, lo único que vi fue una fila de computadoras, y por si fuera poco, una frente a mí. Reconocí inmediatamente el lugar, era la sala de computadoras de la primaria.

-¿Eh? -pregunté al ver a algunos de mis compañeros de salón dormidos frente a sus computadoras. -¿Amigos? ¿Están ahí? No deberían estar dormidos.
-¿Qué pasó...? -preguntó Akio despertándose. -¿Daisuke? ¿Qué estás haciendo aquí?
-Creo que nos dormimos... -le dije mientras me acercaba a mi computadora. -Déjame ver qué hora es...

Me parecía extraño que a pesar de que habíamos llegado allí en la tarde, justo después de terminar las clases, el sol alumbrara en todo su esplendor aún...
-Son las 3 de la tarde del día... ¿¡lunes!? -grité al ver la fecha en la que estábamos. -¿Pero cómo pude estar dormido tanto tiempo?
-¿Eh? ¿Quién está gritando tan fuerte? -dijo Mizuki.
-¡Todos! ¡Despierten! ¡No entiendo qué hacemos aquí, pero creo que nos hemos dormido varios días!
-¿Qué  dices Daisuke? -gritó Rina.
-¿Y quién es esa señora que está durmiendo en la silla de la esquina? -preguntó Hiroshi despertándose aún.
-¿Una... señora? -pregunté.

Al voltear hacia donde señalaba Hiroshi, pude ver a esa mujer... no, no era una desconocida... era... era...
-¿Ma... madre? -pregunté al verla. -¿Eres tú, madre?
-¿Eh? -preguntó mi madre despertando. -¿Daisuke? ¿Eres tú?
-¡Qué bueno que estás bien, madre! -grité emocionado y llorando. -¡No sabes cuánto te he extrañado en estos meses! ¿Pero cómo llegaste aquí?
-¿De qué hablas Daisuke? -me dijo como si no supiera nada.
-¿No recuerdas nada de lo que te pasó, madre? -pregunté extrañado. -¿No recuerdas a tus secuestradores? Seis meses, ¿y no recuerdas nada?
-No... nada Daisuke. De hecho no entiendo qué hago aquí. ¿Dijiste seis meses?
-Sí, madre. Seis meses, nos tenías tan preocupados en estos meses. Ayano y papá están tristes y... y... ¡yo también te extrañé! -dije llorando y abracé a mi madre.

Pero la emoción fue interrumpida por el conserje de la escuela, quien gritó al vernos en la sala de computadoras durante un día de vacaciones. Incluso nos corrió de la escuela, y aunque nos pedía una explicación de sobre qué hacíamos allí, ninguno de los presentes pudimos responder a su pregunta.
-Creo que yo me iré a mi casa. Deben estar preocupados por mí.
-Creo que yo también...
-Deberíamos ir a casa, Rina.
-Tienes razón...

Mientras tanto, mi madre y yo tomamos un rumbo diferente al de los demás, queríamos llegar cuanto antes a casa y darles la sorpresa a papá y a Ayano. En un disparo de impulsos, abracé con fuerza a mi madre.

-No te vuelvas a ir nunca más, madre...
-Tranquilo Daisuke... Te prometo que volveremos a ser una familia unida.
-Gracias, madre...

Extrañamente, no podía recordar nada de lo que pasó en esos días de sueño. Podía decir que incluso tenía una extraña sensación de que me faltaba algo, dentro de mí...

------------------------------------------------------------

-¿Qué está haciendo Rakugamon por aquí? -preguntó una persona vestida de traje.
-¿Podría ser que vencieron a Torkaimon-sama? -dijo su acompañante de traje.
-No puede ser, pero viniendo de Rakugamon, todo es posible.
-Hay que avisarle a Onagimon-sama. Él sabrá qué hacer.

Las dos personas caminaron por la mitad de la calle, desapareciendo de pronto y sin explicación alguna.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #9 en: Julio 25, 2009, 12:10:03 »
Spoiler de el capítulo 12:
12.- El regreso del dúo roca-humano

-Yo abro, papá... -contestó animosa Ayano al escuchar el timbre de la puerta.

Ayano abrió y me vio a mí.
-¡Daisuke-niichan! -me dijo. -¿Dónde has estado en estos días? Papá ha estado preocupado por ti.
-Es una larga historia. -le inventé. -¿Dónde está papá?
-¿Daisuke? -preguntó mi padre al verme. -¿de verdad eres tú?

Mi padre al verme, me abrazó y me estrujó con fuerza.
-Estuve muy preocupado por ti. ¿Dónde estuviste este tiempo Daisuke? Llamé a la policía y nadie te encontraba.
-Es algo complicado de explicar... -contesté. -No recuerdo nada, sólo desperté en la escuela y...
-¿Cómo que no recuerdas nada? -preguntó mi padre extrañado.
-No, de verdad papá. -contesté de nuevo. -Y cuando desperté... encontré a...
-¿Misuzu? -dijo mi padre al ver a mi madre detrás de mí.
-Querido... Kaito... -dijo mi mamá al ver a mi padre.

Ambos se abrazaron, dejando ver la mejor escena familiar que había visto en años.
-Ve a cambiarte, Daisuke. -ordenó mi padre. -En unas horas prepararé la cena. ¡Vamos a celebrar que han regresado a casa!
-Sí papá. -le dije y me fui a mi habitación.

Me cambié de ropa y me acosté en la cama. Prendí la televisión y veo... tres canales únicamente...
-Sí, onii-chan... -me dijo Ayano mientras cruzaba cerca de la puerta de mi habitación. -Los de la televisión por cable están en huelga.
-¿Otra vez? -me enojé.

Me levanté y conecté la antena externa. Mi padre había hecho varias instalaciones de televisión en casa, entre ellas una antena externa que nos dejaba ver algunos canales de fuera de la ciudad. Pero no se veía nada...
-Creo que estaré en internet... -me dije.

Revisé algunas páginas, entre ellas las que dan las noticias locales, y vi los avisos de gente desaparecida. Había escuchado de eso antes... pero... no sabía qué pasaba...

Esa noche cenamos con gran abundancia, mi padre abrazando a mi madre mientras estábamos sentados en la mesa. Y nos acostamos temprano, no entiendo por qué pero bueno...

---------------------------------------------------

Un grupo de “enanos” cubiertos en sus capas rondaba por la zona de Ciudad del Valle. Cubiertos por la oscuridad de la noche, podían caminar por las calles sin temor a que los descubrieran
-¿Está seguro que es por aquí, señor?
-Esto... esto está muy peligroso, señor... Todo está lleno de humanos y extremadamente ruidoso.
-Estoy seguro que es por aquí. Si logramos encontrar a sus amigos, ya la hicimos.
-¡Ya quiero volver a verlos!
-¿Pero nos reconocerán cuando nos vean?
-Si no lo hacen, tengo algo que los hará recordar...

------------------------------------------------

-Daisuke...
-¿Qui... quién me habla?
-¡Daisuke...!

Volteé hacia donde me hablaban y noté un cielo muy oscuro y con nubes negras, a mi lado un sujeto que más bien parecía un niño, pero su cuerpo era diferente, como si estuviese hecho de roca.

-¡Daisuke! ¡Tienes qué recordar!
-¿De qué hablas?
-¡Tienes qué recordar! ¡Sólo así podremos salvar a tu mundo!
-¿Pero qué es lo que debo recordar?
-¡Por favor, Daisuke, tienes qué hacerlo...!


----------------------------------------------------------

Ocho de la mañana del martes, había despertado de esa manera, alguien me pedía que recordara algo, pero... ¿qué podía ser?

Bajé a la sala y vi a mi hermanita Ayano viendo la televisión. Mi madre estaba preparando el desayuno y mi papá...
-¿Dónde está mi padre? -pregunté.
-Papá se fue a la agencia de autos. Tenían un problema con un cliente y le hablaron de urgencia. -me respondió mi madre.
-¡Oye! ¡Daisuke-niichan! ¡mira esto! -me dijo Ayano señalando el periódico.
-¡Convención 2009 de Expo Anime de Ciudad del Valle! ¡Entradas disponibles! -dije emocionado al ver algo así. No pensaba que en una ciudad pequeña como Ciudad del Valle pudieran hacer un evento de este tipo. -Ayano, ¿quieres ir?
-¿De verdad me vas a invitar, Daisuke-niichan? -preguntó emocionada mi hermanita. -¡Claro que voy! ¡Esto no me lo pierdo por nada!
-¿Qué te parece si voy ahora mismo a comprar los boletos?
-¿Pero tienes mucho dinero?
-De las gastadas que me dan. -contesté sonriente.
-¿Quieres comer, Daisuke? -preguntó mi madre quien resolvía un crucigrama en la sala. -Tu padre trajo comida del mercado.

Desayuné y le comenté a mi madre la idea de ir solo en autobús hacia el centro de la ciudad.
-¡Pero, Daisuke! -puso mi madre un grito en el cielo. -¡Ya ves lo que ha pasado mucho en esta ciudad! ¡Asaltos, secuestros! No deberías salir solo a la calle.
-Tranquila, mamá. -traté de serenarla. -Te prometo que me cuidaré muy bien.
-De acuerdo... -dijo mi madre sin opción alguna. -Pero prométeme que llevarás tu celular por cualquier cosa.
-Lo haré, mamá. -le contesté.

Me vestí, tomé una mochila y salí de casa. Caminé unas cuadras hacia la calle principal y esperé en la parada del bus. Toda la gente de la ciudad me miraba fijamente, como si desconfiaran que un niño de diez años pudiera abordar el bus sin acompañantes. Para mí me era muy natural, había crecido en una zona muy conflictiva, con secuestros a diario, pandillas, drogas a la vuelta de la esquina, que viajar en un bus solo en una ciudad pequeña como lo era Ciudad del Valle me parecía lo más seguro del mundo.

Al sentarme en uno de los asientos, tomé mi celular y vi que el modelo había cambiado. En vez de ser algo discreto, era bastante llamativo y de color negro... Pero a la vez sentía que lo había tenido desde hace tiempo...

Bajé del bus hacia la entrada del centro de convenciones y fui directo a la entrada donde una señorita muy amable me vendió dos boletos. Incluso el precio fue muy barato, que hasta me preguntaba si de verdad harían algo para esa fecha.

Tomé de nuevo el bus, pero extrañamente esta vez tuve una sensación de escalofríos. Preferí mirar hacia el exterior con el bus en movimiento. En un momento recordé el sueño que había tenido, creo que estaba viendo demasiadas caricaturas, que hasta soñaba con el mundo real siendo salvado por alguien o al menos eso era lo que lograba recordar...

----------------------------------------------------------

-Así que allí está Rakugamon... -dijo un monstruo sosteniendo un enorme martillo mirando hacia un bus en movimiento.

----------------------------------------------------------

“Me pregunto qué clase de espectacular será ese”, dije al ver a una especie de demonio verde con un martillo como “figura principal” del anuncio espectacular de crema dental. Al ver que de pronto esa figura se movía y saltaba por los aires a punto de caer sobre el bus, grité con todas mis fuerzas. Los pasajeros primero se extrañaron, pero un cristalazo del parabrisas del bus nos llamó la atención a todos. El conductor perdió el control de la unidad llevándonos a estrellar hacia un poste de luz.

-Así que ahí estás, Rakugamon. -dijo ese sujeto.

Como si de un fuerte impulso se tratara, abrí rápidamente la ventana del bus y escapé por ahí. Todos los pasajeros intentaban salir como fuera por las ventanas o las puertas. Pero fui más rápido. Lamentablemente supuse que ese ser me estaba buscando a mí, pues sólo apenas escapar, corrió detrás de mí.

-¡Por aquí! -dijo una especie de enano encapuchado, a quien no pude ver su rostro, pero que me tomó con fuerza y pudimos salir corriendo.
-¡Yo los transportaré! -dijo otro.

Este tomó de las manos al que me llevaba, y formando una especie de esfera, desaparecimos de la zona.

-¡Ese malnacido! -gritó el demonio. -¡Pero pronto lo atraparé!

----------------------------------------------------------

-¡Por fin la libramos! -dijo el que me llevaba de la mano.
-¡Si Onagimon eliminaba a Daisuke, estábamos perdidos! -dijo el otro.
-¿Le pasó algo a Daisuke? -preguntó otro sujeto de capa.
-¿Eh? ¿De qué me están hablando? -pregunté. -¿Y cómo es que saben mi nombre?
-¿De verdad no recuerdas nada, Daisuke? -preguntó el que me llevaba de la mano.

Ese sujeto se quitó la capa y me dejó ver su verdadera identidad.
-¡E... eres tú! ¡El que se apareció en mis sueños! -grité al ver su aspecto de montículos de piedra. -¡El que me pidió que recuerde algo!
-¿Pero no recuerdas nada, Daisuke *pi*? -dijo el otro, quien quitándose la capa, dejó ver su aspecto como una especie de globo rosado sosteniendo un báculo.
-¿Pero qué es lo que debo recordar? -dije enfurecido.
-Daisuke... comenzó a relatarme el sujeto de piedras. -Hace unos pocos días pudimos vencer a un demonio que te extorsionaba, gracias a ti pudimos hacerlo entre todos.
-Esto debe ser una broma... -dije intentando buscar una explicación lógica al asunto.
-¡No es una broma Daisuke *pi*! -dijo la bola rosada furiosa. -¡De verdad pasó, y por eso estamos aquí, te han borrado la memoria para que no pudieras regresar a nuestro mundo pero ahora te necesitamos! ¡Te necesitamos para pelear contra Onagimon!

Tomé un poco de aire y dije:
-Lo siento, no sé de lo que están hablando. Además... si me borraron la memoria seguramente deberá ser por algo bueno...
-¡Daisuke! -gritó el ser de piedra.
-¡Déjame en paz, Gotsumon! -le grité.

¿”Gotsumon”? ¿Le había dicho a ese sujeto de piedras “Gotsumon”? ¿Pero de dónde? ¿Acaso me habría inventado un nombre para llamarle y que me dejara en paz?
-Lo siento, pero si me borraron la memoria seguramente será por algo. Ahora mismo no entiendo qué es lo que quieren...

Decidí alejarme de ellos, muy a pesar que “Gotsumon” y los otros intentaran hablarme.
-¡Daisuke! ¡Vuelve aquí! ¡Estás en peligro!
-¿Cómo fue que dijo tu nombre. Gotsumon *pi*? -contestó la bola rosada. -¿Podría ser que esté comenzando a recordar *pi*?
-Eso quisiera, Piccolomon-sama... -dijo el de roca. -Pero el olvido permanente no es algo que se refresque tan fácilmente...

Había caminado un poco más adelante, tomando calles y esquinas para olvidar lo que había pasado. No entendía por qué esos sujetos no me daban miedo, muy a pesar de su forma no-humana. A decir verdad, al ver al sujeto de roca, podía sentir una sensación de tranquilidad y de confianza.

Pero al llegar casi a un parque cercano a mi casa, tuve un sentimiento de pesadez. Pensé que era por el calor que se dejaba sentir en la ciudad, así que bajo un árbol me senté en el columpio a mecerme por un instante.

Hacía cuanto tiempo que no venía al parque a disfrutar algo tan simple como mecerme en un columpio... ¿Pero por qué no venía aquí? Si siempre tenía todo el tiempo libre del mundo...

-Así que no has perdido los modales, Rakugamon. -me dijo un sujeto.

Al ver que no volteaba hacia él, el sujeto ese me tomó del hombro y comenzó a gritarme.
-¡Te estoy hablando, Rakugamon-sama! -me dijo.

Volteé y me horroricé al ver al mismo monstruo que nos había atacado en el bus.
-¡Tú! ¡Tú eres el que nos atacó!

Corrí con todas mis fuerzas para intentar escapar de ese sujeto pero, como si de magia se tratara, me vi frente a frente con él de nuevo.
-¿A dónde va, Rakugamon-sama? ¿No quiere ayudarme a eliminar a los hijos del elegido? ¿Y Torkaimon-sama?
-¡No... no entiendo por qué me llamas Rakugamon-sama! -grité horrorizado. -¿Y quién es Torkaimon-sama?

Ese demonio del martillo me apretó con sus manos al escuchar eso último.
-¿Que quién es Torkaimon-sama? ¡Nuestro jefe! ¡El único! ¡Aquél al que llevaríamos a ser el rey del Digital World!
-¡No entiendo de qué me hablas! -grité mientras forcejeaba para tratar de escapar.
-Seguramente te encontraste con los Vigilantes y te dieron el olvido permanente... -dijo ese sujeto. -Pero no te preocupes que aquí te ayudo a recordar...

Ese ser del martillo comenzó a narrar una historia que parecía más sacada de la ficción o de un programa de televisión que otra cosa...
-Torkaimon-sama es aquel al que vamos a hacer el rey del Digital World. Él te dio el poder para convertirte en un Digital Monster. Los tres causábamos destrozos en todo lugar al que fuéramos, asesinatos, destrozos, extorsiones, secuestros... ¡Todo! ¡Todo eso hacíamos y más! ¡Para poder estar listos cuando los niños Elegidos vinieran!

No sé ni de cómo pudo haber sacado esa historia, pero como si fuese una película dentro de mi mente, pude ver cada uno de los escenarios que ese sujeto me relataba... Asesinatos, secuestros, asaltos... no... no podía ser cierto... ¿Yo allí haciendo esa clase de cosas? Aún viéndome con otro aspecto, me sentía como si fuese ese mismo... Incluso vi a un monstruo con uniforme de policía y yo clavándole una espada...

De pronto pude ver entre esas figuras a un niño de roca, me abrazaba, me defendía, me salvaba, a un enorme hombre con figura de león... Ahora lo recordaba todo... A Torkaimon, el maldito Digimon que me había hecho la vida imposible durante más de seis meses, a Gargadomon, aquel Digimon que asesiné con mis propias manos, a Gotsumon, uno de los pocos que quiso defenderme a pesar de todo el mal que había hecho...  Parecía una especie de película que bombardeaba todos mis recuerdos de golpe, no soportaba tantas imágenes de un solo tiro...

-¡Suéltame, maldito Onagimon! -no pude evitar gritar.
-¿Eh? -dijo Onagimon sin soltarme todavía. -¡Eso no era olvido permanente! ¡Sólo estabas fingiendo! ¡Vamos! ¡Volvamos a ser el antiguo equipo de las tropas armadas de Torkaimon!
-¡Eso nunca, maldito! -grité de nuevo. -¡No pienso volver a hacer daño a inocentes! ¡Así que vuelve al Digital World y déjame a mí en este lugar!

Onagimon se puso furioso al escuchar esas palabras.
-¡Así que no quieres volver a ser el viejo Rakugamon-sama de antes, ¿eh?! Pues entonces cumpliré tus órdenes...

No entendía qué era lo que pasaba, pero un pequeño destello eléctrico que recorrió todo mi cuerpo provocaba un intenso dolor que no me dejaba ni pensar coherentemente. Mis gritos parecían gustarle a Onagimon quien no dejaba de hacer ese misterioso ataque...

-¡Daisuke! -gritó Gotsumon al llegar a la zona.
-¡Ayúdame... Gotsumon...! -grité con mis pocas fuerzas.

Gotsumon shinka... Leomon... así fue como pudo volver a evolucionar mi amigo de roca.

-¿Qué? -preguntó furioso Onagimon. -¿El Digimon de roca ya puede evolucionar? ¡Maldición! ¡Torkaimon-sama no me había avisado de esto!
-Eso es porque Daisuke y yo vencimos a tu “Torkaimon-sama”. -contestó Leomon. -¡Juu-Ou-Ken!

Lanzando un fuerte puñetazo que distrajo a Onagimon, me soltó dejándome caer al suelo.

-¿Te encuentras bien, Daisuke *pi*? -preguntó un encapuchado, quien por su tic pude reconocer como Piccolomon-sama.
-Un poco, Piccolomon-sama... -dije intentando levantarme.
-Venga, Daisuke-kun, aquí le ayudaremos. -dijo Gaomon por su manera de hablar.
-Maldición... ¡yo me largo! -gritó Onagimon desapareciendo de la zona.
-¿Estás bien, Daisuke? -preguntó Gotsumon en su etapa de niñez.
-U... un poco...

Pero el sonido de las sirenas de las patrullas nos alertaron.
-Hay que huir de aquí. -dije. -Los humanos no pueden verlos por aquí.
-¿Pero qué pasa, Daisuke? -preguntó Piyomon. -¿Por qué debemos irnos?
-¡No hay tiempo para preguntas! -dije. -¡Síganme!

Corrimos (a pesar de mis heridas) hacia otro rincón de la ciudad, en un callejón detrás de unos botes de basura, donde los policías no pudieran buscarnos. Los Digimon incluso pudieron ver a los uniformados pasando por la zona...
-¿Quiénes son esos, Daisuke? -preguntó Gotsumon en voz baja.
-Son policías. -contesté. -Con el alboroto que hemos armado seguramente pensarán que algún terrorista hizo algo en la zona y deberán estarlo buscando.
-¿Cómo pudo recuperar sus recuerdos, Daisuke-kun? -preguntó Gaomon.
-Gotsumon me pidió en sueños que lo recordara. -contesté. -Además... Onagimon me obligó a recordar nuevamente...
-¿Y lo recuerdas todo? -me preguntó Gotsumon.
-Sí, lo recuerdo todo... -dije a punto de llorar. -Lo primero que vi fue la muerte de Gargadomon... Y es horrible...

Gotsumon lo único que pudo hacer es entregarme aquel pañuelo que le había dejado como recuerdo para secarme las lágrimas...

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #10 en: Julio 30, 2009, 00:11:35 »
13, mientras más me lo dicen, más me... dan ganas de escribir :P
Spoiler de el capítulo 13:
13.- OK, todo el mundo de pie

-¿Te sientes mejor, Daisuke? -preguntaba Gotsumon preocupado.
-Sí... un poco... -dije secándome las lágrimas con el pañuelo. -Es que... el ver de nuevo la muerte de Gargadomon de golpe en mis recuerdos... no sé todavía si puedo vivir cargando ese peso...
-Espero que puedas, Daisuke *pi*. -dijo Piccolomon asentando su báculo en el suelo. -Porque te necesitamos a ti y al resto de Niños Elegidos para la batalla que se avecina *pi*.
-Me lo imaginaba, -contesté seriamente. -desde que Onagimon intentó atacarme, sabía que tramaba algo malo.
-Bien, y por eso queríamos que... -dijo Piyomon.
-No creo que sea buena idea tratar de esos asuntos en público. -dije interrumpiendo a Piyomon. -Debo buscar un lugar seguro donde pueda llevarlos a todos.
-¿Y no podemos andar por las calles? -preguntó Gotsumon.
-¡Claro que no! -dije seriamente. -Si los humanos los ven rondando por las calles como si nada, se alarmarían y causarían un pánico mundial.
-Ya quiero quitarme esta capa. -contestó Kamemon.
-No te aconsejaría eso. -contesté. -No al menos que lleguemos a mi casa.

Salí del callejón para asegurarme que ningún policía estuviese cerca y me topara con problemas mayores.

-No hay nadie. -dije a los Digimon. -Podemos salir.

Por fortuna mi casa estaba a una cuadra del callejón, por lo tanto no tuvimos ningún problema en llegar hasta el frente.

-Bien, quédense aquí. -dije. -Yo les avisaré cuando puedan subir.

Entré a la casa y solo vi a mi madre viendo la televisión en la sala.

-Ya vine madre. -dije saludándola.

Mi madre se levantó del sofá y me dijo:

-No deberías salir de casa... Escuché patrullas cerca de la casa. Seguramente debe haber algún ladrón cerca de aquí. Pero qué bueno que regresaste sano y salvo a casa.
-Sí, madre. -le contesté. -¿Dónde está Ayano-chan?
-Debe estar en tu cuarto. -me dijo. -Como tu televisión es la única donde pueden ver las caricaturas...
-De acuerdo, estaré en mi cuarto. -le contesté.
-Voy a avisarle a tu padre sobre los sucesos de la ciudad. -me dijo mi madre. -Este vecindario es muy peligroso.

Subí a las escaleras y miré fijamente a mi madre a pesar de que ella no me veía. Al final de cuentas, ella era mi madre, pero... ¿podría contarle todo lo que hice con tal de rescatarla? Al llegar a la puerta de mi cuarto, logré escuchar las risas de Ayano. No había duda, estaba en mi cuarto.

-Ayano-chan... -dije al abrir la puerta de mi cuarto. -Tengo muchas cosas qué hacer y no puedo perder el tiempo, así que me temo que deberás apagar la tele e ir a tu cuarto.
-Pero... onii-chan... -dijo Ayano protestando. -Ya sabes que sólo aquí puedo ver la tele y...
-Lo sé, lo sé. -le dije. -Pero tengo muchas cosas qué hacer y no puedo distraerme con nada. Por cierto, conseguí los boletos.
-¿De verdad? -dijo Ayano cambiando su gesto de enojo a uno de alegría. -¿Cuándo va a ser, Daisuke-niichan?
-Este sábado y domingo. -le contesté. -Te los dejo para que los cuides.

Gracias a ese truco, pude deshacerme de mi hermana. Acto seguido tomé mis sábanas, las amarré unas con otras haciendo un nudo y lancé una de las puntas por la ventana.

-¡Gotsumon! -grité mirando a Gotsumon desde la ventana. -¡Ya pueden pasar! ¡Los que puedan volar no necesitan escalar por las sábanas!

Piccolomon-sama, Piyomon y Patamon hicieron caso a esa recomendación, y sólo tuvieron qué volar para llegar a mi cuarto. En cambio Gotsumon, Kamemon y Gaomon tuvieron que usar las sábanas para llegar a la ventana. Después de que todos llegaran sanos y salvos a mi cuarto, todos los Digimon se quitaron sus capas dejándose mostrar por “primera vez” ante mí.

-Por fin podemos quitarnos esto... -dijo Gaomon aliviado.
-Bien, Daisuke... -dijo Piyomon al fin. -Creo que podemos preguntarte todo lo que necesitamos saber.
-Díganme... -contesté aún sin saber qué querían preguntarme.
-Daisuke, tú que fuiste aliado de Piccolomon *pi*, -comenzó a hablar Piccolomon-sama. -seguramente habrás estado al tanto de los planes que tenía ese demonio en contra de los Niños elegidos *pi*.
-Esto... verán... yo... -comencé a titubear, no por querer ocultar algo, sino por recordar amargos momentos. -En parte estuve al tanto, ya que me designó comandante de sus tropas.
-Entonces seguramente sabrás por qué Onagimon está en el mundo humano. -infirió Kamemon.
-Me temo que no tengo idea. -dije con la cabeza baja. -Lo único de los planes que teníamos estaban pensados para eliminar a los niños en el Digital World. No contemplaba nada de visitar el mundo humano. Ni mucho menos entiendo a qué se refirió Onagimon con eso del “hijo del elegido”.
-¿Eh? -preguntaron todos al escuchar lo último. -¿De qué hablas, Daisuke?
-De algo que me dijo Onagimon cuando me atacó hace unos minutos. Dijo algo sobre que tenía que unirme con él para destruir al “niño del elegido”...
-¿De verdad? -preguntó Gotsumon. -Pero... ¿qué podría ser eso del elegido?
-No tengo idea... -dije... -Supongo que no les puedo ser de mucha ayuda yo solo.
-En eso tienes razón *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Debemos buscar al resto de Niños Elegidos cuanto antes *pi*.
-Pero es riesgoso salir de aquí. -contesté. -Además si los llevo a todos, estaremos en peligro.
-Si hubiera alguna forma de traerlos aquí... -dijo Patamon.
-¡Lo hay! -dije sonrientemente al venirme una idea por la cabeza, y me senté frente a la computadora.

Prendí la computadora y después de introducir mi nombre y contraseña, abrí el mensajero instantáneo.

-¿Qué es ese icono de “Archivo”? -preguntó Gotsumon.
-¿El que tiene una forma de engranaje naranja? -dije. -Son tres personas agarradas de la mano. Y es el logo de Ubu...
-No me refiero a ese. -dijo Gotsumon, y acercándose a la pantalla señalando el directorio “Archivo” del escritorio.
-Este... verán... -dije titubeando.
-Son los planes que Torkaimon te dejó a cargo, ¿verdad? -preguntó Gotsumon.
-¿Eh? -dije asustado. -¿Cómo supiste eso?
-Siempre que hablamos sobre Torkaimon o sobre sus aliados, te pones a actuar de esa forma. -dijo Gotsumon. -Te conozco muy bien y sé cuando ocultas algo.
-Ahora que hemos vencido a Torkaimon, creo que no puedo ocultarte nada. -contesté aliviado. -Así es, Gotsumon. Este directorio contiene muchos de los planes que Torkaimon nos entregaba a mí y a Onagimon para que las cumpliéramos a cabo.

Abrí el directorio y le enseñé a los Digimon todos los planes de Torkaimon, los cuales ya se sabían de memoria. Lo que me sorprendió fue ver uno que tenía fecha del lunes (ayer). Todos comenzamos a hacer cuentas y caímos en la conclusión que la hora en que había llegado dicho archivo coincidía con el instante en que tuvimos la última lucha con Torkaimon.

Abrí el archivo y nos encontramos con información sumamente importante, la cual decía así:
“Aquí te entrego los planes que deberás realizar en el mundo humano, Onagimon. Los niños se han reunido, pero no todos llegaron al Digital World. El otro también vive en la misma ciudad donde capturamos a Rakugamon, y seguramente no lo sepa, así que te será fácil encontrarlo. Cúidate de los Vigilantes de la Frontera, y apúrate, que a mí no me queda más tiempo...”

-¡Esto es información muy útil, Daisuke *pi*! -gritó Piccolomon-sama sumamente emocionado. -¡Ahora estaremos un paso adelante de Onagimon!

Entre los planes, estaba el llevar a toda una tropa de Bakemon al mundo humano, y en cuanto encontraran al niño, encerrar a todos los habitantes de la zona en algún lugar espacioso para comenzar la dominación del mundo humano.

-¡Esto es... bastante feo...! -dije... -¡No hay tiempo qué perder! ¡Debemos reunir a los demás!
-¿Y cómo lo haremos? -preguntó Gaomon.
-De eso me encargo yo, pero necesitaré su ayuda para inventar una excusa.

Todos los Digimon asintieron con la cabeza.

-Bien, comencemos. Espero que todos estén conectados...

Me conecté al mensajero instantáneo, y después de esperar la lista de amigos, vi que los cuatro a los que necesitábamos estaban ahí frente a sus computadoras.
-¡Lucky! -grité. -¡Los cuatro están ahí! ¡Ahora, a convencerlos de que vengan aquí!

Los Digimon se alegraron al escuchar que podrían venir a mi casa. Abrí una ventana para que los cinco pudiéramos charlar, y...

-----------------------------------------------------

Dai Daisuke - The world is not enough (Daisuke) dice:
Hola amigos... jejejej...

Akiba-san ¿Clases? Para nada (Akio) dice:
¿Eh?
¿Daisuke?


Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Así es, señorito. El mismo.

Mizuki Granger (Mizuki) dice:
¿Qué ocurre, Daisuke?

Bunnies and hearts - Saya y Diva (Rina) dice:
¿Estás ahi, Mizuki-chan?

Mizuki Granger dice:
Sí, estoy ahí, Rina-chan.
Aunque quisiera saber qué es lo que quiere Daisuke.


Dai Daisuke - The world is not enough dice:
¿Qué? ¿No puedo saludarlos y charlar un momento?
Por cierto...
¿Dónde está Hiroshi?


Hiroshi Abe (Hiroshi) dice:
¿Eh? ¿Qué quieren?
¿No se puede dormir la siesta a gusto?


Akiba-san ¿Clases? Para nada dice:
Es lo mismo que queremos saber Daisuke.

Bunnies and hearts - Saya y Diva dice:
Mis padres quieren que nos vayamos de la ciudad, dicen que está volviéndose peligroso.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
¿Durmiendo a esta hora, Hiroshi?
¿Qué estás diciendo, Rina?


Al ver Gotsumon mi reacción en la computadora, preguntó: ¿Ocurre algo, Daisuke?
-Dicen los padres de Rina que quieren salir de la ciudad.

Mizuki Granger dice:
No lo creo Rina.
Mis padres no han dicho nada sobre irnos, no pueden...


Bunnies and hearts - Saya y Diva dice:
Mamá es la que quiere irse.
Pero papá y yo no queremos.


Hiroshi Abe dice:
Mis padres no me dejan salir de casa...

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Pues esto es importante y espero que puedan venir a mi casa hoy en la tarde.

Akiba-san ¿Clases? Para nada dice:
¿Hoy? Yo no puedo ir, me toca preparar la cena. Pero mañana sí podré.

Hiroshi Abe dice:
Yo tampoco puedo, mi tía viene de visita hoy y tenemos que estar toda la familia.¿Puedo ir mañana?

Mizuki Granger dice:
Y yo le dije a Rina que la llevaría a pasear por el parque.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
¿Entonces no pueden hoy?
¿Qué tal mañana en la mañana?


Bunnies and hearts - Saya y Diva dice:
¿Y es muy importante?

-¿Qué les invento? -pregunté a los Digimon para convencerlos de venir a casa.
-¿Y si le dices que queremos verlos? -preguntó Kamemon.
-Claro que no puedo decir eso. -dije. -No me creerían para nada, además me tacharían de loco.

“Espero que esto funcione”, pensé, y comencé a teclear.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Bueno, sí es importante. Son unas actividades que la maestra nos encargó a todos por vacaciones.

Hiroshi Abe dice:
No tenía idea de esas actividades.

Mizuki Granger dice:
Ni yo tampoco.
Además, el botijón de la clase nos habría avisado.


Dai Daisuke - The world is not enough dice:
A mí tampoco me avisaron, me enteré por unos compañeros, incluso me dejaron una copia de la actividad, y se ve que es bastante...

Bunnies and hearts - Saya y Diva dice:
¿Qué? ¿Más tarea? Ya no quiero más, estas no van a ser vacaciones...

Akiba-san ¿Clases? Para nada dice:
¿Y tú ya hiciste algo?

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Todavía no, quería consultar con ustedes cómo la harían.

Akiba-san ¿Clases? Para nada dice:
Con lápiz y papel, ¿no crees?

Hiroshi Abe dice:
Siempre tan bromista, muchacho.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Entonces... ¿podrán venir mañana?

Mizuki Granger dice:
Yo sí puedo, y seguramente Rina también.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Perfecto.
Aquí está la ubicación de mi casa por si no la encuentran:
hxxp://www.baboonsites.com/maps?site=Valley+City&country=Soap&id=320455813434&sat=on
Es la que marqué con el círculo rojo, la de dos pisos.


Hiroshi Abe dice:
Estaremos allí desde temprano.

Dai Daisuke - The world is not enough dice:
Bien, bueno me tengo que retirar, hasta mañana...

----------------------------------------------------------

Me desconecté del mensajero y les dije a mis amigos Digimon:

-Éxito. Vendrán mañana.
-¿De verdad? -preguntó Piyomon emocionada. -No puedo esperar a ver a Rina de nuevo.
-Me preguntó qué hará Akio-san. -dijo Gaomon.
-Gracias por ayudarnos, Daisuke *pi*. -dijo Piccolomon-sama felicitándome.
-Es lo menos que puedo hacer después de haber servido por tanto tiempo a Torkaimon-sama...

Bajé la mirada, apagué la computadora y prendí la tele.

-Daisuke... -dijo Gotsumon al verme de nuevo.

A pesar de que habíamos vencido a Torkaimon, parecía que ese pasado aún me estaba siguiendo, no podía enterrarlo por más que quisiera, y Rakugamon, el Digimon que me había “obsequiado” mi antiguo jefe para realizar sus trabajos sucios me lo recordaba muy a menudo. Por otro lado, mi mente estaba inquieta, como si la derrota de Torkaimon nunca hubiera ocurrido, como si en alguna parte del mundo humano o del Digital World siguiera mis pasos y en cuanto me descuidara, lanzara su golpe.

La noticia en la televisión despejó mis pensamientos. La reportera mencionaba sobre un ataque a un bus en el que afortunadamente nadie había resultado herido. Lo que llamaba la atención era que todos los afectados mencionaban haber visto a un monstruo con forma de demonio verde con un enorme martillo.

-Maldición... -dije en voz baja. -Onagimon está causando destrozos en el mundo humano.
-Ojalá podamos regresarles los recuerdos a los demás. -dijo Kamemon.
-Creo que iré a darme una ducha. -dije mientras me dirigía al armario y recogía mis ropas. -Luego buscaré la forma de hacer que nos traigan varios platos de comida. Seguramente estarán hambrientos.

Fui al comedor y vi un recado de mi padre que decía: “Daisuke, Ayano: Fui con su madre a cenar al centro histórico. Volvemos más tarde, Daisuke, prepárale la cena a Ayano.”

Dejé la nota en la mesa y me fui al baño. Preparé el agua fría (con el calor que hacía, no iba a meterme a un sauna) y me metí a la tina.

-Me pregunto si de verdad mi padre es tal y como Gargadomon y Piccolomon-sama lo conocían... Intrépido, valiente... Incluso burló a Torkaimon años atrás... No lo creo...

Al terminar la ducha me dirigí a mi habitación, y antes de llegar a tocar la perilla de la puerta, logré escuchar unas carcajadas muy familiares. Inmediatamente me alarmé.

-¿Podría ser... Ayano-chan?

Abrí la puerta, y pude ver a mi hermana menor sentada sobre mi cama viendo la televisión, y pegados en la ventana los Digimon completamente inmóviles.
-¡Ayano! -grité furioso. -¡Ya te he dicho que no entres a mi habitación sin antes pedirme permiso!
-¡Pero onii-chan, tú estabas en el baño! -dijo Ayano temerosa.

Pero más alarmado estaba de que Ayano hubiera descubierto a los Digimon. Así que cerré la puerta de mi habitación y le dije:
-¿Y no te dan miedo esos...? -señalando a los Digimon en fila.
-¿Esos peluches? -preguntó Ayano. -Para nada, pero están todos inmóviles, y algunos muy feos.
-¿Fe... feos? -pregunté pensando en que se refería a Gotsumon. Conocía bien su carácter y sabía que se molestaría si alguien le decía “feo”.
-Sí... -me dijo mi hermana, y señalando a Gotsumon dijo. -En especial éste.
-¿¡ A quién le llamas “feo”!? -gritó furioso Gotsumon.

Los gritos de mi hermana se escucharon a lo largo de la cuadra. Afortunadamente mi padre invitó a mi madre a cenar esa misma noche, de lo contrario tendría que darles una tremenda explicación. Tuve que darle una larga explicación a Ayano de quiénes eran esos seres que estaban pegados a la ventana, de dónde habían llegado y cómo comentarle los tres días de mi desaparición.

-¿Entonces... quiénes son? -preguntó Ayano recuperándose todavía del impacto del grito.
-Pues... éste que parece un montículo de rocas se llama Gotsumon. -comencé a relatar. -Este que parece un perro azul se llama Gaomon... ésta que parece un loro enorme y rosado se llama Piyomon... Este que parece tener un disfraz de tortuga con casco se llama Kamemon... éste que parece... pues... un conejo naranja se llama Patamon... y éste que parece un peluche rosado se llama Piccolomon... sama... sama... cierto, jejeje...
-No estamos muy contentos con nuestra descripción, Daisuke *pi*. -contestó molesto Piccolomon-sama.
-¡E... eso no importa, Piccolomon-sama! -dije.
-¿“Sama”?- preguntó Ayano. -No parece que Piccolomon requiera un título como ése.
-¡Espere Piccolomon-sama! -dije asustado para evitar que Piccolomon-sama se enfureciera. -No le haga mucho caso a Ayano... Y sí Ayano, todo lo que ha hecho por el Digital World le han hecho ganar el título de “sama”.
-¿Digital World? -preguntó Ayano, estaba claro que por más que intentara darle una explicación seria y razonable, no me iba a ser posible en cinco minutos.
-Te contaré toda la historia mañana, si me ayudas a preparar la cena para todos nosotros, y luego lavar los platos para no levantar sospechas de mamá y papá. Ah, y si no le dices a ellos.
-De acuerdo. -dijo Ayano.

Como Ayano era tres años menor que yo, tuve qué preparar la comida yo solo. Unos huevos con jamón seguramente serviría para todos. Un enorme sartén y a preparar la cena se había dicho. Los Digimon, Ayano y yo cenamos frente a la televisión de mi habitación, y después de terminar, lavar los platos, el sartén y guardar el sobrante por si a los demás les daba hambre en la noche o para la mañana cuando me sería casi imposible sacar tanto alimento sin que mis padres pensaran algo raro, Ayano se fue a su cuarto a dormir, y nosotros con tanta comida, también nos dispusimos a dormir.

-No es necesario que duermas en el suelo, Daisuke. -me aconsejaba Gotsumon.
-No te preocupes, amigo. -le dije. -Ustedes son los huéspedes y tengo qué atenderlos como se merece. Además ya estoy acostumbrado al suelo... Gotsumon.
-¿Qué pasa? -preguntó nuevamente.
-Tenía entendido que mi sentencia al olvido permanente era irrevocable... ¿Qué les hizo cambiar de decisión?
-El mismo jurado del Seigi no Palace nos envió aquí para devolverles sus recuerdos y pelear contra Onagimon.
-Ahora lo entiendo... ¿y cómo iban a hacer eso? No creo que exista una pócima mágica que lo logre...
-De hecho podría considerarse como una *pi*. -contestó Piccolomon-sama.

No entiendo de dónde sacó lo que yo estaba hablando, pero me mostró unos tubos con una especie de líquido rojo. Lo que me llamó mucho la atención fue que el que me enseñó tenía una etiqueta con el nombre “Hiroshi Abe”.

-Estos son todos sus recuerdos. Todo lo que recuerdan de los Digimon y el Digital World está contenido en estos tubos *pi*.
-¿Puedo ver mi tubo, Piccolomon-sama? -pregunté curioso.
-Por supuesto *pi*, pero el tuyo en realidad eran dos tubos, seguramente por conocer mucho más sobre el Digital World que el resto de tus amigos *pi*. ¿Eh?
-¿Qué pasa? -pregunté.
-Los tubos con tus recuerdos... -dijo Piccolomon-sama. -están vacíos *pi*.
-Pero yo misma los vi, Piccolomon-sama. -dijo alarmada Patamon. -Los cuidé celosamente y todos los tubos estaban llenos, incluso antes de que encontráramos a Daisuke.
-¿Podría ser... que esos tubos se vaciaron cuando empecé a recordar todo sobre ustedes? -pregunté.
-Seguramente... -dijo Piyomon. -La bolsa donde los guardamos no tiene ningún rastro de sus recuerdos.
-Lo más probable es que sea así. -dijo Gotsumon. -Si aunque sea una gota de esos preciados recuerdos llega a derramarse o a extraviarse, esos recuerdos nunca podrán recobrarse.
-Entonces hay que cuidarlos como a nuestras propias vidas... -dije. -De la misma forma que un recuerdo preciado.

Apagamos la luz y nos dedicamos a dormir, o al menos yo no podía. Sentía que alguien me estaba observando sigilosamente y que en cualquier instante podría pegar su ataque. Después de alrededor de una hora, supuse, me acerqué hacia la ventana y me dediqué a mirar mi barrio en la oscuridad de la noche, iluminado únicamente por una bella luna llena.

Me senté en el balcón y suspiré. Miré mi Digivice y lo que noté fue algo interesante: Rakugamon estaba “deshabilitado por el administrador”. No entendía a qué se refería, además... no era algo que pudiera afectarme, para el caso prefería que fuese mejor así... si era lo que creía que esa leyenda quería decir...

-¿Por qué no te duermes, Daisuke? -preguntó Gotsumon llegando hacia mí.
-Quería... sólo quería contemplar la noche... -dije esbozando una sonrisa.
-Es bonita la noche en tu mundo... -me comentó Gotsumon.
-A mí me gustaba más las noches en el Digital World. -dije. -El brillo de esa pirámide flotante de color verde y esas tres lunas en el cielo... me daba mucha más tranquilidad que el bullicio de mi mundo. Aunque, con Torkaimon enviándome a cumplir sus negocios sucios, nunca había podido apreciarla como ustedes lo pueden hacer.

Escuchamos el pitido del tren cruzando las vías cercanas a mi casa.
-¿Eso es un Trailmon? -preguntó Gotsumon.
-No, Gotsumon. -le dije. -Es sólo un tren común y corriente. Los Digimon no son parte de nuestra vida diaria.
-¿Te has subido a los trenes de tu mundo? -me preguntó mi amigo de roca.
-Nunca... -le contesté.
-¿Y eso?
-Los trenes de mi ciudad no sirven para transportar gente...  sólo llevan mercancías de una ciudad a otra. La gente prefiere ir en sus propios automóviles o viajar en autobús... como en donde me rescataste... Son más rápidos que un tren.
-Esta es la primera vez que vengo a tu mundo, Daisuke. -comenzó a relatarme Gotsumon. -Llegué aquí y el bullicio de la ciudad me dejó asustado... Pero a la vez quería saber en dónde estabas, y cómo era tu mundo... Daisuke, ¿algún día me enseñarás tu mundo?
-¡Por supuesto! -le contesté. -A lo mejor le encuentres el lado bello a mi mundo que los mismos habitantes hemos olvidado.

Miré hacia la calle y me encontré con dos sujetos extraños. Y digo extraños porque no es normal ver a dos personas vestidas de traje y corbata a las 2 de la madrugada sin protección. Seguramente los dos habían sentido mi presencia pues en un instante los dos voltearon a mirarme fijamente por varios segundos.

-¿Vistee, Jerry? -preguntó uno. -¿Vistee quién ees?
-Claro que lo vii, Harry. -dijo el segundo. -¡Es el ex-comandante Rakugamon!
-¡Maldición! -grité al escuchar la manera de hablar de los dos y la manera en la que me llamaron. -¡Son de la tropa de Bakemon!
-¿Qué dijiste, Daisuke? -preguntó alarmado Gotsumon.

En ese momento los dos “humanos” se quitaron sus disfraces dejando ver su verdadero aspecto de sábanas blancas.

-¿Qué es lo que quieren? -pregunté desafiantemente.
-Nada, comandantee... -dijo uno de ellos. -Sólo queremos saludarlo y llevarnos los recuerdos de los Niños Elegidos.
-¡Eso nunca! -grité sacando mi Digivice.

Como si conociera la combinación necesaria, inmediatamente apreté los botones de aquel artefacto... pero...

-¿Qué... qué pasa? -grité.
-¿De qué? -preguntaba Gotsumon.
-¡No puedo evolucionar! -dije asustado.
-¿Le gustó el regalito que le dejó Onagimon? -preguntó un Bakemon.
-¿Qué clase de regalo? -pregunté.
-¡Esa descarga eléctrica en realidad servía para desactivar a Rakugamon, comandante! -contestó el otro.
-Maldición... -dije en voz baja.

Ahora recordaba ese sentimiento de dolor en mi ser... el mismo que sentí el instante en que Rakugamon se hizo parte de mí. Hasta ahora sabía defenderme gracias a Rakugamon, pero esta vez, quizás de ahora en adelante, todo parecía indicar que esto se terminaría aquí.

-Magical Fire. -gritó Piyomon volando hacia la ventana, quemando a uno de los Bakemon.
-¡Jeerry! -gritó su compañero.
-Air Shot. -dijo Patamon, lanzando una bola de aire la cual atravesó el “cuerpo” del otro Bakemon.

Los cuerpos de ambos Digimon se desintegraron, seguramente yéndose hacia otro camino, seguramente se transformarían en un Digitama o lo que fuera...
-Los pudieron detener a tiempo, Patamon y Piyomon. -dijo Gaomon felicitándolas.
-Yo... creo que me iré a dormir... -dije con la mirada baja. -Además esos Bakemon eran soldados de bajo rango.
-¿Qué pasa Daisuke *pi*? -preguntó Piccolomon-sama.
-No sé si les pueda ser de ayuda, Piccolomon-sama. -dije triste aún.
-¿Pero qué pasa, Daisuke? -preguntaba Gotsumon.
-¡No puedo evolucionar! ¡Eso es lo que pasa! -le grité a Gotsumon.
-Pero Daisuke... -dijo Gotsumon. -¿No me decías que odiabas a Torkaimon? Rakugamon era uno de sus sirvientes, probablemente y hasta sea mejor que te desvincules con todo lo que te recuerde a ese demonio.
-Lo sé, lo sé... -contesté. -Pero... Rakugamon se había vuelto como una parte de mí... sé que con él hice cosas malas, y que muchas de ellas me arrepiento... pero... siento que he perdido una parte de mí... Es como sentirme indefenso...
-Debemos buscar a los otros niños cuanto antes... -dijo Gotsumon antes de irse a dormir.
-¡Silencio todos! -grité acercándome a la puerta.

Abrí la puerta y encontré a mis padres preocupados por mí, pensando que la explosión se escuchó cerca de mi habitación, creyendo que algo me había pasado.

-¿Te encuentras bien, Daisuke? -preguntó mi padre.
-Sí, papá... -dije fingiendo preocupación.
-Este barrio ya no es seguro... -dijo mi madre.
-Primero los secuestros y ahora las explosiones... -dijo mi padre nuevamente. -Espero que no intenten hacernos nada...
-Creo que mejor es hora de dormir. -dije para cerrar la puerta de mi habitación cuanto antes.
-Buenas noches, Daisuke. -dijo mi madre abrazándome y dándome un beso en la mejilla.
-Igualmente, mamá, papá. -contesté, y cerré la puerta, no quería que supieran que guardaba a seis monstruos digitales bajo mis sábanas.

Continuará...

En el próximo...
Capítulo 14: Descifrando: El hijo del elegido
¿Algún día podrán descubrir quién será ese hijo del elegido?

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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #11 en: Agosto 08, 2009, 18:11:35 »
El 14...
Spoiler de texto oculto:
14.- Descifrando: El hijo del elegido

-¡Daisuke! ¡Despierta Daisuke! -gritaba Gotsumon aquella mañana del miércoles.
-No mamá, hoy no quiero ir a la escuela... -dije medio dormitando aún.

Tomé mi Digivice el cual estaba a un lado mío y miré la hora.
-¿¡Ocho de la mañana!? -grité alarmado. -¡Maldición! ¡Hay que comer, vestirme y... y...! Esperen... que estoy de vacaciones...
-Tranquilízate, Daisuke. -decía Piyomon.
-Cierto, cierto. -dije tranquilizándome .-Si los llegan a descubrir, no saben en la que me voy a meter.
-Pero... tu padre es el gran Kaito Yanami *pi* -contestó Piccolomon-sama. -No creo que se enfade si nos ve a todos.
-Cierto... -contesté. -Primero se alarmará, luego me preguntará de dónde los saqué a ustedes y desconfiará mucho más de mí...
-¿Pero qué tienes con tu padre *pi*? -preguntó Piccolomon-sama.
-¿Usted va a estar también como Gargadomon? -contesté. -Eso es un asunto del cual no me gusta hablar para nada...
-Kaito Yanami era un héroe para nosotros *pi*. -rebatía Piccolomon.
-¡Pero para mí no lo es! -grité. -¡Él sólo está ahí cuando me regaña o cuando algo pasa conmigo! ¡Si se llega a enterar que los estoy hospedando se pondrá furioso, y si le digo todo lo que hice en el Digital World, no me imagino lo que pensará hacer!
-¡Daisuke! -gritó mi mamá desde el otro lado de la puerta. -¡Ya está listo el desayuno!
-Mi mamá... -dije asustado pensando en que había escuchado toda mi conversación con los Digimon. -¡Ya voy mamá! Apúrense, no hagan ruido... ¡En unos momentos voy, mami!

Corrí hacia el armario, y debajo de mi vestimenta encontré un recipiente tapado, en el cual había guardado suficiente comida como para que los Digimon pudieran desayunar.

-Lamento tener que irme tan temprano, pero en unos minutos regreso.

Le puse cerrojo a la perilla de la puerta para que nadie pudiera entrar al cuarto y me dirigí al comedor.

-Ayano... mamá... papá... ¿Qué hacen vestidos así? -pregunté al verlos con sus trajes, vestidos y zapatos, además de estar perfectamente peinados.
-Le comenté a tu padre que quería dar un paseo en familia por toda la ciudad. ¿Quieres venir, Daisuke? -preguntó mi madre.
-Quisiera... pero quedé de juntarme con unos amigos hoy en la mañana... -contesté.
-¿Por qué nunca quieres venir con nosotros Daisuke? -gritó enfadado mi padre. -Siempre que Ayano y yo queríamos salir en familia, nos salías con que estabas cansado, o debías hacer deberes escolares, o algo por el estilo.

Recordé por un instante que esas eran las excusas que inventaba a menudo para poder irme al Digital World y poder servir a Torkaimon-sama... pero esta vez era diferente...

-Déjalo Kaito. -dijo mi madre. -Daisuke está en edad de hacer amistades, además no llevamos mucho tiempo en la ciudad, debe conocer un poco más sobre las personas con las que se relaciona a diario en clases.
-De acuerdo, Misuzu... -dijo mi padre intentando contenerse. -Pero la próxima debemos salir todos juntos, y la próxima vez vas a cancelar todos tus asuntos y nos vamos en familia.
-Me gustaría conocer Wet Island... -dijo Ayano emocionada.
-Dicen que es una maravilla de poblado con una playa preciosa. -dije. -Y no como las aguas contaminadas de aquí que le llaman “playa”. Por cierto papá, ¿no deberías ir a trabajar?
-Tienes razón Daisuke. -me dijo mi padre. -Hace unos días me di un paseo por la playa de la ciudad y estaba muy contaminada... debe ser producto de los derrames petroleros de las sondas cercanas. Y sí, debería ir a trabajar, pero siendo el gerente de la agencia Tsubaki, me dí una escapada y preferí estar algo de tiempo con la familia. Aunque sí iré, pero más tarde.
-Entonces Daisuke... -dijo mi madre. -¿Te vas a quedar en casa?
-Sí. -contesté. -Ellos van a venir aquí en unos minutos más.
-Sólo cuídate, no dejes que alguien entre en casa. -dijo mi madre finalmente.

Me senté al comedor, y después de disfrutar un suculento desayuno a base de cereal y pan tostado con mermelada y digerirlo con una amena plática, fui a despedir a mi familia. Al cerrar la puerta sentí un sentimiento de alivio. Corrí inmediatamente a mi habitación a ver cómo los Digimon, después de comer, veían con atención la calle a pesar de que habían encendido el televisor para entretenerse un poco.

-¿Qué hacen amigos? -pregunté.
-Disfrutando estas cosas raras de este árbol. -me dijeron- ¿No tienen carne o pizza?
-En el mundo real las pizzas no brotan de los árboles. -comenté decepcionándolos un poco.
-Tu mundo me decepciona un poco, Daisuke. -dijo Gotsumon a modo de broma.
-Eres un glotón, ¿verdad, Gotsumon? -le contesté de la misma manera.

Nuestra “a punto de realizarse” discusión fue interrumpida por el timbre de la puerta.

-Deben ser ellos. -contesté. -Escóndanse, no quiero que los vean aún.

Salí de mi habitación, y después de observar por la mirilla de la puerta principal de mi casa, pude ver a los cuatro reunidos.
-Pasen, pasen. -dije mientras abría la puerta.
-Sabes lo que es esperar con el calor de la mañana, ¿no, Daisuke? -preguntó Akio.
-Lo sé, lo sé. Ahora mismo prendo el aire acondicionado. ¿Quieren unas bebidas?
-Por supuesto... -dijo Rina con sus protestas de siempre. -Tengo mucho calor.

Me dirigí rápidamente a la cocina después de haberlos acomodado en el comedor.

-----------------------------------------------------

-Pero no puedo dárselos así como si nada. -dije. -No me creerán si les digo qué es en verdad.
-No hay otra forma *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Deben tomárselo todo sin que quede un solo rastro en el tubo.
-¿No podría mezclarlo con alguna bebida para que no sospechen nada?
-Con jugo de naranja me parece *pi*. Pero su efecto desaparece si lo haces con jugo de limón *pi*.


-----------------------------------------------------

Tomé los tubos que Piccolomon-sama me había otorgado y los vacié uno por uno a cada vaso de jugo de naranja, procurando recordar a quién iba dirigido cada bebida.
-Antes que nada, les mentí. -dije mientras llegaba de la cocina al comedor. -En realidad no había ninguna actividad escolar.
-Entonces, ¿para qué nos citaste aquí? -preguntó Hiroshi.
-Tengo muchas cosas qué hacer, -me dijo Mizuki. -y a Rina casi le amargas el día diciendo que hay una actividad escolar muy complicada.
-Antes que nada... quisiera decirles que mi nombre es Daisuke Yanami, y hasta hace unos días, era comandante de las tropas armadas de Torkaimon.

Al escuchar eso mis amigos, algunos no sabían ni qué decir. En cambio otros, como Akio, comenzaban a reírse.

-¿Qué clase de broma es esta? -preguntaba Hiroshi.
-Eh... esto... -dije. -En un momento vengo.

Corrí directo a la cocina y en una charola llevé las bebidas a mis amigos. Me aseguré de darles su vaso correcto para que no sucediera algo extraño. Les aconsejé que se lo tomaran hasta el fondo y que no dejaran ni un poco en el vaso, mientras...
-En un momento regreso. -dije mientras corría a mi cuarto rápidamente.
-¿Qué pasó, Daisuke *pi*? -preguntó Piccolomon-sama.
-Ya está todo, Piccolomon-sama. -contesté. -Vamos rápido.
-¿Y tus papás? -preguntó Gotsumon.
-No están aquí, así que podemos aprovechar. -contesté. -Vamos.

Los siete (los Digimon y yo) corrimos hacia la primera planta a ver lo que sucedía. Vimos que apenas terminaban sus bebidas cuando dije:
-Después de que se terminen esas bebidas, estoy seguro que recordarán a estos personajes.
-No somos personajes, somos seres digitales. -dijo Gotsumon.
-Como sea, total, ahora mismo no recuerdan quienes son ustedes. -le contesté en voz baja al oído.
-¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó Mizuki.

En ese instante, los cinco acompañantes se silenciaron por un momento, como si aquella escena se detuviera en ese preciso momento entre incógnita y revelación.

-Eh... ¿qué es todo esto? -preguntaba Hiroshi mientras se llevaba una mano a la frente.
-Los recuerdos están haciendo efecto *pi*. -dijo Piccolomon-sama contento.
-¿Eh? ¿Piccolomon-sama? -dijo Rina reconociendo inmediatamente a la bola rosada.
-¿Me recuerdas, Rina? -preguntó Piyomon.
-Ahora lo recuerdo todo. -contestó Rina.

Mis amigos comenzaron a levantarse de sus asientos y a abrazar a sus Digimon, como si hubiese pasado mucho tiempo antes de volverse a ver. Aunque habían pasado únicamente dos días desde que regresáramos al mundo humano, para todos nosotros, incluyéndome a mí, esos días fueron una eternidad.

-Los reencuentros los pueden dejar para otro momento *pi*. -aconsejó Piccolomon-sama. -Daisuke tiene algo qué decirles *pi*.
-Cierto. Aquí tienen unas copias con un supuesto plan de Torkaimon para hacer estragos en el mundo humano.
-¿Qué? -dijo Rina alarmada. -¿Dices que ese Digimon tan feo sigue vivo?
-Tanto como vivo no. -dije. -¿No viste como Leomon lo venció?
-¿Y entonces? -preguntó Hiroshi.
-Es Onagimon. -contesté. -Onagimon está aquí mismo en Ciudad del Valle, y estas hojas eran parte de su plan. Indican cómo debe someter al mundo humano hasta encontrar al “niño del elegido”.
-¿Niño del elegido? -preguntó Akio. -¿Podría estar relacionado contigo?
-No lo creo. -dije. -Me encontré ayer con él, y me hubiera reconocido, en todo caso no podría serlo.
-A ver, déjame leer estas hojas. -dijo Mizuki.

Mizuki, como el resto de los demás niños, pusieron una cara de extrañados al ver aquellas hojas.
-Eh... Daisuke. -dijo Rina.
-¿Qué pasa? -pregunté. -¿Encontraste algo?
-¿Con qué tipografía pusiste esta nota? -preguntó Hiroshi.
-Pues con la predeterminada... -contesté extrañado.
-O esta es una mala broma, o la escribieron en idioma extraterrestre. -dijo Akio enseñando la nota.

Al ver perfectamente la nota caí en lo que estaba pasando. Yo era el único de los niños en entender el famoso Digialfabeto. Para mí era de lo más normal, seis meses siendo aliado de Torkaimon me habían permitido aprender muchas cosas sobre el Digital World, y ese era otro de los pequeños detalles que debía aprender.

-Eh... se me había olvidado que no podían leer ese idioma. -dije avergonzado rascándome la cabeza.
-¿Eso... eso es un idioma? -preguntó Rina. -Más bien parecen puros garabatos...
-¡Oye *pi*! -contestó enojado Piccolomon-sama. -¡No ofendas nuestro modo de escribir!
-Ya, ya, Piccolomon-sama. -dije intentando calmarlo. -Este no es momento para enfadarse. Hay otras cosas más importantes.
-Verán... -dijo Gotsumon para evitar una pelea. -Onagimon quiere sitiar toda la ciudad donde viven ustedes para poder encontrar al hijo del elegido. Tenemos qué evitar a toda costa que intente hacer algo similar.
-¿Y qué podemos hacer? -preguntó Mizuki.
-Por ahora sólo ha enviado a todas las tropas armadas de Torkaimon. -contesté. -Pero no pasará mucho hasta que Onagimon decida presentarse e intentar atacarnos.
-Lo bueno es que tenemos a todos de nuestro lado, ¿verdad? -preguntó Hiroshi.
-No a todos. -contesté apenado. -Ese maldito Onagimon me “robó” a Rakugamon. En eso no podré serles de ayuda...
-Pero me tienes a mí, ¿o no, Daisuke? -preguntó Gotsumon.
-¡Eso es cierto! -dije contento. -Leomon es muy fuerte, y si pudiste vencer a Torkaimon, con Onagimon no será nada del otro mundo.
-Bien *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Mi trabajo aquí se ha terminado *pi*. Sólo debía entregar a los Digimon y a los recuerdos de todos ustedes para poder seguir peleando.
-¿Entonces se va al Digital World? -pregunté.
-Así es, Daisuke *pi*. -contestó. -¿Tienes una computadora cerca *pi*?
-Por supuesto, lo acompañaré. -contesté y lo llevé a mi habitación.
-¡Cuídese, Piccolomon-sama! -gritaban efusivamente el resto de Digimon para despedirlo.

Mientras yo iba a mi habitación a acompañar a Piccolomon-sama, el televisor de la sala se encendió de pronto. Conociendo a mi madre, seguramente había puesto el temporizador para poder ver sus telenovelas. Pero el canal sintonizado mostraba otras cosas, entre ellas el parque principal siendo atacado por una horda de ogros verdes.

-Hasta luego, Daisuke *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Espero que puedan encontrar a ese hijo del elegido antes de que Onagimon lo haga.
-Haremos todo lo posible, Piccolomon-sama. Así que vaya al Digital World sin cuidado.

Piccolomon-sama desapareció frente al monitor de la computadora, e instantes después pude escuchar el grito de mis amigos diciendo: “Ven rápido a la sala, Daisuke”. Corrí como de rayo a la sala para ver lo que estaba sucediendo en la televisión y ver lo que las tropas armadas de Torkaimon estaban causando en la ciudad.

-Vamos, Daisuke. -me aconsejó Gotsumon.
-Por supuesto. -contesté.

Mientras algunos íbamos montados sobre Birdramon, otros iban sobre Unimon. El camino hacia el parque principal era muy largo, y en autobús o a pie nos sería imposible llegar a tiempo.

Al llegar al parque principal, podíamos ver destrozos por todos lados, árboles destruidos, bancas fuera de sus lugares y lo que más nos llamaba la atención: hordas de Goblimon atacando a diestra y siniestra a todo lo vivo y lo inerte, comandados por un Ogremon. Tanto Birdramon como Unimon se apersonaron frente a la multitud de Goblimon, haciendo que éstos retrocedieran. Pero mis amigos no dejaron que los Digimon malignos se salieran con la suya, haciendo gala de sus más poderosos ataques.

-¿Qué? -dijo Ogremon. -¡Se suponía que los Niños Elegidos no iban a recordar nada de sus pasados!
-Pero aquí estamos, listos para vencer a los que intenten destruir la ciudad. -contestó Akio. -¡Gaogamon! ¡A lo tuyo!
-¡Spiral Blow! -gritaba Gaogamon a la vez que con una especie de tornado saliendo de su boca dejaba fuera de combate a varios de los Goblimon.

Pero esos Goblimon eran insistentes, un poco extraño para lo que según conocía sobre su naturaleza. Incluso pude percatarme que intentaron atacar a una familia que se encontraba en las inmediaciones del parque...

----------------------------------------------------------

-¿Qué son estas cosas? -preguntó Misuzu.
-¡Tengo miedo! -gritaba Ayano.
-¿Digimon? -murmuraba Kaito. -¿Pero cómo es posible que estén por aquí?
-¡El Elegido está aqui! -gritó un Goblimon. -¡A él!

Las hordas de Goblimon comenzaron a rodearlos sin temor, pero...

-Juu-Ou-Ken. -gritó Leomon a la vez que con su poder lanzaba a varios de los Goblimon al suelo.

Kaito pudo ver cómo aquel justiciero se mostraba frente a los cientos de Digimon que causaban destrozos por la zona.

-Muchas gracias por ayudarnos, Leomon. -contestó Kaito.
-Debería irse de aquí, señor. Este lugar no es seguro para ustedes. -dijo Leomon.

Los humanos tomaron esa recomendación y se alejaron del lugar. Pero Leomon no estaba preparando para un ataque por la espalda.

-Ha-Ou-Ken. -gritó Ogremon mientras lanzaba un puñetazo a Leomon por la espalda.

Leomon apenas tuvo tiempo para sacar su espada y detener su ataque, arrastrando a éste varios metros detrás.

-¿Atacando por la espalda, Ogremon? -dijo Leomon.
-Para atacar no importa por dónde hacerlo, estúpido Leomon. -contestó Ogremon emocionado.

Ambos Digimon se enfrascaron en una enorme pelea, mientras el resto de mis amigos trataban de detener a los pocos Goblimon que quedaban. Afortunadamente al ver que no podían hacerles frente, se retiraban de a poco, dejando a Leomon y a Ogremon solos peleando.

-Meteor Wing. -dijo Birdramon atacando a Ogremon.
-¿Qué? -dijo Ogremon. -¡Esto no es justo!
-¿No dijiste que para atacar no importaba por dónde hacerlo? -dijo Leomon. -¡Shi-Shi-Ou-Maru!

Leomon lanzó un corte de su espada, hiriendo gravemente a Ogremon. Los Goblimon, escondidos detrás de los árboles, corrieron a auxiliar a su jefe inmediato.

-¡Maldito comandante Rakugamon! -gritó un Goblimon. -¡Se supone que debía estar de nuestro lado!
-Se supone. -contesté llegando hacia ellos. -Pero no me gusta formar parte de una rebelión.

Los Goblimon corrieron asustados llevándose a su jefe. Mientras Gotsumon y el resto de Digimon se sentaban a descansar después de pelear.

-Debemos... irnos... pronto... -dijo Gaomon.
-Lo sé... -dije. -Esas personas a las que salvó Leomon eran mi familia. Espero que no me hayan visto...
-Entonces vámonos rápido a casa... -decía Gotsumon todavía cansado.
-Creo que todos deberíamos irnos. -comentó Hiroshi.
-¿Pero qué le diremos a nuestros padres? -preguntó Rina.
-La verdad... -dije resignado. -Me temo que no podemos ocultar esto por más tiempo.

Llevé caminando a Gotsumon a mis espaldas. Por fortuna llevaba su capa, así podía cubrirlo para evitar que la gente se asustara al verlo. Por supuesto, esperaba a las críticas de las personas que nos veían pasar, quienes nos veían sin parar. A pesar de que era bastante incómodo, ya estaba acostumbrado a que me miraran mal.

Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo.
-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.

Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre...

-¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente.
-Esto... yo... -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?

-----------------------------------------------------------

A lo lejos, un ¿Digimon? caminaba confundido, aturdido y asustado a la vez. De un extraño color azul y con un pequeño cuerno cerca de la nariz, unas orejas largas hacia atrás, una cola enorme y una mancha amarilla en la cabeza, caminaba confundido en las calles de algún vecindario de Ciudad del Valle. Al llegar a una tienda de abarrotes, se metió al puesto y le preguntó al dependiente.
-¿Dó... dónde estoy?

El dueño del local, al verlo, lo único que pudo hacer fue gritar al ver semejante monstruo. El grito del señor asustó demasiado al “Digimon” haciéndolo correr despavorido del local.

Ese Digimon siguió caminando cuidándose del nuevo mundo en el que estaba. Lo único que recordaba antes de despertar en el mundo humano era que un fuerte tornado había azotado la región donde vivía. Pero lo que más le confundía era que al despertar en el mundo humano, en sus manos tenía uno de esos “dispositivos sagrados”, como los conocía.

-¿Pero qué es esto? -preguntó alguien.
-¿Quién es? -dijo asustado el Digimon y volteó a su alrededor.
-No pareces ser alguien de las tropas armadas de Torkaimon. -contestó un Hagurumon. -¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás ayudando a los Niños Elegidos?
-No sé de qué hablan. -volvió a decir asustado el Digimon. -No... no entiendo nada...
-¡Eso! ¡Eso es un Digivice! -gritó otro Hagurumon. -¡Es un aliado de los Niños Elegidos! ¡Atánquenlo!
-¡Déjenme en paz! -gritó el Digimon al verse acorralado en un poste de luz.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #12 en: Diciembre 17, 2009, 12:32:35 »
Capítulo 15:
Spoiler de texto oculto:
15.- Los diarios de Rina y Mizuki

Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo.
-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.

Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre...

-¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente.
-Esto... yo... -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?

Bien, sé que me mereceré un fuerte regaño por haber escondido este enorme secreto a mi padre, pero antes de mostrarles la regañiza de mi vida, quisiera mostrarles cómo viven los demás. Rina, Akio, Hiroshi y Mizuki. Han sido catorce capítulos en los cuales he mostrado cómo me han acontecido estos movimientos tanto en el mundo real como en el Digital World. Sin embargo, sé que he dejado en segundo plano a los demás, por ese motivo quisiera mostrarles cómo los demás van a vivir teniendo a sus Digimon en el mundo real. Espero les guste, no ha sido nada fácil investigar ese asunto.

Pero... ¿es necesario que yo lo cuente todo? ¿Por qué no mejor... que lo hagan ellos? O en este caso, que lo hagan ellas...


----------------------------------------------------

No puedo creer lo que ha pasado. ¿De verdad Patamon está aquí? ¿De verdad? No puedo creer que hasta hace unos pocos días no recordaba nada sobre mi amiga, pero ahora gracias a Daisuke habíamos recuperado lo que nos hacía falta.

-Oye, Mizuki. -me dijo Patamon mientras la cargaba y caminaba en la calle.
-¿Qué pasa? -pregunté.
-¿Por qué me llevas abrazada? -me preguntó preocupada.
-No puedo dejar que vayas volando junto a mí. -contesté dándole una buena explicación. -Además estás tan preciosa, tienes el pelaje como el de un gato.
-Me gusta que me lleves abrazada, Mizuki. -me dijo Patamon acomodándose en mis brazos.
-Al menos puedo cargarte como un peluche y decirle a mis padres que me lo regalaron. -mencioné.
-Oye, Mizuki... -preguntó mi amiga Patamon. -¿Me extrañaste?

Me detuve frente a un edificio en construcción, tomé aire y le contesté.

-Seré sincera. En estos dos días en que perdí la memoria, sabía que me faltaba algo. Pero no recordaba qué era. Ahora sé que ese algo eras tú.
-Daisuke hizo un excelente trabajo cuidando de nosotros. -contestó Patamon. -Hasta se ofreció a cuidarnos en su casa hasta que los encontráramos.
-¿De... de verdad? -bajé la cabeza y pregunté.
-¿Qué tienes, Mizuki? -preguntó Patamon al ver mi cara triste.
-Es que... en la escuela, Daisuke era muy reservado. No hablaba con nadie y menos con alguno de nosotros... Lo poco que sabíamos era que al poco tiempo de que su familia llegó a la ciudad, su madre había sido secuestrada.
-¿Estás preocupada por lo que le pasó a Daisuke? -preguntó Patamon en un tono que dejaba insinuar algo.
-¿Qué estás tratando de decir, Patamon? -dije asustada por lo que trataba de decirme Patamon. -¡No era eso! Es solo... que Daisuke ha estado haciendo muchos méritos... ha cambiado desde que regresamos del Digital World.
-¿Como si tratara de reparar el daño que hizo cuando era aliado de ese Digimon llamado Torkaimon? -me preguntó Patamon. -A lo mejor quiere compensar el mal que ha hecho con lo poco que tiene: Gotsumon y su conocimiento del Digital World.
-No lo culpo... -contesté. -Creo que si me hubiera puesto en su lugar, y fuese mi madre la que estuviese en esos aprietos, habría hecho lo mismo.
-No justifico lo que Daisuke hizo hace algún tiempo, pero entiendo lo que quiso hacer... -contestó Patamon. -¿Pero tú confiarías en mí?
-Claro que sí. -contesté. -Pero al menos sé que no estoy sola.

Habíamos caminado varias cuadras hasta que al fin llegamos a mi casa.

-Bien, ésta es mi casa. -dije señalando la casa de dos pisos que se aparecía frente a nosotros. -¿Entramos?
-Por supuesto. -me contestó Patamon.

Entramos a casa, y la primera persona que nos saludó fue la señorita Kaede, la sirvienta que mi madre había contratado para encargarse de las labores del hogar mientras ella trabajaba en el despacho de abogados.
-Buenas tardes, Mizuki-ojousan. -me dijo Kaede.
-Buenas tardes, Kaede. -le contesté con respeto. -¿Ha visto a mi madre?
-No, señorita Mizuki. -me contestó Kaede. -La señora Chiba avisó que no iba a llegar a comer a tiempo, pero que por compensación, saldrá más temprano de su trabajo.
-Muchas gracias, Kaede. -le dije respetuosamente.

Kaede-san miró fijamente a Patamon, y por un instante me sentí asustada.
-Mizuki-ojousan. -me dijo Kaede. -Usted sabe que a la señora no le gusta que traigan animales a casa. Y menos algo tan raro como este gato gordo.
-¿Gato gordo? -preguntó Patamon, haciendo caer todo el plan que habíamos montado para evitar que nos descubrieran.

Por un instante pensé que Kaede se alarmaría, pero su reacción fue diferente.
-¡Qué precioso está, Mizuki-ojousan! -dijo Kaede abrazando y tomando de las mejillas a Patamon. -¿Es su mascota?

Lo único que pude ver fue la cara de molestia de Patamon al sentir cómo le jalaban las mejillas.

-No tanto como mi mascota. -dije. -Es más como mi amiga.
-¿Y desde cuándo la tiene? -me interrogó Kaede.
-Desde hace algunos días. -le dije. -Espero que a mamá le guste.
-Yo creo que su señora madre sí le dejará tener a este precioso gato. -me dijo Kaede. -Usted ha sido una niña muy buena en todos estos años que la conozco. La señora se puso muy mal en estos días que estuvo secuestrada y casi mueve cielo y tierra para encontrarla a usted. Incluso fue a ver al padre de usted.
-Sí... secuestrada... -contesté un tanto rara al recordar que hasta hace unas horas no tenía ni idea de lo que había pasado ese fin de semana. -Voy a estar en mi cuarto.
-¿Se va a arreglar para la tarde? -preguntó Kaede.
-¡Cierto! -mencioné recordando mis planes para hoy. -¡Rina va a venir hoy! ¿Puedes prepararme el agua tibia?
-En unos minutos lo haré, señorita Mizuki. -contestó Kaede tan amable como siempre lo era. -¿Va a querer algunos entremeses con su comida?
-Con un poco de té, por favor. Y prepare algo para Rina.
-Con mucho gusto.

Abrazando a Patamon, caminé hacia mi habitación. Noté que se había dormido en mis brazos, así que la acosté sobre el colchón y la dejé dormir tranquilamente. Pero se despertó muy pronto, porque...

-¿Va a venir Rina a tu casa? -preguntó Patamon.
-Así es. -contesté mientras me quitaba las zapatillas y las dejaba bajo la cama.
-Ustedes dos se llevan muy bien. -insinuó Patamon mientras se tendía sobre mi cama. -Podría decir que son más que amigas.
-Adivinaste, Patamon. -dije aliviada. -Rina y yo somos medias hermanas.
-¿Medias... hermanas?
-Somos hijas del mismo papá, pero no de la misma mamá. Por eso llevamos apellidos distintos, ella es Inoue, como mi papá, y yo soy Chiba, como mi mamá.
-No sabía eso. -me dijo Patamon.
-Sólo espero que hoy salga bien, mejor que en veces pasadas... -dije angustiada.

-----------------------------------------------------------------------------

-¿A dónde vamos, Rina? -preguntaba Piyomon insistentemente.
-¡Ya te lo dije! -le contesté. -¡Vamos a ir a mi casa!
-¿Y por qué debo llevar esta capa? -me preguntó de nuevo.
-¡Porque no puedo dejar que te vean! -contesté nuevamente. -En este mundo eres como un pájaro enorme con un color raro y que habla.
-De acuerdo... -contestó resignada Piyomon.

Habíamos avanzado unas cuadras,doblando por aquí y por allá.
-¿Vamos a mi casa? -pregunté.
-¿De verdad? -preguntó Piyomon emocionada.
-Recuerdo haberte invitado hace días a mi casa,¿no? -le contesté.
-¿Y podré conocer a tu mamá y a tu papá? -me preguntó.
-Bueno... tanto como conocerlos no sé si se pueda... -dije apenada rascándome la cabeza. -Recuerda que debo buscar la manera de que mis papás no se asusten al verte.
-De acuerdo... -volvió a decir resignada.
-No te preocupes. -le dije para tranquilizarla. -A lo mejor y hasta te aceptan allí.
-Oye, Rina... -me preguntó. -¿Qué hiciste en estos días en que no recordabas nada?
-Yo... -comencé a rememorar lo que había pasado hasta ahora. -La verdad no recordaba que te hubiera conocido... De no ser por la insistencia de Daisuke de ir a su casa...
-¿Por qué decidiste tomar la misma sentencia de Daisuke? -me preguntaba a cada rato.
-Bueno, yo... -comencé a titubear.

Por un instante no había reconocido eso hasta ahora, sin embargo me había dado cuenta que intentaba entender a Daisuke de una forma que los demás no comprendían, como si... como si... No, eso no podía ser... Daisuke no era como los demás, no era un buen deportista, ni era muy aplicado en las clases, pero...

-¿Qué te pasa, Rina? -insistía de nuevo Piyomon.
-¡Nada, nada! -contesté apurada. -Bien, hemos llegado a casa.

Nos detuvimos frente a una modesta construcción. No era de dos pisos o más como la de nuestros vecinos, pero para nosotros, era suficiente, sólo tres en casa, o cuatro con Piyomon. Al entrar a la casa, pude ver que mi mamá estaba atendiendo a unos clientes de su negocio de bienes raíces en una habitación que había amueblado como oficina.

-¡Rina! -dijo mi mamá desatendiendo a sus clientes por unos minutos. -¿Cómo te fue en la casa de tu amigo?
-Muy bien. -contesté inmediatamente. -Aunque creo que tendré mucha tarea para estas vacaciones.
-¿Entonces, no irás a visitar a tu hermana Mizuki? -me preguntó de nuevo.
-¡Sí voy a ir! -contesté obvia. -También pienso ver cómo haremos todas esas actividades.
-Me gusta que te lleves bien con tu hermana. -me contestó.
-Sí, claro... -dije algo harta pero sin que mi mamá se diera cuenta.
-Ve a vestirte, que tu papá viene al rato a llevarte.
-Sí, mamá. -contesté antes de dirigirme a mi habitación, pero...
-¿Qué es eso que tienes detrás de ti? -me preguntó mi mamá.
-¿¡Eso!? -dije alarmada. -Eso es... es...
-Soy un loro enorme, y hablo. -dijo Piyomon.

Al escuchar eso, me quedé helada, pensando que mi mamá no iba a creer lo que estaba escuchando.
-¿Puedo quedármelo? ¿Puedo? ¿Puedo? -dije apresurada para distraer la atención de mi mamá.
-Yo sí te daría permiso... pero tu padre... -contestaba pensativa mi mamá. -Ya veremos, pero recuerda siempre limpiar sus... desperdicios.
-Trataré de hacerlo. -contesté arrastrando a Piyomon a mi cuarto.

Cerré la puerta de mi cuarto y dije...
-Por poco y no la libramos...
-Lamento haber hablado pero... -contestó triste Piyomon.
-No te preocupes. -le dije. -Hasta se te ocurrió algo para que mi mamá no sospechara algo malo. Gracias Piyomon.
-Rina... ¿Mizuki es tu hermana?
-Del mismo padre... -contesté después de tomar un poco de aire.
-¿Y cómo es eso?  -insistía Piyomon.
-Yo tampoco lo sé... pero eso es lo que me dicen siempre mis papás... -dije con la cabeza baja.
-¿Y te van a llevar con ella? -preguntó de nuevo Piyomon.
-Sí... aunque para ser sincera no me gusta ir con ella... -dije triste.
-Pero te llevas muy bien con Mizuki, ¿por qué no te gusta ir con ella? -preguntó Piyomon.
-No es por ella, a ella la admiro mucho... más bien es por otra cosa... -dije triste nuevamente, esperando que Piyomon no hiciera más preguntas sobre eso.

-------------------------------------------------------------------

-¿Quieres llevar a tu loro rosado? -preguntó mi papá desde adentro del automóvil.
-Sí, papá. -dije mientras le ponía el cinturón de seguridad a Piyomon.
-¿Pero no crees que está demasiado grande para ser un loro común y corriente? -preguntó de nuevo mi papá.
-Es de raza grande. -inventé contenta.

Mi mamá nos despidió con un efusivo saludo. No entendía por qué no quería venir con nosotros, pero bueno, al final lo iba entendiendo de a poco... Al fin habíamos llegado a la casa de Mizuki, e inmediatamente fui recibida por la sirvienta de la casa.

--------------------------------------------------

-¡Rina! -contesté alegremente.
-¡Mizuki! -me dijo Rina.

Ambas nos abrazamos como siempre lo hacíamos, y la acompañé a mi cuarto mientras mi mamá y nuestro papá intentaban “hablar”...

-¡Qué bueno que por fin podemos estar juntas otra vez! -dije.
-Sí, a mí también me agrada. -dije con un tono que no correspondía con lo que había dicho.
-Lo sé, lo sé... -contesté para no desanimarla. -Espero que hoy no vuelvan a hacer lo mismo...

Mientras Patamon y Piyomon se sentaban frente al televisor, nosotras hablábamos sobre lo que había sucedido...

-Y pensar que hasta hace unos días Daisuke quería matarnos... -dije para romper la tensión.
-Pues tanto como querer matarnos, a mí no me parece del todo. -contestó Rina.
-Tienes razón, como le comentaba a Patamon hace poco, si me hubiera pasado algo como eso, no sé qué habría hecho...
-¿Pero... y su padre? -preguntó Rina. -¿No se supone que su padre viajó al Digital World?
-Lo más probable es que Daisuke no lo supiera hasta hace poco. -contestó Piyomon.
-¿Eh? -pregunté. -¿Qué es lo que dices, Piyomon?
-En todo el Digital World lo conocemos, o al menos hemos escuchado su nombre. -contestó Patamon. -Si no se enteró de él, seguramente fue porque Torkaimon nunca se lo dijo.
-Tengo una pregunta, Rina. -dije recordando lo que dijo Patamon. -¿Por qué quisiste tomar la misma sentencia de Daisuke?
-Eh... yo... -dijo Rina avergonzada.
-¡Estás sonrojada! -grité al ver sus mejillas rojas. -¡Lo sabía! ¡Sabía que tu insistencia por el bien de Daisuke no era común!
-¡No es cierto, Mizuki! -gritó mi hermana molesta. -Es sólo que...
-¿Sí? -volví a insistir.
-Creo que... que tiene algo especial... -finalmente Rina soltó la sopa.
-¿Especial? -pregunté insistiendo.
-Es decir... -decía Rina algo apurada. -en el Digital World hablaba como si conociera lo que hacía o a dónde debíamos ir. A pesar de que en ocasiones duda de lo que sabe hacer, cuando lo reconoce, pareciera que está dispuesto a todo. No era tan malo como lo pintábamos todos...
-¿Te gusta Daisuke? -pregunté asombrada al escuchar tantas palabras positivas sobre Daisuke.
-¡No lo digas en voz alta! -gritó. *17

Pero la voz alta no era mía ni de Rina, sino de nuestro papá y mi mamá, quienes entre sus discusiones no se daban cuenta que nosotras estábamos escuchando atentamente todo lo que decían. Muchas palabras duras y terriblemente fuertes, como por ejemplo que por culpa de Rina, mi padre había abandonado a mi madre.
-¡No...! -gritó Rina. -¡Otra vez no!

Rina salió corriendo abriendo la puerta y gritando:
-¡Dejen de pelear de nuevo!

Rina salió corriendo de la casa, y tanto Piyomon, como Patamon y yo, salimos a la calle a buscarla. Mientras salíamos de casa, podía percibir cómo mis padres seguían discutiendo, como si echarse la culpa uno al otro resolviera todos los problemas, incluso sin darse cuenta de aquellos “monstruos”.

-¡Rina! -gritaba para tratar de encontrarla.
-¿Dónde estás Rina? -preguntaba Patamon.

Piyomon, quien voló unos metros arriba para cubrir un poco más amplio, pudo divisar a Rina llorando en una esquina.
-¡Ya la vi! -dijo.
-¡Sí! -contesté.

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Otra vez volvían a discutir por mi culpa. Esa era la razón por la cual nunca quería que mi padre o mi madre me llevaran a casa de Mizuki, porque siempre que llegaban, terminaban en una discusión como esa, en la que me señalaban de todo lo malo que ellos hacían.

-Quiero irme lejos... -dije mientras apoyada cerca de un poste de luz me secaba las lágrimas.
-¡Rina! -gritaban Mizuki, Piyomon y Patamon quienes se acercaban.
-¡Déjenme en paz! -grité. -¡No quiero regresar nuevamente a esa casa, ni a la mía!
-¡Rina, por favor! -me intentaba consolar Mizuki.
-¡No! -grité nuevamente. -¡Yo tengo la culpa de que mi papá y tu mamá se peleen cada vez que voy a tu casa! ¡Si me largo lejos de aquí, quizás y dejen de pelearse!
-Rina... no te sientas así... -intentó consolarme mi hermana.

Pero un fuerte impacto cerca de la cuadra nos distrajo a las cuatro. Pudimos notar que una horda de sábanas blancas (las cuales algún momento Daisuke nos había mencionado que se llamaban Bakemon) se dirigían justamente a la cuadra donde vivía Mizuki, por lo que preocupadas precavidamente fuimos hacia allá. Y nuestras sospechas eran ciertas, los Bakemon estaban causando destrozos en la casa y un personaje muy conocido (y odioso) para todos hacía su aparición...

-¡Onagimon! -gritamos las cuatro.
-Vaya, vaya. -nos contestó sarcásticamente. -Esta no es la casa de los hijos del elegido, pero sí es la de uno de esos Niños.
-¿Qué estás haciendo, Onagimon? -gritó Mizuki.
-Causar destrozos, eso es lo que me gusta hacer. -contestó burlonamente.

Mizuki hizo evolucionar a Unimon, mientras que Piyomon hizo lo mismo convirtiéndose en Birdramon. Unimon lanzaba proyectiles de su cuerno para ahuyentar a los Bakemon, mientras...
-Rina... -dijo Birdramon. -Quiero pelear contra Onagimon.
-¿Y qué vas a hacer? -gritó este sujeto.
-¡Meteor Wing! -gritó mientras de sus alas lanzaba proyectiles de fuego.

Pero Onagimon fue más ágil y pudo esquivar sus ataques, incluso saltó por los postes lanzando un fuerte martillazo a Birdramon, lanzándolo a los suelos.
-¡Kekekeke! -reía Onagimon. -¿De verdad eso es lo que puede hacer ese pollo gigante?
-¡Birdramon! -grité acercándome a mi compañera quien apenas se levantaba. -¡Resiste!
-Eso intento, Rina... -me decía Birdramon aún con fuerzas para seguir de pie.

Pude ver que en la casa donde Onagimon seguía causando destrozos, seguían mi padre y la mamá de Mizuki.
-¡Déjalos en paz, Onagimon! -grité.

A pesar de que se pelearan a diario y que en ocasiones sus palabras me hirieran, Mizuki era a final de cuentas mi media-hermana y no iba a dejar que sus padres sufrieran daño alguno. Pero el colmo fue cuando Onagimon llegó a ellos e intentó atacarles.
-¡¡¡Basta!!! -grité fuertemente esperando a que Onagimon los dejara.

Un halo de luz aparentemente rosada me cubrió, una fuerte sensación cálida recorría todo mi cuerpo. Y mi Digivice volvió a alumbrarse, lo tomé con mis manos y logré leer una leyenda que decía: “Inserte Digisoul aquí para continuar”.

-¿Di... Digisoul? -pregunté en voz baja.
-¿Qué está pasando? -preguntó Mizuki.
-Maldita sea... -refunfuñaba Onagimon.

Cerré uno de mis puños y pude notar cómo aquel halo de luz de color se concentraba en ese lugar, deduje en ese instante que eso era lo que el Digivice llamaría “Digisoul”. Al pasar esa mano en el Digivice, pude ver que reaccionó por completo, y algo en Birdramon estaba pasando... Ese halo de luz lo envolvía, y de un instante a otro se hizo más intenso evitando ver adentro. Al irse bajando la intensidad de la luz, pude ver a otro Digimon. Esto prácticamente era lo que había pasado con el Digimon de Daisuke, pero esta vez parecía ser diferente.

-¿Ga... Garudamon? -gritó Onagimon al ver al “nuevo” Digimon.
-Si intentas causar daño en el mundo de donde vienen los niños, atente a las consecuencias, Onagimon. -dijo Garudamon con una voz más recia que la que conocía.

Parecía un hombre pájaro, un poco más pequeño que Birdramon, pero su apariencia me recordaba un tanto al Leomon de Daisuke. Onagimon con su agilidad, intentó atacar a Garudamon, pero éste fue más rápido, lanzándolo al suelo de un puñetazo.

-Shadow Wing. -Garudamon aprovechó mientras su oponente seguía en el suelo para lanzar su ataque especial.
-Maldito... -eso fue lo único que pudo mencionar Onagimon antes de desaparecer... o al menos eso creí que había hecho.

Al parecer el esfuerzo de Garudamon fue muy fuerte que en vez de regresar en Piyomon, regresó en una forma totalmente diferente, y mucho más pequeña como si fuera una pequeña planta.
-¿Estás bien? -corrí para auxiliar a mi amiga.
-Un poco. -me dijo en esa forma (la cual luego me enteré que se trataba de Pyocomon).

La abracé, y miré hacia la casa de Mizuki, la cual vi cómo auxiliaba a su mamá y a nuestro padre.
-Gracias por salvarnos, Rina. -dijo mi padre abrazándome.

Muzki intentó abogar por mí, incluso quiso reunir a sus padres.
-Creo que le deben una disculpa a Rina por lo de hace rato. -dijo.
-Tienes razón, mi cielo. -contestó mi papá.
-Creo que esa discusión no tenía sentido. -dijo la mamá de mi hermana.
-Al fin y al cabo, ambas son mis hijas, y a las dos las quiero por igual, aunque no pueda estar con una de ellas el tiempo que quisiera. -dijo mi padre.
-¿Entonces piensan regresar pronto? -preguntó Mizuki.
-Eso no se puede. -dijo su mamá. -Nosotros decidimos que seríamos más felices si vivíamos separados.
-¿Sabes Mizuki? -preguntó mi papá. -Me gustaría que vinieras a visitarnos un día de estos, aprovechando que estás de vacaciones. Eso... si es que tu madre nos permite...
-Por supuesto. -contestó su mamá. -¿Quieres ir?
-Por supuesto que acepto encantada. -contestó mi hermana emocionada.
-Sólo que la casa no es tan grande como esta. -dije bromeando.

Al final, y después de una ligera pero amena explicación sobre dónde habíamos estado las dos durante el fin de semana, todos terminamos de reír. Mientras mi papá y la mamá de Mizuki hablaban tranquilamente, prometiendo no volver a pelear, nosotras cuatro fuimos al parque más cercano a disfrutar el atardecer.
-Qué bueno que todo quedó en buenos términos. -dije meciéndome en los columpios. -Nuestro papá y tu mamá se contentaron...
-Me gustó mucho estar contigo en tu mundo, Rina. -me contestó Pyocomon sentada sobre mi regazo.
-¿Algún día regresarás a ser un Piyomon? -pregunté.
-Sólo si tú lo deseas. -me contestó Pyocomon.
-Mizuki... -dije.
-Dime... -me contestó mi hermana sentada junto a mí en otro columpio.
-Prométeme que no hablarás con Daisuke sobre lo que te dije. -dije avergonzada.
-Te lo prometo. -dijo con una sonrisa. -Que Daisuke se entere por sí mismo.
-Me alegra que seas mi hermana... -dije.
-A mí también... -me contestó.
-Y a mí me gusta haberlas conocido. -contestó Patamon.

Y así, disfrutábamos de la más bella puesta de sol que pudimos haber tenido, pero noté que algo parecía agobiar a Pyocomon.

-¡Ah! -gritó de pronto Pyocomon. -¡Recuerdo que Onagimon mencionó algo sobre los “hijos del elegido”!
-¿Y qué pasó Pyocomon? -pregunté.
-¡Ahora recuerdo que el otro sobrenombre del gran héroe del Digital World, Kaito Yanami, era...!
-¡Era... era “El elegido”! -completó Patamon.
-¿¡Qué dicen!? -gritamos Mizuki y yo al mismo tiempo al escuchar eso.

Continuará...

Capítulo 16:
Spoiler de texto oculto:
------FICHA DE PERSONAJES: Daisuke Yanami -------

Nombre: Daisuke Yanami
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 7 de diciembre
Digimon camarada: Gotsumon
Color del Digivice: Negro

Daisuke Yanami es un niño común y corriente...  Bueno, al menos eso fue hasta tres días después de llegar a su nueva ciudad de residencia: Ciudad del Valle. A los pocos días de llegar es secuestrado junto con su madre por las tropas armadas de Torkaimon, y prometiendo liberar a esta a cambio de una condición: servir a ese jefe demonio y hacerlo regresar a su trono como rey supremo del Digital World.

Daisuke aceptó recibir a Rakugamon como su Digimon “residente en el cuerpo” para poder cumplir esa misión, llevando a cabo muchos actos criminales en ese mundo: secuestros, asesinatos, extorsiones... Pero recibe una misión: eliminar a los Niños Elegidos, un grupo de niños humanos que debían llegar al Digital World algún día e interferirían los planes de Torkaimon. Lo que Daisuke no sabía era que también era uno de esos niños, recibiendo a Gotsumon como su Digimon camarada.

Gracias a Gotsumon y al resto de sus amigos, pudo vencer a Torkaimon y recuperar parte de su vida. Pero su camino no fue fácil, pues tuvo que traicionar a sus amigos y asesinar a quienes le ayudaron. Incluso fue sentenciado a olvidar todo lo relacionado con los Digimon para evitar que pudiera causar más daños.

Ahora que el Digital World le dio una oportunidad más de detener a los secuaces de este demonio, trata de reparar el daño con lo poco que posee: a sus amigos, a su camarada Gotsumon y su enorme aunque a la vez pequeño conocimiento sobre el Digital World.

Daisuke es sencillo a la vez que reservado. No es el más inteligente de su clase, ni el más deportista, pero es ágil, es aficionado a la informática y tiene una mente que muchos estrategas de su edad quisieran tener. Disfruta de las cosas más sencillas de la vida y nunca dudará de dar una mano a las personas y Digimon que aprecia y quiere.

-------------------------------------------------------------------

16.- Akio, Hiroshi y el ejército...

Tres días... imposible que tres días hubieran pasado en un chasquido de dedos... y mucho menos de esa manera... Pensar que hasta había pensado que todo había sido un secuestro, y que hasta hace unas horas no recordaba nada de lo que pasaba y ahora... Gaomon me seguía hacia mi casa.

-Oye, Gaomon... -pregunté para romper la tensión. -¿Me extrañaste?
-¿Eh? Akio-san... -comenzó a narrar Gaomon. -Por supuesto que sí... Cuando dijiste que querías recibir la misma sentencia que Daisuke, me sentí tan mal de no poder hacer nada...
-Bueno... -comencé a divagar. -sólo lo hice para seguir a los demás... Rina y Hiroshi insistieron tanto para eso.

Gaomon no dijo nada, lo único que hacía era jugar con su capa ya desgastada.

-Gaomon... -dije. -Estás muy callado.
-¡Akio-san! -contestó apresurado. -Sólo pensaba... en el buen trato que nos dio Daisuke en su casa para cuidarnos una noche, hasta comimos huevos con jamón y nos dejó dormir sobre su cama... Hasta nos defendió de su hermana menor... Si lo comparo con el Daisuke que conocimos en un principio, podría decir que ha cambiado bastante.
-Ah, ¿sí? -pregunté un poso molesto por el asunto de Daisuke.
-¿Qué te pasa, Akio-san? -me preguntó Gaomon. -Trato de hablar de Daisuke y los demás y ni siquiera te veo tan bromista como siempre...
-No me gusta hablar de Daisuke. -contesté.
-¿Sigues enojado con él? -preguntó.

Respiré un poco, me acomodé la gorra y dije:

-Un poco... -contesté. -Entiendo que está tratando de hacer méritos y que se rebeló contra su jefe... Pero... es difícil olvidar todo lo que hizo contra nosotros... No logro olvidar cuando intentó herir a Rina, o cuando nos mantuvo encerrados... burlándose de nosotros a nuestras espaldas.
-Eso es cierto, Akio-san... -meditó Gaomon. -Sin embargo, creo que debemos reconocer el trabajo que Daisuke ha hecho, sabe mucho sobre el Digital World, y hasta podría ser de bastante ayuda.
-Eso es cierto... -contesté. -Y me da un poco de confianza saber que no puede “evolucionar.”... Un poco mal para él, pero creo que es hasta mejor que haya pasado.

Llegamos al terreno donde se ubicaba mi casa, y le dije a Gaomon, ante una casa de apenas un piso y con el patio sin podar:

-Como ves, no es tan bonita como la casa de Daisuke, pero al menos tengo una cama.
-¿Con quién vives? -preguntó Gaomon.
-Con mi papá únicamente. -contesté.

Caminamos entre un poco del pasto sin podar y llegamos a la casa. No había nadie allí, seguramente mi papá estaba trabajando... Al entrar vi en la mesa una nota que decía: “Akio: Prepara tu comida, no llegaré temprano a casa.”

-De acuerdo... -contesté. -¿Quieres ayudarme?
-Sí. -contestó Gaomon.

Tomando un sartén y sacando la carne del refrigerador, cosa que asombraba a Gaomon, prendíamos el fuego de la estufa y nos dedicamos a asar las carnes. Tuve que enseñarle a Gaomon una clase de “no tocar la sartén mientras esté en el fuego”, y acto seguido lo mandé a preparar algo de jugo de naranja para los dos.

Al terminar nos fuimos al comedor y nos sentamos a disfrutar la comida que entre los dos habíamos preparado.
-Akio-san... -preguntó Gaomon. -Daisuke vive con sus padres, ¿por qué tu sólo vives con uno?
-Se divorciaron. -dije como si no quisiera hablar del tema.
-¿Divorciaron? -me preguntó de nuevo.
-Es cuando no quieren vivir juntos. -contesté.
-Entiendo... -me contestó como si entendiera cómo me sentía.

Esa tarde no hubo plática, ni mucho menos algo qué hacer, así que llamé por teléfono a Hiroshi a ver si podía venir a mi casa.

----------------------------------------------------------------

-Kamemon... -pregunté.
-¿Qué pasa, Hiroshi?
-¿No te sientes raro teniendo esa enorme concha, ese casco y esa capa? Esta época es de mucho calor.
-La capa me la puedo quitar, pero tendrás que ocultarme en tu Digivice.
-¿Eh? -pregunté.

Hasta ahora no me había dedicado a revisar los menús del Digivice, es por eso que soy tan desatento a este asunto de la electrónica y la tecnología. Al que conocía manejar a la perfección este aparato era a Daisuke, pero no era alguien que quisiera hablar con el resto del grupo que habíamos ido al Digital World.

Entre los menús del dispositivo ese, encontré el que decía “Almacenar Digimon”. Lo oprimí, y de pronto, Kamemon quien estaba a un lado mío desapareció. Volteé hacia la pantalla del Digivice y pude ver su rostro allí.

-No es lo más cómodo del mundo, pero no hace calor y nadie me puede ver más que tú. -me contestó desde el Digivice.
-Oye, Kamemon... -pregunté de nuevo. -¿Qué pasó en todo este tiempo que no recordaba nada de ti?
-Verás Hiroshi... -comenzó a narrar mi Digimon. -Piccolomon-sama nos llevó a ver a los Vigilantes de la Frontera cuando descubrieron que Onagimon no estaba en el Digital World. Por eso nos mandaron a su mundo para regresarles sus recuerdos.
-¿Y la sentencia de Daisuke? -pregunté confundido.
-La anularon porque también lo necesitábamos para detener a Onagimon. -contestó Kamemon. -Si los niños no estaban completos, no podrían detenerlo de ninguna forma.
-Entonces Daisuke es importante para todos... -divagué.
Sí. -afirmó mi amigo tortuga. -Su padre, Kaito Yanami, es muy conocido en el Digital World, algunos lo comparan con Yggdrasil.
-¿Quién es Yggdrasil? -pregunté un tanto ignorante. -Lo he escuchado mucho en televisión pero no creo que... Y también Daisuke lo mencionó en algún instante...
-Yggdrasil es nuestro dios. Sus decisiones han sido siempre acertadas, y cuentan que él fue quien nos eligió a todos nosotros.
-No sabía que tuvieran un dios. -contesté. -Su mundo es un poco extraño.
-No hablemos del tuyo, Hiroshi. -contestó Kamemon.
-¿Y qué hizo Kaito, el padre de Daisuke, para que lo comparen con un dios? -pregunté para cambiar la conversación.
-Fue el primero en atacar por la espalda a Torkaimon, o eso es lo que me han contado.
-¿Entonces él también fue su esclavo? -pregunté asombrado.
-No tanto como su esclavo, pues él mismo decidió formar parte de sus tropas.
-¿¡Qué dices, Kamemon!? -pregunté de nuevo. -¿¡Que el papá de Daisuke quiso formar parte de las tropas de ese Digimon malvado!?
-Sólo lo hizo para poder monitorear a ese Digimon desde lo más cerca que se podía. Claro, estuvo respaldado por los Vigilantes de la Frontera, así que muchos de los crímenes que cometió mientras formaba parte de esa rebelión armada estaban justificados. De hecho, fue Gargadomon quien encerró a Rakugamon en esa prisión capsular para que no pudiera causar más daño.
-Vaya, es irónico todo lo que me cuentas. -contesté.
-¿Por qué lo dices?
-Porque precisamente Daisuke es quien posee a Rakugamon en estos instantes.

De tanta plática no nos habíamos dado cuenta que mi casa estaba frente a nosotros.
-Oh... ya llegamos... -dije.

Toqué el timbre de la puerta para que me abrieran.
-Hiroshi... qué bueno que llegaste. -contestó mi madre.
-¿Dónde está papá? -pregunté.
-Seguramente debe estar en la base militar. Tú sabes que siempre está ocupado en esos asuntos.
-Ojalá así acabe su insistencia de que siga sus pasos. -contesté.

El timbre del teléfono nos distrajo a todos, yo quien estaba más cerca del teléfono lo contesté.

-Casa de la familia Abe...
-¿Qué clase de ave es? ¿Pingüino, paloma, loro...?
-Akio... espero que no hagas esas bromitas cuando conteste mi mamá o mi papá, porque ahí no te la acabas...
-Jajajaja... no te preocupes. Lo dije porque conozco tu voz a través del teléfono. Oye... ¿no quieres venir al parque que está detrás de la zona militar?
-¿Y no crees que es muy peligroso por ahí?
-¿Tienes miedo?
-¡Claro que no! De acuerdo... iré para allá... sólo porque no tengo nada qué hacer.

---------------------------------------------------------------

-¡Ya se tardó este Hiroshi! -dije un poco molesto.
-Tranquilícese, Akio-san. -me decía Gaomon. -Seguramente vendrá pronto.

Los dos estábamos en el parque que se encontraba detrás de la zona militar. Lo único que teníamos cerca era una colina, y al otro lado la carretera que nos llevaba directo a la capital del país. El parque siempre estaba abierto al público, aunque específicamente ese día nadie había llegado hacia allá. Seguramente era porque estaba retirado de la ciudad, lo cual no me preocupaba mucho, porque la casa de Hiroshi no estaba tan céntrica como la de los demás.

-Oh, ahí estás. -dije al verlo llegando ¿sólo? -¿Y Kamemon?
-Aquí estoy. -pude escuchar su voz proveniente del Digivice que Hiroshi traía en las manos.
-¿Cómo le hiciste para eso? -pregunté algo confundido.
-Kamemon me dijo que podía hacerlo. -contestó Hiroshi. -¿Y para qué traes ese balón?
-Je... sólo quería jugar un poco, además con dos no tiene nada de gracia.
-¡Olvídalo! -dijo Hiroshi. -¡Tú bien sabes que soy malo para jugar!
-¡Vamos! -dije intentando convencerlo. -¡Hasta Daisuke juega! ¡Y eso que no se lleva tan bien con los demás!
-De acuerdo... -contestó. -Pero no te quejes si empiezas a aburrirte.

Y así empezamos. Hiroshi sacó a Kamemon de su “prisión” y decidimos que ambos fueran los porteros, mientras nosotros dos nos disponíamos a correr detrás del balón. Claro está que primero tuvimos que darles a los Digimon una breve explicación de cómo se jugaba.

Por un instante pensé hasta dejarlo ganar, pero viendo sus movimientos algo inusuales y poco convencionales, decidí hacerle hasta darle más pleito de lo normal. Pero Hiroshi no se dejaba vencer, incluso en ocasiones corría más rápido que yo.

Estuvo a punto de dirigirse hacia la portería contraria, donde se encontraba Gaomon, y lanzó su disparo, un gol que ni Gaomon pudo detener. No podía expresar lo que pasaba entonces, Kamemon y Hiroshi disfrutando su victoria, en cambio Gaomon y yo aceptando que nos habían vencido.

Al terminar, un poco cansados, nos acostamos sobre el suelo mirando el cielo.
-¿Sabes, Akio? -preguntó Hiroshi. -Me desahogué un poco con esto.
-¿A qué te refieres? -pregunté.
-No me gusta que mi padre me presione que intente estudiar una carrera militar. -me dijo. -Yo estoy interesado en otras cosas...
-Debes hacer lo que tú quieras, no lo que los demás te pidan. -contesté.
-No creo que seas el más indicado para decir eso. -me dijo. -Antes te juntabas con los matones del instituto, y hasta trataste mal a Daisuke en sus primeros días de clases.
-Sólo... quería desahogarme... -contesté. -Luego descubrí que habían formas mejores y que no afectaran a los demás, además mi papá me dio mi jalón de orejas. Como es militar...
-¿De verdad? -me preguntó. -Creo que no somos tan diferentes.
-Creo que tengo mi merecido, ¿no? -pregunté.
-¿A qué te refieres?
-Daisuke cobró en parte lo que hice en un principio. Creo que no soy nadie para juzgar todo lo que hizo en el Digital World.
-En eso prefiero no mencionar nada. -contestó Hiroshi. -No sabemos las circunstancias por las cuales haya decidido tomar el papel de malo, pero creo que su pasado oscuro ha terminado. Lo que nos queda ahora es cooperar los cinco juntos y seguir contra esos malvados.

---------------------------------------------------------------

Una explosión en las zonas militares sacudió el suelo, distrayéndonos a los cuatro.
-¡Fue en la zona militar! -grité.
-Maldición, y mi padre está ahí. -dijo Akio. -Vamos para allá.
-¿¡Estás loco!? -grité asustado. -¿¡Y si nos hacen algo cuando lleguemos por ahí!?
-No importa, vamos. -dijo Akio seguramente curioso por ver lo que pasaba.

Escalamos con dificultad la colina que separaba al parque de la zona militar. Y agachando la cabeza para que nadie nos viera. Pude identificar a mi padre al frente de un tanque de guerra, y frente a ellos, todo un grupo de “robots”.

-¡Na... Nanomon! -dijo Gaomon. -Y son más de 400...
-¿Podrían ser más integrantes de las tropas armadas? -preguntó Akio.
-Seguramente... -dije. -Pero esto ha llegado a grandes rasgos... se han presentado ante militares nacionales... esto será un escándalo en todo el país...

Mis palabras fueron interrumpidas por otra explosión.

-Maldición... ¿qué podemos hacer? -dije.
-Detenerlos... no queda de otra... Hiroshi-kun. -me contestó Gaomon.
-¿Pero cómo? ¡No podemos meterlos a ustedes! ¡Ustedes también saldrían lastimados y los militares podrían atacarlos!
-Hay que hacerlo, Hiroshi. -me contestó Akio. -Es mejor eso que dejar que las tropas armadas de Torkaimon sigan causando destrozos en el mundo real. Además... nuestros padres están ahí...
-Creo que no me puedo negar... -dije. -Ve, Kamemon.
-Sí, Hiroshi. -contestó.

Los militares aún seguían tratando de contener a todos los Nanomon, pero sus armas eran inútiles contra esos Digimon.
-DJ Shooter. -lograron escuchar mientras discos compactos se estrellaban contra los Nanomon.
-¿Es otro monstruo? -gritó un soldado intentando apuntar su arma contra Gawappamon.

Gaogamon hizo acto de aparición logrando desviar la bala que iba dirigida hacia Gawappamon con una de sus patas.

-Somos sus aliados, señores. -contestó Gaogamon. -Les pediría que se retiren de aquí si no quieren salir lastimados.

Gaogamon y Gawappamon se lanzaban contra todo contra los Nanomon, pero estos últimos eran numerosos. En un instante, fueron incapaces de contener a todos ellos, que uno de sus grupos se dividió y comenzó a atacar a los armamentos de los militares. Aquel grupo de Nanomon había llegado hasta donde se encontraba mi padre...

-¡Papá...! -grité al verlo en problemas. -¿Qué puedo hacer? ¡¡Maldición!!
-¿Qué es lo que te pasa, Hiroshi? -preguntó Akio sorprendido al verme.

Noté que un fuerte halo de luz azul me rodeaba. Y que ese halo de luz se concentraba justamente en uno de mis puños. Tomé mi Digivice y lo que vi fue un aviso que decía: “Inserte Digisoul aquí”. No entendí a qué se refería lo de Digisoul...
-¿Digisoul? -pregunté.

Como si fuera el Digivice una especie de imán, éste atraía mi puño, y justamente al posar mi mano sobre el Digivice, éste reaccionó, y al mirar hacia el campo de batalla, vi como ese halo de luz rodeaba a Gawappamon, rodéandolo casi como ocurrió con el Gotsumon de Daisuke.

-¡Sha... Shawujingmon! -dijo Gaogamon al ver a su amigo con otro aspecto.

No sabía cómo describirlo, parecía una especie de ninja con una capa roja y un báculo de color metal, muy extraño a lo que conocía.

-Dejen en paz al mundo humano. -contestó Shawujingmon.

Los Nanomon empezaron a ser intimidados. Desde arriba se podía ver toda la escena completa, incluso cuando vi saliendo de la nada una especie de cascada de agua.

-Kouyoujyou... Taki no Jin

Dicha cascada u ola, como la quieran llamar, barrió a todos los Nanomon dejándolos fuera de combate. Pero al parecer su ataque fue demasiado fuerte, ya que en vez de regresar a la forma que conocía de Kamemon, regresó a una forma mucho más pequeña, casi como su fuera un bebé, de color verde y una especie de hoja en la cabeza.

A pesar de que Gaomon les había dicho a los militares que eran sus aliados y que no les iban a hacer daño, éstos los rodearon a los dos con sus armas, dispuestos a disparar ante cualquier movimientos sospechoso.

-¡Rápido Akio! -le dije desesperado. -¡Guarda a Gaomon!

Akio me invitó a bajar rápidamente de la colina después de hacer lo que le recomendé. No era de los que corriera rápido, pero creo que fue el miedo a ser descubiertos lo que me hizo correr incluso más rápido que mi amigo. Apenas éramos unos niños y habíamos “provocado” a una buena parte del ejército. Para que no nos descubrieran, Akio me invitó a su casa por un rato hasta que la revuelta se calmara.

-De la que nos salvamos... -dijo Akio todavía agitado observando por la ventana.
-¿Nos salvamos? -pregunté enojado. -¡Seguramente el ejército nos vio! ¡Y vendrán en cualquier momento! ¡Y este no es el lugar más seguro para esconderse!
-Tratemos de estar tranquilos. -recomendó Akio. -Mientras no nos vean agitados, no sospecharán de nosotros.
-Tienes razón... -dije agitado. -Debemos calmarnos... estar serenos... ¡Akio, no puedo!
-Akio tiene razón, Hiroshi. -dijo el Digimon que tenía guardado en mi Digivice. -Además el ejército estaba más concentrado en nosotros que en ustedes.
-Eh... -dije algo confundido al ver la “nueva apariencia” de Kamemon. -¿Y por qué estás en esa forma?
-Mi nombre es Chapumon... -dijo. -Y no entiendo por qué estoy así...
-¿Volverás a ser Kamemon? -pregunté.
-Eso espero, Hiroshi.

Había pasado una hora y luego dos, hasta que por fin Akio me dijo...
-Creo que ya pasó todo. Si quieres te acompaño hasta tu casa.
-De... de acuerdo... -dije todavía asustado.

Así, durante el camino a mi casa, Akio trató de no ser tan bromista como siempre lo era, quizás para no hacerme sentir tan mal después del susto que ambos habíamos pasado.
-Si llega a suceder algo, no dudaré en comunicarme contigo. -le contesté.
-De acuerdo... -dijo Akio antes de despedirse.

Entré a mi casa y saludé a mi mamá y a mi hermana mayor como de costumbre.
-¿No ha llegado papá, Yuki? -le pregunté a mi hermana.
-Acaba de llamar. -me contestó. -Dijo que vendría en unos minutos.

Me senté en la sala a pensar un poco sobre lo que había pasado hasta ahora... Esto se nos estaba saliendo de las manos. Pensábamos que nosotros solos seríamos los únicos involucrados en el asunto de los Digimon, pero presentarse ante una base militar hacía detonar casi literalmente una bomba en la ciudad... no, en el país.

-¿Qué te pasa, Hiroshi? -me preguntó Yuki. -Pareciera que viste un fantasma o algo...
-Ya quisiera que fuera eso... -dije algo pensativo. -Al menos así podría decir que lo imaginé...

Mi única escapatoria sería hablar con mi papá... pero ¿cómo lo iba a hacer?

-¡Papá! -gritó Yuki emocionada. -¡Qué bueno que llegó!
-Papá... -corrí hacia él esperando que me escuchara aunque sea un poco. -Quisiera hablar contigo...
-A ver, dime. -me dijo mi papá.
-¿Podría ser en privado? -pregunté.
-No me gusta esas cosas privadas, pero bueno, si así lo quieres, así será.

Lo llevé a mi cuarto y traté de comentarle lo que había pasado.
-¿Por fin decidiste estudiar una carrera militar? -me preguntó.
-No es eso... -dije. -Es sobre esos robots que atacaron la base militar de la ciudad horas atrás.

Mi padre se quedó petrificado al escuchar lo que había mencionado. ¿Cómo iba a ser posible que estuviera ahí mirando lo que pasaba?

-¿Y cómo supiste ese dato? -me interrogó desconfiado.
-Yo... yo... yo estaba allí, en la colina mirando... -dije. -Y no solo eso... además...

Saqué mi Digivice, e intenté explicarle lo que pasaba pero mi padre me interrumpió.

-¿Un Digivice? ¿Cómo es que tienes un Digivice?
-Esta es la razón por la que estuve desaparecido todo el fin de semana y... -reaccioné al escuchar el nombre de ese dispositivo de la boca de mi padre sin siquiera habérselo mencionado. -¿Cómo sabes el nombre de esta cosa?
-Alguien que viajó al Digital World no olvida esas cosas... Fue hace treinta años exactamente. -narró mi padre al tiempo que levantaba la mirada hacia el cielo como queriendo buscar una explicación.
-¿Tú también estuviste en ese lugar? -pregunté asombrado. -¿Y también hace treinta años?
-¿Cómo que “también”? -preguntó mi padre. -¿Conoces a alguien que también haya ido al mismo tiempo?
-El papá de uno de mis amigos estuvo allí anteriormente... -dije apenas confuso. -Incluso su nombre es recordado allí...
-Yanami... -mencionó. -Kaito Yanami... Así que él también está aquí en Ciudad del Valle. Yo creí que se había quedado para siempre en Ciudad Roja. ¿Y bien? ¿Tienes alguna idea de que esos Digimon hayan estado aquí?
-Ellos son parte de las tropas armadas de Torkaimon. -comenzó a narrar Chapumon desde el Digivice. -Se dice que están buscando a varios niños que supondrían peligro para Onagimon y sus secuaces.
-¿Torkaimon? ¿Onagimon? -se asustó mi padre. -Imposible... ya los habíamos vencido... ¿cómo pudo ser....?
-Chapumon... -dije algo molesto por su intromisión.

-Entonces esa es la pieza que nos faltaba para explicar la desaparición de niños en la ciudad hace seis meses. -contestó de nuevo mi padre.
-¿Eh? -pregunté. -¿Acaso relacionaban los secuestros con los Digimon?
-Sí. -dijo mi padre. -A la vez que sirvo para el ejército, formo parte de una subdivisión secreta que se dedica a estudiar los casos de Digimon en el mundo real. El gobierno local casi se burla de nosotros cuando expusimos una teoría sobre el Digital World y las desapariciones de niños hace seis meses, en las que ninguno recordaba lo que había sucedido mientras no estaban con sus padres. Pero Hiroshi, eso que acabas de decir es la pieza clave que nos faltaba.
-El caso es que vieron a Chapumon y a Gaomon en una base militar, -dije atemorizado. -y no quisiera que el ejército les hiciera daño.
-Eso es algo complicado... -me contestó. -El gobierno federal ha mandado muchas de sus tropas a esta ciudad para combatir el “ataque terrorista”, como ellos le llaman. Pero no te preocupes, creo que puedo hacer algo, pero necesitaré tu colaboración, y la de todos tus amigos. Y por supuesto de mi viejo amigo Kaito.
-De acuerdo. -contesté. -¿Qué puedo hacer?
-Ve a tu computadora y haz una lista con nombre y foto de tus amigos y sus Digimon. -me contestó. -Me encargaré de que con un acta firmada, no puedan hacerles daño a ustedes cuando los vean combatir a esos malvados.
-¿Y tú qué harás? -pregunté.
-No puedo traer a mi Digimon de vuelta. -contestó. -Pero ten por seguro que haré todo lo posible por apoyarles.
-Gracias, papá. -contesté abrazándolo.
-Sólo una cosa más... -me dijo. -Habla con el poseedor de Gaomon para que podamos llegar a un acuerdo con su padre.
-Seguramente conoces a su padre. -dije. -Me dijeron que trabajaba contigo.
-Como tengo sólo a 40 a mi cargo... -contestó. -¿Cómo se apellida?
-Sasaki. -contesté.
-Entonces tu amigo es hijo del teniente Sasaki. -dijo mi padre. -Bien, trataremos de ver lo que pasa.

-----------------------------------------------

Esa llamada fue casi como salvadora, pues estaba ya a punto de recibir un fuerte regaño de mi papá por haber estado jugando cerca de una zona militar, y más porque poseía uno de esos seres extraños como les llamaba. Gaomon como de piedra frente a mi padre y yo con un estado de pesadez en mi recorrido desde la mesa al teléfono.

-¿Diga? -pregunté al teléfono.
-Seguramente debes ser Akio Sasaki. -contestó el hombre que estaba al otro lado de la línea.
-A... Así es... -dije.
-¿Puedo hablar con tu padre? -preguntó. -Dile que lo habla el comandante Abe.

Le pasé al teléfono a mi padre, y éste se quedó pasmado casi al escuchar la declaración de su superior.
-Sí... todavía sigue aquí mi hijo. -decía.
-Entonces dígale que no hay nada qué temer. -contestaba su superior. -De mi parte correrá que cuando los vean en las calles para los próximos enfrentamientos, el ejército no les hará nada. Pero será preferente que usted y su hijo vengan conmigo para explicarles a detalle lo que pasa.
-De acuerdo, comandante. -dijo.

Pero al escuchar precisamente esa charla, mi celular también sonó.
-¡Akio! -dijo la voz de niña que hablaba por el teléfono-Digivice.
-¿Qué pasa Rina? -pregunté.
-¡Mizuki y yo acabamos de hacer un descubrimiento importante! -gritaba. -¡Kaito Yanami, el padre de Daisuke, es el “elegido” del que tanto hablan! Pero no sabemos qué quiso decir Onagimon con “los hijos del elegido”...
-Creo que se refiere a Daisuke y a su hermana. -dije.
-¿¡Qué!? -preguntó Rina. -¿Daisuke tiene una hermana? Yo no lo sabía...
-De hecho nadie lo sabía. -le expliqué. -Gaomon me lo contó.
-Debemos hablar con Daisuke mañana mismo. -dijo Rina. -Esto se está poniendo feo y estamos solos en esto.

Miré a mi padre y le dije a Rina:
-Yo creo... que no estamos solos...

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #13 en: Diciembre 18, 2009, 20:54:06 »
Capítulo 17:
Spoiler de texto oculto:
------FICHA DE PERSONAJES: Rina Inoue -------

Nombre: Rina Inoue
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 29 de diciembre
Digimon camarada: Piyomon
Color del Digivice: Violeta

Rina Inoue es la más pequeña del grupo, tanto de edad como de estatura. Ama todo lo dulce, pero a la vez es un tanto irritante, siendo educada como hija única siempre ha tenido muchas cosas a su alcance. Lo que los rumores indican es que ella y Mizuki son medias hermanas por parte del padre, y que esa fuera la razón por la que el padre de ambas se divorciara de la madre de Mizuki.

Sin embargo, ella ha podido salir adelante, y ha tratado a Mizuki como a una hermana mayor, pues a pesar de las diferencias de sus padres, ellas han convivido juntas desde muy pequeñas.

Rina en ocasiones puede ser caprichosa, pero en el fondo sabe cuándo y cómo apoyar a sus amigos. Algo que tuvo que aprender a la fuerza lejos de sus padres por más de tres días en un mundo desconocido para ella. Incluso podría decirse que estimó más a Daisuke a pesar de su pasado, a pesar de que éste último ni se haya dado cuenta, y que Rina no quisiera confesarlo hasta que Mizuki sacara a relucir ese tema.

-----------------------------------------------------------------------

17.- Revelando la verdad. El nuevo inquilino.

Bien, después de haber dado un vistazo a las vidas de Hiroshi, Akio, Rina y Mizuki en sus familias y asimilando la verdadera razón de nuestra desaparición por más de tres días, ahora vuelvo a mi vida cotidiana...

Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo.

-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.

Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre...

-¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente.
-Esto... yo... -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?

Mi padre se levantó del sofá y le quitó la capa a Gotsumon, dejando ver su verdadero aspecto.

-¿Go... Gotsumon? -preguntó mi padre.
-Esa es la verdadera razón de mi desaparición por más de tres días. -dije apenado.

Gotsumon no sabía qué decir. Quería recoger su capa y volver a cubrirse, pero la figura imponente de mi padre lo hizo inmovilizarse.

-¿Qué rayos me estás diciendo? -gritó mi padre. -¿Que te fuiste de viaje por más de tres días al Digital World sin decirme nada? ¿Te fuiste y nos dejaste preocupados?
-¡Puedo explicarlo! -intenté comentarle a mi padre. -¡Yo no recordaba lo que había pasado...!

Antes de que pudiera darle una explicación lógica, pude sentir la mano de mi padre impactando fuertemente en mi mejilla. Gotsumon incluso lanzó un suspiro al ver aquella escena.

-Déjalo, Gotsumon... -dije a punto de sentirme indefenso. -Siempre pasa esto... Siempre tengo la culpa de todo lo que malo en esta casa... Sabía que Piccolomon-sama estaba errado... Que aunque mi padre fuera el gran héroe del Digital World, jamás me escucharía...

Salí caminando lentamente por las escaleras, sintiendo un sentimiento de pesadez y angustia.
-¿A dónde vas, Daisuke? -preguntó mi padre todavía molesto.
-A mi habitación. ¿No estoy castigado? -pregunté. -Al fin y al cabo... seguramente hasta tengo la culpa de que mamá fuera enviada al Digital World...
-¿Qué dijiste, Daisuke? -preguntó mi padre.

Pero no le hice caso, metiéndome a mi habitación sin siquiera intercambiar palabras... Cerré la puerta y me tumbé en la cama recordando todo lo que había pasado hasta ahora. Cada vez que mi padre quería hablar de algo, siempre terminaba en algo como eso, teniendo yo la culpa de todo lo que sucediera.

Mi padre, viendo desde la sala, preguntó:
-Gotsumon... ¿qué fue lo que quiso decir Daisuke?
-Yo... yo... -comenzó a titubear Gotsumon. -Conozco un poco de lo que pasó, pero no me considero el más adecuado para explicarlo...

Mi padre lanzó un suspiro, y al poner un pie sobre el primer escalón de la escalera, dijo:
-¿Puedes venir conmigo, Gotsumon?

Gotsumon asintió con la cabeza, y ambos llegaron a la puerta de mi habitación.
-¡Abre, Daisuke! -dijo mi padre mientras golpeaba la puerta.

Gotsumon se adelantó a él y abrió la puerta girando la perilla, dejando casi boquiabierto a mi padre.
-Oh... gracias, Gotsumon.

Mi padre entró a mi cuarto, y me encontró acostado sobre la cama de espaldas hacia la puerta. Se sentó a un lado, sin embargo no volteé a mirarle.
-Daisuke...
-¿Sí...? -pregunté si mirarlo.
-Lamento lo que pasó... -dijo mientras lanzaba un suspiro. -Pero quisiera que me explicaras lo último que dijiste... ¿cómo está eso de que tu mamá estuvo en el Digital World?
-Papá, no es necesario que te disculpes... -dije a punto de llorar. -¡Mamá fue secuestrada por Torkaimon hace seis meses! ¡Me obligaron a trabajar para ellos a cambio de que me la devolvieran!

Mi padre se quedó como de piedra al escuchar mi fuerte confesión.
-¿Qué dijiste, Daisuke?
-¡La verdad! -dije llorando. -¡Hice muchas cosas malas tan sólo para que ese maldito cumpliera su promesa!
-Daisuke... -murmuraba Gotsumon sin saber ni cómo ni cuándo intervenir.
-¿Entonces...? ¿Por eso desapareciste el fin de semana pasado?
-Así es... Pudimos vencerlo, no lo hice solo, fue gracias a Gotsumon, pero al final pude recuperar a mamá... pero... pero...
-Cuando llegaste dijiste que no sabías dónde habías estado...
-Hice muchas cosas malas allí... por eso mi sentencia fue el no poder recordar nada sobre ese mundo...
-¿Qué clase de cosas malas? -seguía preguntando mi padre.
-Destrocé aldeas... maté a muchos inocentes... yo... me siento tan mal de todo eso...

Mi padre me tomó de los brazos, me dio un abrazo y me preguntó:
-¿Y de verdad hiciste eso para rescatar a tu madre?
-Sí... todo eso hice... -dije todavía llorando.
-No apruebo lo que hiciste... pero... me alegro que tu mamá y tú estén a salvo. -contestó sin darse cuenta de que noté que su voz se quebraba.

Gotsumon lo único que hizo es sonreír. Nunca antes había notado que mi padre me escuchara tan atentamente como ahora... Su abrazo se sentía más cálido que los que conocía de él, incluso podría decir que era la primera vez que sentía que mi padre estuviera tan preocupado por mí...

-¿De... de verdad, papá? -pregunté todavía agitado.
-Yo también fui al Digital World... e hice muchas cosas malas, tan solo para desenmascarar a ese maldito... No puedo creer que todavía estuviera causando daños...
-No exactamente... Torkaimon no está, pero su secuaz Onagimon sigue por aquí...
-¿Y por eso tu Gotsumon está aquí?
-Así es... -contesté. -Él fue quien los salvó en el parque.

Mi padre dejó de abrazarme y saludó a Gotsumon.
-Mucho gusto, Gotsumon. -le dijo. -¿Así que tú eres el Digimon de mi hijo?
-Sí... lo soy. -dijo Gotsumon orgulloso de sí mismo como siempre lo era.
-¿Tú venciste a Torkaimon?
-No podría haberlo logrado de no ser por Daisuke, claro que sin restar créditos a los demás niños. -dijo presumiendo.
-¡Eres un presumido, Gotsumon! -dije burlándome de él.
-Bien, Gotsumon. -dijo mi padre y le estrechaba la mano para evitar la molestia de Gotsumon. -Mi nombre es Kaito Yanami, el papá de Daisuke.

Gotsumon puso los ojos como platos al escuchar eso.

-¿U... usted? -preguntó Gotsumon sorprendido. -¿Usted es el gran Kaito Yanami? ¿El semi-dios del Digital World?
-Bueno... tanto como el semi-dios, no me gusta mucho ese título, pero sí, ese mismo soy.
-¡No puedo creerlo! -dijo Gotsumon. -¡No puedo creer que esté estrechando la mano de un personaje tan importante para todos los Digimon!
-¿De verdad eras tan importante? -pregunté. -Un tal Gargadomon me lo dijo...
-Fui quien encerró a uno de los secuaces de Torkaimon en una prisión para que nunca pudiera salir de allí y... Un momento... ¿Dijiste “Gargadomon”?
-Bueno... yo... -dije un poco triste.
-¿Quieres decir... que conociste a mi Digimon? -preguntó mi padre.

Al escuchar eso me quedé petrificado... De todos los miles... no, millones de Digimon existentes en el Digital World, tenía que ser precisamente él quien fuese un conocido de mi padre...

-No... -dije asustado, agitado y confuso. -No... ¡No! ¡No! ¡¡No!!
-¿Qué pasa, hijo? -seguía mi padre preguntándome al ver mi reacción.
-De todos los Digimon que asesiné... no... no puede ser... no... ¡No! ¡¡No!!
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon enojado. -¡Tú no fuiste! ¡Fue Rakugamon! ¡Así que deja de echarte la culpa de eso!
-¡Pero... pero Gotsumon...! -dije intentando disculparme...
-¡Pero nada! -gritó de nuevo. -¡Nosotros escuchamos en carne propia la confesión de Torkaimon diciendo que ese que atacaba a Gargadomon no eras tú, sino su maldito esbirro!
-¿Qué dices? -pregunté al escuchar eso.

No había escuchado algo así, pro si Gotsumon decía la verdad, y estaba seguro que así era, entonces sabían desde un principio a medias lo que me había pasado entonces...

-A ver, a ver. -dijo mi padre pidiendo una explicación. -¿Alguno de los dos podría decirme qué tiene que ver Rakugamon en todo esto?
-Bueno papá... -comencé a narrar. -Torkaimon me confió el cuidado de Rakugamon, forma Digimon a la cual hasta hace poco podía transformarme a voluntad...
-¿Controlabas a un Digimon tan fuerte?
-En parte, hasta que de pronto tomó posesión de mí, y cuando pude recuperar mi voluntad, me encontré con lo que había dicho Gotsumon... -contesté volteando la cabeza hacia otro lado y bajándola a la vez.
-Gargadomon renacerá, de eso no te preocupes. -dijo mi padre tan tranquilo, a pesar de que antes de eso había lanzado un tremendo suspiro.
-Pero... ¿y sus recuerdos? -pregunté. -Sus recuerdos no regresarán...
-¿Qué tan seguro estás de eso? -me preguntó mi padre. -¿No te contaron que para poder encerrar a Rakugamon en esa prisión capsular, Gargadomon agotó toda su energía vital muriendo y regresando como un Digitama?
-No... no lo sabía... -dije.
-Los recuerdos más profundos del alma se quedan con nosotros, a pesar de que el tiempo pase y se haya llevado nuestros restos. No habría podido obligar a mi amigo a pretender algo que no era... por ejemplo, hacerle creer que era mi amigo fiel aunque no me recordara. Eso sería forzarlo. Lo mismo que tú dices lo pensé... pero cuando nació, y me llamó por mi nombre, supe que muchas veces no es así.
-Si llega a recordar lo que pasó, espero que algún día me perdone...
-Estoy seguro que lo hará. -me dijo mi padre.
-Sólo tengo una pregunta más. -contesté. -¿Por qué te hiciste aliado de Torkaimon a voluntad?
-Porque a mí me tenía secuestrada en su castillo ese maldito. -contestó mi madre quien se encontraba en la puerta de mi habitación.
-Ma... mamá... -dije quedándome casi sin aliento. -¿Entonces escuchaste todo lo que pasó?
-Desde un principio. -contestó serena. -Es imposible ignorar los gritos que pegaba tu padre.
-Misuzu... Gotsumon... -dijo mi padre. -¿Por qué no se sientan? Esta va a ser una charla un poco larga...

Y allí empezó una plática de más de media hora en la que escuché las hazañas de mi padre. Una historia quizás bizarra si la hubiera escuchado hace más de seis meses, pero que ahora hasta me parecía emocionante.

Contó cómo un niño de 9 años, junto con otro grupo de amigos, incluida mi madre, había encontrado lo que llamaban un Digital Gate en una cueva de Ciudad Roja. Al llegar allí se encontraron con un mundo fantástico lleno de criaturas algo extraña, varias de las cuales no se separaban de ellos.

Pero con el paso del tiempo, apareció un Digimon de atributo virus (al que conocía a la perfección) y tomó a mi madre como rehén. Mi padre, en un ataque de enojos, decidió unirse a sus tropas armadas, a pesar del rechazo que los demás le tuvieron en un principio. Allí cometió muchos de los crímenes que anteriormente había hecho igualmente yo en persona... Pero en realidad su plan había sido infiltrarse en esa organización y desmantelarla por completo, rescatando a mi madre y provocando la ira de Torkaimon y sus fieles esbirros.

-Entonces fuiste un competo doble cara... -dije mirándolo.
-Si quieres llamarme así, podría decirse que sí... -me contestó.
-Y no puedo creer que ese maldito siga causando destrozos en nuestras vidas. -contestó mi madre.
-Entonces... ¿Torkaimon sigue enojado con usted, Yanami-sama? -dijo Gotsumon.
-Seguramente... -reflexioné. -No encuentro otra razón para la que me hubiera elegido precisamente a mí teniendo tantos niños cerca de aquí...
-Por favor... -contestó mi madre. -No mencionemos esto a Ayano.
-¿Por qué no? -pregunté.
-A menos que quisiéramos alarmarla, o que supiera casi todo lo que está pasando, es mejor que esto quede como un secreto entre nosotros cuatro.
-De acuerdo... -contesté. -Como ustedes quieran, aunque Ayano conoce la existencia de Gotsumon, no sabe ni la mitad de todo lo que les he contado.

El celular de mi padre sonó, quizás en un momento de lo menos oportuno. Lo contestó y sólo a bases de “Sí”, “Ajá”, “Voy para allá” pudimos saber que lo estaban llamando de la agencia de autos.

-Me temo que me hablan del trabajo. -dijo.  -¿Saben? ¿Qué les parece si toda la familia vamos a cenar fuera esta noche?
-¿¡De verdad!? -pregunté emocionado. -¿Y podrá ir Gotsumon?
-Sólo si lo vistes como un humano. -dijo. -Con la capa con la que lo llevabas hace rato, seguramente se le quedarán mirando más de lo normal.
-De acuerdo, seguramente Ayano me podrá prestar los disfraces de sus muñecos más grandes. -dije.
-Cuídate cariño. -le dijo mi madre despidiéndose de él con un beso.
-Tú también, Misuzu... -dijo al salir de mi cuarto.

Lo último que escuchamos fue el pisar frenético de los escalones y el portazo de la puerta al salir.

-Bueno, Daisuke, -dijo mi madre. -Creo que será mejor que vayamos a comer.  Avísale a Ayano que estamos en el comedor.
-Voy para allá. -dije antes de correr hacia la habitación de Ayano.

Al estar a solas mi madre con Gotsumon, está dijo:
-Gracias por cuidar de mi hijo cuando más lo necesitaba.
-Yo... yo... -titubeaba Gotsumon. -Es lo menos que podía hacer al ver a Daisuke siendo extorsionado por ese maldito.

Mi madre suspiró un poco y dijo nuevamente.
-Espero que Lalamon se encuentre bien... Me pregunto cómo será ahora...

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-¿Pero qué es esto? -preguntó alguien.
-¿Quién es? -dijo asustado el Digimon y volteó a su alrededor.
-No pareces ser alguien de las tropas armadas de Torkaimon. -contestó un Hagurumon. -¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás ayudando a los Niños Elegidos?
-No sé de qué hablan. -volvió a decir asustado el Digimon. -No... no entiendo nada...
-¡Eso! ¡Eso es un Digivice! -gritó otro Hagurumon. -¡Es un aliado de los Niños Elegidos! ¡Atánquenlo!
-¡Déjenme en paz! -gritó el Digimon al verse acorralado en un poste de luz.

Al gritar del Digimon, el Digivice comenzó a despedir luz de su pantalla, cegando a sus enemigos y haciendo que éstos retrocedieran regresando a su “cuartel general”. El Digimon, después de eso, sólo pudo caer agotado al suelo, sin fuerzas para ponerse de pie, o de siquiera hablar con alguien...

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-¿Ya se va, señor Yanami? -preguntó Irene, la secretaria de recepción.
-Sí, Irene. Dígale a los trabajadores que mañana podrán retirarse desde el mediodía, por temporada de descanso, y que los veo aquí mismo el lunes en la mañana.
-Por supuesto, señor Yanami. Lo veo muy contento...
-Sí... han pasado muchas cosas buenas en mi casa estos días...
-¿Regresó su señora y su hijo a casa?
-Mucho mejor que eso... pero no te lo puedo mencionar.
-Me alegro que todo esté bien con usted, aquí los empleados podíamos verle triste a cada instante.
-No debían haberse preocupado tanto. -contestó mi padre.
-Usted es la cabeza de esta agencia de autos. ¿Cómo no nos íbamos a preocupar por usted?
-Bueno, está bien. Que hagan lo que quieran.
-¿Y va a salir a la calle con todos esos ataques terroristas?
-¿Qué ataques terroristas?
-Me enteré en la radio de un ataque de sujetos disfrazados destrozando el parque principal. Y supe que en unos minutos, el alcalde de la ciudad dará un informe especial por radio sobre esos ataques.

Mi padre reaccionó rápidamente. Era como si a los Digimon los llamaran “terroristas” buscando únicamente destrozos en la ciudad.

-Me tengo que ir rápidamente. Cuídese, Irene.

Se subió a su automóvil nuevo y comenzó a manejar a toda velocidad por las calles de la ciudad, claro que respetando los límites de velocidad. De un momento a otro, tomando la ruta de la avenida principal, y deteniéndose frente a un semáforo en rojo, comenzó a recordar aquellos viejos momentos en los que tenía casi mi edad, aquellos momentos que pasó al lado de su fiel Digimon. Lo conocía a la perfección, era fuerte y ágil, pero no presumía de ello. Al contrario, era modesto, prudente y a veces hasta callado. Sabía decir las palabras correctas para toda situación y compartieron juntos bellos instantes que no cambiaría por nada del mundo.

Rememoró aquel instante en que había decidido unirse a las tropas armadas de Torkaimon, recibiendo el repudio de sus amigos, sin entender por un instante sus motivos por los que había tomado tal camino. Su traición hacia ese Digimon le hizo ganar un puesto honorífico como capitán de una de las Digital Gates que estaban en el Digital Border, revisando que nada de un mundo pasara hacia otro, y viceversa.

-Espero que puedas perdonar a mi hijo, Gargadomon... -dijo en voz baja.

El semáforo puso su luz en verde e inició de nuevo la marcha. Encendió el radio en una de las pocas estaciones que teníamos en la ciudad para despejar sus pensamientos, y escuchó las palabras de nuestro señor gobernante.

Estimados ciudadanos”, sonaba su voz en la radio. “Nuestra ciudad se ha visto afectada últimamente por terroristas disfrazados que lo único que han venido es a causar destrozos en nuestra pacífica ciudad. Afortunadamente tenemos un tiempo de respuesta mucho más efectivo que el de ellos, y por eso, la ciudad estará sitiada por fuerzas militares en cada una de las calles para evitar que esos perturbadores de la paz destruyan lo más valioso de nuestra riqueza, nuestra gente y nuestra seguridad. Del mismo modo se le pide a la ciudadanía que colabore con nosotros. Si conocen de algún vecino que pueda tener relación con esta ola de ataques, no duden en denunciarlo ante las autoridades correspondientes...

Mi padre apagó el radio justo en ese instante. Nada estaba pintando bien para ninguno de nosotros. Seguramente si los ven en la calle, los militares los tacharán de terroristas y los capturarán... “Tengo qué ir a casa pronto...”, pensó. Así, tomó una ruta más corta pero que requería doblar a cada esquina de los fraccionamientos aledaños para poder llegar.

Al doblar en una esquina, logró identificar una figura azul muy extraña desmayada en el suelo. Pensando incluso lo peor, frenó con fuerza haciendo chillar las llantas en el pavimento. Se bajó de su asiento y corrió a auxiliar a aquel ser. Al revisarlo mejor, estuvo a punto de desmayarse de la impresión.

-¿¡V-mon!? -preguntó.

Pero V-mon no respondía. Respiraba agitado con fuerza, los ojos cerrados y con síntomas de una fiebre próxima, estaba inconsciente en el suelo sosteniendo en su mano derecha uno de los artefactos que mi padre conocía como Digivices. Había sido atacado por un grupo de Hagurumon, y parecía no haber probado bocado alguno durante su “viaje” al mundo humano.

Mi padre no lo pensó dos veces antes de llevar en su espalda a V-mon, abrir la puerta trasera y acostarlo en los asientos. Miró a todos lados esperando que no lo hubieran visto llevando a uno de esos monstruos, y al asegurarse de que había sido así, se subió al asiento del conductor, cerró con fuerza la puerta y arrancó el vehículo a toda velocidad.

-Esto se nos está saliendo de las manos... -pensó.

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Después de haberme dado un baño y vestirme con pantalones y camiseta azul, fui a visitar a Gotsumon en el cuarto de Ayano, quien había recibido todo un remake en su forma de vestir, lamentablemente...

-Ayano... -dije.
-¿Sí, Daisuke-niichan? -preguntó.
-¿No tenías...? -dije antes de estornudar (*17) -¿No tenías playeras y pantalones para ponerle a Gotsumon? No creo que ese vestido floreado le siente bien. -contesté un poco avergonzado al ver a mi amigo de roca siendo vestido como una muñeca de porcelana.
-Pero a mí me gusta. -contestó Gotsumon.
-Ven acá, Gotsumon. -dije mientras agarraba su mano algo avergonzado y me lo llevaba a mi cuarto. -Espero que mi madre no haya tirado mis ropas...

Después de aquella vergonzosa escena que nunca más se volvió a repetir, pudimos todos terminar de vestirnos. Mi madre lucía un vestido negro de una sola pieza, además de unos aretes llamativos que le había regalado mi padre. Mi hermana, en cambio, lució ese vestido floreado que le había puesto a Gotsumon. Mi madre, emocionada, le dijo incluso que parecía toda una princesa.

Habíamos esperado hasta las 7 de la noche. Al escuchar el motor del automóvil de mi padre, estuvimos a punto de abrir la puerta de la casa, pero mi padre fue más rápido y abrió inmediatamente bajando del automóvil.

-Me temo que la cena familiar se cancela. -dijo mi padre agitado y asustado asomándose por la puerta.
-¿Qué pasa, querido? -preguntó mi madre angustiada al ver la cara de desesperación de mi padre.
-Algo muy grave. -contestó aún con la piel pálida. -Daisuke, ven al auto.

A lo que obedecí sin preguntar, al menos hasta que salimos de la casa.
-¿Qué es lo que pasa, papá?

Mi padre abrió la puerta trasera del automóvil, y dijo.
-Esto es lo que pasa.

Al asomarme a los asientos, pude identificar a un Digimon. Mi cara de preocupación cambió a uno de susto.
-¿Qué es lo que hace ese Digimon en el auto? -pregunté.
-Lo encontré tirado en la calle. -dijo mi padre tratando de serenarse.
-¿Pero por qué está aquí? -pregunté nuevamente. -¿Y si es aliado de Torkaimon?
-Los aliados de Torkaimon no soportan la luz que emana el Digivice. -contestó mi padre. -No creo que un Digimon aliado de Torkaimon sea tan tonto como para llevar un Digivice en la mano.
-Si consideramos que este no está siquiera despierto, eso refuerza mis sospechas. -contesté.

Al darle la vuelta, pude identificar que se trataba de un V-mon, el Digimon de la victoria, algo juguetón pero a la vez demasiado amigable, pero en el estado en el que lo pude apreciar, no creo que estuviera de buen humos para hacer todo lo que su naturaleza le dictaba...

-Yo me llevaré a V-mon a la casa. -dijo mi padre. -Pero antes necesito que tomes el Digivice que lleva en las manos.
-S... Sí. -contesté apresurado.

Hice lo que mi padre había dicho, tomé el Digivice que llevaba V-mon en sus manos, uno totalmente blanco, y mientras nos dirigíamos a la casa, comencé a revisar los menús del dispositivo. Por lo general, en el menú principal, podía ver el nombre del portador de ese aparato. Al menos eso pude comparar cuando vi el del resto de mis compañeros. Sin embargo, este no tenía nombre, ni siquiera una identificación o algo...

Cerré la puerta de la casa y vi a mi padre dejando a V-mon en la sala. Le había pedido a mi madre que trajera unos pañuelos y agua, y una gelatina por si despertaba y le daba un poco de hambre. Pude ver a Ayano asustada, viendo lo que pasaba.

-¿Qué es esto, Daisuke-niichan? -me preguntó.
-Yo tampoco lo sé... -dije.
-¿Un V-mon? -preguntó Gotsumon al verlo durmiendo en el sofá.
-No entiendo qué hace aquí un Digimon. -dije. -Y menos inconsciente en una calle. Esto no pinta nada bien.
-Y que lo digas, Daisuke. -contestó mi padre. -Acabo de escuchar en la radio que debido a los incidentes en el parque, vamos a tener militares rondando la ciudad.
-¿Qué? -pregunté asustado. -¿Quiere decir que...?
-Así es. -dijo mi padre. -Oculta a Gotsumon en tu Digivice para que el ejército no lo encuentre.
-Pero... -dije mientras guardaba a Gotsumon. -¿Qué vamos a hacer con V-mon? Es decir, lleva un Digivice en las manos, pero no sabemos ni de quién es. Sólo el propietario del Digivice puede guardar a su Digimon.
-Supongo que tendremos que llevarlo a otro lugar... -dijo mi padre pensando en algo para evitar que nos metieran en problemas.
-¿Digivice? -preguntó Ayano atenta, pero ajena a la vez, a la conversación. -¿De qué hablan, papá, onii-chan?

Saqué el Digivice que había llevado V-mon en sus manos, y lo dejé en la mesita de centro.

-Eso es un Digivice. -contesté. -Dicen los viejos sabios que son dispositivos que si caen en manos correctas, pueden liberar al mundo de la oscuridad y la maldad. Sé que sonará demasiado a ficción y a cuento chino, pero esa es la verdad...
-La verdad, sí, claro... -dijo Ayano algo escéptica mientras tomaba entre sus manos el artefacto.

Al tomar mi hermanita menor el artefacto, una fuerte luz emanó de la pantalla. Este dispositivo voló literalmente de las manos de Ayano, tratando de apuntar su luz hacia V-mon. Mi hermana y yo, al igual que mi padre, quien estaba allí presente, nos sorprendimos de tal acontecimiento. Después de medio minuto de emanar luz de su pantalla, ésta luz se apagó,y el Digivice cayó lentamente hacia la mesita de centro. Al cabo de unos segundos, V-mon comenzó a lanzar pequeños quejidos producto de su letargo.

-¿Dónde... dónde estoy? -preguntaba V-mon.
-Estás en el mundo humano, V-mon. -dijo mi padre. -Te encontré tirado en la calle inconsciente y te traje a mi casa.
-¿Mundo humano...? -preguntó de nuevo.

Tomé el Digivice blanco, y por curiosidad, me atreví a mirar el menú del dispositivo. Casi me voy de espalda al suelo y me desmayo al ver el nombre “Ayano Yanami” como propietario del Digivice, su Digi-ID y revisando el listado de Digimon disponibles para ese artefacto, vi el nombre de V-mon en ella.

-Esto no puede ser... -dije en voz baja, despertando la curiosidad en mi padre.
-¿Qué pasa, Daisuke? -preguntó.
-Mira lo que aparece en el Digivice. -contesté.

Inclusive mi madre se unió a nuestro descubrimiento, pues ella conocía algo sobre el Digital World. Pero Ayano no estaba atenta a la plática entre el resto de mi familia y yo, sino que estaba tratando de comprender un poco del inmenso mundo del que conocíamos tanto mi padre como yo.

-¿Te sientes bien? -preguntó. -¿Cómo te llamas?
-Mi nombre... -dijo V-mon llevándose una mano en la cabeza. -Mi nombre es V-mon, y yo... no recuerdo qué me pasó y...

V-mon interrumpió su respuesta al ver a mi hermana. No entiendo lo que pudo haber pasado en aquel instante, pero pude notar que sus ojos se tornaron brillosos y con forma de platos.
-¿O... ojou-san? -preguntó. -¿Puede que seas tú, ojou-san?

Continuará...

Capítulo 18:
Spoiler de texto oculto:
------FICHA DE PERSONAJES: Akio Sasaki -------

Nombre: Akio Sasaki
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 13 de marzo
Digimon camarada: Gaomon
Color del Digivice: Verde

Akio Sasaki podría ser considerado el mayor del grupo... Pero la verdad su modo de actuar contrasta con la edad que debería aparentar. Al separarse sus padres a la edad de 9 años, siendo llevado a vivir con su padre, quien por su oficio de soldado del ejército de la nación no está todo el tiempo disponible en casa, decidió buscar refugio con los malandrines de sus “amigos”, llegando a ser enemigo del resto de los niños, incluyendo de los Elegidos por algún tiempo.

Pero al cabo del tiempo, su actitud fue cambiando, quizás no comprendiendo al cien por ciento la realidad, pero sí lo suficiente como para dejar esa vida de peleas y enfocar sus temores tratando de sacar la sonrisa de los demás, pero a pesar de ello, algunos como Mizuki consideran su estado de ánimo poco oportuno para la situación en la que se presentan, sin embargo pueden tolerarlo.

Llegó al Digital World casi al mismo tiempo que todos los demás, conociendo de la nada a su compañero inseparable Gaomon. Éste le llama “Akio-san” debido a que fue educado para respetar a los demás. Akio se caracteriza por tratar de consolidarse como el líder del grupo, tratando de que exista siempre camaradería entre los demás. Algo que siempre ha odiado es que la gente tenga una doble cara, de ahí que cuando se enterara de la traición de Daisuke, estuviera en ese instante a punto de matarlo.

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18.- Ella es mi ojou-san.

-¿O... ojou-san? -preguntó. -¿Puede que seas tú, ojou-san?
-¿¡Eh!? -gritamos al unísono Gotsumon y yo.

“¿O... ojou-san?”, me pregunté. ¿Lo primero que dice un Digimon al despertar es llamar “ojou-san” a mi hermana? Es decir, con ese vestido sí parecía ser la más recatada de la ciudad, pero tanto como para que V-mon la llame así...

-¿“Ojou-san”? -preguntó Ayano algo confundida.
-¡Ojou-san! -gritó de nuevo V-mon abrazándola y provocando un grito de susto por parte de Ayano.
-¡Ven aquí maldito Digimon! -grité tomándolo de la cola y llevándolo lejos de mi hermana. -¡No sé qué haces aquí! ¡No sé qué es lo que buscas! ¡Ni mucho menos sé qué pretendes llamando “ojou-san” a mi hermana! ¡Pero ten en cuenta que si intentas hacerle daño a mi hermana, te las verás conmigo!
-Yo... yo... -dijo V-mon algo asustado.
-Déjalo en paz, onii-chan. -lo defendió mi hermana. -¿No ves que está asustado?
-De acuerdo, Ayano. -dije molesto pero intentando no reflejar mi sentir.
-Dejen de pelearse. -dijo serena mi madre. -En unos minutos traerán pizza para la cena.
-¿¡De verdad!? -gritó Gotsumon emocionado. -Ya quiero probar las del mundo humano.
-Glotón. -dijo mi hermana molesta por la reacción que habíamos tenido hace poco.
-¿Qué dijiste? -contestó Gotsumon enojado, a lo que lo único que pude hacer fue reírme de la situación.

En la cena, todos nos reunimos frente a la mesa. Hubiera sido una escena familiar típica y que no había visto en tantos años, pero teniendo a dos Digimon sentados en la mesa, esta acción resultaba más bizarra que ver perros sentados frente a la mesa jugando cartas.

-Ah... ¿cuánto tiempo había pasado desde que nos reuníamos en la mesa a comer? -preguntó mi mamá.
-Mucho tiempo. -dijo mi padre. -Siempre nos poníamos tristes desde tu desaparición.
-Eso... no lo sabía... -contestó mi madre algo angustiada.
-¿Qué les parece si hablamos de otras cosas? -dije intentando cambiar la plática. -Esa página de nuestras vidas se ha terminado, es mejor mirar hacia adelante, ¿no creen?
-Tienes razón, Daisuke. -contestó mi padre como si entendiera lo que le estaba queriendo decir.

Gotsumon comía lentamente su pieza de pizza para poder disfrutarlo.
-¡Esta pizza está deliciosa, Daisuke! -decía con la boca llena.
-Si quieres más, todavía queda, Gotsumon. -dijo mi padre animándolo a disfrutar la cena.

Pero V-mon aún seguía con el plato y sus rebanadas de comida frente a él, con las manos en sus rodillas (si es que tenía) y sin pronunciar palabra alguna. Quizás era demasiado temeroso de lo que conocía. Era eso, o era que me tenía al frente en la mesa...

-¿Por qué no comes, V-mon? -preguntó Ayano.
-O... ojou-san... -sólo era lo único que pronunciaba.

Caí en la razón de los argumentos de mi padre para señalar que V-mon no era aliado de Torkaimon o de Onagimon. Y sobre todo, que el propietario de dicho Digivice era... ¿mi hermana? Esto estaba extraño... Sin embargo, si V-mon no era aliado de esos malvados, quería tratar de hacer las paces con él.

-Oye, V-mon... -dije.
-¿Qué...? ¿Qué pasa...? -comenzó a asustarse V-mon.
-¿Por qué estás solo en el mundo humano? -pregunté bajando la voz.
-Yo... no recuerdo nada... -comenzó a narrar ese Digimon azul. -Sólo sé que... de pronto estaba aquí en este mundo raro... y una banda de Hagurumon me atacaron...
-Y fue por eso que te encontré tirado en la calle. -terminó mi padre de completar la frase.
-¿Por qué no comes, V-mon? -preguntó Ayano. -Hay suficiente pizza para todos.
-¿De verdad, ojou-san? -contestó V-mon contento, y comenzó a devorar fervientemente la rebanada de pizza que le habíamos dejado en su plato.

Mi madre comenzó a servirle más pizza y más y más. De un momento a otro, sólo quedaban pocas rebanadas. Por fortuna mi padre había comprados dos pizzas familiares, de lo contrario nos habríamos quedado sin cenar.

-Gotsumon... -dije todavía mirando incrédulo la forma de comer del nuevo inquilino. -¿Recuerdas cuando te dije “glotón”?
-Claro que lo recuerdo. -me contestó furioso de nuevo.
-Me retracto de lo que dije. -contesté para serenarlo.

Pero en ese instante el teléfono de la casa comenzó a sonar.
-Iré a contestar. -dijo mi padre.

Al atender el teléfono, antes de que pudiera contestar, la otra persona del otro lado del teléfono comenzó a hablar.
-¿Kaito? -preguntó el señor. -¿Eres tú? ¿Kaito Yanami?
-¿Eh? -preguntó mi padre desconfiado. -¿Cómo sabe mi nombre?
-¿No me recuerdas, Kaito? Soy yo, Isao Abe.
-Isao... Isao... -comenzó a rememorar mi padre. -¿¡Isao!? ¡Imposible!

Mi padre comenzó a revisar el número del cual estaban hablando a través del identificador de llamadas, y logró notar que el número telefónico de donde provenía la llamada era de nuestra misma ciudad, Ciudad del Valle.

-Esto no puede ser... -dijo de nuevo mi padre. -Pero... yo creí que seguías viviendo en Ciudad Roja...
-Salí de esa ciudad hace bastante tiempo. -contestó el señor Abe. -En todo caso, yo soy el asombrado al saber que tú acababas de llegar... Pero no estoy hablando para recordar viejos tiempos, sino para hablar de un asunto entre mi hijo Hiroshi y tu hijo Daisuke...
-¿Qué pasa con ellos dos? -preguntó mi padre. -¿Se pelearon o algo así?
-No es eso. -dijo el señor Abe. -Más bien se trata de un asunto en lo que ellos están involucrados, y es algo... que tiene que ver con lo que sucedió con nosotros hace treinta años...
-¿Tu hijo... también sabe de todo esto? -preguntó mi padre asombrado por lo que estaba escuchando.
-Así es. -contestó el señor Abe. -Por eso quiero que vengas a la base militar de la ciudad mañana como a las 11 de la mañana. Cuando te presentes, di que buscas al comandante Abe.
-Así que te metiste en el ejército. -contestó mi padre burlonamente. -¿Y piensas dar caza a... ese asunto?
-De eso no te preocupes, Kaito. De mi parte tu hijo, el mío y sus amigos, podrán estar seguros. Te espero allá, hay muchas cosas de las qué hablar.
-De acuerdo. -dijo mi padre. -Sólo una cosa más. Llevaré a Misuzu...

------------------------------------------------------------------------

Mientras tanto, V-mon estaba acostado en el suelo del cuarto de mi hermana Ayano. Su estómago estaba tan lleno que por un instante pensábamos que podría reventar en cualquier momento y no podía ni moverse.

-Estoy... tan lleno... -pronunciaba con dificultad.
-Nunca he visto a alguien comer tanto, y créeme que he visto a muchos... -contesté. -Gotsumon...
-¿Sí? -preguntó mi amigo de roca.
-¿Podrías traer un poco de antiácido? -dije. -Pregúntale a mi mamá dónde lo guardan, creo que aquí alguien tiene indigestión.
-Ojou... san... -decía V-mon algo esforzado. -Creo... que... comí... mucho...
-Por cierto Ayano... -puse mi mano dentro de mi bolsillo y saqué el Digivice blanco que portaba V-mon. -Creo que esto es tuyo.
-¿Mío? -preguntó tomando el Digivice. -¿Por qué es mío?
-No lo sé, Ayano. -dije. -No lo sé... Sin embargo, creo que tanto tú y V-mon deberían tener una fuerte charla.
-Ya traje el antiácido. -dijo Gotsumon entrando por la puerta del cuarto.
-Dale un poco para que beba. -contesté. -Tengo muchas cosas qué preguntarle.
-¿No vas a pegarle de nuevo? -preguntó Ayano molesta.
-Claro que no. -dije. -V-mon, ¿por qué llamas “ojou-san” a mi hermana?
-Yo... -decía algo más recuperado. -No lo sé... Cuando la vi, me sentí en la necesidad de respetarla, de quererla, de... de defenderla de todo granuja que intente hacerle daño...
-¡Qué lindo! -gritó Ayano emocionada abrazándolo al punto de llevarlo a la asfixia.
-No... puedo... respirar... -decía V-mon con dificultad.
-Gotsumon. -dije. -Vamos a mi habitación. Ya es tarde y hay que arreglarnos para dormir.
-De... de acuerdo, Daisuke. -dijo.

Al entrar a mi habitación, prendí la computadora y después de revisar mi cuenta de correo electrónico, me conecté al mensajero instantáneo. Fue una sorpresa notar que me metieron a una conversación múltiple, inmediatamente de haber ingresado.

Hiroshi Abe dice:
Qué bueno que te conectas, Daisuke.

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
¿Qué pasa?

Hearts and bunnies – Saya y Diva dice:
Estuvimos esperándote, tenemos muchas cosas de qué hablar.

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
Si supieran que también tengo muchas cosas de qué hablar...

Mizuki Granger dice:
¿Podemos ir a tu casa mañana al mediodía?

Dai Daisuke -  The world is not enough dice:
¿Y eso?

Akiba-san. ¿Clases? Para nada dice:
Han pasado muchas cosas y tenemos que hablarlas contigo.
No podemos hacerlo por aquí.


Dai Daisuke – The world is not enough dice:
De... de acuerdo... ¿a qué horas?

Mizuki Granger dice:
¿Qué tal a las 12?

Bunnies and hearts – Saya y Diva dice:
Por mí está bien.
¿Qué dices Daisuke?


Dai Daisuke – The world is not enough dice:
Perfecto. Tengo muchas cosas que hacer y no estaré en casa en la mañana.

Hiroshi Abe dice:
Bien.

Y así todos se despidieron. Pareciera que sólo estuvieran esperándome para poder hablar conmigo. Si entendía a todos ellos, sabía que algo raro estaba pasando. Y también tendría muchas cosas qué contarles a los demás... Mejor despejé mis pensamientos y apagué la luz. Me acosté sobre mi cama, y Gotsumon en la suya. Mi madre le había acondicionado una cama provisional mientras estuviera de visita.

-Creo que hoy ha sido uno de los mejores días de mi vida...
-¿Por qué lo dices? -me preguntó Gotsumon.
-Porque me han pasado cosas grandiosas el día de hoy. -contesté. -Por primera vez... sentí a mi padre tan cerca de mí... Como si me entendiera... como si... como si me hubiese comprendido... Aquel bofetón me lo merecía. A pesar de que todo lo que hice fue para rescatar a mi madre... sé que mis crímenes lastimaron a muchas aldeas...
-Deja de mortificarte por eso. -me recomendó Gotsumon después de lanzar un bostezo de cansancio. -Esa época ya pasó, tienes qué pensar en lo que sucederá más adelante. Además, ya pagaste tu condena... Ahora es tiempo de detener a Onagimon.
-Tienes razón... -dije. -Sabes decir las palabras correctas en el momento correcto.
-Soy tu Digimon. -contestó orgulloso. -Debo estar contigo en las buenas y en las malas.

Encendí el televisor pues no tenía mucho sueño, y seguí hablando con Gotsumon.
-¿Qué te parece si mañana salimos de paseo?
-¿De... de verdad? -contestó Gotsumon emocionado.
-Es lo menos que puedo hacer. -dije. -Además, siempre dijiste que querías conocer mi mundo. Pues quisiera presentártelo.
-Muchas gracias, Daisuke. -dijo contento Gotsumon.

Puse el temporizador del televisor, por si llegaba a quedarme dormido, se apagara solo.
-Gotsumon... -dije. -¿Qué pensarías si te dijera que quisiera recuperar a Rakugamon?
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo? -preguntó asustado. -Rakugamon es un Digimon virus muy malo. ¿Por qué quieres tenerlo de vuelta?
-Sé qué tan malo es... Incluso reconozco que me escudé bajo su sombra para cumplir las órdenes de Torkaimon... -dije intentando convencer a Gotsumon de mi idea. -Pero, sin él me siento vacío. Siento que me falta algo. Además, con Ongaimon y todas sus tropas en el mundo real... sólo Rakugamon podría hacerles frente.
-Daisuke... -dijo Gotsumon. -No quiero que se repita la escena del castillo de Torkaimon. Pero... si crees que tener de vuelta a un Digimon tan maléfico como Rakugamon sería lo mejor... te apoyaré.
-Podré dominarlo. -dije. -Si tan sólo supiera la forma de recuperarlo... Sólo Onagimon conoce la forma, pero no puedo ir hacia allá y pedírselo...
-Con Rakugamon o sin él, tú siempre serás Daisuke. -dijo Gotsumon antes de dormir.

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Sin embargo, esa mañana del jueves me sentía más pesado que de costumbre. Por un instante pensé que alguien me estaba observando y vigilando todos mis pasos, como si la predicción de mis más grandes miedos quisiera hacerse realidad más pronto de lo que pensaba.

-Gotsumon... -dije viendo que Gotsumon aún no se despertaba.
-Qué rica lava volcánica... -decía Gotsumon entre sueños.

Por un instante me sorprendí de la extrañeza de los sueños de mi amigo de roca. Sin embargo dejé que descansara un poco. Era lo menos que podía hacer después de todo lo que había hecho por mí. Además era curioso verlo como un niño pequeño chupándose el dedo. Justo al salir de mi habitación pude percibir las carcajadas de mi hermana.

-¿No vas a comer, Daisuke? -preguntó mi madre.
-Voy para allá, mamá. -contesté aún desde el barandal de la escalera que todavía estaba bajando.
-¿Y Gotsumon? -preguntó mi padre.
-No quise molestarlo. -Dije. -Está durmiendo como todo un niño. Por cierto... no sé si me den permiso de...
-¿De qué? -preguntó mi madre.
-Quisiera llevar a dar un paseo a Gotsumon. -dije. -Le prometí que le enseñaría el mundo humano y...
-No vas a salir con él. -dijo mi madre angustiada. -Hay muchos militares a los alrededores, si te ven sospechoso, no sé lo que podría pasar...
-Tranquila Misuzu... -dijo mi padre para calmarla. -Anoche hablé con Isao, y me dijo que no hay nada qué temer.
-Isao... ¿¡Isao!? -preguntó mi madre. -¿Qué tiene qué ver Isao con todo esto?
-Misuzu, créeme. -dijo mi padre. -No hay nada de lo que debamos temer. Daisuke, ve con Gotsumon a pasear.
-Muchas gracias, papá. -dije contento.

Después de terminar mi desayuno, corrí con Gotsumon, quien, a pesar de haberse vestido sin que se lo dijera, se había quedado fijo frente a la computadora de mi habitación.
-¿Qué haces, Gotsumon? -pregunté.

Me asombre al ver que la computadora estaba encendida, con el escritorio completamente cargado y con la ventana del navegador de Internet abierto.
-Pero... ¿cómo pudiste entrar? -pregunté asustado. -Si nunca te he dicho mi nombre de usuario ni contraseña...
-La computadora se prendió sola. -me dijo. -Y esa ventana se abrió de pronto.

Al asomarme más hacia la pantalla, pude ver que el navegador mostraba... aquella página que nos había causado tantos problemas a mí y a los demás. Aquella que simulaba ser un juego en línea, pero que en realidad era un Digital Gate disfrazado.
-La voy a cerrar. -dije.

Oprimí el botón de “Cerrar”, pero nada pasaba. Eso comenzó a asustarme. Para calmarme un poco, decidí apagarla, pero no existía esa opción.
-¿Qué le pasa a esta cosa? -comencé a enfadarme.

Mi padre me había enseñado que en caso de situaciones extremas, podía usar algo llamado “línea de comandos”, para poder apagar de repente. Así que siguiendo las recomendaciones de mi padre, fui hacia allá, pero al meter el comando para apagar, me arrojaba un aviso diciendo que “La computadora no se puede apagar.”.
-Esto no me está gustando nada. -dije.
-¿Qué pasa si hago esto? -dijo Gotsumon desconectando la computadora de la alimentación de energía.
-¡No vuelvas a hacer eso! -grité enojado por aquel uso tan rudo de la computadora.

Pero sólo así, la computadora se apagó.
-Pero se apagó, ¿o no? -preguntó Gotsumon.
-Bueno... eso es cierto... -dije. -¿Nos vamos?

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Lo primero que hicimos al salir de casa fue abordar el bus que nos llevaría al centro histórico de la ciudad. Fuimos a visitar el parque, pero las palomas lo atacaron, ya sea con picotazos o con... sus “desechos naturales”. Gotsumon se asombraba de la cantidad de automóviles, la gente caminando de un lado a otro, hablando a través de sus celulares o cargando portafolios enormes. No podía dejar de asombrarse de todo lo que pasaba en mi ciudad.

Podría decirse que Gotsumon era como un niño pequeño en ese aspecto. Ni siquiera alguien de algún poblado lejos de la urbe de Ciudad del Valle o de cualquier ciudad más grande que ésta podría emocionarse tanto como lo hacía Gotsumon. Y hacía preguntas todo el tiempo, preguntándose qué era este edificio o ese otro, o señalando la tienda de línea blanca y electrónica, o incluso señalando al vendedor de donas y pan dulce.

Más adelante tomamos otro bus para dirigirnos al centro comercial de la ciudad. Allí desayunamos. Como Gotsumon no entendía las grafías de mi idioma, tuve qué leerle la carta del puesto de comida rápida que habíamos elegido. Él había pedido tres hamburguesas con doble carne, rebanadas de tocino y extra queso, algo que conocía muy bien de él. Sin embargo, sólo pedí una hamburguesa simple.

Después de desayunar, fuimos al cine donde se estaba presentando el pre-estreno de una película nueva, a la que fuimos. Gotsumon se asustaba de lo fuerte del sonido de los altavoces, y de igual modo con la película.

Dos horas de haber ingresado, fuimos al centro de videojuegos. Allí, jugamos a varios juegos de peleas, en el cual, a pesar de que Gotsumon era un novato en eso, me ganó en las cinco rondas que habíamos decidido tener. Luego probamos las carreras de autos, en el cual se estrellaba a cada instante haciendo que le ganara.

Un enorme carcajeo nos hicimos en la plaza comercial. Pero ya era tarde, así que decidimos ir a casa, mis amigos pronto vendrían. Fuimos al paradero de autobuses de la plaza, y abordamos el de la ruta que nos dejaba a una cuadra de mi casa. Nos acomodamos en varios asientos, incluso comenzamos a platicar sobre lo que había pasado...
-Gracias... -murmuró Gotsumon.
-¿Por qué las gracias? -pregunté.
-Por enseñarme tu mundo. -dijo. -No puedo creer que este sea el lugar donde vivas.
-Lamento no enseñarte todo... -dije justamente pasando un retén militar. -Pero con tantos militares en la zona, podríamos causar un fuerte escándalo. En todo caso, yo debería ser el que te dé las gracias. No sé dónde estaría de no ser por ti...

Pero a cinco cuadras antes de llegar a la calle a la que debíamos bajar, un par de “ancianitas” abordaron el bus, sentándose precisamente detrás de nosotros.
-Oye, muchacho. -dijo una de ellas.
-¿Qué sucede, señora? -pregunté.
-¿Ese es tu hermanito? -preguntó la “otra”.
-Sí, sí lo es. -dije para no contestar que era un Digimon.
-¿Podemos acariciarlo? -dijo con un tono que pretendía ser amable una de ellas.
-Bueno, no creo. -dije. -Nosotros nos bajamos cerca de aquí.

Un tanto desconfiado de la actitud de las señoras, pedí la parada del autobús, sin embargo al momento de pararnos de nuestros asientos, esas dos ancianas le quitaron la gorra, los lentes y la playera que le había puesto a Gotsumon para que disimulara.
-¡Es uno de esos monstruos feos! -gritó una de las ancianas.
-¡Comandante Rakugamon! -gritó la “otra”.

Al ver a Gotsumon, todos los pasajeros del autobús se espantaron. Como el conductor había abierto la puerta de atrás, tomé la mano de Gotsumon y salimos corriendo de allí a toda velocidad. Habían pasado unas varias cuadras, huyendo de lo que había pasado.
-¡Maldición! -dije agitado apoyando mis manos sobre mis rodillas. -¡Se me olvidaba que los Bakemon saben disfrazarse bien!
-¿Eran los Bakemon? -preguntó Gotsumon.
-Seguramente. -dije. -¿No escuchaste que me dijeron “comandante Rakugamon”?
-Eso es cierto... -me contestó.
-Será mejor que vayamos a casa cuanto antes... A este paso estoy seguro que ya sabrán lo de Ayano...
-Sí... será lo mejor... -dije.
-¿A dónde van, mocosos? -gritó alguien a nuestras espaldas.
-¿Eh? -pregunté volteando.

Al ver a mis espaldas, pude ver a toda una horda de Ogremon detrás de mí.
-¿O... Ogremon? -grité asustado al ver a tantos Ogremon detrás de mí.
-¡Así es, ex-comandante Rakugamon! -gritó. -¡A ver qué puede hacer contra tantos Ogremon sin ayuda de Rakugamon!
-¡Eso lo veremos! -contesté desafiante. -¡Gotsumon, haz lo tuyo!
-¡Sí!

En un instante, vi convertido a Gotsumon en Leomon. Me puse incluso hasta emocionado de ver a Leomon peleando contra varios Ogremon. Sin embargo, la cantidad de éstos sobrepasaba a Leomon, tanto que incluso en ocasiones parecía estar en desventaja.

-¡Aguanta, Leomon! -intentaba darle ánimos.

Al parecer fueron mis gritos de ánimo los que alertaron a otros Ogremon, los cuales de abalanzaron sobre mí.
-¡Comandante Rakugamon! -gritó uno de ellos. -¿Se atreve a desafiar a toda la tropa armada?
-Maldición... -dije al verme rodeado.
-¿Qué piensa hacer sin Rakugamon, comandante? -me desafió uno de ellos mientras me mostraba su garrote.

Mientras tanto, Leomon peleaba contra el líder de los Ogremon.
-¿Qué es lo que buscan en este mundo? -volvió a preguntar Leomon.
-Buscamos a los hijos del elegido. -contestó Ogremon. -Y creo que tenemos rodeado a uno de ellos.
-¿Eh? -preguntó inquieto Leomon.

Al voltear hacia donde estaban el resto de Ogremon, pudo notar que yo me encontraba acorralado por todos ellos. Me sentía indefenso, sin poder pelea contra todos ellos, y sin Rakugamon de mi lado...
-¡Leomon! -grité asustado.
-¡Resiste, Daisuke! -gritaba mi compañero.

Pero sus palabras no me llegaban, me sentía acorralado entre tanto ogro, incluso comencé a asustarme.
-¡Ayúdame, Leomon! -fue lo único que pude gritar.

Al gritar eso, todos los Ogremon comenzaron a asustarse, incluso yo mismo me asusté al verme rodeado de una especie de aura negra. La misma aura negra que pude ver la vez que conocí a mi antiguo jefe. En un momento pensé que esto no estaba saliendo nada bien, pero pude ver cómo mi Digivice comenzaba a reaccionar.

Aprovechando que los Ogremon estaban asustados, tomé mi Digivice, y pude leer en la pantalla un aviso que decía: “Inserte Digisoul aquí”.
-¿Digisoul? -pregunté.

Recordé la primera “plática” que tuve con Torkaimon. Se refirió en un principio a mí como “el niño del Digisoul negro”. ¿Podría ser que eso que veía que me rodeaba sería eso que llamaban “Digisoul”?

Noté que mis puños tenían una concentración mayor de esa aura negra, y al pasar mi mano sobre el Digivice, vi cómo una luz comenzó a envolver a Leomon, cegando por un instante a sus oponentes. Recordaba bien ese incidente, el mismo en el cual Gotsumon pudo evolucionar por primera vez.
-No puede ser... -dije asombrado. -¿Otra evolución?

Al desaparecer la luz que envolvía a Leomon, vi cómo su aspecto era diferente. Un traje metálico, con unas especies de turbinas en las piernas y en los brazos, y una melena más larga que la de Leomon.
-¿Quién... quién eres tú? -pregunté atontado y abobado.

Aquel Digimon no me respondió, en cambio, pude escuchar que antes de atacar, gritó: “Shishi Senpuu Kyaku”, sus “turbinas” girando a toda velocidad y lanzando un fuerte puñetazo contra los Ogremon que me rodeaban, los dejó fuera de combate a todos ellos. El Ogremon jefe, asustado, llamó a todas sus tropas a retirarse, pero éste Digimon lo tomó y lo lanzó muy lejos, provocando que el resto de las tropas huyera.

-¿Te encuentras bien, Daisuke? -me preguntó.
-S... Sí, estoy bien... eh... -dije sin saber su nombre.
-GrappLeomon. -me dijo.

-Mu... muchas gracias... -dije.

GrappLeomon regresó a una forma mucho más pequeña que la que era Gotsumon.
-Daisuke... -me dijo. -Tengo hambre...
-¿Qué te pasó? -pregunté alarmado corriendo hacia mi Digimon, quien ahora parecía una especie de gelatina.
-Estoy muy cansado, Daisuke... -me dijo triste. -Gasté todas mis fuerzas contra los Ogremon.

Tomé mi Digivice y me mostró el nuevo nombre de mi Digimon: Motimon, en etapa bebé y sin nada de restos de Gotsumon. Tomé a Motimon entre mis manos y le pregunté:
-¿Volverás a ser Gotsumon?
-Eso espero...
-Por eso quiero recuperar a Rakugamon... -le dije. -Estos no son nada comparados a todas las tropas de Torkaimon, y si Onagimon los tiene bajo sus órdenes... necesitaremos más ayuda...
-¡Daisuke! -gritó Rina quien venía junto con los demás niños detrás de mí.
-¡Rina, Akio, Hirosi, Mizuki! -grité al verlos.
-¡La... lamentamos llegar tan tarde! -dijo Hiroshi al verme. -¡Supimos que estabas aquí por la revuelta que escuchamos unas cuadras atrás y...!

Hiroshi hizo una pausa al ver a Motimon entre mis brazos.
-¿Gotsumon también evolucionó a un nivel más allá de Leomon? -preguntó Akio.
-Eh... sí... ¿cómo lo saben? -pregunté al escuchar eso.
-Piyomon y Kamemon hicieron lo mismo... -dijo Rina. -Por eso están en estas formas.
-Entiendo... -dije al ver que Rina y Hiroshi sacaban a sus respectivos Digimon y los mostraban.
-Deberíamos ir a casa, Daisuke. -dijo Motimon. -Allí... podremos hablar de lo que ha pasado.

Mi Digivice comenzó a sonar, revisé la pantalla y vi un mensaje de texto. “Voy a salir con tu madre unas horas. Te quedas solo con Ayano”. Era de mi padre. No entendía el motivo por el que hubiera salido con mi madre, y menos si a esa hora todavía debía estar trabajando en la agencia de autos.

Caminamos unas cuadras más hacia adelante hasta llegar a mi casa. Al entrar notamos cómo cuadrillas de camionetas de un distintivo color verde grisáceo rondaban por la zona. Seguramente se habían alarmado al notar a los “monstruos”.  Por fortuna, Akio me explicó que podíamos guardar a los Digimon en el Digivice y así no mostrarlos en público. De esa forma, no llamaríamos la atención de los militares.

-Bien, creo que podemos hablar libremente. -dije. -Mis padres no están en casa, aunque creo que serían de más ayuda si estuvieran aquí...
-Bien, Daisuke. -dijo Rina. -Sabemos quién es “el elegido”.
-¿Y quién es? -pregunté.
-Tu padre, Kaito Yanami. -contestó Mizuki.

Al escuchar eso, gesté una expresión de sorpresa. Sin embargo comencé a relacionar todos los eventos que habían sucedido.
-¡Eso dijo el jefe de los Ogremon con los que peleé hace unos instantes! -se sobresaltó Motimon.
-¿Qué dijiste, Motimon? -pregunté.
-Que Ogremon me dijo que tenían rodeado a uno de los hijos del elegido. -siguió hablando. -Instintivamente volteé hacia ti y vi cómo los Ogremon te atacaban.
-Eso lo explica todo... -dije en voz baja.
-Mi pregunta es... ¿tienes un hermano? -preguntó Akio.
-Sí, una hermana menor... -dije.
-¿Qué explica todo? -preguntó Hiroshi.
-¡Mi hermana Ayano! -grité. -¡Ella tiene un Digivice!
-¿Qué? -preguntaron todos.
-¡Sí! Mi padre trajo un Digimon herido a la casa, y traía un Digivice... Cuando Ayano lo tocó, reaccionó y... No...

Empecé a pensar lo peor. Que seguramente Onagimon estuviera utilizando a V-mon para ubicarnos a todos... Pyocomon y Chapumon evolucionaron en ese preciso instante, regresando a su forma original.

-Debemos ver a tu hermana. -dijo Gaomon. -Daisuke-san, ella también está en peligro.
-Vamos... está en su cuarto. -dije.
-¡Onii-chan! -escuché los gritos de Ayano provenientes de su habitación. No eran gritos de alegría, sino de desesperación.
-¡Ayano-chan! -grité desesperado y corrí por las escaleras.

Abrí la puerta y vi los cristales de la ventana rotos, allí en ese lugar, Onagimon amenazando a mi hermana. V-mon interponiéndose entre Ayano y ese Digimon, y nosotros sorprendidos viendo lo que pasaba.

-¡V-mon! -se burlaba Onagimon. -¡Así que ese es tu “nuevo aspecto”! ¡Qué vergüenza das, chiquillo!
-¡No sé quién eres! -gritaba V-mon. -¡Pero no dejaré que le hagas daño a ojou-san!
-¡Onagimon...! -grité mientras apretaba mis puños con fuerza. -¡Deja a mi hermana en paz!
-¡Rakugamon-sama! -dijo Onagimon con tono burlón. -¡Cuánto tiempo sin verlo! ¿Cómo es vivir sin Rakugamon?
-¡Cállate, maldito Digimon! -dije enojado. -¿Qué es lo que quieres de mi hermana?
-¿Qué es lo que quiero? -preguntó Onagimon. -¡Cobrar venganza por lo de hace treinta años! Hasta hace unos minutos he liberado a pocos militantes de las tropas de Torkaimon, pero a ver qué hacen si los libero a todos de una vez en este mundo humano.

Continuará...


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Re: [Fanfic] The Digital World Chronicles
« Respuesta #14 en: Diciembre 28, 2009, 22:49:08 »
Capítulo 19:
Spoiler de texto oculto:
------FICHA DE PERSONAJES: Hiroshi Abe -------

Nombre: Hiroshi Abe
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 12 de junio
Digimon camarada: Kamemon
Color del Digivice: Azul

Hiroshi Abe... Bueno... ¿Qué puedo decir de él? Quizás que le tengo un poco de envidia, jejeje... Hiroshi, desde que se le conoce, ha sido un excelente estudiante, aunque no es de los que descuide las actividades de su edad por dedicarse al estudio. De esa forma, incluso Daisuke reconoce su intelecto.

Increíblemente, uno pensaría que Hiroshi no tiene amigos, sin embargo Akio es uno de sus mejores amigos, aunque según las leyes de los “matones y los mataditos” esto causaría un desequilibrio en el orden de las cosas en el mundo real. Tal vez sea que el ambiente de trabajo en el que están los padres de ambos, que se llevan tan bien, pero uno nunca sabe...

Siempre ha sido presionado por su padre para que cuando sea mayor, se una al ejército. Sin embargo Hiroshi sueña más con ser científico e investigador. Lo que ninguno de los dos sabía era que el otro había viajado en su época correspondiente al Digital World. Quizás ese aspecto de sus vidas cambie el rumbo y el destino de Hiroshi.

Su Digimon, Kamemon, no es el más amigable de todos. Sin embargo, trata de juntarse con Hiroshi y salir ambos adelante.

A Hiroshi lo que más le gusta es estudiar y ser el primero de su clase. Pero eso no le impide hacer las actividades de un niño de su edad, como lo es compartir con sus amigos y odiar a los profesores.

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19.- Hace 30 años...

Buenos días a todos. ¿Saben? Me sentí raro al saber que mi padre y mi madre habían viajado al Digital World hace años, cuando apenas eran unos niños... Nunca había imaginado... que el trasfondo de mi alianza con ese Digimon malvado tuviera mucho tiempo...

Por eso, mi padre me pidió que contara su historia. Quizás, así entiendan un poco, lo que ocurrió... hace 30 años...

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-Quisiera llevar a dar un paseo a Gotsumon. -dije. -Le prometí que le enseñaría el mundo humano y...
-No vas a salir con él. -dijo mi madre angustiada. -Hay muchos militares a los alrededores, si te ven sospechoso, no sé lo que podría pasar...
-Tranquila Misuzu... -dijo mi padre para calmarla. -Anoche hablé con Isao, y me dijo que no hay nada qué temer.
-Isao... ¿¡Isao!? -preguntó mi madre. -¿Qué tiene qué ver Isao con todo esto?
-Misuzu, créeme. -dijo mi padre. -No hay nada de lo que debamos temer. Daisuke, ve con Gotsumon a pasear.
-Muchas gracias, papá. -dije contento y me retiré de la mesa.

En ese instante, mi padre y mi madre comenzaron a dialogar.
-Ahora que Daisuke no está... ¿puedes decirme qué tiene qué ver Isao en todo esto?
-Al parecer, el hijo de Isao conoce a Daisuke. -dijo mi padre. -Y eso no es todo, al parecer, él también fue al Digital World al mismo tiempo que desapareció Daisuke.
-Eso... eso es imposible... -respondía mi madre sin creer lo que estaba pasando.
-Isao se unió al ejército, y al parecer forma parte de una división secreta encargada de asuntos Digimon. -dijo mi padre.
-¡De... debe ser una broma, Kaito! -respondía mamá incrédula. -¿Y por qué tan pronto habla Isao sobre el asunto de los Digimon?
-El gobierno federal anunció que iba a militarizar la ciudad en busca de “terroristas”, como ellos les llaman, pero que Isao por pertenecer a esa organización, lanzó un oficio en el cual si ven a alguno de los niños peleando contra los Diigmon, no les puedan hacer daño.
-Eso no me tranquiliza del todo, Kaito. -dijo mi madre de nuevo.
-Iré a trabajar. -dijo mi padre abrazándola. -Como a las 11:30 vendré a buscarte. Isao me pidió que fuera a hablar personalmente con él, por el asunto de... hace 30 años...

Así, mi padre se despidió de mi madre, y yéndose a su trabajo, en el camino comenzó a recordar cómo es que había comenzado esta historia...

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-¡Isao! ¡Ven a ver esto!
-¿Qué quieres, Kaito? -comenzó a gritar Isao algo molesto.
-¡Esto! -dijo Kaito señalando una cueva escondida en el parque de Ciudad Roja.
-¿Estás seguro que no la habita algún animal? -preguntó Misuzu asustada por la lejanía en la que se encontraban del resto de personas, y por la cantidad de maleza y árboles que cubrían la zona.

Pero al asomarse por la entrada de la cueva, pudieron notar una especie de artefacto extraño que rodeaba las paredes y el techo justo al final de la oscuridad.
-Esto es...- dijo Yui asombrada al ver la cantidad de maquinaria, artefactos con luces y cables que estaban instalados a la perfección en la cueva.
-¿Tú hiciste esta broma, Kaito? -preguntó Ryouta muy asombrado.
-¡Claro que no! -contestó Kaito molesto. -No podría armar algo así...
-¿Toqueteamos todo? -preguntó Isao.
-No creo que debamos hacerlo... -decía Yui.

Pero Isao, Kaito y Ryouta no hicieron caso a las recomendaciones de Yui, y comenzaron a oprimir todos los botones que esos artefactos poseían. En una de esas pulsaciones de Ryouta, aquel arco que formaban esos artefactos comenzó a iluminarse. Esos niños fueron bastante curiosos de acercarse hacia ese “arco”, pero en realidad eso era un Digital Gate artificial... y todos ellos fueron absorbidos por la luz que se formaba dentro del arco...


--------------------------------------------

-Me tengo qué ir, Irene. -decía mi padre apresurado mientras se acomodaba la gabardina y bajaba por las escaleras de la agencia de autos.
-¿Ya se va tan pronto, señor Yanami? -preguntó la secretaria Irene.
-Sí... tengo... que ver a un amigo... -contestó mi padre. -Avise a los demás que a partir de las 12 pueden retirarse, tomarse un descanso el viernes y el fin de semana y que nos vemos el lunes temprano.
-Con mucho gusto, señor Yanami. -contestó Irene muy servicial como siempre...

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-¿¡Qué son estas cosas!? -gritó Kaito al ver a un ser extraño frente a él.
-¿No me reconoces, Kaito? -preguntó aquel “animal”, cosa o como quisieran llamarle.
-¿Y cómo habría de reconocerte? -dijo Kaito molesto.
-¿La... Lalamon? -preguntó Misuzu al ver una especie de racimo rosa con verde volando sobre ella.
-¡Quítenme esta cosa de encima! -gritaba Isao al ver a un enorme pájaro morado que hablaba.


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-V-mon, por favor, cuida a Ayano. -le dijo mi padre a aquel Digimon azul justo después de llegar de su trabajo.
-Ojou-san estará segura conmigo.-dijo V-mon orgulloso.
-Cuídense, mamá, papá.-dijo Ayano emocionada despidiéndolos.

Pero en el automóvil, las cosas fueron diferentes, como si trataran de ocultar la verdad a mi hermana muy a pesar de que también estuviera involucrada con el asunto Digimon...

-Hay muchos militares en las calles, querido...-decía mi madre algo asustada al ver desde su asiento demasiados retenes militares.
-Qué bueno que pude llevar a lavar el asiento trasero del auto antes de venir a buscarte. -dijo mi padre.
-¿El asiento trasero?
-Allí traje a ese V-mon totalmente herido.
-Tenemos qué hablar con Isao cuanto antes. -dijo mi madre. -Este asunto se está volviendo fuera de control.
-Lo que más me intriga es que el hijo de Isao también está afectado por el asunto de los Digimon.
-¿Podría ser que los demás... sus hijos...? -preguntó mi madre angustiada.
-No lo creo...sería demasiada coincidencia que todos estuviéramos reunidos de nuevo, pero esta vez en una ciudad diferente...

La angustia de mi madre se acentuó cuando tuvieron qué pasar por más de 20 retenes desde que salieran de casa hasta que llegara a su destino final, la base militar de la ciudad. A pesar de ser una zona restringida, no estaba tan fuertemente resguardada como el resto de la ciudad. Lo que llamaba la atención era la cantidad de camionetas camufladas y tanques de guerra, como si la ciudad fuera una completa zona de guerra y todos tuviéramos que pelear contra algún ejército enemigo. Al llegar en el automóvil, un grupo de soldados al frente les hizo detenerse.

-No pueden pasar más allá de esa puerta. -les recomendó uno de esos uniformados una vez mi padre bajaba el cristal de la ventana.
-Venimos a hablar con el comandante Isao Abe. -dijo mi padre.
-¿Quién lo busca?
-Dígale que lo busca el señor Yanami... Kaito Yanami...

Después de unos minutos, el mismo soldado regresó hacia la ventanilla del auto y le dijo a mi padre:
-Puede pasar. La oficina del comandante Abe se encuentra en la planta alta de ese edificio. -dijo señalando las construcciones.
-Muchas gracias, señor. -dijo mi padre conduciendo el automóvil hacia el estacionamiento.

Mis padres caminaron hacia los cuarteles, y, a pesar de ser simples civiles, los soldados empezaron a mostrarles casi el mismo respeto que le daban a sus superiores. Al llegar a la planta alta, la primera puerta que vieron fue una que decía: “Isao Abe – comandante”.
-Esta es la oficina del comandante Abe. -dijo uno de los soldados que los escoltaban.
-Muchas gracias... -dijo mi padre.

Mi padre estuvo a punto de tocar la puerta del lugar, cuando ésta se abrió de pronto, y un señor, enojado, preguntaba a sus soldados.
-¿No ha llegado el señor Yanami? -preguntaba algo enfadado el señor.
-Eh...aquí estoy... -dijo mi padre un poco incomodado.
-¿Ka... Kaito? -preguntó el señor Abe.
-¿Isao? -preguntó mi madre.

Después de que el señor Abe pidiera a sus subordinados que se retiraran del lugar,mi padre y mi madre comenzaron a dialogar con aquel señor.

-Isao... cuánto tiempo sin vernos... yo creía que seguías viviendo en Ciudad Roja... Y no creí que estuvieras trabajando en... en este lugar... -comentaba mi madre extrañada.
-Mucho gusto, señorita... -dijo el señor Abe con respeto. -Lamento mi falta de memoria, pero quisiera que me respondiera quién es usted.
-¿No te acuerdas de mí, Isao? -dijo mi madre enojada. -Soy yo, Misuzu...
-¿Misuzu? -dijo el señor Abe sorprendido. -Kaito, ¿cómo localizaste a Misuzu?
-Pues... llevamos casados más de 10 años... -contestó mi padre dando la buena no tan nueva.
-Vaya... no me esperaba una sorpresa como esta... -dijo el señor Abe. -Kaito... antes que nada, lamento la muerte de tu amigo Garg...
-No es necesario que lo repitas, Isao. -dijo mi madre. -En mi opinión, no creo que sea algo de lo que debamos hablar ahora mismo, y menos si eso nos involucra a mí y a mi hijo...
-No...no importa, Misuzu. -dijo mi padre algo triste por lo que recordaba. -Ese maldito Digimon nos ha causado mucho daño a mi familia y a mí...
-¿Pero qué pasó? -preguntó el señor Abe.
-Según las palabras de mi hijo, Torkaimon seguía vivo hasta hace poco, por fortuna pudieron vencerlo, pero su secuaz Onagimon sigue haciendo de las suyas, y esta vez es en el mundo humano...
-Me lo temía... -dijo el señor Abe.
-¿Qué temías? -preguntó mi madre.
-Unos miembros de sus tropas armadas atacaron esta zona ayer. Desde entonces se reforzó la vigilancia en la ciudad, cosa inútil si lo que sabemos es que estamos enfrentándonos contra Digimon en formas adultas... Incluso, el Digimon de mi hijo llegó a una etapa mayor a la adulta. Si esto está ocurriendo, eso quiere decir que las tropas armadas han cambiado en esos treinta años.
-Maldita sea... -refunfuñó mi padre.
-Kaito... -trataba de calmarlo mi madre.
-Es que... no puede ser... Ese maldito Digimon... -seguía enojado mi padre.
-Pareciera que está cobrando venganza por lo que le hiciste hace 30 años... -dijo el señor Abe.
-En todo caso, él fue el primero en engañarnos, nos dio la espalda y secuestró a Misuzu, ¿no te acuerdas?
-No me recuerdes eso... -dijo mi madre molesta. -Que ese maldito Digimon nos causó grandes daños.
-Y para poder desmantelar su tropa armada, tuve que unirme a ellos como policía infiltrado. -dijo mi padre recordando sus hazañas de la niñez.
-En un principio pensábamos que nos habías traicionado, Kaito. -mencionaba el señor Abe.
-Tenía que hacerlo, no podía despertar sospechas de que mi planes eran rescatar a Misuzu y atacar a Torkaimon.
-Pero fuiste un buen actor... recuerdo que cuando me fuiste a visitar mencionaste que no estabas interesado en rescatarme, que sólo querías servir a Torkaimon-sama, como tú lo llamabas, y que él era el único capaz de gobernar el Digital World.
-¿¡De verdad soné tan malo!? -preguntó mi padre asombrado por las palabras de mi madre.
-¿No te acuerdas que hasta te burlaste de mí cuando pregunté si habías llegado a rescatarme? -preguntó de nuevo mi madre.
-Pero bueno, no estamos para discutir sobre eso. -mencionó el señor Abe para romper el diálogo que sostenían mis padres. -Lo que se me hace raro son tres cosas. La primera es que nuestros hijos están involucrados en el asunto de los Digimon.
-¿Y no has logrado contactarte con los demás? -preguntó mi padre interesado.
-No. Lamentablemente el único contacto que pude hacer con alguno de nosotros fue contigo porque mi hijo Hiroshi conocía a tu hijo Daisuke, además de mencionarme sobre la leyenda del elegido... La segunda, es que si los Digimon de nuestros hijos han llegado a sobrepasar el nivel adulto, eso significaría que las tropas armadas se han fortalecido a lo largo de los años, ya sea entrenando duramente o reclutando a nuevos Digimon... y no me asombraría que Onagimon o Torkaimon se hayan fortalecido aún más.

-¿Y cuál es la tercera? -volvió a interrogar mi padre.
-Lo de los hijos del elegido... Kaito, Misuzu... ¿tienen algún hijo aparte de Daisuke?
-Sí... -dijo mi madre. -Una niña de 7 años...Ayano...
-Lo sospechaba... -dijo el señor Abe. -Mi hijo Hiroshi me comentó sobre algo de que Onagimon debía eliminar a los niños del elegido, que supondrían un problema para él y...
-¡Ayano! -gritó mi madre sorprendida. -Por eso V-mon es el Digimon de Ayano...
-¡Es cierto! -gritó mi padre asustado. -¡Maldición! ¿Por qué no sospeché que algo malo estaba pasando cuando llevé a ese Digimon a la casa...?
-¿De qué hablan? -preguntaba el señor Abe muy intrigado.
-Ayer encontré a un Digimon y lo llevé a casa para curarlo. Su única excusa era que no recordaba nada de quién era, pero se había familiarizado tan rápido con Ayano.
-Seguramente debe ser un miembro de esas tropas armadas... -razonó el señor Abe.
-Debe ser... -dijo mi madre. -Hay que ir rápido a casa... Ayano está en peligro...
-Perdónanos, Isao. -dijo mi padre disculpándose. -Pero tenemos que irnos ahora mismo.
-Entiendo, si quieren puedo llevarlos hasta la sa...

Las palabras del señor Abe fueron interrumpidas cuando un soldado, para ser más precisos, el padre de Akio, irrumpió en las oficinas sin tocar siquiera la puerta.

-Maldición, Sasaki. -dijo enojado el señor Abe. -Ya he dicho millones de veces que toquen la puerta antes de entrar.
-Esto es urgente señor. -dijo el señor Sasaki bastante agitado. -¡Son miles, miles de esos monstruos que llaman Digimon, están atacándonos y llevándose presos a muchos de nuestros soldados!
-¿Qué dices? -preguntó alarmado el señor Abe.
-¿Qué podemos hacer, señor?
-Diga a todos los soldados que sigan atacando...
-Esto me está asustando, Kaito... -murmuró mi madre algo asustada.
-Tenemos que salir de aquí cuanto antes... -dijo mi padre sin poder terminar su frase.

En ese preciso instante, un Kuwagamon irrumpió en la ventana, con un enorme derribo de las paredes de la oficina, causando la alarma no solo de los que estaban allí, sino de todos los que estaban ubicados en esa planta.

Continuará...
Capítulo 20:
Spoiler de texto oculto:
------FICHA DE PERSONAJES: Mizuki Chiba -------

Nombre: Mizuki Chiba
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 13 de diciembre
Digimon camarada: Patamon
Color del Digivice: Amarillo

Mizuki... es tremendísimamente... la más tranquila del grupo. Siempre trata de serenar a los demás. Seguramente es porque no le gusta que su hermana Rina no vea los problemas.

Mizuki es hermana de Rina por parte de su padre. A pesar de que sus padres hayan estado separados, las dos viven y se llevan como grandes amigas. Mizuki es serena, tranquila y trata de pensar bien las cosas antes de actuar, cosa que la distingue de su hermana.

Una de las aficiones de Mizuki, a pesar de que no lo haya demostrado en el transcurso del relato, es su afición a la música. Le encanta tocar el violín y el piano, y es casi siempre la elegida para representar a su escuela primaria en los concursos de música.

Patamon es su acompañante, y a Mizuki le gusta esa textura de gato amarillo que tiene.

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20- No dejes sola a mi hermana

-Debemos ver a tu hermana. -dijo Gaomon. -Daisuke-san, ella también está en peligro.
-Vamos... está en su cuarto. -dije.
-¡Onii-chan! -escuché los gritos de Ayano provenientes de su habitación. No eran gritos de alegría, sino de desesperación.
-¡Ayano-chan! -grité desesperado y corrí por las escaleras.

Abrí la puerta y vi los cristales de la ventana rotos, allí en ese lugar, Onagimon amenazando a mi hermana. V-mon interponiéndose entre Ayano y ese Digimon, y nosotros sorprendidos viendo lo que pasaba.

-¡V-mon! -se burlaba Onagimon. -¡Así que ese es tu “nuevo aspecto”! ¡Qué vergüenza das, chiquillo!
-¡No sé quién eres! -gritaba V-mon. -¡Pero no dejaré que le hagas daño a ojou-san!
-¡Onagimon...! -grité mientras apretaba mis puños con fuerza. -¡Deja a mi hermana en paz!
-¡Rakugamon-sama! -dijo Onagimon con tono burlón. -¡Cuánto tiempo sin verlo! ¿Cómo es vivir sin Rakugamon?
-¡Cállate, maldito Digimon! -dije enojado. -¿Qué es lo que quieres de mi hermana?
-¿Qué es lo que quiero? -preguntó Onagimon. -¡Cobrar venganza por lo de hace treinta años! Hasta hace unos minutos he liberado a pocos militantes de las tropas de Torkaimon, pero a ver qué hacen si los libero a todos de una vez en este mundo humano.
-Pero... ¡pero si lo habíamos vencido! -dijo asustada Rina. -Por eso Piyomon tiene esta forma...
-Sólo desaparecí, chiquilla. -dijo Onagimon burlándose de ella. -No somos los débiles de hace treinta años.
-¡Te pregunté qué quieres de mi hermana! -grité de nuevo al ver su negativa de responderme.
-A ver... Rakugamon... -dijo aburriéndose mi antiguo subordinado. -¿Qué parte de “Ella y tú son un peligro para nosotros” no has entendido?
-Deja en paz a Daisuke y a Ayano... -refunfuñaba Motimon.
-¡Motimon! -dije un tanto alarmado. -¡No intentes nada! ¡Aún no te recuperas! Maldito Onagimon... ¡Así que V-mon era uno de tus subordinados!
-¿Eh? -preguntaron V-mon y Onagimon al unísono.

Incluso Onagimon parecía sorprenderse de mis declaraciones, pues al escuchar eso, sólo soltó una carcajada diciéndome...
-¡Cree el ladrón que todos son de su condición! No, Rakugamon, que aquí no todos somos fríos y calculadores, ni mucho menos usamos a los demás como trampolín como tú...

Ayano lo único que hizo fue correr hacia nosotros tremendamente asustada.
-Eres un... -me puse furioso al escuchar esas palabras.
-En realidad V-mon era una amenaza para nuestros planes, por eso nuestro deber desde un principio era eliminarlo... ¿Quién se iba a imaginar que ese Digimon estaba viviendo en casa del ex-comandante Rakugamon?
-Hay que salir de aquí cuanto antes... -murmuró Akio.
-¡Vamos, Rakugamon! -gritó Onagimon. -¡Entrégame a esa niña de una vez!
-¿Qué pasa, onii-chan? -preguntaba angustiada mi hermana escondiéndose detrás de mí.
-¡Entrégala! -volvió a gritar ese Digimon del martillo.
-¡Eso nunca, Onagimon! -gritó Motimon lanzándose hacia él y atacando con sus burbujas.
-¡Motimon, no! -grité asustado al pensar en lo que Onagimon le haría.

Mis sospechas se hicieron realidad cuando de un martillazo hizo volar al suave cuerpo de Motimon haciéndolo estrellarse contra el póster de Kouji Wada que mi hermana tenía colgado en la pared.
-¡Motimon! -grité asustado otra vez.
-¡No te resistas, Rakugamon! -gritó de nuevo. -¡Entrégame a esa niña y a ese Digimon!
-¡Eso nunca! -grité.

Instintivamente saqué mi Digivice del bolsillo y apunté la pantalla hacia Onagimon. El Digivice comenzó a despedir de nuevo esa extraña luz blanca que hizo cegarle la vista a nuestro oponente.
-¡Maldito Rakugamon! -gritaba mientras ondeaba su martillo sin siquiera ver a qué le pegaba.
-¡Vámonos de aquí! -gritó Hiroshi.
-¡Sí! -dijimos todos al unísono.

Tomé suavemente al pobre y adolorido Motimon, la mano de Ayano y salimos corriendo por las escaleras.
-¡Maldición! ¡Onagimon se nos adelantó! -dije furioso.
-¿Quién es Onagimon? -preguntó Ayano. -¿Y quién es Rakugamon?
-No... -dije a mí mismo.

“Maldición”, pensé... Ayano había escuchado toda la conversación. Por fortuna nunca mencioné que era ese maldito sujeto, de lo contrario, estaba seguro que hasta V-mon se me iría al cuello. Pero, ¿cómo podría ser capaz de mencionarle que hasta hace unos días era aliado de aquellos que ahora la estaban buscando? Ahora que lo pensaba bien... Ayano era uno de los elegidos... Los ojos se me abrieron como platos al rondar esa posibilidad en mi mente.  “No...”, no podía ser posible... ¿Hubiera tenido qué entregar a mi propia hermana hacia el mismo enemigo? ¿Qué había pasado de no haber sido por Gotsumon? ¿De verdad, habría tenido qué entregar a mi propia hermana para satisfacer los caprichos de un maldito sujeto? Mi deber era eliminarlos, sin embargo... sin embargo era mi hermana. Todo lo malo que estaba haciendo lo hacía por tratar de ver una sonrisa en el rostro de mi padre y de mi hermana, y aún así... mi hermana iba a ser afectada por mis actos... Maldita sea, pensé, esos malditos lo tenían todo planeado...

Mizuki abrió la puerta de la casa, pero lo que vimos nos sorprendió aún más. Hasta hacía unos minutos, el vecindario era de lo más tranquilo en toda la ciudad, sin embargo ahora parecía un enorme campo de batalla, con tropas de Digimon enemigos desfilando campantemente en la calle, llevando con ellos todo su armamento.

-¿Qué es todo esto? -murmuré aterrorizado.
-Son... son muchos Digimon... -dijo Hiroshi igual de asustado que yo.
-¿Qué es esto, onii-chan? -preguntaba Ayano aferrándose a mi brazo.
-¿Por qué hay tantos Digimon en la calle? -preguntó Rina gritando, lo que provocó la alarma de las tropas armadas que desfilaban en la calle, volteando hacia nosotros.
-Esto no se ve nada bien... -dije al ver que el enemigo nos había identificado.
-Creo que sólo nos queda una cosa por hacer... -recomendó Akio.
-¿Qué cosa? -preguntó Hiroshi.
-¡¡¡Correr!!! -volvió a gritar Akio asustado.

Y eso hicimos, corrimos por las calles, llamando la atención de todos los Digimon. Al llegar al parque más cercano vimos otro escenario diferente: las personas a los alrededores siendo sometidas por los rebeldes, metidos en jaulas improvisadas tiradas por varios Tankdramon, entre otros Digimon portando uniformes de combate y algunos sin nada, como si estuvieran confiados de sus habilidades. Incluso pudimos escuchar algunos gritos como: “Rápido, no hay tiempo”, o “Hay qué encerrar a todos”...

-No... -me dije al ver lo que estaba pasando.
-¿Por qué están encerrando a toda esa gente? -preguntó Ayano.
-¿No puedes evolucionar, Gamon? -preguntó Akio.
-Eso quisiera... pero recuerde que no hemos desayunado hoy, Akio-san. -dijo Gaomon resignado.
-Tengo hambre... -dijo Patamon.
-Ni Motimon, ni Kamemon ni Piyomon pueden evolucionar aún, ¿cierto? -pregunté.

Los tres me contestaron con una negativa.
-Maldita sea... -refunfuñé.
-¡Ahí está! ¡El ex-comandante Rakugamon! -gritó uno de los Digimon armados.

La actitud de V-mon era más de sospecha que de otra cosa.
-¿Quién es Rakugamon? -me preguntó aquél Digimon directamente.
-No... no lo sé... -dije para evitar que V-mon o Ayano intentaran hacer más preguntas.

Todos los demás notaron mi actitud, así que decidieron no mencionar ni una sola palabra sobre mi segunda identidad.

-¡Onii-chan! ¡Ayúdame!
-¡Por fin tengo a la niña que busca Onagimon-sama! -gritó un Commandramon quien a punta de rifle tenía atrapada a mi hermana.
-¡Ayano! -grité asustado.
-¿Commandramon! ¡Suelta a ojou-san! -gritaba V-mon.
-¡Auxilio! -escuché que alguien gritaba a mis espaldas.
-¡Rina! -grité al voltear y ver que Rina y los demás estaban siendo llevados con esposas en pies y manos hasta las jaulas. Inclusive los Digimon habían sido encerrados en otra celda.
-¡Gracias por entregarnos a la niña Yanami, Rakugamon-sama! -dijo aquel Commandramon.
-¡Déjala en paz! -grité.
-¡Maldito! -gritó de nuevo V-mon.
-¡Ayúdame, onii-chan! -gritaba Ayano desesperada.

Cada uno de sus gritos se me hacían de lo más desgarradores. No podía hacer nada... Motimon no podía recuperar su forma de Gotsumon por el momento, los demás habían sido atrapados por las tropas armadas, Ayano acorralada... “Si tan solo pudiera evolucionar...”, me mencionaba a cada instante furioso con Onagimon...
-¡Ojou-san! -fue lo único que escuché gritar a V-mon antes de... antes de... antes de verlo evolucionar.

Una luz lo envolvió, la misma que despedía el Digivice de Ayano, la cual cegó momentáneamente al Commandramon que la tenía atrapada, haciendo que la soltara. El V-mon que conocí en un principio ya no era nada en comparación con lo que era ahora, un Digimon llamado V-dramon, el cual no era nada similar a los de su especie, o al menos no parecía ser tan feroz como me lo pintaban.
-Deja en paz a ojou-san, Digimon sinvergüenza! -gritó V-dramon. -¡Magnum Punch!

Y con ese grito de batalla comenzó a lanzar aquel ataque consistente en sus fuertes puños, dejando en el suelo al dichoso Commandramon y al resto de los que se venían hacia nosotros.
-¡Hay qué rescatar a los demás! -grité mientras corríamos.
-¡No hay tiempo! -me contestó V-dramon. -Lo más importante es evitar que ojou-san salga herida.
-Quisiera que me dijeras por qué quieres proteger a mi hermana... -le pregunté.
-Yo... no lo sé... -me contestó como si lo dudara. -Pero aun así, siento que es mi deber hacerlo.

Pero las fuerzas de V-dramon se agotaron pronto, pues en uno de sus golpes, de pronto volvió a ser el V-mon que todos conocíamos.
-No puede ser... -se asustó el joven Digimon al verse en esa situación.
-Maldita sea... -dije mirando lo que pasaba.
-¡Onii-chan! -gritó Ayano. -¡Allí vienen más!
-¡No puede ser! -gritó alarmado Motimon.

Más tropas armadas llegaban casi para acorralarnos. Así que tratamos de correr, aventando todo lo que se nos atravesara para evitar que nos tuvieran lo más pronto posible. Corriendo pudimos llegar hasa uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. Por fortuna (o por desgracia), los Digimon ya habían “levantado” a todos los habitantes de la zona, así que podíamos refugiarnos en los callejones más oscuros. Claro que no era una experiencia agradable, lleno de suciedad, de desechos orgánicos (ya saben de cuáles hablo) e inorgánicos. Ayano no estaba muy de acuerdo en seguir escondiéndonos.

-Aquí no nos encontrarán pronto, Ayano-cha... -dije, pero de pronto pude escuchar un sonido que me hizo reflexionar sobre todo lo que había vivido desde hacía seis meses hasta ahora... -Ayano-chan... ¿qué pasa?

Ayano estaba llorando... No podía creer lo que estaba escuchando...

-¿Por qué? -dijo entre lágrimas. -¿Por qué estamos huyendo, onii-chan?
-¡O... ojou-san! -dijo V-mon intentando consolarla.
-Daisuke... ¿qué vamos a hacer? -preguntó Motimon. -Onagimon quiere tener a tu hermana...
-No lo sé, Motimon... -dije algo cansado.
-¿Cómo que no sabes qué vamos a hacer? -gritó Ayano. -¡Quiero ir a casa! ¡No quiero huir de ese monstruo! ¿Qué es lo que quieren todos esos? ¿Por qué nos andan buscando?
-¡Salga de ahí, Rakugamon-sama! -gritó una voz que parecía provenir de las calles. -¡Entregue a esa niña de una maldita vez!
-¿Quién es Rakugamon, onii-chan? -preguntó Ayano como si empezara a sospechar de algo. -¿Es otro de esos Digimon malos?

Al escuchar la pregunta de Ayano, bajé la mirada. Maldita sea, me repetía. Pero V-mon parecía estar más desconfiado de todo, pues no dejaba de mirarme cada vez que mencionaban a Rakugamon.
-Ayano... Rakugamon es el jefe de ese Digimon que nos está buscando, llamado Onagimon. -dije. -Es un Digimon muy malo... y su deber... era eliminar a los elegidos...
-¿Y dónde está ese Rakugamon? -preguntó V-mon.
-Yo... yo  soy Rakugamon... -dije apenado.
-Daisuke... no debiste decirle... -me aconsejó Motimon muy tarde.
-¿Qué dices, Daisuke-niichan? -preguntó Ayano.
-¡Me lo suponía! -gritó V-mon lanzándome un puñetazo que me hizo caer al suelo.

Apenas pude incorporarme cuando Motimon se interpuso entre V-mon y yo.
-¡Déjalo en paz, V-mon! -gritó el pequeño Motimon.
-¡No lo haré! ¡No puedo creer que el hermano de ojou-san tenga el corazón tan frío como para usar a su hermana para sus maléficos planes! ¡Me das asco, maldito!

Apenas me levanté y dije en voz baja:
-Puedes pensar todo lo que quieras, V-mon... Pero jamás he sido tan frío como para ser indiferente con mi familia...
-Explícate, Daisuke... -dijo Ayano, al parecer perdiendo el respeto que me tenía...
-Ayano-chan... -dije un poco avergonzado.
-¡No vuelvas a dirigirle la palabra a ojou-san! -gritó V-mon aún molesto.
-¿¡Puedes dejarme hablar!? -grité, y más tarde recuperando la compostura. -Ayano-chan... si acepté ser parte de una rebelión Digimon y para ello tomar alguien tan fuerte y malvado, jamás fue por mi propio interés...
-Daisuke, tranquilízate. -me recomendó Motimon al ver las lágrimas que escurrían de mis mejillas.
-¡A mamá la tenían secuestrada esos malditos! ¡Me obligaron a hacer toda clase de trabajos sucios sólo para que la dejaran en libertad! ¡Me sentía tan mal de verte a ti y a papá tan tristes...! ¡Por eso acepté llevar ese enorme peso!

Al gritar todo mi pasado, pude ser capaz de liberarme de ese enorme peso.

-Entonces... ¿por qué querías entregar a ojou-san ante ese Onagimon? -preguntó V-mon.
-Jamás se la iba a entregar. -dije secándome las lágrimas con mis manos. -Si acepté formar parte de esos malditos fue para que tú y papá estuvieran bien... ¿Cómo iba a entregar a mi propia hermana a manos de esos malditos? No... no podría...

Fue entonces cuando mi hermana me abrazó. En ese instante no pude aguantarme las ganas de abrazarla, pero a la vez sabía que no estábamos en el mejor de los casos.
-Sin embargo... esos sujetos nos están buscando... -dije. -Motimon no puede evolucionar, V-mon ya está cansado...
-¿Y Rakugamon? -preguntó V-mon.
-No... -dije cabizbajo. -Él ya no está aquí... Ya no puedo convertirme en ese Digimon... -V-mon...
-¿Dime, Daisuke? -preguntó el Digimon.
-No quiero alarmarlos, pero es posible que no salgamos bien de ésta. -dije.
-¿Qué? -preguntó asustada Ayano.
--Por eso, V-mon... te pido que cuides a mi hermana. Desde el tiempo que te conozco, has dicho que la protegerías mucho más que a tu vida.
-Así es, y eso es lo que haré.
-Espero que lo hagas... -dije. -Es lo único que te pido...
-¡Ahí están! -gritó un Bakemon entrando al callejón e identificándonos. -¡Salgan de una vez!
-¡No! -gritó Ayano.

Pero, en cambio, yo me rendí en ese instante.
-Si salen sin poner resistencia, les irá mejor.
-Daisuke... -decía Motimon asustado.
-Yo también tengo miedo... -le contesté.

Caminamos cruzando los desperdicios del callejón y saliendo a la calle.
-¡Onagimon-sama! -dijo el que nos llevaba a los cuatro. -¡Aquí está la niña que buscaba! ¡Y nuestro antiguo comandante!

Sólo lancé un gesto de disgusto cuando empezaron a llamarme así.
-¡Oh, pero si aquí está el viejo Rakugamon! -gritó Onagimon quien estaba justo frente a nosotros. -¿Por qué se nos ha puesto tan rebelde estos días? Bien que Torkaimon-sama lo trataba como si fuera su hijo.
-Nunca obedecí a Torkaimon por gusto... -dije molesto. -Sino para proteger a mi familia. No pensaría obedecerlo si eso implicaba arriesgar a las personas que quiero.
-Tengo miedo, V-mon... -dijo Ayano detrás de nosotros.
-¡Bien, Rakugamon! -gritó de nuevo mi antiguo subordinado. -¡Entrega a esa niña!
-Está bien, Onagimon... -dije como si tuviera un as bajo la manga. -Es toda tuya, tómala.
-¿Qué dices, onii-chan? -preguntó mi hermana.
-¡Traidor hijo de...! -gritó V-mon muy furioso.
-¡Qué fácil me la dejaste, Rakugamon! -contestó Onagimon. -¡Yo creía que de verdad nos habías traicionado!

Onagimon comenzó a caminar hacia mi hermana, pero quise atacarlo.
-¡Pero antes vas a tener qué vértelas conmigo! -grité intentando sacar mi Digivice.

Pero Onagimon fue más rápido y me lanzó al suelo, con sus dos manos me mantuvo pegado al suelo sin posibilidad de moverme.
-¡Onii-chan! -gritó Ayano asustada.
-¡Daisuke! -gritó Motimon al caer al suelo.

Maldita sea, pensé. Mis planes se habían frustrado. Aunque a decir verdad, no tenía ningún plan, así que esto iba a ser arriesgado, pero no sabía qué hacer, sólo quería ver a mi hermana a salvo...
-¡Los demás! -gritó Onagimon. -¡Atrapen a esos tres!

El resto de las tropas comenzó a rodear a Ayano y a Motimon, mientras que a V-mon lo sometieron para que no pudiera moverse.
-Mientras tanto... -dijo Onagimon acercando su voz hacia mí. -yo me encargaré de ti. Vas a sufrir como nunca antes lo has estado...
-¿Qué piensas hacer...? -grité con la boca pegada al suelo.

Pero los actos siguientes fueron su respuesta. Una pequeña descarga eléctrica, extrañamente la misma que había sentido cuando me lo encontré por primera vez en el mundo real, la cual comenzó a recorrer mi cuerpo provocando un fuerte y horrible dolor.
-¡A... ayúdame, Motimon! -gritaba.
-¡Grita todo lo que quieras! -me dijo Onagimon. -¡Ese Digimon sólo es un bebé! No puede hacer nada.
-¡Daisuke! -gritaba Motimon rodeado al verme en apuros.
-¡Onii-chan! -gritaba Ayano.

Onagimon se cansó rápido de “torturarme”, pues sólo fue cuestión de segundos, a pesar de que para mí parecieron una eternidad, para que me soltara y me dejara tirado en el suelo.
-Vámonos. -dijo Onagimon. -Por fin tenemos a nuestro objetivo... Rakugamon ya no nos es útil...
-No te vas de aquí... Onagimon... -dije con mis pocas fuerzas aferrándome a una de sus piernas.
-Eres patético, Rakugamon. -dijo Onagimon sacudiendo su pie para lograr que lo soltara.

Sólo pude ver cómo las tropas se alejaban de mí, llevándose a Motimon, a V-mon y a Ayano. Mientras, lo único que me repetía era: “Maldición...”, y de ahí, la oscuridad.

Continuará...


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